Toledo no está tan lejos

¿Os apetece una clase de Geografía conmigo, con Jessica? Sí, ya sé, la de lo sabe todo sobre lo que pasa en el mundo es mi amiga Yuly. Ella era la empollona de la clase, pero ahora mismo no está por aquí y tampoco creo que Daddy le vaya a consentir que curiosee con demasiada libertad en su ordenador, si acaso, la próxima vez que intercambie mensajes con ella, que hablemos de nuestras cosas, le diré que os mande recuerdos. Estos días creo que ya anda por Vigo, pero ya no es como antes, ya no es aquella chiquilla rebelde que se sentía torturada por el excesivo control de su tío Luis. ¡Creo que para alivio de mucha gente, con los años ha madurado y se ha vuelto un poco más sensata! Pero no mucho, no os vayáis a pensar, dejaría de ser Yuly sino mantuviera ese toque y ansia de libertad, de locura juvenil. Ella siempre se ha considerado como un ave libre, por eso de que sus padres le cortaban las alas en cuanto se pasaba de lista, aunque eso de “lista” no se refería a su notas ni expediente académico exactamente, ya que de haber sido así, le habrían dado cuerda para rato y toda la libertad que hubiera querido. La “listeza” a la que se referían sus padres era de la que no siempre resultaba tan aconsejable.

Pero bueno, este post no es para hablar de mi amiga Yuly en ese sentido, porque como ella se defendía muchas veces, si hay que hablar mal de alguien, mejor que le pregunten a Ana con respecto a mi comportamiento a ver quién de las dos tenía esa mala fama merecida por méritos propios, dado para mí eso de pasarme de lista, esa tan solo cuando me convenía, siempre que no se refiriera a nada referente a la asignatura de Spanish. Mi rebeldía siempre ha sido por llamar la atención. Era muy aburrido eso de pasarse los días en el internado esperando a que Daddy viniera a buscarme. Por suerte para mí, aunque Daddy no viniera, tuve la suerte de hacer muy buena amistad con Yuly y eso, de algún modo, contribuyó a que mi adolescencia y paso por la universidad fuera un poco más normal. En todo caso ni todo lo bueno de una ni lo malo de la otra se nos ha contagiado, y tal vez por eso seguimos siendo tan buenas amigas. Fue una suerte que pasásemos todos esos años juntas.

La cuestión es que os quiero dar una pequeña lección de Geografía, de esas que Yuly me daba a mí cuando me pasaba sus apuntes o se percataba de que estaba tan perdida que no veía más allá de mis narices, mientras que por aquel entonces ella ya se consideraba una chica de mundo, por eso de que pasaba los veranos con sus abuelos españoles, en Vigo, mientras que yo no me movía de Medford ni por las malas, hasta que Ana se puso sería conmigo y consiguió sacarme de allí, casi bajo la amenaza de que era más fácil ausentarse del internado por unos días, que ver como mis maletas ,mis pertenencias salían por la puerta y ya no volvían a entrar. Vamos que sí o sí me tenía que ir con Ana, la primera vez a un lugar de La Mancha cuyo nombre entonces preferí no saber y dos años después a Virginia Beach.

Para el primer viaje tuvimos que tomar dos aviones, de Boston a Philadelphia y de Philadelphia a lo desconocido, de manera que Ana me llevó lejos, pero ¡que muy lejos! Hasta el punto que tuve que adelantar la hora del reloj y que cuando me quise dar cuenta aún quedaban otras seis horas de vuelo y sin aterrizaje intermedio. Yo creo que dimos dos veces la vuelta al mundo y como éste es redondo, terminamos dos calles más allá del internado por lo menos; que el viaje tan solo fue por despistar. Lo que me confundió fue que en el aeropuerto donde aterrizamos casi todo el mundo hablaba en español y, como nos a íbamos a alojar en casa de unos amigos de Ana, el trayecto en coche me permitió descubrir que el paisaje no resultaba muy familiar, que no se parecía a lo que se suele ver desde la ventana de mi habitación. Además, Ana me aseguró que la playa se encontraba muy lejos, de manera que nada de hacer planes en ese sentido, aparte de que ella no disponía de días libres porque debía ocuparse de un asunto importante, de esos de los que es mejor no hablar con una adolescente cotilla y demasiado curiosa. Pero supe que estábamos en un lugar de la Mancha, porque en una tienda vendían productos manchegos. Lo demás casi preferí no saberlo.

Medford

West Roxbury——- Vigo

Philadelphia –——-Toledo

El segundo viaje lo hicimos en coche, siguiendo la costa, desde Medford hasta Virginia Beach, de manera que fui un poco más consciente de las distancias y del trayecto aparte que ya era un poco más mayor y un poco menos ingenua en algunos aspectos. Fue un largo viaje de un día para ir a la playa, aunque Carson Beach se encuentra mucho más cerca y podía ir casi cuando quería, ya fuera porque me llevaban o porque conseguía irme por mi cuenta. Sin embargo, Ana se empeñó en que debía ir con ella y no me quedó otro remedio. Tan solo fue un fin de semana y la verdad es que el tiempo no fue todo lo favorable que me hubiera gustado. Lo único es que tome conciencia de que para llegar hasta Toledo hay que cruzar el océano y es complicado hacerlo en coche .

