Los “trastos” al trastero

En el dormitorio de una chica no deberían entrar los chicos, de modo que dejadme que sea yo, Jessica, quien os invite a mi habitación, a mi dormitorio en el internado, que nos colemos casi sin que Ana se entre no sea que nos mande a todos a la calle, no sea que vayamos a ser demasiados. tan solo os ruego que intentéis entrar en orden y no os agolpéis, dado que no hay sitio para todos y tenemos que ser discretos para no molestar a las niñas que habitan la casa el “St. Clare Home for girls” donde el lema es “All are wellcome” (Todas son bienvenidas)

St. Clare Home

A la única que en algún momento se han pensado vetarle la entrada es a Yuly, porque sin ser una de las niñas se ha llegado a pasar aquí más tiempo que muchas, aunque en su caso siempre ha venido de visita y desde que empezamos a ser amigas. Antes de eso no estoy muy segura de que conociera la existencia del internado. Su casa se encuentra lejos de aquí y éste no es un lugar demasiado conocido para los que no son del barrio. Se tiene más conocimiento de la iglesia y de la parroquia. Las chicas del St. Clare’s preferimos no hacernos notar demasiado, aunque siempre son bienvenidas las niñas que necesitan un hogar y las posibles familias de acogida o adoptantes. Para seros sinceros, a mí que vinieran más niñas me era un poco indiferente, tan solo me apenaba un poco eso de que hubiera tantas necesitadas de este tipo de instituciones. Lo que me preocupaba y me ponía en alerta era la visita de esas familias y pajeras interesadas en ampliar la familia, en ofrecernos un hogar. ¡No os imagináis la cantidad de sitios que hay para esconderse o pasar salir corriendo y que escogieran a otra! No eran Daddy y yo prefería descartarme la primera desde bien temprana edad, porque incluso de recién nacida era un bebé llorón y el hecho de aprender a andar no hizo más que favorecer ese juego del escondite. Eso sí, en cuanto pasaba el peligro salía de mi escondite.

La cuestión es al principio compartía dormitorio con otras niñas de mi edad, Jodie y Brittany, porque el internado no es tan grande como para que haya un dormitorio para cada una y había niñas que apenas de quedaban unos días, dependía de las circunstancias y de la suerte de cada cual. Yo fui de las últimas a la que se acogieron recién nacidas después se estableció que debían tener edad para ir al colegio, aunque fuera al kindergarden, (preescolar) La edad tope eran los catorce años, cuando se pasaba al high school, pero se suponía que en esa tesitura debíamos ser las menos. La situación de Jodie y Brittany no era tan peculiar como la mía, aunque las tres llegásemos a esas edad y ellas las trasladasen al otro internado.

El caso es que a la edad de 12 años, en junio de 1993, ya que en el internado no suele haber niñas tan mayores y que estuviéramos tres en la misma habitación iba a ser un problema, porque íbamos necesitando sitio para estudiar, para ser un poco más independientes, nos separaron, una de las tres debía irse a otro dormitorio, lo cual no puede decirse que echásemos a suerte, ni fuera una decisión voluntaria. Se consideró que dadas las circunstancias, yo era la candidata perfecta para que se me asignara otro sitio, por eso de que era la más propensa a esconderme, a no querer ir a ninguna parte y se hacia necesario tenerme mas controlada. Es decir, proporcionarme un sitio en el que me pudiera sentir tranquila, despreocupada y no alborotase a todo el mundo cada vez que escuchaba mi nombre y no era porque me fueran a hacer un regalo.

¿Dónde van los trastos? Al trastero, una habitación abuhardillada encima del garaje, una habitación de no muy fácil acceso, donde me pudiera sentir a gusto, escondida, sin necesidad de jugar al escondite, un poco apartada del resto de la vida en el internado, donde tenerme controlada, sin necesidad de estar pendiente de mí las veinticuatro horas del día, en especial a las horas de estudio, que era cuando yo aprovechaba para escaparme al parque, aunque a la edad de 12 años y con Ana pendiente de mí, ya estaba más que mentalizada que si iba a algún sitio sin permiso, era al servicio. Además, a esas edad ya era un poco más consciente de que los niños son tontos o demasiado listos, según se mire.

Al trasero se accede a través de uno de los despachos, con un pequeño hall para tener acceso al cuarto de baño y después hay que cruzar un pasillo con el techo inclinado, algo frío estrecho. No es una habitación que éste al paso. Allí se solía quedar aquellas niñas que por enfermedad o por cualquier otro motivo necesitasen estar aisladas del resto. Pero sobre todo era la habitación de los trastos, hasta que lo convirtieron en mi dormitorio, lo hicieron un poco más acogedor, sobre todo después de mi visita a a ese lugar desconocido que años después supe que era Toledo y tras el cual se decidió que podría quedarme en el internado cuatro años más, si asistía al menos durante 9th Grade a la asignatura de Spanish y aprobaba. lo cual muy a mi pesar tuve que acatar porque la alternativa era que Daddy me perdiera la pista, no volver a saber de él

Puerta de acceso al ático
Pasillo del ático

En cierto modo, era como estar presa en mi propio torreón, aunque no cerraran la puerta con llave ni se olvidaran que de yo seguía allí, porque ello no me eximía de tener que ir a clase, en días lectivos y a misa los días de precepto, aparte que nunca desaprovechase la ocasión para asomarme y preguntar si había llegado alguno noticia sobre Daddy, que, por lo general, siempre era que no, pero así sabían que no había perdido el interés. También Ana me sacaba de allí de vez en cuando para obligarme a leer textos en español. Lectura no comprensiva, solo leer, y repetir hasta que me saliera perfecto, para compensar eso de que me saltase las clases de Spanish en el colegio.

