Esperando a mi Daddy (1)

Sunday, April 21, 1991

Spring Vacation

Rain                Temperatura:        53.1°F| 41.0°F

                                    Precipitación:       3.32 mm

Horas de luz                05:55 AM            07:34 PM

Sunday, 04/07/1991 Daylight Saving Time starts

Monday, 04/15/1991 Patriot’s Day (No classes)

Sunday, April 21, 1991

¡Ya tengo diez años! Mi edad tiene dos cifras

He hablado con Ana y le he preguntado cómo averiguar algo sobre Daddy, sobre mi padre biológico, porque de mi madre no quiero nada, ya que creo que fue quien me abandonó, además no tengo ningún dato sobre ella. Me ha aconsejado que sea paciente y espere hasta que cumpla los 18 años o al menos hasta que sea un poco más mayor para que tenga más claro lo que quiero. Que, si mi interés por Daddy se debe a que no me siento bien en el St. Clare’s o a cualquier otro tipo de problema, esa búsqueda o encuentro con Daddy tal vez no sea la solución que necesito. Si hasta ahora no he recibido ninguna noticia de Daddy, tal vez sea porque él no sabe por dónde se inicia esa búsqueda; pero que, si sabe de mi existencia y me quiere tanto como yo a él, a pesar de que no le conozco, está segura de que algún día ese encuentro será posible. Supongo que tiene razón en lo que me ha dicho, tampoco sé por dónde empezar a buscar ni estoy tan segura de que él me acepté, si mi madre no lo hizo cuando yo nací. Tal vez me abandonasen los dos y los datos que tengo de él no son muy exactos. De todas maneras, no creo que Daddy sea tan malo como para que no me quiera, en cuanto sepa que le busco. Tengo la impresión de que a los padres les gusta eso de tener una pequeña princesita en casa.
Como Ana me ha dicho, si me doy mucha prisa por encontrar a Daddy y voy con él, me alejaré del St. Clare’s, del colegio y de toda la gente que de verdad me quiere y me ha cuidado hasta ahora. Ella será una de las primeras que se entristezca por mi marcha, porque piensa que Daddy me llevará muy lejos y ya no volveré de visita, como les ha pasado a todas las niñas que han sido adoptadas desde que estoy aquí, porque yo estoy aquí desde siempre. A mí no me ha querido nadie y cuando ha habido alguna ocasión de conocer a unos padres adoptivos, he preferido irme a jugar con los chicos del parque, porque a quien espero es a Daddy. No quiero que me entreguen a cualquier familia, aunque aseguren que es buena gente y que me tratarán muy bien. En realidad, harán que me olvide de Daddy y no es eso lo que quiero. Ya tengo 10 años y hasta que cumpla los 18 únicamente necesito esperar ocho años más. Si me quedo en el St. Clare’s, tal vez a Daddy le sea más fácil que nos encontremos. El St. Clare’s ha sido mi única casa y hasta que Ana empezó a trabajar aquí hace dos años, no creo que a nadie le importara de verdad lo que me pasara, por lo que, si alguna familia me adopta y Daddy preguntase por mí, quizá no le digan dónde me he ido. Mejor me quedo y le espero hasta que venga.
Mi madre me abandonó cuando yo nací y no tengo ninguna información sobre ella y hasta ahora de Daddy únicamente me han dicho su nombre y que vive muy lejos, al otro lado del océano. Cuando le he pedido a Ana más información, me ha dicho que no se sabe mucho más. La verdad es que creo que me miente, que no me cuenta toda la verdad porque quizá sea horrible y no quiere que sufra, Prefiere que sea feliz, aunque me quede en el St. Clare’s. La verdad es que muchas noches me da por llorar porque quiero que Daddy venga a por mí, a veces incluso he pensado que quizá me escape algún día, como he visto que hacen los niños en algunas películas, de esas que tienen final feliz en las que el protagonista se reúne con su padre después de vivir muchas aventuras. Si no me he marchado hasta ahora es porque no sé cómo se llega hasta el otro lado del océano. No me parece tan fácil que una niña pueda viajar sola en avión ni en barco. Además, tampoco sé muy bien por donde buscar, Ana solamente me ha dicho que Daddy vive muy lejos y que es mejor que no quiera saber mucho más mientras no sea un poco más mayor, aunque sabe que envidio la suerte que tienen algunas de las chicas porque se van los fines de semana a casa de alguna tía o a abuela, mientras que yo no tengo a nadie.
