El tonto y su chica

Otra secuencia y reflexión  de Silencio en tus labios (libro/Capítulo 2)

Una chica decente no se va con el primer tonto que pasa por delante de su puerta ¿O sí?

Todo depende de quiénes sean el tonto y la chica en cuestión, aparte de que éste sea otro de esos momentos llenos de romanticismo de esta primera parte de novela, en donde el romanticismo da más vueltas que una montaña rusa y tan pronto está en lo más alto como hundido en lo más profundo del sinsentido. Por lo cual no está de más que haya un “tonto” y una chica. En realidad, por cómo se justifica esa expresión en concreto, la sensación es que esta escena la protagonizan una chica “tonta” sin mucho sentido común y un chico que se ve atrapado en una historia de la que no tiene muy seguro que vaya a salir sano y salvo.

Éste es otro de esos momento de reflexión, hasta cierto punto, un tanto absurdo y del todo fruto de mi imaginación para resolver una situación que, de otro modo, hubiera dejado la historia un poco estancada, porque la relación entre los dos protagonistas se encuentra en un punto crítico y en sus comienzos, cuando es más fácil que todo acabe pronto y en nada. En cierto modo, como en alguna ocasión he llegado a escuchar, no se sabe de la fortaleza de una pareja hasta que no pasan por la primera pelea, si lo superan. Lo demás tampoco es que vaya a ser una balsa de aceite, pero cada uno ya sabe lo que supone perder al otro y se toma la relación con algo menos de egoísmo; están más dispuestos a ceder a favor del otro.

En esta historia, es ella quien hace planes, en los que incluye a su nuevo “novio” y éste la deja plantada y compuesta con total tranquilidad, porque ya tiene otros planes y le parece un poco comprometido eso de dejarlo todo por pasar un fin de semana con ésta. ¿Dónde se va a quedar? Allí, en realidad, no tiene la suficiente confianza con nadie ¡En casa de ella no te vas a quedar! ¿Qué van a decir sus padres?

Admito que esta secuencia, como casi toda la novela, la escribí bastante antes de tener consciencia de mi Asperger y ahora entiendo que la reacción ante aquello, lo que mi personaje intenta transmitir, es precisamente eso, el temor ante lo que no es capaz de controlar, ante un compromiso social fuera de su ambiente. Como es lógico y normal, este “superhéroe de pacotilla” se acaba estampando con su propia realidad. La chica, Ana, que ha puesto todas sus ilusiones y expectativas en ello, en que esa primera cita sea una manera de reforzar su relación, se queda a dos velas. El chico, que parecía seguirla allá donde fuera cuando ésta viene a Toledo o allá donde se reúnan sus amigos, se acobarda ante la idea de citarse con ella a un nivel más personal. Sus sueños románticos se derriten casi sin que haya de forzar la situación. “Pues eso, que, si me quieres, ya vendrás a buscarme, porque yo no pienso moverme.” En un momento de debilidad parece que sí se va a mover, pero su salud se resiente y ha de cambiar sus planes, muy a su pesar.

Quien al principio no sabe cómo reaccionar es nuestro particular “tonto”. La chica de sus sueños, quien ha respondido a los latidos de su corazón, ha cortado toda comunicación con él y su frialdad es tan larga como la distancia que les separa. Si viviera en la misma calle, mismo barrio e incluso ciudad, tal vez hubiera alguna posibilidad de reencontrarse, de darse una segunda oportunidad. Pero así, ni tan siquiera los amigos en común pueden mediar ni lo intentan, mejor que siga el desarrollo de los acontecimientos, de esta peculiar novela.  Pero y si….

¿Vamos dejar a “nuestro tonto” con el corazón roto lo que resta de novela? Un spoiler es admitir que sí, que hay novela suficiente para ese tipo de heridas incurables, pero no en este momento de la historia, del argumento. Si lo dejamos así ahora nos quedamos sin novela, sin historia y sin nada. “Nuestro tonto” esta vez verá cómo la suerte le sonríe de nuevo. Hay que llenar ese corazón vacío con algo para que después pueda sufrir a gusto, aunque no quiera.

¡Eso, eso, qué sufra!

¿Alguna idea romántica y original? … ¿Nadie? … ¿Nada?

“Nuestro tonto”, ha de ir en busca de su chica. El ratoncillo inocente ha de caer en la trampa y le pondremos en bandeja el más suculento y delicioso de los quesos, de los cebos, cosas de la novela para resolver de manera romántica esta situación. “Al enemigo que huye, puente de plata”. En este caso, con un poco más de optimismo e imaginación, le daremos todas las facilidades para que salga de su escondite y alcance su meta, aunque todo tiene un precio. No se puede presentar allí sin más, que ya sabemos de sus torpezas y hay que hacerle entender que las cosas se han de hacer bien o te quedas en casa y te apañas cómo puedas. Es decir, como condición indispensable es que, si va, ha de tener seguro que ella querrá recibirle, de lo contrario es perder el tiempo, colmar su paciencia y empeorar aún más la situación.

¿Y Ana qué hace? ¿Esperarle con los brazos abiertos? Su chico por fin se comporta como un hombre, demuestra un mínimo de madurez, de sentido común. ¡Su chico viene a por ella! Su caballero de blanca armadura, su príncipe azul acude a su rescate. De manera un tanto metafórica puede decirse que esta novela, hay un castillo, una torre que escalar, una princesa que se siente atrapada. Pero con las modernidades en que se supone se desarrolla la novela, basta con que cruce el portal y tome el ascensor.

Una chica decente no se va con el primer tonto que pasa por delante de su puerta. ¿O sí?

Para que sea nuestro tonto, el de esta novela, ha de haber una puerta cerrada, una chica a punto de entrar, con cuya actitud no queda claro si está enfadada y prefiere ignorarle o, por el contrario, tan solo se hace la difícil para tantearle. ¡Su chico está allí! Esta vez cada uno ha llegado por su lado. No ha habido paseos ni torpezas previas. Ella ya sabe a lo que viene, lo que éste pretende. Por el contrario él se encuentra del todo confundido porque ella le ignora con total impunidad y sin ninguna compasión 

Después de todo lo que éste se ha esforzado por llegar hasta allí, que ha cumplido hasta la última de las condiciones. ¿Le vas a dejar así?

Te guardas las llaves en el bolsillo y llamas al portero automático…..

– ¿Quién es? – Se escucha una voz

– Mamá, soy yo. – Le respondes

El portal de abre, se rompe el silencio y tienes tiempo para dar un paso adelante y echar una última mirada de reojo a tu espalda. Tu chico está allí, te sientes la chica más feliz del mundo. ¿Le vas a dejar en la calle o te tenderás la mano antes de que la puerta se cierre e interponga entre vosotros?

17. enero 2019

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