Esperando a mi Daddy (1)

FRIDAY, JUNE 30, 1995

Local time 09:00 AM. My diary

Hoy, como cada mañana, lo primero que hago por rutina, por intentar que mi estancia aquí resulte un poco menos aburrida, es apuntar lo más relevante que sucediera el día anterior y para llegar a la conclusión de que el planteamiento que Ana se ha hecho de nuestra estancia aquí es mucho más emocionante que el mío. Al menos ella tiene algo en lo que entretenerse, ese asunto tan misterioso sobre el que no quiere hablar conmigo y que le ocupa todo el día, desde primera hora de la mañana hasta media tarde, hasta que regresa de la ciudad o de donde vaya, porque lo cierto es que no estoy muy segura de que haya algo de civilización más allá de donde me alcanza la vista, lo que resulta un tanto más desalentador que el paisaje que se observa desde la ventana de mi dormitorio en el St. Clare’s, donde parece que son los edificios de Medford, y no las distancias, lo que me impiden ver Toledo. Aquí tan solo hay campo, árboles, con en silencio roto por el ladrido de los perros y el ruido procedente de la autovía, aunque para saber lo cerca o lejos que ésta se encuentra haya de bajar hasta el pinar, lo cual, debido a la climatología, a mi desconocimiento de la zona y a la advertencia de Ana de que tenga cuidado por dónde me meto, queda un poco lejos de alcance.
Una de mis distracciones es preocuparme por escoger cada mañana la ropa que me pongo y con ello comprobar lo que Ana tuvo a bien meter en mi maleta cuando la hizo, que no me habré de pasar el día en pijama, como me llegó a insinuar, porque lo cierto es que mi vestuario no es tan limitado ni la situación económica del St. Clare’s tan desesperada como para que no tenga nada que ponerme, salvo el uniforme del St. Francis. Es más, creo que Ana ya se ha convencido de que no es muy conveniente que me invente argumentos en ese sentido, porque prefiere que me olvide del trapicheo con la ropa. Como tal dispongo de toda la que una chica de catorce años puede necesitar, sin que me sobre, que los donativos que se reciben no se destinan tan solo a mantener llena la despensa o evitar que no haya goteras en el edificio. No somos pobres. Tan solo tenemos un presupuesto ajustado que administrar y hay quince chicas que dependen de éste. Sea como fuere, el caso es que, en cuestión de vestuario, al menos mientras esté aquí, tengo las necesidades cubiertas, sobre todo porque no voy a ninguna parte y no importa tanto que repita de un día para otro.   
¿Dónde estoy?
Que me asome por la verja del chalé y lo que tenga en frente no sea nada más que un campo de olivos no anima mucho a que salga, a que me dé un paseo por los alrededores, porque me temo que no encontraré nada más interesante que eso. Llevo aquí seis días y, salvo porque el domingo nos llevaron a misa a una población cercana, no he visto nada relevante. Este chalé está orientada y situada de tal manera que la entrada principal da al campo y la parte de atrás a una zona común de la urbanización, donde se encuentra la piscina que comparten todos los chalés, ante lo cual me siento bastante atrapada y con la sensación de que Ana pretende que me quede aquí encerrada y no vaya a ninguna parte mientras ella no esté conmigo, pero lo cierto, es que desde que llegamos, se pasa todo el día por ahí con sus asuntos. No me explica dónde va ni deja que la acompañe, como si me escondiera algo, aunque su respuesta es que se trata de asuntos personales o del St. Clare’s y es mejor que no la acompañe porque me aburriría. Aquí, al menos, tengo la piscina y se supone que chicos y chicas de mi edad con los que relacionarme, pero que me ignoran y a los que tampoco hago demasiado caso porque no les entiendo cuando hablan. Además, tampoco tengo interés en hacer amistad con nadie porque me queda una semana de estancia aquí y en cuanto cogiera confianza con alguna chica nos tendríamos que marchar y sería tiempo perdido porque no volveré a ver a esa chica, salvo que Daddy viva por aquí, pero lo dudo mucho.
Reconozco que no sé dónde estoy, en el sentido de que esto no es Medford ni se le parece. Además, después de que hemos volado en dos aviones distintos, estoy segura de que nos hemos alejado lo suficiente como para que ni me plantee volver a pie. La sospecha, o al menos lo que a mí me gustaría, es que estamos cerca de Toledo, pero dada mi obsesión por ello, me parece que no tengo mucha suerte y es mejor que sea un poco más realista. Si Ana me hubiera traído con Daddy, me lo habría dicho o al menos ya habríamos ido a verle. Sin embargo, no me ha llevado a ninguna parte, salvo a la iglesia el domingo y me ha invitado a que paseemos por las calles de la urbanización. Es probable que esto sea España o algún país de Europa donde se hable el idioma. Incluso es posible que me haya traído a algún país de Sudamérica, aunque, dado que aquí también es verano, he pensado que quizá estemos en México, aunque lo cierto es que no me he tropezado con nadie que tenga los rasgos característicos.

