¡Le daría de tortas y me quedaría encantada!

Mientras releo, corrijo e intentó que la novela no tenga errores, porque de vez en cuando me encuentro alguno, por mil vueltas que le dé, me he dado cuenta de algo importante, al menos algo que para mí tiene toda su relevancia y da sentido al hecho de que “Silencio en tus labios” sea una novela escrita desde dos puntos de vista diferente. Quizá sea un poco pretencioso decir esto, pero tengo la sensación que de verdad he conseguido esa dualidad, esa pretendida empatía, que no se trata tan sólo de contar la misma historia desde dos puntos de vista diferentes.

Es posible que sea una impresión mía, que como autor le encuentre ese sentido y que, sin embargo, para los demás no quede tan claro. Como no he escuchado comentarios ni críticas en ese sentido, lo cierto es que no tengo argumentos con los que compararme ni sobre los que basarlo. Como digo, mi impresión e intención es que cuando alguien lea alguna de las dos versiones, que de verdad  sienta esa empatía con el personaje, sienta lo mismo que éste, sus frustraciones, su impotencia, sus anhelos, sus miedos, sus recelos, que llegue hasta el punto de sentir que de ser su propia historia la vivirá de esa manera, sin variar nada que el personaje no quisiera cambiar.

En la realidad

  • ¿Podría una chica como Ana fijarse en un chico como Manuel? ¿En mí?
  • ¿Se fijaría Manuel en una chica como Ana?
  • ¿Tendría algún sentido esa historia? ¿Cómo hubiera sido de haber sido cierta?
  • Es más, si se tiene en cuenta que la novela está basada en un compendio de mi propia experiencia, con un carácter novelesco y una continuidad igual de ficticia ¿qué hay de realidad y qué hay de inventado en los sentimientos de Ana o en los de Manuel, los míos?
  • Quizá la pregunta más importante en este primer capítulo es ¿Es esto el amor? ¿He conseguido captar su esencia? 

En la versión de Ana, libro 1

En cuanto a sentimientos y evolución del personaje, se descubre una auténtica montaña rusa, con bruscas subidas y bajadas, momentos de alegría y momentos de auténtica frustración, de esos en lo que apetece descargar toda esa impotencia sobre Manuel, cantarle las cuarenta. Pero también hay momento para divertirse, para que la vida sea como un juego, que como en las montañas rusas, apetece levantar los brazos y dejarse llevar.

Se trata el tema de la amistad y complicidad con las amigas, la importancia de contar con éstas en los buenos y malos momentos, son quienes te recogen cuando tienes el ánimo decaído y evitan que salgan volando cuando Ana se siente llena de felicidad, le recuerdan que el chico por quien suspira es el mismo al que cinco minutos antes quisiera darle de tortas, incluso asesinarle por estúpido. Las amigas son confidentes y compañeras en esa montaña rusa de sentimientos y de la vida; son las únicas que observan la realidad con un poco más de objetividad y mantienen a Ana atada al vagón de la vida para que ésta no salga disparada por la fuerza ni el impulso de sus sentimientos y contradicciones.

En la versión de Manuel. Libro 1

La sensación es que todo transcurre de una manera un tanto más lineal, que los acontecimientos no afectan ni influyen tanto en el estado de ánimo del personaje, es más lineal, con pequeñas variaciones en los momentos más intensos como si se dejase arrastrar porque ya supiera de antemano lo que sucederá y por lo tanto no parece que ello le afecte de manera tan marcada. Más que demostrar de una manera tan intensa sus sentimientos, se muestra como alguien frío, consciente de que su actitud tiene repercusión en los demás, pero son sentimientos que se guarda para sí o que tan solo le afectan cuando son los demás quienes se lo hacen ver.

El tema de la amistad se plantea con la misma frialdad, los amigos están ahí, se mantiene una relación más o menos cercana con éstos, pero más que sentirlos como cómplices de esos sentimientos, se intenta mantenerles al margen, que les afecte lo menos posible, porque implicarles se convierte en algo malo, perjudicial, de ahí que se genera una fuerte confusión en el personaje. Es el los momentos intentos de la novela cuando el personaje, sin que nadie le sujete, zigzaguea de manera brusca en espera de que haya quien le frene antes de que éste se haga daño.

06. diciembre 2013

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