Lo peor de este curso, de los próximos años es que tendré que estudiar la asignatura de Spanish y no vale que no quiera o me resista. Es una asignatura obligatoria para todo el mundo y da igual que no me guste. Tengo que aprobar, si quiero que éste sea mi último año en Elementary School. Ana ya me ha dicho que el profesor no hará excepciones conmigo. Además, se supone que mi padre es español y, por lo tanto, tengo esa ventaja sobre el resto de mis compañeros por lo que mis calificaciones no pueden bajar de +B o de lo contrario será que no me aplico bastante. En realidad, me conformaré con una -D, lo mínimo e indispensable para que, cuando llegue final de curso, no me manden a las clases de verano. Lo malo es que Ana ya me ha advertido que me hablará en español para que practique y acostumbre el oído, de modo que, si escondo los libros en el fondo de la mochila o del armario, aun así, el Spanish me entrará por las orejas. Como Ana es mi tutora, y tampoco quiero que sea otra, no tengo escapatoria. De todos modos, mientras consiga que Ana me permita que no le hable en ese idioma, creo que la situación será soportable. Seguro que, si mis notas en otras asignaturas son un poco más altas, a Ana no le importará tanto que la asignatura de Spanish me interese tan poco.
¡Qué rollo esto de aprender un idioma que no me gusta! Ana dice que en cuanto lo conozca un poco mejor me encantará y con lo charlatana que soy, según ella, no habrá quien me calle. Sin embargo, cuando a mí se me suelta la lengua, hablo en inglés, a veces en italiano porque es el segundo idioma obligatorio en el colegio, pero creo que pasará mucho tiempo antes de que salga una sola palabra en español de mis labios. Aprenderé y estudiaré el idioma cuando Daddy venga a por mí. Como supongo que me llevará a su país, allí no me quedará otro remedio. Hasta que llegue ese momento, si hablo en ese idioma, será cuando me obliguen y porque no me quede otro remedio. Lo estudiaré sin mucho interés. Tan solo me esforzaré lo justo para que no haya un suspenso en mis calificaciones de final de curso.
He empezado a notar cambios en mi cuerpo, me he empezado a ver un poco rara y ha sido así, de repente, aunque supongo que es porque hasta ahora no le había dado importancia o no he querido verlo. He descubierto que hay bultos en mi cuerpo, de esos que tienen las chicas mayores, pero con el tamaño de una chica de mi edad. Mis tetas aún son pequeñas, pero ya empiezan a crecer. Supongo que no me tengo que preocupar, Ana ya me ha dicho que estos cambios son buenos, pero estoy algo confundida, todavía no me siento preparada para ser mayor. Me siento demasiado rara. Sí, ya sabes, presiento que los chicos me miran más que antes, que sus miradas son distintas. Aún no estoy preparada para que se fijen en mí. No me interesa que me vean de esa manera.
En estos últimos meses, desde que me tuve que poner aquel vestido blanco para hacer la Primera Comunión, tengo la impresión de que los cambios se producen demasiado deprisa, que ya nada es como antes. Ya no son tan condescendientes conmigo ni con mis pequeñas travesuras como lo eran antes, porque, además, como he de hacer examen de conciencia y confesar con cierta frecuencia, me preocupa un poco más mi comportamiento y no solo que me castiguen cada vez que hago algo que se supone no debería. Hay que cumplir con las normas y portarse bien tanto en el colegio con en el St. Clare’s, cada día un poco mejor, al menos intentarlo, sin que me considere una chica demasiado traviesa. Ana dice que tan solo soy un poco peculiar y maniática, pero que, por lo general, soy un pedazo de pan, que las ha conocido mucho más problemáticas que yo, e incluso que de todas las chicas que han pasado por el St. Clare’s desde que esté abrió sus puertas hasta la fecha no seré de las que dejen un peor recuerdo cuando me marche, aunque habrá quien se alegre, pero siempre habrá quien me sustituya.
