Comida casera

Esperando a mi Daddy

Introducción

Hablar de la gastronomía española en referencia a esta novela es adelantar secuencias que aún no he publicado, aunque sí haya podido hacer mención de ello en el blog, en alguna de esas reflexiones que me he permitido hacer al respecto para dejar constancia de que no se trata de escribir por escribir ni sobre algo que tan solo esté en mi imaginación. El borrador de la novela, por definirlo de algún modo ya lleva escrito algunos años, de manera que en ese sentido me sirve como referencia de consulta. En todo caso, el hecho de escribir estas entradas me sirve para compartir y en cierto modo para corregir errores y ordenar ideas, para que toda esa información que he ido recabando en momentos puntuales, dejen de ser simples apuntes o anotaciones previas a tal o cual escena.

Sin entrar en demasiados detalles en cuanto a la historia en sí, os invito a sentaros a la mesa, en casa de Daddy, y disfrutar de estos manjares. En esa mesa en la que en ocasiones hay más sillas que gente y, en ocasiones, hay que apretarse un poco para que quepan todos, lo cual depende del día de la semana y, por qué no decirlo, que siempre una buena comida es una buena excusa para reunirse, aunque sea entre semana. Aunque particularmente ello sucede los fines de semana y no todos. Tan solo cuando la ocasión lo merece. Sea el día que sea, si vienes, procura avisar por antelación para poner un poco más de lo que haya en la sartén, la olla o la paellera. Si ya vives en casa, procura avisar cuando te vas a ausentar, no sea que por echar de más al final sobre. En todo caso, si sobra, sucede lo mismo que en muchas familias, reparto de Tupperware o ya tenemos cena para esa noche o comida para el día siguiente.

El planteamiento, dado que es Jessica quien narra la novela en primera persona, no es entrar a juzgar con más o menos criterio las costumbres españolas ni de esta particular familia, dado que, de manera intencionada, da la sensación de que, salvo Daddy, los demás están de paso, no suele haber nadie en casa o, si están casi, da la sensación de que forman parte del mobiliario o tienen una implicación puntual por algo relevante, como en el uso de la lavadora o, como se hace mención en esta entrada, para que no de la sensación de que la comida sale de la cocina como por arte de magia o que haya alguien sentado en torno a la mesa a la hora de las comidas. El que importa es Daddy, que es quien sufre y padece tanto la repentina aparición de Jessica en su vida, como las consecuencias que de ello se derivan, no siempre muy de su agrado.

La primera cena

La primera mención que se hace a esta comida casera es la noche en que Jessica llama a esa puerta. Una cena tras un largo viaje en avión desde Boston a Madrid, con su correspondiente trasbordo; una no menos larga y absurda espera en la terminal para esperar a quien no se ha planteado ir a recogerla; una cena tras recorrer por su cuenta y riesgo la distancia desde el aeropuerto a casa de Daddy. De manera que, a esas últimas horas del día, tiene más hambre que cansancio, aunque, como ya comenté en la entrada de ayer (Al rico sándwich) se comiera un bocadillo en la estación de autobuses.

Llegada de Jessica

¿La estaban esperando? ¿No la esperaban? Si es que sí ¿Habrían pensado en que llegaría con hambre? Si es que no ¿Le van a dar de cenar?

Insisto en un par de detalles. Ella se presenta allí por su cuenta y riesgo. Ha avisado, pero no tiene ninguna certeza de que su carta haya llegado porque nadie le ha respondido. Por otra parte ya intuimos que después de aquel viaje a lo desconocido de 1995, su incoherente historia, su justificación para llamar a esa puerta a esas horas de la noche, ya es conocida por esta familia gracias a Ana.

¿Qué habría para cenar esa noche? ¿Qué se tendría que preparar? Depende de la actitud y el planteamiento que se quiera hacer de esa llegada. ¿De verdad que nadie les ha avisado de los planes de Jessica? ¿En serio que nadie se ha inmutado lo más mínimo? ¡Oye que hay una chica perdida por España en busca de su anhelado Daddy! Jessica se ha pasado la mañana en el aeropuerto y la tarde, por decirlo de algún modo, recorriendo España, en busca de su anhelado Daddy. ¿Acaso no va a haber un mínimo de consideración, ni un misero chusco de pan duro?