Local Time: 11:40 AM. My diary

Cuando Ana se marcha, su amiga la lleva en el coche o se va en el autobús, que, según nos han explicado, pasa por aquí tres veces al día. La verdad es que no me resulta muy tentador eso de levantarme a 06:30 AM o antes, cuando a esas horas ni las gallinas lo hacen. Incluso los perros parecen algo perezosos porque apenas se escuchan sus ladridos. Sin embargo, Ana se ha levantado todos los días como si no hubiera nada más importante y el hecho de que estemos de vacaciones no sea relevante. Como ella me dice, la que está de vacaciones soy yo y más me vale que aproveche el tiempo porque lo echaré de menos cuando regresemos al St. Clare’s. A mí lo único que de verdad me preocupa es que Daddy vaya por el St. Clare’s y se encuentre con que está en obras o que no hay nadie que le indique dónde estamos para que venga a por mí o se espere hasta que nosotras volvamos. Mientras me quedo en la cama, dormida, el tiempo pasa más de prisa, aparte que, según Ana, tengo libertad para hacer lo que se me antoje dentro de un orden. Sus amigos no me controlan, pero se espera que mi comportamiento no les escandalice. Nos han ofrecido su hospitalidad por estos días y lo mínimo es que seamos agradecidas y les dejemos un buen recuerdo. Lo que aún no tengo claro es el que me llevaré de mi estancia aquí porque no sé dónde estoy. Supongo que, en algún lugar de España, pero ni siquiera en eso estoy segura, porque Ana no me da ninguna pista al respecto, prefiere que lo averigüe por mi cuenta.
1º bus. 07:40 am
2º bus 02:40 pm
3º bus 07:40 pm
Esta mañana, a diferencia de días anteriores, Ana no ha madrugado para irse en el bus, ni tan siquiera le ha pedido a Sonia que le acercara en coche a la ciudad o a donde la lleve cada mañana para que haga esas gestiones, aunque tampoco se ha quedado como si no tuviera nada que hacer, pero, como es habitual, no me ha dado explicaciones ni ofrecido que le acompañase. Hemos desayunado juntas y cuando yo pensaba que me acompañaría a la piscina, porque no sé quién de las dos estaba más pendiente de la hora, me ha dicho que se marchaba a resolver un asunto y que no esperaba tardar mucho. Me ha llamado la atención que llevase una carpeta consigo. Otras veces se lleva el bolso y no me fijo tanto en el contenido, a las horas en que se marcha yo duermo a pierna suelta, pero en esta ocasión no sé si por despiste o porque he estado un poco más atenta, me he fijado en lo que se llevaba. Es más, como ya era demasiado tarde para el bus, supongo que no habrá ido muy lejos, aun así, me ha dado un poco de reparo seguirla y me he reprimido. Confío en que me lo contará cuando regrese, al menos qué hay por los alrededores, por si en algún momento me animo y salgo a dar un paseo, aunque no creo, tan solo hay chalés y campo como el que hay en frente, al otro lado de la calle.
Ayer por la tarde, cuando regresó de gestionar sus asuntos, me pareció que intentaba mantener las formas conmigo, pero lo cierto es que la noté algo confusa y contrariada, como si hubiera descubierto algo que no se esperaba; como si hubiera tenido la impresión de que, después de la semana que llevamos aquí, del tiempo dedicado a ese asunto tan misterioso, la respuesta la hubiera tenido delante de sus narices y no se hubiera percatado de ello hasta ahora. Ha sido como en alguna de esas ocasiones en que yo me he escapado del St. Clare’s, confiada en que nadie se percataría de mi ausencia, y durante el trayecto de regreso desde el parque cuando me he dado cuenta de que he olvidado de algo que me ha delatado, que era inútil que corriera porque estarían en la puerta y me esperaba una buena charla sobre eso de que no debía irme sin permiso. Entiendo que nosotras no nos hemos escapado ni huido del St. Clare’s, volveremos dentro de una semana y todo el mundo sabe dónde estamos. Yo no lo sé porque Ana aún no me lo ha dicho, pero ese detalle no es relevante. Se supone que tengo que averiguarlo por mi cuenta y hasta ahora no he hecho nada al respecto porque estamos en mitad de ninguna parte. 