En lo que Ana más me insiste es en que abandone esa manía de salir por la puerta en cuanto me quitan un ojo de encima por mucho que mi alegato sea que, en realidad, no me escapo porque todo el mundo sabe dónde me he ido, al parque a jugar con los chicos, porque en el St. Clare’s me aburro, dado que ninguna de las chicas quiere jugar conmigo, aparte que tampoco me apetece quedarme. En el parque me siento más libre y hasta ahora los chicos me han tratado como a una más, aunque a la hora de las peleas quizá tengan más en cuenta que soy una chica y haya quien no se reprima a la hora de venir a por mí porque piensan que no me defenderé o les hace gracia ver cómo echo a correr de regreso al St. Clare’s para ponerme a salvo. Si soy una chica debería jugar a cosas de chicas y no estar por ahí sin que nadie sepa dónde me he metido. Sobre todo, le preocupa mi trato con los extraños, pero de irme con alguien sería con Daddy y de momento no sabemos nada de él.
No hay nada de malo en que participe en los juegos de los chicos siempre y cuando me comporte como una chica y no me olvide que en ciertos aspectos mi comportamiento no ha de ser cómo el suyo, porque los chicos hacen cosas de chicos y no es que las chicas no podamos hacerlas, tampoco deberíamos, como eso de jugar sin camiseta para diferenciar un equipo de otro o que ello sea un demostración de quién es más bruto, dado que en ocasiones la razón de despojarse de las camisetas es porque se van a pelear. En cualquier caso, aquí en Medford no hay tantos días de sol ni de calor como para despojarse de la camiseta sin más, pero es cierto que cuando el tiempo acompaña tardan poco en pensárselo, si es que no hay otra manera de distinguirse a simple vista. Si quiero que me acepten como una más, he de quedarme con el equipo que me escoja y no escoger a capricho, porque, en tal caso, supongo que me excluirían. No es mi culpa que se haya cogido por costumbre que sea mi equipo el que juegue sin camiseta.
Si estoy en el parque y me entran ganas de ir al baño, me aguanto. En eso sí que no soy como los chicos, aparte de que alguno vive por los alrededores y no tarda ni cinco minutos en ir a su casa y volver. Como lo habitual es que yo me haya ido del St. Clare’s sin permiso, como se me ocurra aparecer por allí con idea de ir al baño y regresar estoy segura de que me descubrirán y cerrarán las salidas para que no me escape de nuevo. La solución que algunos chicos se buscan es la de hacerlo en los árboles o los arbustos. En ocasiones son menos discretos de lo que deberían y en ningún caso permiten que me acerque porque les causa reparo que los vea. Lo cual es un poco fastidio porque aprovechan para comentar estrategias del juego de las que no me entero y por eso es habitual que mi equipo sea el perdedor, aunque, según el tipo de juego que sea, en ocasiones estoy con os que ganan.
Según Ana, también debo empezar a cambiar mi costumbre de conseguir la ropa por medio de trueque y las apuestas, del trapicheo. Las necesidades básicas del St. Clare’s se cubren con las donaciones y no hace falta que le dé mil vueltas a todo ni sea tan rebuscada porque me haya encaprichado con alguna prenda, en particular si es la de algún chico, porque éste la habrá conseguido por medio de sus padres y desprenderse de ello es casi como un robo, aún en el caso de que sea yo quien pierda otra a cambio. Por lo que me ha dado a entender, si mantengo esta mala costumbre, mis confesiones se parecerán a un mercadillo porque tendré que enumerar una por una todas las prendas que haya conseguido desde la anterior confesión y en tal caso se evidenciará que mucho propósito de enmienda no tengo. Aparte que no es ningún secreto que tampoco soy de las que devuelven nada a sus propietarios originales, al menos que me obliguen a ello, como en alguna ocasión ha sucedido muy a mi pesar, aunque eso de recuperar las prendas que yo he perdido es una cuestión más complicada.