Tu silencio ha de cerrar mis labios

Mi silencio

Hoy (05. octubre 2015) me han preguntado por mi web, una conversación entre amigos, una de esas ocasiones en las que en cualquier otro momento y circunstancia se me hubiera soltado la lengua, porque si hay algo de lo que me gusta hablar es de lo que escribo, de mis poemas, de mis novelas. Entusiasmo y conversación no me hubieran faltado. Sin embargo, me he quedado sin palabras. ¿El motivo? Supongo que ha sido lo mismo de siempre, que en el fondo no sé cómo hablar contigo. No estaba seguro de que quien me lo preguntó de verdad le interesase o que los demás fueran a escuchar con el mismo interés. He preferido hablar de mi silencio y sobre eso la verdad es que hay muy poco que decir: “son cosas mías, tonterías”

21 años y más de 3000 poemas

Cada poema tiene su historia, su pasado y su presente. Soy el primero en reconocer que resulta complicado sabérselos de memoria. He escrito varios miles y cada cual tiene sus particularidades, pero para mí hay algunos que son más especiales que otros, desde aquella primavera de 1988.

Por supuesto, el más especial de todos “Ruido en el silencio” (1995), aunque en su momento quizá no fue más que uno de tantos, un poema escrito a partir de los tres primeros versos de otro poema.  Ese poema es una descripción de mi manera de ser, de cómo considero que me entienden los demás. La idea de que una vez se termina el poema, se acaban las palabras no hay nada más y muchas veces lo que el poema intenta expresar resulta un tanto deprimente, desolador, triste, sobre todo porque el poema se termina y te deja con una sensación extraña. ¿Cuántos versos han sido? ¿cuantas silabas componen cada verso? ¿Cómo es la rima? ¿Qué intenta expresar el autor? ¿Qué sensaciones ha dejado en el lector y el oyente? ¿Qué ha querido decir? ¿Le hacemos un comentario de texto, un análisis literario pormenorizado?…. Y tras el último verso, el silencio, la nada hasta el siguiente poema. Pero tras el último verso acostumbra estar el nombre del autor, con el único deseo de transmitir algo, de saberse escuchado, de que frente a ese aparente silencio, hay mucha vida, una vida que quiere ser compartida.

Y en la vida de mis poemas, hay precisamente eso, vida, momentos que de un modo u otro se han plasmado en esos miles de poemas, diría que decenas de miles de versos escritos aquí y allá, inspirados en esto y en aquello, con el deseo irrefrenable de expresar algo, de comunicarme, cuando tal vez no he encontrado otro medio de llegar a los demás e incluso como respuesta o reacción a esas conversaciones más o menos largas o breves con unos y otros. Más que recuerdos de pasado, considero, me gusta pensar, que mis poemas no tienen fecha y siguen tan presentes hoy como el día que se plasmaron en el papel y de ahí que algunos aún siguen ocultos y perdidos entre montones y montones de hojas, mientras que otros han llegado a ser parte de esta página web. Destacando aquellos que en su momento para mí han sido más significativos o que en determinado momento he considerado debía hacer públicos.

De todos modos admito en los últimos años, en los que mi creación poética no es tan intensa y lo más habitual es que los poemas se escriban directamente en el ordenador, tengo más facilidad para hacerlos públicos, quiero pensar que con la suficiente delicadeza como para que queden como parte de mi obra literaria, diría que me hago un selfie “poético” y en algunas ocasiones le pongo un poco de “photoshop” antes de subirlo a la web.  

Escritor de novelas

¿Qué edad tenía cuando empecé a escribir historias? Creo recordar que no más de siete u otro años. Ha sido mi gran pasión y afición desde siempre. Montones y montones de hojas y de historias, de aventuras, para dejar que aflorase mi imaginación. Podría haber pasado más tiempo de mi infancia en la calle jugando a cualquier cosa, con el resto de los niños, como cualquiera de los niños, pero para mí era más entretenido tener un montón de hojas en blanco, un lapicero y plasmar mis juegos e historias sobre el papel. Ante mis dificultades para tratar con los demás, ha sido mi recurso más fácil.

Y si ahora tuviera que explicar de algún modo todo eso que escribo, debería hacer referencia al hecho de que intento expresar mi realidad desde otro punto de vista. “Silencio en tus labios” y “Esperando a mi Daddy”.  Una más autobiográfica que la otra, pero las dos tan llenas de ficción y de realidad, casi desde la primera hasta la última palabra.

  • “Silencio en tus labios”. Intenta darle un sentido a mis torpezas personales, a la idea de que con un pequeño empujón por parte de los demás se puede llegar muy lejos, pero los demás también tiene su vida y también necesitan que se les empujen de vez en cuando.
  • “Esperando a mi Daddy”. Hay vida más allá de mi realidad, hay mucho más debajo de las apariencias. Hay que moverse, investigar, seguir pistas para alcanzar un objetivo. Investigando sobre la vida al otro lado del océano me he dado cuenta que hay vida a este lado. He aprendido de la paciencia y la impaciencia.

El final feliz

El final feliz se encuentra tras el último verso, en el ruido que queda en el silencio, en lo que no se ha escrito, en lo mucho que queda por vivir. En la propuesta sincera de que, si eres capaz de leer el nombre del autor, tal vez éste se sorprenda y te sorprenda. En ese deseo de que tal vez hoy haya aprendido a hablar contigo y se haya roto el silencio.

05. octubre 2015

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