Lo único que se me ocurre pensar es esta mañana que habrá ido de visita a alguno de los chalés de la zona. Si la hubiera seguido, seguro que me habría enterado, pero me ha dado un poco de apuro, por si se enfadaba conmigo y me mandaba de regreso, en caso de que se hubiera dado cuenta de que la espiaba. Incluso me he planteado darle la suficiente ventaja como para que, en caso de que me encontrase con ella, se creyera la excusa de que había salido a dar un paseo o que, por hacer algo distinto, pretendía acceder a la piscina por la puerta principal, ya que siempre me recrimina que no tomo iniciativas. Lo malo es que con este calor tampoco apetece demasiado salir por la puerta. Con la excusa del paseo podría asomarme por la puerta de los chalés, por si Ana estuviera en un lugar donde la viera. Al final lo he descartado porque es demasiado arriesgado y una idea un poco tonta. No quiero que Ana se entere de mi pequeña escapada ni lo que descubra sea peor que no saber lo que pasa. Además, en el supuesto de que llamen desde el St. Clare’s para avisar de que Daddy ha preguntado por mí, prefiero estar localizable y ser la primera que reciba la noticia. Cuando menos nos quedemos aquí, mucho mejor.
Por lo poco que he visto hasta ahora, ya que casi no me he movido de la parcela en estos días, salvo que el domingo nos llevaron a misa, he hecho un cálculo aproximado y creo que por aquí habrá en torno a cien chalés, quizá alguno más. Entiendo que, si hay una zona A, también habrá una zona B y algún que otro chalé por los alrededores. La cuestión es que, si ahora saliera en busca de Ana, tendría al menos 1% de posibilidades de encontrarla y alguna más de perderme y no ser capaz de volver aquí antes de que se diera cuenta de mi pequeña escapada. De hecho, por la hora en que se ha marchado y la tranquilidad con que se ha ido, entiendo que tenía muy clara la dirección, que, si hubiera tenido que hacer como yo, mirar en todos los chalés, se habría marchado a primera hora. Es posible que alguien le esperase, mientras que, en mi caso, los únicos que saben que estoy aquí son los amigos de Ana, con quienes estamos. No conozco a nadie ni tengo a quién llamar. Es como si me hubiera secuestrado, dado que no tengo a quien pedir ayuda, aunque ya asumo que los administradores del St. Clare’s Home nos tienen localizadas.
La cuestión es que casi todos los días Ana me propone que demos un paseo por la zona, al atardecer, pero mi negativa es siempre la misma, ya nos dimos ese paseo el primer día y comprobé que no hay nada de interés por los alrededores, salvo el parque de pinos de la entrada y la autovía por la que llegamos desde el aeropuerto, la zona B de la urbanización, algún que otro chalé suelto, lo que parece una zona C, o urbanización anexa y el resto es campo abierto. Quizá, si hubiera aprovechado y aceptado en alguna de esas ocasiones, ahora tendría un mejor conocimiento de la zona y no me limitaría a lo poco o mucho que se ve desde la verja del chalé u observé el domingo cuando fuimos en coche a misa, durante el trayecto no me privé en mirar por la ventanilla tanto a la ida como a la vuelta. Por eso sé que no estamos lejos de la autovía, aunque me cuesta un poco precisar lo lejos que se encuentra la iglesia, porque tuvimos que ir en coche y me dio la sensación de que dimos alguna que otra vuelta de más, que si hubiéramos ido en línea recta habríamos tardado menos. Tal vez nos llevaron por la ruta más corta y la iglesia se encuentra mucho más lejos de lo que a mí me parece. Desde el St. Clare’s a St. Francis se puede ir a pie e incluso a otras zonas de Medford también, pero aquí no tengo ninguna referencia en ese sentido porque no conozco el lugar ni sé dónde estamos
Se supone que esta mañana, como parece que no lloverá, si me animo, como distracción, me puedo acercar a la piscina, para ver el ambiente y que no pierda el entusiasmo los próximos días. En realidad, me habría creado la falsa expectativa de que Ana tal vez se hubiera quedado para que fuéramos juntas, aunque desde primera hora la he notado bastante nerviosa, por lo que mi expectativa no tenía mucho sentido. Además, ante la evidencia de que ella no pensaba ir a la piscina, yo he perdido todo el interés y la poca motivación que pudiera tener. Cuando me ha insinuado que tenía que marcharse, me he sentido liberada, porque temía que me fuera a mandar a la piscina por las malas, pero me ha dejado tranquila, confiada en que es mejor que no me mueva de aquí. Porque ella no sabe lo que tardará en regresar y existe la posibilidad de que a mí se me cierre la puerta y me quede en la calle. Mientras no me mueva del chalé me mantendré sana y salva. Tal vez, si sus amigos estuvieran, la situación sería distinta. De todos modos, Ana no ha descartado que me vaya a animar a ir la piscina, porque, aunque se cierre la puerta de la casa, puedo quedarme dentro de la parcela.

