Una idea revolucionaria

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en pagina aparte)

Introducción

Como no andamos lejos de nuestro siguiente recorrido y tampoco es bueno aplazarlo por más tiempo, aprovechemos la circunstancia para acercarnos hasta allí, porque ya hemos aludido a ello en varias ocasiones y uno no nos descubre los misterios y encantos que tiene esta ciudad hasta que acude en persona a verlo, porque si es mucha la belleza que muestra su arquitectura, no son menos los tesoros que se esconden tras sus muros y cada vez son más los edificios que abren sus puertas y permiten saciar la curiosidad de la gente de a pie.

Comentaros que como no podía ser de otro modo, este edificio también tiene su propia leyenda toledana, la cual os relato al final. En esta ocasión no hay luchas de espadas ni lágrimas inconsolables de un amor perdido. Cuenta la esencia misma de este edificio dedicado a la caridad de los menos afortunados.

COLEGIO DE DONCELLAS NOBLES

El Colegio de las Doncellas Nobles fue fundado en 1551 por el Cardenal D. Juan Martínez Silíceo.

Fachada

El edificio está situado en la plaza del Cardenal Silíceo de Toledo y se comunica con el Colegio Nuevo de las Doncellas Nobles (realizado posteriormente) mediante un pasadizo aéreo a modo de cobertizo.

En las casas que pertenecieron a don Diego Hurtado de Mendoza, príncipe Mélito, se instaló el colegio en 1554. En el siglo XVIII Ventura Rodríguez terminó una reforma integral. En la fachada una puerta barroca permite el acceso a la iglesia. Por encima de la reja se conserva el relieve de Juan Bautista Vázquez el Viejo con una representación de la Virgen de los Remedios.

El Colegio fue remodelado a partir de 1775, según proyecto de Ventura Rodríguez, imprimiendo un pronunciado estilo barroco al conjunto.

El Real Colegio funcionó con los estatutos originales hasta 1988. Llegó a considerarse uno de los mejores colegios en Europa.

A principios de los años 90, el edificio se adaptó para convertirse en residencia universitaria. En la plaza y edificios próximos podemos observar puertas con escudos del cardenal Silíceo que nos recuerdan otros espacios que utilizó el Colegio en épocas pasadas.

Portada

El Colegio de Doncellas es, junto con la iglesia San Ildefonso (los Jesuitas), uno de los ejemplos más bellos del barroco toledano. Además de su interés patrimonial, el edificio tiene un gran valor sentimental para muchos toledanos. Allí se educaron numerosas generaciones de «doncellas», que tenían que justificar su «limpieza de sangre», es decir, no ser descendientes de moros, judíos o herejes, por mandato de su fundador, el cardenal Silíceo, cuyo mausoleo preside la impresionante iglesia del palacio.

Las doncellas han vivido en este colegio hasta finales del siglo XX. Una de sus últimas moradoras fue Carlota Ramírez de Arellano, hija del fundador de la Real Academia de Bellas Artes de Toledo, Rafael Ramírez de Arellano, que falleció hace tan solo 14 años. En la época del cardenal Marcelo González Martín y con José Bono como presidente de Castilla-La Mancha se realizó una reforma del edificio, que se inauguró en 1994.

Fue en 1988 cuando se decidió convertir el colegio en una residencia universitaria femenina, actualmente en funcionamiento, y se acordó que desaparecieran de los estatutos todos los preceptos relativos al linaje, limpieza de sangre, raza y dote. Se lograron dos objetivos singularmente importantes: recuperar las funciones de la institución para la formación integral de la mujer sobre principios cristianos de acuerdo con la voluntad del Cardenal Silíceo, fundador del colegio, y, al mismo tiempo rehabilitar dos edificios construidos con más de tres siglos de diferencia; el más antiguo, del siglo XVI y otro inmediato, levantado en los últimos años del siglo XIX para ampliar aquel, que ahora es un edificio del Gobierno regional, que alberga la vicepresidencia de la Junta. Ahora, en 2016, la ciudad recupera otro espacio cultural desconocido para una gran mayoría. Otro orgullo para Toledo.

El edificio

Se trata de un edificio de planta cuadrada con esquinas en chaflán, jardín trasero y patio interior. En alguno de sus puntos tiene cuatro plantas.