¡Que no es una chica cualquiera que llame a esa puerta con una historia un tanto incoherente y absurda! Es alguien de quien ya tienen noticia desde nueve años antes, con toda la documentación en regla, salvo esa oportuna prueba de paternidad, y hasta la fecha nadie se ha molestado en desmentirlo. Sí, vale, que se ha presentado allí con un exceso de confianza por su parte, que se ha lanzado a la aventura con más expectativas que certezas. Pero, si Ana la ha animado a ello, algo de seguridad ha de tener.

(….)

Sister: Come in and sit down, please. This is your dinner, if you’re hungry.

(….)

Comer sintiendo que toda la atención, sus ojos están puestos en mí, me pone bastante nerviosa y diría que me quita el apetito, no sólo porque se trate de comida española casera, sin que me hayan preguntado lo que me apetecía y sin haberse preocupado de sí me gustaría lo mismo que han cenado ellos, lo exquisita que puedo llegar a ser con la comida. Aunque tampoco me parece muy prudente que rehúse, dado que no he comido nada en las últimas horas, desde el bocadillo en la estación de autobuses de Madrid. Lo que aquí me ofrecen es un poco de sopa y lo que deduzco es una tortilla francesa, acompañado por un vaso de agua para beber y algo de fruta. La verdad es que me siento como si yo fuera su postre, como si me comieran con los ojos y se me estuviera poniendo a prueba. Que no basta con que haya aceptado su hospitalidad y me quede a dormir, sino que he de ganarme su confianza y casi esperasen que prefiera marcharme porque la situación se haya vuelto demasiado tensa, dado que su curiosidad y contrariedad por mi presencia les ha dejado un tanto descolocados, como si no se creyesen que de verdad estoy aquí y necesitasen verme comer para confirmar que no soy fruto de su imaginación.

September 30, 2004. 09:45 PM
Sopa de fideos
Tortilla francesa

Primer desayuno

Le dan de cenar, le dejan que se quede a dormir esa noche y, como es lógico por la mañana, a pesar del jetlag, se levanta a la misma hora que todo el mundo, a consecuencia del despertador que hay en el dormitorio. Y, como todo el mundo, se despierta con algo de hambre. No entro en más detalles sobre cómo ha pasado la noche, dónde ni con quién, porque esta entrada del blog es para hablar de comida y porque rompería un poco con toda la trama e intriga de la novela. Tan solo dejar claro que no le han dado la patada para que se busque a vida.

Como ya he aclarado antes, en casa de Daddy, de manera intencionada por mi parte y casi como particularidad de esta historia, da la sensación de que el único que está es Daddy, aunque por supuesto hay más gente y hacen acto de presencia tan solo cuando la ocasión lo requiere. Por lo cual, en esta primera mañana, tras haberse aseado, cuando Jessica acude a la cocina con la expectativa de desayunar, a quien se encuentra es a Daddy. Los demás o están durmiendo, ya se han marchado o andan ocupados en sus asuntos. Un truco un tanto ingenioso para que la escena esté centrada en estos dos personajes únicamente porque es un momento relevante.

Jessica se presenta con hambre, con deseos de entablar una conversación, de empezar a conocer de verdad a quien entiende que es su padre y, sobre todo, la razón de su viaje y presencia en ese piso. Está algo nerviosa, inquieta y, como suele ser habitual en ella, tan solo habla en inglés, lo que al no estar en Medford, entre angloparlantes, le supone un problema añadido.

Por su parte Daddy se encuentra con la contrariedad e imposición de tener que ser hospitalario con alguien que se ha presentado casi sin avisar y que tiene intención de cambiar sus esquemas. Eso del «Speak English» lo lleva un poco regular, casi tanto como tratar con chicas que llegan a su casa y pretenden acaparar toda su atención. Porque ella parece emocionada, ilusionada «¡Está con su verdadero y auténtico Daddy!», pero él tan solo ve en ella a una chica un tanto confundida, a quién, en realidad, no sabe muy bien cómo tratar y que da la sensación de tenerle idealizado de una manera bastante absurda. En cualquier caso, se impone la buena educación, la hospitalidad y hasta cierto punto un cierto paternalismo ante tanta inocencia e ingenuidad inicial.

Jess: Thank you, Daddy. – Le digo con una sonrisa y alivio. – Let’s have breakfast. I get hungry. (Pongo mi mano sobre la tripa para ser más expresiva). – Le pido con más ánimo y un poco más de complicidad. – Orange juice, toast, marmalade, coffee, cookies, cheese, porridge…

Daddy: ¡Para! (Me interrumpe con complicidad) Sí, ya veo que tienes hambre. – Replica ante mi petición.