01:00 PM. Porch of detached.

¿A quién se le ha ocurrido construir una urbanización en mitad de ninguna parte? Miro hacia el horizonte, a lo lejos y no se distingue ninguna edificación, como si estuviéramos en mitad del desierto. Tal vez el único alivio es que gracias a que el domingo me llevaron a misa, me parece que la carretera no está lejos, pero este chalé se encuentra en la parte de atrás de la urbanización y desde aquí no se distingue. Si a Ana le preocupa que con catorce años me escape detrás de algún chico, no ha encontrado mejor lugar para que me lo piense dos veces. Sin embargo, me encuentro con más de uno en la piscina y, de todas maneras, después de seis días, no me he vuelto loca por ninguno, a pesar de que me he fijado en ellos, como estoy segura de que éstos me han visto. Sin embargo, como no les hago caso, ellos tampoco a mí. No les entiendo y tampoco hago el esfuerzo. Ni siquiera intento hablar con las chicas, ya que seguro que, si superase mi timidez, alguna me diría dónde estoy. Supongo que se pensarán que soy tonta porque he venido desde Medford a un destino desconocido. Tal vez alguno suponga que me han secuestrado e incluso que Ana y yo somos unas fugitivas y no queremos que la Policía nos encuentre. Sea como fuere sé que nuestra estancia en el país cumple con la ley porque de otro modo nos habrían retenido en la aduana, en el aeropuerto.

Ana: [Llega al chalé] ¿No estás un poco sola y lejos de la piscina? – Me pregunta intrigada. – Pensaba que estarías en el agua y habría que llamarte para que vinieras a comer. – Me dice con complicidad. – Ya te expliqué que aquí tienes un horario distinto para las comidas. No hace falta que estés pendiente del reloj. – Me indica. – Hoy luce el sol y no tienes la excusa del mal tiempo para quedarte aquí.

