Esperando a mi Daddy (1)

Friday, April 21, 1990

Friday, April 21, 1989

Hoy cumplo 9 años

Ana me dice que desde hace algún tiempo como demasiado, pero yo creo que como a mis horas y lo que me corresponde. Además, ahora hago mucho ejercicio físico. Desde que ella llegó al St. Clare’s estoy mucho más animada y tranquila, ya no me regañan tanto y a veces incluso me comporto mejor que antes, incluso los chicos del parque quieren que pase más tiempo con ellos. La verdad es que me lo paso muy bien cuando jugamos al baloncesto, al fútbol o nos defendemos cuando los chicos de la otra pandilla nos atacan, ya que tenemos nuestra zona del parque y si éste se queda pequeño para que juguemos todos, opino como los demás que no hay motivo para que nos echen, si hemos llegado antes. El parque es de todos.

Como ya está cerca mi Primera Comunión y todo eso, mi comportamiento necesita un cambio, una mejora, sobre todo porque ahora cuando me porto mal ya no vale solamente con que me castiguen y no dejen que salga del St. Clare’s. A partir de ahora todas esas travesuras se las contaré al sacerdote en el confesionario y éste me impondrá una penitencia, por lo que creo que es un doble castigo. Lo peor de todo es que al sacerdote no se le cuenta lo que sea por cumplir. Ya nos conoce a todas las chicas del Home y no se vale eso de que vayamos a otra iglesia ni hagamos trampas. Además, como cada dos por tres los chicos de la otra pandilla se meten con mis amigos y conmigo, en cuanto me acerqué al confesionario, el sacerdote me preguntará por esas peleas antes de que yo le diga nada.

Ana me dice en broma, al menos eso creo, que crezco muy deprisa y que un día de éstos seré tan alta que no cabré por la puerta, pero no es mi culpa, si la ropa encoge en la lavadora. Sin embargo, Ana asegura que para que la ropa me sirva durante más tiempo me la compran y la llevo de una talla mayor de la que necesito, de modo que hasta que escoja en la lavadora la ropa me queda un poco grande. Lo que Ana aún no ha evitado es que siga con mis trucos para conseguir ropa de chico, sin ninguna violencia ni abuso, porque la que me dan en el St. Clare’s no me gusta demasiado, es ropa de chicas y no me gusta tanto, aunque Ana afirme que una vez me haya puesto el vestido para la Primera Comunión y me haya sentido como una pequeña princesa de cuento por un día, querré serlo todos los días. Creo que se hace demasiadas ilusiones en ese sentido porque a mí eso del vestido no me gusta, aunque, si lo dejase a mi elección, tampoco me vestiría como un chico en un día tan importante.

Hasta que eso no pase, Ana es benévola conmigo y deja que me vista como quiera, siempre que la ropa que consiga no sea porque lo haya robado ni nada de eso. Siempre le aseguro que consigo esa ropa porque los chicos me la dan, pero no hacemos nada malo. Además, Ana sabe que en el St. Francis School ningún profesor se queja de mi comportamiento, a pesar de que en el patio juego más con los chicos que con las chicas, porque a mí no me gusta mucho lo que ellas hacen en los descansos. Los chicos me parecen mucho más divertidos y no les importa que vaya con ellos. En el St. Clare’s me paso el día con mis compañeras y éstas tampoco hacen nada especial ni divertido, aparte que las normas del St. Clare’s limitan bastante esos juegos.

Los chicos únicamente se burlan y ríen de mí cuando dicen que me comporto como una chica, porque no entro en el baño de los chicos ni participo en sus conversaciones cuando comentan que las chicas hacen cosas tontas que ellos no entienden. No sé cómo responderles ni qué contestarles porque a mí no me parece que las chicas hagan las cosas raras que ellos aseguran. Dicen que las chicas son más tontas que los chicos y que, si se pelearan con nosotras, nos ganarían porque nos quejamos en cuanto nos dan la primera patada. Aseguran que las chicas somos unas cobardes y que nos pasamos el día con nuestras muñecas y juegos absurdos, cuando es mucho más divertido jugar con el balón, los coches o a las guerras. A mí me gusta jugar con los chicos y a veces dicen que yo no soy como el resto de las chicas y que por eso me aceptan en el grupo. Alguno me ha dicho que me junto con ellos porque las chicas no me quieren, pero que, si fuera tan tonta como el resto, tampoco ellos me aceptarían. Algunos días no quiero estar con nadie porque los chicos no me parecen tan divertidos y las chicas tampoco me aceptan en sus grupos porque no me voy siempre con ellas. Son esos días en los que ya no sé con quién quiero estar y parece que todo el mundo se aparta de mí y no me entienden.