(…)

Como con palabras será algo difícil que nos entendamos, debido a que su conocimiento de mi idioma es tan limitado como el mío de español, me indica con la mano lo que me ofrece como desayuno, lo que hay sobre la mesa, en espera de que le responda con un movimiento de cabeza en sentido afirmativo o negativo. Me causa un cierto reparo tomar algo de la bollería por no saber qué ingredientes tienen ni si será algo que me agrade, a pesar de que se trate de productos envasados, pero ninguno me resulta conocido. Los cereales tampoco son de marcas conocidas, pero me inspiran algo más de confianza, ya que, en realidad, es algo que me apetece, que hará que mi desayuno sea un poco más a mi estilo, si es que encuentro todo lo que necesito o la mayor parte de los ingredientes.

October 1, 2004. 08:15 AM

Primera comida

De esta primera comida más que el hecho de qué se come, es dónde se sienta, al lado de quién, a quién le quita el sitio o porque le dejan ese sitio y no otro.

De los sitios que hay dispuestos para comer, dejo que sea Daddy quien me indique cuál es el mío, porque no quiero parecer demasiado impulsiva ni que me hagan levantar después. Anoche me senté dónde me indicaron y entiendo que ahora he de actuar de igual modo. Aunque, si esta situación es la habitual, supongo que a partir de ahora consideraré que ese es mi sitio. En realidad, me siento un tanto culpable porque ni tan siquiera he ayudado a poner la mesa y, por lo tanto, es como si se me premiara por nada, aunque estoy bastante acostumbrada a colaborar en la tarea de disponer la mesa, porque fue uno de mis cometidos durante mis últimos años en el St. Clare’s. Y durante el tiempo en que he trabajado en Dewick o “Brown & Brew”, han sido infinidad de mesas las que he tenido que recoger y limpiar. Aquí el único problema es que me habrían tenido que indicar dónde está cada cosa, porque la disposición es bastante similar a la que estoy acostumbrada a ver.    

October 1, 2004. 02:50 PM

En lo referente a la comida, como tal, Jessica ya deja claro que es comida española, sin entrar en muchos detalles, porque ésta, en este caso, tampoco le resulta extraña. Deja claro que esto de la gastronomía española al estilo casero no le supone ninguna novedad ni contrariedad.

Ahora mismo creo que me alegro de que mi mejor amiga tenga una madre española y alguna vez se haya traído a nuestra habitación comida que ésta le preparaba con todo el cariño. Supongo que también es una suerte que haya trabajado durante cuatro años en Dewick y comprobado la variedad gastronómica de los distintos países y culturas. En caso contrario, no identificaría lo que ahora hay en mi plato y quizá lo comiese por compromiso y con cierto recelo. Sin embargo, aunque no es lo que me apetecería a estas horas del día, es comida que me entrará por la boca sin mucho esfuerzo. Entiendo que la única opción que me queda, si quiero vivir aquí y que me acepten, es que me adapte a sus costumbres. Por lo cual, como me advirtió Yuly, lo del kétchup hasta en la sopa será mejor que lo olvide. Aquí la comida sabe a comida. Si algo no me gusta, mejor que me aguante y me lo coma. Lo del picoteo en el plato queda reservado para las gallinas.

October 1, 2004. 02:50 PM

La segunda cena

Es la primera vez que hace mención a algo que no es capaz de identificar y cuando se pone en evidencia su contrariedad. Para mí, como escritor, es la ocasión para intentar describir algo desde ese desconocimiento del personaje. ¿Qué piensa alguien cuando se encuentra con este tipo de platos? Quiero suponer que he sido capaz de captar la esencia de su pensamiento.

En este caso, la cena no parece tan improvisada como la noche anterior y, en todo caso, se pone de manifiesto que no tienen hacia Jessica más consideración que el hecho de que de momento se queda a vivir con ellos, como una solución puntual y temporal hasta que alguien tenga claro cómo resolver todo ese asunto. Por lo cual, si quiere un trato un poco más especial, da la sensación de que se ha equivocado de casa y de familia o puede que se trate justo de lo contrario, que ya se la considera un más y se le da el mismo trato que al resto, que da lo mismo su procedencia o los motivos por los que se encuentre allí. ¡Para cenar a la carta te vas a un restaurante!