Jess: Me aburría. – Le contesto sin mucha sinceridad.

Ana: Eso es porque no te esfuerzas por hacer ambiente. – Me contesta.

Ya está de regreso, pero no trae la carpeta consigo. Supongo que es la evidencia de que se ha reunido con alguien. Además, en esta ocasión, parece que está mucho más alegre que otros días, como si todo hubiera salido cómo esperaba. Hasta ahora, cuando regresaba, se la veía un poco frustrada, como si no hubiera conseguido nada y todo fuera mucho más complicado de lo previsto, como si buscase a alguien a quien no conseguía localizar y tuviera la sensación de que este viaje es una pérdida de tiempo. Sin embargo, ahora el gesto de su cara, y que no lleve esa carpeta consigo, le delatan. Desconozco con quién ha estado ni qué asuntos nos han traído hasta aquí, pero sin duda se trata de algo importante porque no me cuenta nada, hasta tengo la sensación de que se comporta de una manera un poco rara, pero supongo que esto es porque nos encontramos en un país extraño y se ha adaptado mejor que yo, aparte de que se defiende bien con el idioma y conoce a la gente de la casa en la que estamos, mientras que yo me encuentro perdida y rodeada de extraños. Tal vez, el día que regresemos, si las gestiones le salen bien, se decida y me cuente algo, no me deje con la intriga ni pretenda que lo descubra por mí misma, como si fuese algo tan sencillo.

Ana: ¿Me esperabas? – Pregunta en tono acusador. – La verdad es que no me importa, siempre y cuando no me espíes. – Me indica con complicidad. – De verdad que no hago nada que te interese y seguro que encuentras mil distracciones mejores sin que salgas de la parcela.

Jess: No, no te esperaba. – Le contesto. – Esta mañana no me apetecía ir a la piscina, aunque sea el primer día que luce el sol desde que estamos aquí. – Justifico. – Me he dado una ducha para refrescarme. – Aclaro. – Me aburría dentro del chalé y he salido. – Le explico.

Ana: ¿Se te ha cerrado la puerta y no puedes entrar? – Me pregunta en vista de que me encuentro sentada en los escalones de la entrada. – ¿Qué haces aquí fuera?

Jess: Me apetecía tomar el sol, pero sin verme rodeada de extraños. – Le aclaro. – Aquí estoy más tranquila y nadie me molesta. – Argumento. – No tengo que hablar con nadie.

Ana: No sé si te apetece que vayamos a algún sitio. – Me dice. – Los asuntos que llevo son importantes, pero, si dedicamos un día a algo que a ti te apetezca, sabes que estaré encantada de llevarte. – Me dice, por si me animo. – Nos queda una semana de estancia aquí y seguro que te mueres de curiosidad por saber dónde narices estamos.

Jess: Aquí estoy pendiente del teléfono por si nos llaman desde el St. Clare’s y avisan que Daddy ha preguntado por nosotras. – Le respondo. – Ya sé que no hay nada de interés en varias millas a la redonda. – Argumento.

Ana: Al final me convencerás de que ha sido una mala idea que te haya metido el traje de baño en la maleta. Hubiera bastado con que metiera un teléfono inalámbrico y ahora serías la chica más feliz del mundo. – Se lamenta y me recrimina.

Jess: ¿Estás segura de que no llamará mientras estamos aquí? – Le pregunto. – Hasta ahora no lo ha hecho, pero tal vez se decida algún día. Ya tengo catorce años y he aprobado 8th Grade.

Ana: Tienes tanta confianza en que llamará que no sé cómo convencerte de lo contrario. – Me responde con complicidad. – Quienes agradecerán que no hagamos nada especial y contengamos el gasto serán los administradores del St. Clare’s Home.

Jess: ¿Quién paga este viaje? – Le pregunto contrariada. – Los pasajes de avión no serán baratos y siempre dices que en el St. Clare’s no hay dinero para caprichos ni excesos.