Todo el edificio descansa sobre un basamento de piedra granítica que sirve de base a los lienzos de ladrillo. Los vanos exteriores guardan una composición simétrica y se repiten con cierta equidistancia y ritmo. Son adintelados y están protegidos con rejas.

La fachada principal, orientada a mediodía, tiene dos portadas, una de entrada al colegio y la otra que da paso a la iglesia. La primera es de orden dórico, en sillería, con escudo real, y otro con las armas del fundador. La segunda posee dos cuerpos, el inferior con un vano de medio punto enmarcado por cuatro pilastras en orden dórico.

Un edificio aún hoy desconocido para muchos, abrió sus puertas al público en el año 2015. Entre sus múltiples tesoros con los que enamora a todos los visitantes, sin ninguna duda, el ambiente colegial que aún hoy se recoge entre sus muros. 

La iglesia

La capilla-iglesia del Real Colegio de Doncellas Nobles es de estilo renacentista y barroco temprano. Tiene planta de cruz latina, bóveda de cañón con lunetos y crucero sobre pechinas.

capilla de la iglesia

El retablo principal contiene el lienzo de la Virgen con el Niño, junto a las doncellas y el fundador. Es obra de Alejandro Sémino. A los lados figuran retablos barrocos de la Virgen del Pozo (de Luis de Velasco) y de San Jerónimo (de autor desconocido).

Encima de la puerta que da acceso al patio se encuentra un retrato del cardenal Silíceo. A ambos lados de la nave, en la parte alta, figuran medallones con representación de santos de tradición toledana.

A los pies de la iglesia se encuentra el coro de capellanes que ocupaba el cabildo de hasta 7 sacerdotes al servicio del Real Colegio. En un nivel superior el coro de colegialas, resguardado con reja que contiene el escudo del cardenal. También podemos apreciar el altillo que hubo que procurar para el mayor número de colegialas en los mejores años del Colegio.

Son destacables también algunos lienzos, vidrieras, púlpito y decoración en láminas de oro por todo el espacio.

Son propiedad del Real Colegio de Doncellas Nobles dos cuadros de El Greco que estuvieron en esta iglesia hasta 1990, «San Francisco y el Hermano León» y «Cristo en la Cruz», hoy en depósito en la Catedral de Toledo.

rejas

Sepulcro del cardenal

El mismo Cardenal Silíceo quiso ser enterrado aquí, por el cariño que tuvo al que fue su gran proyecto. El imponente sepulcro que hoy guarda sus restos es único en Toledo.

Sepulcro del cardenal
Detalle del sepulcro

En este mausoleo de mármol blanco y gris se encuentra enterrado el cardenal-fundador del Real Colegio de Doncellas Nobles, Juan Martínez Silíceo, fallecido en 1557.

Quiso ser enterrado “cerca de las colegialas” y aquí siempre ha reposado desde su muerte ―en una humilde caja de madera, cubierto por un paño negro y una mitra ― hasta la realización de esta magnífica tumba.

Detalle del sepulcro

El sepulcro es obra del escultor Ricardo Bellver y Ramón (1845-1924) que ha representado primorosamente la figura yacente del cardenal con magníficos detalles en su vestimenta litúrgica, en la decoración vegetal, en dos representaciones de la vida del colegio a ambos lados y en las cuatro virtudes cristianas esculpidas en las esquinas.

SALÓN RECTORAL

Es una estancia grande de aspecto decimonónico con artesonado de época en cuyo centro decoran las armas de Silíceo.

Además de telas y doseles bordados, cuenta con 2 buenos tapices de la flamencos de la Fábrica Brabante -Bruselas, espejos barrocos, cuadros, divanes y cortinas. Figura un retrato de cuerpo entero del Cardenal Silíceo y debajo una jamuga con incrustaciones en nácar, quizá la única pieza que usara Silíceo.

Retrato del Cardenal Silíceo
Tapiz
Tapiz

PATIO

El patio de trazas de Ventura Rodríguez y ejecutado por Eugenio López Durango, esta construido con sillares de granito, tiene dos pisos con arcos de medio punto y pilastras adosadas con capiteles de orden corintio en el inferior y arcos rebajados y capiteles de orden compuesto en el superior. 