¿Qué tiene una chica en su dormitorio?

Hasta que conocí a Yuly quizá lo mas llamativo de mi dormitorio en aquel último año de colegio y primeros días en el high school, aunque pudiera resultar un tanto chocante dado mi carácter de chica tímida y retraída, era el cartel de una película, “El Karate protagonizada por una chica joven, una actriz que empezaba a destacar por aquel entonces,. Sin que me considerase una chica muy dada a meterme en peleas, más bien, era de las que salía corriendo, sobre todo si me perseguían los chicos, porque éstos no acostumbraban a tener mucha consideración conmigo. Fue un cartel que me consiguió Ana por sin con ello me motivaba y superaba todos mis miedos y bloqueos mentales.

The next karate kid (1994)

Cuando Yuly vino por primera vez a mi dormitorio y me pregunto por el poster, le desmentí y descarté su ocurrencia de que le fuera dar una patada a Mr. Bacon para así librarme de la asignatura de Spanish, aunque con algún chico de clase me lo hubiera pensado dos veces, si con ello les callaba la boca y lograba que dejasen de burlarse de mí. sin embargo, mis técnicas de autodefensa siempre han sido correr a esconderme, ponerme a salvo, antes que ese enfrentarme cara a cara con los problemas, afrontarlo de manera seria. he sido una chica un tanto cobardica, miedosa.

Yuly quiso tener un detalle conmigo y me hizo un regalo, la foto de un castillo, sin querer decirme donde era por temor a que le dijese que no. Una fotografía que le había robado a su madre, de modo que era preferible que si ésta me preguntaba alguna vez le tuviera que decir que no sabía nada, cubrirle las espaldas a mi nueva amiga, aunque con ese detalle y confidencia, la verdad es que no demostraba ser muy buena influencia. Mi nueva amiga era una pequeña ladrona. Con el tiempo supe que se trataba del Castillo de San Servando, en Toledo capital, que me quiso hacer ese regalo para demostrarme que se había preocupado por localizar la ciudad en el mapa y enterado que su madre había estado allí en su juventud por después de conocer al padre de Yuly, antes de casarse y trasladarse definitivamente a Boston

Castillo de San Servando. ToIedo

Por ahí escondido tenía esos textos en español que en secreto intentaba traducir y comprender, porque de algún modo esa ha sido en gran medida la manera en que he aprendido el idioma. era mi pequeño truco, sino para conseguir que la lectura fuera un poco más fácil, al menos para tener un poco más de idea de lo que estaba leyendo, porque tenía la sensación de que Ana se buscaba los textos más largos y rebuscados con intención de que me esforzase y no intentara engañarla memorizándolos después de leerlos una y otra vez. Así fue como supe que me hacía leer leyendas de Toledo, que compensaba mi ausencia a la clase de Spanish con esos pequeños trucos, de manera que con ello compensaba esa pretendida y falsa ignorancia que yo me pretendía imponer por norma.

Quien no sé si descubrió mi truco fue Mr. Bacon, cuando tuvo que venir de visita para que no me saltase sus clases, porque era mucho lo que me jugaba. Porque sí, los hombres, los padres, los chicos tenían prohibido el acceso a los dormitorio, pero con Mr. Bacon se tuvo que hacer una excepción, ya que o le dejaban subir al trastero mí era yo quien tenía que salir, lo cual dadas mis circunstancias no era tan sencillo, de modo que si aquello se hubiera tratado de un truco para evitarme acudir a clase con normalidad, lo cierto es que yo misma caí en la trampa, porque me quedé si opciones. Tuve al profesor de Spanish junto a mi cama una hora a la semana durante casi dos meses. Para compensar lo cierto es que Yuly me veía a visitar todos los días después de clase y estudiábamos juntas, al menos eso le hacíamos creer a todo el mundo, porque Yuly era mi enlace con los profesores.

Mr. Bacon me hacía leer la novela de “El lazarillo de Tormes” en español, bajo promesa de que si nos daba tiempo a terminarlo, me lo regalaría. Tenía que leer como yo sabía, pero además hacer una lectura comprensiva, de manera que cada cierto tiempo debía explicarle lo que había leído y entendido. En ausencia de éste, gracias a la siempre oportuna complicidad de Yuly, por mi cuenta me leía la traducción en inglés. Al final casi no llegamos a leer esos pasajes de la novela que transcurren en Toledo.

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