Las chicas dicen que me he convertido en una niña caprichosa y rebelde, que quiero estar con todos y que me hagan caso, pero que en realidad no sé qué quiero. Lo he hablado con Ana, porque es la única que me entiende y me ha dicho que eso que siento y me pasa no es malo, que eso es porque ya me estoy preparando para la Primera Comunión y me he dado cuenta de que ya no soy una niña tan pequeña, que estoy creciendo y, por lo tanto, no es malo que tenga esos sentimientos a veces tan confusos. Como Ana me dice, ya llegará el momento en que piense qué quiero ser de mayor, aunque me parezca que para eso falta mucho tiempo, porque desde que su llegada al St. Clare’s sé que hay alguien que se preocupa por mí y a veces echo de menos esos días en los que hacía lo que me daba la gana. Desde que Ana es mi tutora, vuelvo al St. Clare’s a la hora en que me dice, a pesar de que no siempre le hago caso, porque los chicos juegan en la calle hasta más tarde y cuando hay pelea me parece mal eso de huir, aunque a veces lo he hecho porque se ha peleado conmigo un chico que de verdad quería hacerme daño, porque ha pensado que soy la niña tonta y débil de la pandilla. A mí no me gusta eso de que a mis amigos les llamen tontos porque estoy con ellos, yo no me siento menos valiente que ellos.

El otro día, cuando estuve en el despacho de Ana, me habló de algo que me sonó raro, me dijo que pensaba que yo ya dejaba de ser una niña pequeña y que quizá los cambios que notaba en mi cabeza y en mi cuerpo se debían a la pubertad – la palabra me sonó un poco rara, creí que hablaba en español, como hace muchas veces, aunque sabe que no la entiendo-. Me dijo que era algo así como una palabra mágica y que no me asustara por ello, que todo lo que pase a partir de ahora, en los próximos años es normal y no es que esté enferma y me tengan que llevar al hospital cada vez que note algo raro, porque me ha advertido que me pasará y espera que tenga la suficiente confianza con ella para que se lo cuente, que no me asuste porque no se enfadará conmigo ni pensará que le digo tonterías, porque es seguro que en mi cabeza aflorarán muchos pensamientos que tal vez no tengan mucho sentido. Me ha asegurado que, aunque note esos cambios y sensaciones, nadie intenta envenenarme; que si las chicas mayores se van del St. Clare’s no es porque ya no se las quiera, tan solo se han hecho mayores y eso mismo me pasará a mí algún día, que seguro que alguna vez he oído comentarios sobre lo que les pasa a esas chicas.

El primer paso para eso que ella ha llamado “pubertad” es que es normal que cada día que pase me haga muchas preguntas, que no entienda nada, pero lo que me ha de quedar claro es que todo eso que me pase es normal, que le sucede a todas las chicas y quizá ya me haya dado cuenta que a alguna de mis compañeras de clase les ocurre y que por eso tal vez haya un cierto desconcierto y recelo en el ambiente porque esas chicas parecen que son mayores que el resto mientras que habrá otras que aún son demasiado infantiles. Según me dijo Ana, me encuentro en un término medio, que ya se aprecian los primeros indicios y por eso consideró que tenía que mantener esa charla conmigo. Además, me dijo que tenía su permiso, si prefería ir sola cuando fuera mi turno en las duchas, porque hasta ahora he ido en grupo porque así se gana tiempo. Que si me ducho sola nadie lo entenderá como un castigo ni nada por el estilo, que ni siquiera se asegurarán después si me he lavado por detrás de las orejas, tan solo que, como las chicas mayores, ya tengo edad para ducharme sola, aunque no vale que diga que me ducho sola y no entró en el cuarto de las duchas en toda la semana o el mes. La frecuencia y el turno en las duchas no cambian, tan solo que ya no me vigilarán como hasta ahora.

Cuando le pregunté en qué se notaba que estoy en eso de la pubertad, quise saber si eso tenía algo que ver con la Primera Comunión con que me obligue a que lleve ese vestido blanco, porque lo cierto es que eso que me contaba no me gustaba demasiado. Le pregunté si eso tenía relación con las veces en que comulgo en misa, porque no me atrae demasiado la idea de hacerme mayor. La cosa esa de la pubertad, eso que Ana dice que me pasa y que hace que sea una chica mayor, creo que es algo que provoca que los chicos a veces me miren raro o no me apetezca estar con ellos. A veces se molestan conmigo porque aseguran que yo también los miro de forma rara, pero no es verdad. Únicamente me fijo en que ellos no son como yo, que a mí me pasan cosas que a ellos no les ocurren. Seguro que los chicos no tienen eso de la pubertad, que es solamente cosa de chicas. Como Ana quiere que sea cómo mis compañeras de clase, por eso a mí también me pasa. Ana me ha dicho que me guste o no es algo que me tiene que suceder y que, aunque ahora me asuste la idea, está segura de que con el tiempo me parecerá una experiencia maravillosa, que ya no diré eso de que a mí nunca me ocurre nada bueno.