La cena de esta noche se compone de lo que entiendo es un caldo de tomate con verdura y, de segundo, trozos de pescado rebozados en huevo y harina, aunque no soy capaz de identificar el tipo de pescado de que se trata. El caldo frío a cada uno se le ha servido en una taza, pero el pescado viene en una única bandeja de la que cada cual se sirva lo que le apetezca por lo que entiendo que en un reparto justo a mí me corresponden al menos cinco pedazos, aunque no sé si es muy apropiado que parezca que como con gula o que me reservo por eso de que las chicas cuidamos la dieta, aparte que me sienta un poco cohibida y con un nudo en el estómago, con el añadido de que mis cenas suelen ser ligeras y no estoy acostumbrada a esto. De manera que temo que se me revuelvan las tripas y me desvele, más cuando esta noche me siento un poco más afectada por el jetlag y un poco más consciente de dónde me encuentro en realidad.

October 1, 2004. 09:00 PM
Gazpacho andaluz
Merluza rebozada

Comida en casa de Yuly

No puedo evitar en este caso hacer mención a la comida casera que Jessica tiene oportunidad de probar en casa de Yuly, en su primera y única visita, aunque debido a las circunstancias se quedó allí varios días. Ocasión que está aprovecha para gastarle una pequeña broma. Por las fechas, septiembre de 2001, Yuly está recién llegada de sus vacaciones en Vigo, de manera que en la maleta se ha traído algo más que el recuerdo y cariño de sus abuelos, los ingredientes para preparar una empanada gallega con productos gallegos

El primer bocado es sabroso, la empanada lleva algo de algo de pescado, sardinas y jamón, una mezcla curiosa en el paladar, pero agradable. Creo que me comeré todo y quizá repita. Incluso es posible que un día de éstos le pida a Yuly la receta o me diga si conoce de alguna tienda de Medford o Boston donde se consiga más, para no abusar de la generosidad de sus padres ni crear una dependencia con ellos en ese sentido. De hecho, me parece que me sabrá a poco lo que nos llevemos para cenar, porque no me importaría que fuese una buena cantidad, siempre que no sintamos remordimientos por dejar a los padres sin nada. Lo cierto es que ya me siento algo culpable porque pienso en lo que disfrutaré de la cena de esta noche, cuando es de suponer que en la universidad continuarán las oraciones y vigilas por los atentados de ayer, que nadie tendrá ánimo para fiestas ni alegrías. Sería todo un detalle por nuestra parte que repartiéramos la empanada con las amigas, porque seguro que habrá gente que no se ha movido de la capilla y por quien nadie se he preocupado, que no se querrá mover de allí porque considere que su oración es más importante y es una manera de unirse al esfuerzo de aquellos que siguen buscando supervivientes entre las víctimas del World Trade Center.

September 12, 2001. Yuly’s home
Empanada de parrochas con jamón y pimientos de Padrón

El tercer bocado entra en la boca con la misma confianza, lo saborearé como si fuera el mangar más delicioso…

Yuly: Toma, bebé. (Me entrega el vaso lleno de agua fresca) Los pimientos de Padrón, unos pican y otros no. – Me dice con una sonrisa traviesa.- «Os pementos de Padron uns pican e outros non»

September 12, 2001. Yuly’s home
Pimientos de Padrón

Me quema la garganta, me pica toda la boca como si me hubiera comido lo más picante de este mundo y me lloran los ojos como si me hubieran dado la peor noticia de toda mi vida y no me pudiera contener. En realidad, no sé si lloro porque tengo la impresión de que Yuly me ha gastado una broma o porque el calor me recorre todo el cuerpo y no creo que ni toda el agua del océano consiguiera que se me pasara. Disfrutaba de una de las comidas más deliciosas del mundo, pero creo que desde ya mismo dejaré de confiar en Yuly. Tendré que pensar que no somos tan buenas amigas como he creído hasta ahora, porque ¡esto se le hace a una amiga ni al peor enemigo! No creo que sea el día ni el momento más adecuado para que me gaste este tipo de bromas. Después de esto creo que me plantearé volver a la universidad sola, aunque sea a pie y pasando por encima de todo un ejército armado. Es tal el picor que ciento en la boca que cuando sientan mi aliento me abrirán paso sin pensarlo dos veces. Ahora mismo es tal la rabia e impotencia que me recorre todo el cuerpo que los superhéroes del cómic a mi lado se quedan en nada. ¡PICA!

September 12, 2001. Yuly’s home

Aclarar que a pesar de esta pequeña broma, las dos siguen siendo tan amigas como antes el resto de la novela