La palabra no escrita

Sigo dándole vueltas al tema de la palabra no escrita, a ese cambio que quiero darle a mi vida, a lo que me motiva para escribir, porque, en realidad, puede parecer que siempre escribo sobre lo mismo, que me he quedado atascado y, en tal caso, debería acudir con más frecuencia a la biblioteca regional y dedicarme, no sólo contar uno por uno todos los libros que hay por las estanterías, si no todos los temas que tratan y los puntos de vista desde los que se plantea, cada palabra. De hecho, bastaría con abrir el buscador de Google en Internet y escribir “Fuentes de inspiración novelas”

Y si hago lo propio con los poemas el resultado no deja de ser menos chocante

¿Qué poca imaginación? ¿No te parece? Pero, de todos modos, asumo y se sobreentiende que yo me refiero a algo más profundo, a algo que no está escrito todavía, dado que en Google / el mundo se pueden descubrir muchas palabras y supongo que hay infinidad motivos para inspirarme, para explorar dentro de este inmenso mundo que es la escritura, dado que incluso hay quien se gana la vida con ello. Sí, les pagan por escribir y se pueden permitir el placer o el lujo de ponerle precio a sus palabras escritas. Mientras que yo, ingenuo y pobre de mí, tengo la osadía de compartir contigo mis creaciones literarias en esta página web y tan solo espero que, así, como quien no quiere la cosa, en un despiste, llegues hasta este post y tengas la curiosidad por leer algo. Tal vez te preguntes “¿Y no hay más?”, si es que algo de lo leído te provoca un mínimo de interés.

Tal vez, en un exceso de credulidad por mi parte, te llegues a preguntar cuál es el trasfondo de esos poemas, de esas novelas a las que siempre hago mención y casi nadie ha leído. “¿Acaso me estoy dedicando a contar mis intimidades, mi vida?” Es más, por eso de que lo lees, te gusta y te sientes identificad@ de algún modo con ello, es como si lo hubiera escrito para ti. ¡Pobre de mí como se me ocurra negarlo! – ¡No vuelves a leer nada mío ni aunque te lo dedique! – Si es así, me apunto un tanto. Quizás haya conseguido mi objetivo de entablar una conversación contigo.  “¿Y no hay más?”

¿Qué tiene que ver todo esto con “la palabra no escrita”? ¡Qué pesadito con el tema! ¿Qué es eso de la palabra no escrita? ¡Vayamos al meollo del asunto a ver si fluye esa inspiración como un volcán en ebullición! Porque he de dejar claro que yo soy un tanto reservado con mi vida. En todo caso, si algo se me tiene que echar en cara en ese aspecto, es que hablo de lo que conozco. De manera que el temor que puede surgir es que hable más de la cuenta y de lo que no debo, que me las doy de poeta y novelista, pero me quedo en aspirante a cuentista o charlatán. Pero confío en que de verdad entiendas lo que pretendo decirte, porque, si no ¿De dónde va a surgir esa palabra no escrita?

La cuestión es que hay vida más allá de la palabra escrita, de mis poemas, novelas y reflexiones personales. Debería haberla. Pero la duda está en sí esa vida, este deseo de inspirarme, de escribir, de que fluya esa palabra no escrita surge ahora, cuando aún no está escrita, porque me motiva a escribir, a tenerla, a aludir a ello y será algo mucho más intenso cuando la escuche, o, por el contrario, se apagará como una llama en el momento que pretenda sacar algo de ello.

¿Acaso tiene algún sentido esto de escribir ahora? ¿Qué quiero decir? ¿A quién? No es más fácil seguir como en estos últimos meses y quedarme en silencio. ¡Ya está ahí la web para quien quiera tener una ligera idea de cómo escribo!

De hecho, torpe de mí, hace cosa de un año provoqué una avería en el blog y no podía añadirle nada más. Me hubiera tenido que conformar con la publicación de poemas. Incluso, en mi ansia por comunicarme, hubiera cabido la posibilidad de crearme otra página web, otro blog, y echar por tierra el trabajo de estos años, perderme por esos mundos de Internet para todos los que conocen esta web y me buscan. Esto es, lo más fácil hubiera sido que “quien quiera algo que me lo pida por e-mail y se lo mando” – Nada, ni un mísero verso. Sin embargo, tenía ganas de abrir esa ventana, asomarme a saludar, decirte que aún sigo aquí, que, chapuza o no, el problema de la web está resuelto. He destacado esa ventana para que te asomes cuando quieras, incluso por la puerta.

Entonces ¿Acaso necesito a la palabra no escrita para escribir? ¿o me busco la inspiración en un chicle pegado en la pared? La verdad, la auténtica y pura verdad, es que sin la palabra no escrita, ninguno de mis post de estos últimos días tendría sentido, ni aunque hubiera arreglado la web, ni aunque haya intentado con más o menos acierto fijarme o aprender de aquellos que saben algo más que yo sobre esto de escribir y aconsejan que no se escriba a lo loco. De modo que sí, lo que me inspira es la palabra no escrita, tengo un montón que compartir, aún sin escribir sobre ésta. Sin embargo, lo importante es que la palabra no escrita pueda hacerse fuente de mi inspiración, de vida, sea ese “esternocleidomastoideo” y esa “hidrobiología”.

05. octubre 2020

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