En un lado, una placa de cerámica nos recuerda la visita al Colegio del rey Alfonso XIII el 27 de febrero de 1928, en compañía del otro copatrono el Cardenal Segura y Saez. Bajo la misma, una salita restaurada con motivo de dicha visita. En ella vemos interesantes cuadros sobre cobre, sillería de cuero repujada por las internas y vidrieras firmadas por D. Moragón y fechadas en 1931 en la que se representa la habitual escena de las colegialas protegidas por la Virgen, hierros de Julio Pascual y gran profusión de cerámicas de Ángel Pedraza. 

En el lado opuesto nos encontramos útiles de cobre que sirvieron para recoger agua de los aljibes del edificio. A su derecha, el arranque de una monumental escalera que en tiempos debió dirigir a las estancias más nobles.

En el lado que queda entre la sala de Alfonso XIII y la escalera tenemos una puerta barroca adintelada que da acceso a la más noble de las habitaciones del edificio: el salón rectoral. Es la denominada Sala de Visitas donde se acogía a los familiares de las residentes que visitaban a las internas. 

Por las galerías que rodean el patio, encontramos azulejería con distintos pasajes del Libro de los Proverbios

Patio

El Palacio en el que Isabel de Portugal vivió antes de morir

Un magnífico guía que condujo a ABC por las entrañas del Colegio de Doncellas nos descubrió una de las muchas historias que guardan las paredes de este palacio que ha visto crecer durante siglos a generaciones de jóvenes toledanas. Antes de convertirse en colegio, Carlos I y V de Alemania y su esposa, la emperatriz Isabel de Portugal, vivieron allí durante varios meses, aunque, como todo el mundo sabe, la reina falleció el de 1 mayo de 1539 en el Palacio de Fuensalida.

Así lo cuenta la catedrática Humildad Muñoz Resino en una interesante investigación en la que desveló que la soberana vivía en Toledo desde las Cortes de 1538. Según cuenta esta profesora especialista en Literatura Hispánica, «el 23 de octubre llegó Carlos I a la ciudad hospedándose con su esposa en el Palacio del conde de Mélito (donde hoy se ubica el Colegio de Doncellas), pues el Alcázar no estaba habitable. A finales de abril del año siguiente la emperatriz dio a luz un niño muerto, sufriendo fiebre puerperal. El 27 de ese mes se trasladó al Palacio del Conde de Fuensalida, por consejo médico, pero no fue posible salvarla», Murió cuatro días después.

El zapatero y el cardenal, Leyenda

En estos tiempos, en los que algunos se ven poseedores de la razón suprema, en los que la soberbia y la confrontación que provocan no son precisamente cualidades de hombres de fe, y en los que la supuesta defensa de su Credo impone una crispación entre las personas ya olvidada hace tiempo, traemos a estas páginas una hermosa leyenda con un título muy significativo.

No pretendemos en estas páginas dar clases de moral a ningún prelado, ni hombre de fe, pero si traemos una leyenda toledana que bien podría ilustrar, incluso por su título, la implicación de ciertos poderes religiosos en ámbitos políticos, y cómo desde hace siglos, la sabiduría popular quería ver en sus dirigentes eclesiásticos lo que en la actualidad no se tiene: humildad. “Aplíquense el cuento”, o en este caso, la leyenda.

Siglos hace ya que la céntrica calle Martín Gamero, muy cercana a la Catedral, unión de las Cuatro Calles con Tornerías, alojaba talleres de zapateros. No de aquellos que remendaban lo viejo, sino de aquellos que con sus manos creaban auténticas obras de arte en forma de calzado, a medida, y en ocasiones para los más pudientes de la ciudad.

Una mañana de invierno, de las que la niebla transcurre como jirones entre las esquinas de las vetustas calles toledanas, un joven estudiante entró en uno de los talleres y en un tono educado, aunque algo seco, se dirigió al zapatero diciéndole:

– Buenos días, zapatero. Observad los zapatos que llevo… ¿Os parecen adecuados para soportar el frío de esta ciudad?

El hombre dejó su trabajo y bajando la vista observó que sus zapatos estaban en bastante mal estado y habían perdido en buena manera el lustre que antaño parecieron haber tenido: – Más parece que vayáis descalzo, comentó el zapatero.