Para aquel viaje me tomé la libertad de dejarme llevar por la curiosidad, para tener un poco más claro dónde estaba, porque Yuly ya me había comentado que West Roxbury se encuentran casi en la misma longitud geográfica. Dato me le sorprendió tanto a Daddy como a mí, porque me temo que en cuestiones de Geografía, tanto a un lado como al otro del océano andamos un poco perdidos en ese sentido. Lo sorprendente fue enterarme además, que en mi primer vuelo hacia ese lugar de La Mancha, se encuentra en la misma longitud que Toledo, por lo que en realidad, si a Virginia Beach se puede ir en coche en un sólo día, Toledo tampoco se encuentra tan lejos.

  • ———————————- Longitud——–Latitud
  • Medford                                      42°25′06″N      71°06′24″W
  • West Roxbury                             42°16′45″N      71°08′58″W
  • Vigo, España                              42°14′00″N      8°43′00″ W
  • Philadelphia Int. Airport            39°52′19″N      75°14′28″W
  • Toledo, Spain                              39°52′00″N      4°02′00″W
  • Virginia Beach                           36°51′02″N      75°58′40″W

De aquí al lado

Daddy, para contar mi vida, para escribir una historia lo más alejada posible de la suya, quiso poner un océano de distancia entre los dos, pero que además resultase creíble, por lo cual partiendo de una premisa un poco absurda poco a poco fue construyendo mi vida, mi personaje y sin pretenderlo, aunque es cierto es que de él nunca ha estado en Medford, que apenas ha salido de la Península Ibérica, porque su vida no está centrada tan solo en Toledo. Lo cierto es que al final mi vida se parece a la suya o, más bien, esas evidentes diferencias entre los dos no son tales porque nos parecemos como un huevo a una castaña. Al menos nosotros estamos convencidos de que no se parecen en nada, porque la intención de Daddy no era contar su vida, sino la mía. A él no se le ha perdido nada en Medford, Massachusetts porque de lo contrario me hubiera ido a buscar, en vez de esperarse a que yo tomara la iniciativa.

¿Dónde me hubierais hecho nacer y vivir vosotros? Se admiten sugerencias, dado que en realidad nadie sabe con exactitud donde nací, tan solo e me abandonaron y encontraron en la cuna de aquel hospital y debido a lo particular de ese hallazgo consideraron que era mejor que no me fuera muy lejos si a Daddy se le ocurría preguntar por mí, como si Toledo estuviera aquí al lado.

Lo gracioso y curioso de mi historia es que al final es que Medford es como otro personaje más de la novela, porque, aunque yo fuera una chica con una vida social un tanto limitada, lo cierto es que sí me doy algún que otro paseo por sus calles, por sus tiendas, me monto en el bus para ir a clase. Vivo toda esa vida que debería haber experimentado, si hubiera estado en Toledo. En todo caso, he tenido la suerte de hacer amistades como la de Yuly que es una mezcla de los dos mundos, porque, aunque quizá Daddy se pierde un poco con la historia de Medford, debido a esas distancias ha tenido una buena excusa para que la ciudad de Toledo tampoco pierda ese protagonismo.

Ya que Toledo es una ciudad llena de historia, para mí empieza siendo una pequeña aldea perdida y desconocida en mitad de las montañas ¡Vete tú a saber si alguien sabe donde está Toledo! Hasta enterarme que es una ciudad que figura en los libros de Historia con letras mayúsculas, que tuvo una época de esplendor que poco o nada tiene que envidiar a la imaginación que le puse yo al respecto antes de conocerla. Tal vez no sea el centro del mundo y en los últimos siglos ha perdido parte de su relevancia en el plano internacional, pero a mí me bastaba con saber que allí me encontraría con Daddy.

A Yuly también le gustaría que Vigo formase parte de la historia de esta novela, de mi vida, pero se conforma con que al menos haya conseguido que haya ido a su casa en un par de ocasiones y me haya quedado a dormir, porque a ella le invitas a venirse a Toledo y la verdad es que no se lo piensa dos veces, sabe que en casa siempre tiene sitio. A mí en cambio, para conseguir que acepte una invitación casi tiene que obligarme, pero es que allí no está Daddy.

Bueno, a ver si me decido y empiezo a contaros mi vida desde el principio, porque me parece que soy de hablar mucho, pero en realidad una completa desconocida. Una que no supera los malos hábitos de la infancia, porque no quería que nadie me conociera, tan solo que Daddy me viniera a buscar, pero ya sabéis lo cerca que estábamos y que la iniciativa la tuve que tomar yo o de lo contrario aún le estaría esperando

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