No se lo he contado a Ana, porque creo que, como lo sepa, se enfadará conmigo, porque no está muy de acuerdo con que pase tanto tiempo con los chicos del parque. El otro día jugábamos al baloncesto y para diferenciar a cada equipo, como no hacía demasiado frío, un equipo jugaba sin camiseta y el otro con esta puesta. A mí me correspondió ser del primer equipo, me escogieron, porque no me dejan que sea uno de los capitanes. Es decir, todos los de mi equipo jugamos sin camiseta. A mí no me importó demasiado porque así se juega mejor, la ropa molesta menos y después, cuando te la pones, no está sudada y me sirve para abrigarme. Los que juegan con camiseta no tiene nada que ponerse después. Creo que esa tarde los chicos me miraron más que en otras ocasiones, pero yo jugué como siempre, intentaba coger el balón y corría hacia la canasta con intención de puntuar para mi equipo. Jugaba en equipo y nos pasábamos el balón cuando lo teníamos. La cuestión es que recibí un balonazo sobre el pecho que me hizo un poco de daño y uno de los chicos me quiso acariciar esa zona ahí porque decía que esos masajes harían que se me pasara el dolor. No me gustó que lo hiciera y no le dejé.

Llevo molesta en esa parte de mi cuerpo varios días. Ana me ha aconsejado que tenga cuidado porque estoy en edad de crecimiento, de esos cambios a causa de la pubertad, de modo que prefiere que vaya con un poco más de cuidado y no sea tan poco pudorosa cuando estoy con los chicos, pero sabe que ya lo soy porque no me gusta que me vean cuando necesito ir al baño. Ellos tienen suerte porque no se tienen que bajar los pantalones, incluso a veces lo hacen en un rincón, se ponen de espaldas y nadie los ve. Para mí no es tan fácil porque no me lo quiero hacer encima. Además, tampoco me gusta que me miren el culo y menos aún, cuando me piden que se lo enseñe porque aseguran que no han visto ninguno antes. Piensan que el culo de las chicas y el de los chicos son distinto porque lo hacemos todo de manera diferente. Yo a eso no les sé responder porque no he tenido tantas ocasiones de ver cómo lo hacen los chicos. En el baño de las chicas los chicos no entran y en el St. Clare’s somos todas chicas. Lo único que sé es que necesito bajarme los pantalones y da igual si hago lo uno o lo otro, aunque no creo que por eso las chicas seamos más tontas ni pensemos menos. Quizá somos más listas porque los chicos hacen cada cosa de una manera y así no se confunden.

Ana: [Se acerca a donde estoy] ¡Qué raro que mi niña de nueve años no se haya escapado esta vez! – Me dice con sorpresa y no sé si para que lo entienda como un halago.

Jess: Como el día está lluvioso, supongo que los chicos no habrán ido al parque. – Le respondo.

Ana: ¿Estás segura de que no es porque y tienes nueve años y eres un poco más responsable? – Me pregunta con intención. – Es sábado, todo el mundo se ha ido y mi niña de nueve años, aunque está muerta de aburrimiento, porque nadie le hace caso, está aquí tan tranquila. – Me dice con complicidad. – Me parece a mí que me la han cambiado.

Jess: Es que no me apetece salir. – Insisto. – Ya me escaparé otro día. – Le prometo.

Ana: Me parece que estás tan cambiada que tal vez este año sí te ilusione la idea del campamento. – Me sugiere, porque esa parece la razón de esta conversación.

Jess: No, no me apetece. – Le respondo convencida y con toda seguridad. – Daddy vendrá a por mí. – Afirmo.

Ana: Sé que estás muy ilusionada con la idea de que un día vendrá tu Daddy- Me dice. – Pero ¿no te parece que lo del campamento de verano tampoco estaría mal? – Me pregunta.

Jess: Este año ya soy mayor, seguro que este verano viene. – Le respondo.

Ana: Tú ya sabes lo que te he prometido. – Me recuerda. – Si te portas bien, no me importará que hablemos de tu Daddy, porque cada día lo comprendes mejor, pero no estés tan pendiente de que venga porque no sabemos cuándo será y suponemos que no se presentará aquí por sorpresa. – Me aclara. – ¡Eso no es así!

Jess: Entonces ¿cuándo viene? – Le pregunto con impotencia. – ¿Y si vine mientras estoy en el campamento?

Ana: Vale, ya veo que este año tampoco habrá quien te convenza. – Me responde porque no quiere que me altere.

English translated conversation

Ana: How strange that my nine-year-old girl did not run away this time!
Jess: Since it is a rainy day, I guess the boys didn’t go to the park.
Ana: Are you sure it’s not because you’re nine years old and a little more responsible? It’s Saturday, everyone has left and my nine-year-old girl, although she is dying of boredom because nobody pays attention to her, she is here so calm. It seems to me that she is not her.
Jess: I just don’t feel like going out. I’ll run away another day.
Ana: It seems to me that you are so changed that perhaps you get excited about the idea of ​​the camp this summer.
Jess: No, I don’t feel like it. Daddy will come for me.
Ana: I know you get very excited about the idea that your Daddy will come to pick you any day. But don’t you think that summer camp wouldn’t be bad either?
Jess: This year I’m older, I’m sure he is coming this summer.
Ana: You already know what I have promised you. If you behave well, I will not mind if we talk about your Daddy, because every day you understand that better, but you had better not hang on to he comes because we do not know when it will be. We assume that he will not try to surprise us. That is not the right way!
Jess: So when is he coming? What if I came while I’m at camp?
Ana: Ok, I see that this year there will not be anyone who will convince you.