El joven estudiante encargó al zapatero un par nuevo y tomándole las medidas, le apuntó que en tres días aproximadamente tendría listo el encargo.

Pasado este tiempo, el joven entró por la puerta del taller, se probó los zapatos y viendo que se ajustaban a su medida y eran cómodos indicó al zapatero:

– Ahora no tengo mucho dinero, pues soy estudiante, pero tened por seguro que os pagaré los zapatos cuando sea Arzobispo de Toledo.

El zapatero se sorprendió por lo que escuchó del joven, pero viendo que el trabajo ya estaba realizado y que poco obtendría de él, pensó que muchas formas hay de caridad, y así se lo hizo saber al estudiante, afirmando además que si necesitaba cualquier otra cosa no dudara en pasar por su taller.

El joven dio las gracias al zapatero y quedó impresionado por el buen corazón de este hombre que había regalado de buena gana su trabajo y su tiempo a un desconocido. Insistió de nuevo en su promesa de pagar el calzado cuando fuera Arzobispo de Toledo.

Pasaron los años, y el zapatero se hizo mayor. No tuvo hijos varones y terminaba sus días de forma humilde y sin demasiados recursos. Un buen día, llamó a su puerta un canónigo afirmando venir por orden del Excelentísimo Señor Arzobispo de Toledo, el cual requería ante sí la presencia del zapatero.

Éste, sorprendido por tan inusitada convocatoria, acompañó al séquito hasta el Palacio Arzobispal, preguntándose qué deseaba de él tan alta persona.

Tras pasar por amplias estancias, llegó frente al Arzobispo, el cuál, sonriente le dijo: querido amigo, en primer lugar os deseo mostrar mi agradecimiento con un abrazo y después os quiero pagar una deuda que tengo con usted desde hace mucho tiempo, pero que no he olvidado.

El zapatero, casi asustado, había olvidado totalmente la promesa de aquél joven estudiante y permanecía muy confuso ante la escena, creyéndose erróneamente conducido ante su excelencia.

– Hace muchos años ya, (apuntó el Arzobispo), cuando yo era un estudiante sin recursos, hice la promesa de pagaros cuando fuera Arzobispo de Toledo. Nunca he olvidado vuestra obra de caridad conmigo.

Y cogió una bolsa con 50 onzas de oro y se la dio al zapatero, que había recordado la vieja anécdota.

Tras este pago, de nuevo agradeció al zapatero su obra de caridad y le requirió si deseaba algo más de él.

– Nada más deseo, pues este pago es muy superior al coste de aquellos zapatos. Pero tan sólo os pido algo más: que a mi muerte, mis dos hijas, que aún viven conmigo no queden abandonadas a su suerte.

No os preocupéis, dijo finalmente el Arzobispo, pues vuestras hijas serán debidamente atendidas.

Comentan que esta leyenda, y la promesa final del Arzobispo, que no era otro que el Cardenal Silíceo, sirvió para la fundación del Colegio de Doncellas Nobles, cuyas primeras alumnas serían las hijas del humilde zapatero.

Apuntes históricos:

Juan Martínez Silíceo, cuyo segundo apellido era en realidad Guijarro, fue preceptor de Felipe II, tras ser nombrado así por el padre de éste, Carlos I, en el año 1543. Antes de esta fecha, el Cardenal, que obtuvo este cargo en 1556, enseñó en la Universidad de París y ocupó la cátedra de filosofía natural en la Universidad de Salamanca. Promulgó el primer estatuto de limpieza de sangre, antecedente de la discriminación legal contra los conversos. Escribió un manual de matemáticas, Ars arithmetica (1514). Murió en Toledo en 1557.

Colegio de Doncellas Nobles | Patrimonio Nacional

Real Colegio de Doncellas Nobles | Museos y Monumentos (toledo.es)

Saber más sobre el Real Colegio de Doncellas Nobles – TOLEDO MONUMENTAL

ABC TOLEDO El arzobispado abre al mundo el Colegio de Doncellas Nobles 28/02/2016

Real Colegio de Doncellas Nobles (Toledo) | RFRumbao | Flickr

El zapatero y el cardenal. Leyendas de Toledo