Ana: Éste es un viaje por asuntos privados. – Me contesta. – Le hacemos una visita a unos amigos y aprovecho para resolver un asunto del St. Clare’s. – Me explica. – Los gastos, en parte, corren por mi cuenta.

Jess: ¿Dónde estamos? – Le pregunto por si esta vez me contesta. – Llegué tan cansada del viaje que me dormí en el coche y cuando desperté ya estábamos aquí. – Alego. – Lo que he descubierto hasta ahora no me aclara ni ayuda demasiado.

Ana: Ya sé que te ha afectado un poco el cambio horario, por eso quise que volásemos de noche, para que durmieras en el avión y el viaje no se te hiciera tan pesado. – Me contesta. – Además, como no quisiste saberlo cuando salimos, me parece que es un poco tarde para que hayas cambiado de idea. Ya da lo mismo.

Jess: ¿Dónde estamos? – Le pregunto de nuevo porque no me escucha y tampoco me contesta. – Continúo sin saberlo y no tengo manera de averiguarlo. – Alego. – Por los alrededores tan solo hay campo abierto.

Ana: Da igual dónde estemos. – Me responde. – Dentro de una semana regresamos a Medford y seguro que te olvidarás de estas vacaciones tan pronto como te des cuenta de que todo vuelve a la normalidad. – Me indica con cierto pesar. – Hubiera preferido que te animases un poco más.

Jess: ¿Sabes si hay alguna playa cerca? – Le pregunto porque es casi lo único que rompería con mi falta de entusiasmo por las salidas. – Hoy luce el sol, no llueve y es el día perfecto para que nos acerquemos. – Argumento

Ana: A unos cuantos cientos de millas. Son unas cinco o seis horas de viaje en coche. – Me responde desilusionada. – No me importaría llevarte, pero queda un poco lejos para que vayamos y volvamos en el día.

Jess: Entonces ¿No hay playa? – Replico algo desanimada, para que me lo confirme.

Ana: Me temo que no. – Me contesta.

Jess: No hay playa; el aeropuerto se encuentra bastante lejos porque lo más grande que ha volado sobre mi cabeza han sido las palomas; no hay un edificio de más de dos plantas, salvo donde estuvimos en misa el otro día, pero, como fuimos en coche, seguro que está lejos para que nos demos un paseo. – Le digo con cierta frustración. – ¡Me apuesto lo que sea a que esto no es Toledo ni se le parece! – Le digo bastante frustrada.

Ana: Bueno, esto no es Medford ni tampoco Boston. – Constata con complicidad

Jess: Con solamente tres autobuses al día, supongo que la ciudad más próxima estará lejos. – Le digo. – El domingo pasado, cuando fuimos a misa en coche, tampoco me pareció que fuéramos tan lejos. – Le comento. – ¿Eso era la ciudad? – Pregunto. – Desde aquí no se ve.

Ana: No, no fuimos a misa a la ciudad. – Me contesta y casi por primera vez en toda la semana confirma mis sospechas. – En cualquier caso, prefiero que lo averigües por ti misma y saques tus propias conclusiones, pero antes de que te vayas en el bus, se prudente y pide permiso.

Jess: No tengo dinero de aquí. – Le indico para que entienda que eso limita bastante mis opciones de fuga. – Además, no sabría a dónde ir. – Reconozco. – Si Daddy llama y no estoy, tal vez no se dé otra oportunidad.

Ana: Cuando quieres, eres un encanto. – Me contesta con una sonrisa de complicidad porque sabe que me he dado cuenta de que estoy atrapada por mis propios miedos y se aprovecha de ello. – Como compañera de viaje también. – Aclara.

En los momentos antes del aterrizaje, en diversos idiomas, repitieron las indicaciones para que nos preparásemos e informaron de dónde estábamos e incluso de la climatología con que nos encontraríamos, pero en esos momentos andaba bastante atontada y no prestaba demasiada atención, de modo que cuando me quise dar cuenta de la procedencia de esas voces ya daban el mensaje en un idioma que para mí resultaba poco comprensible, por suerte Ana iba a conmigo y parece que ésta más habituada a los vuelos, de modo que se preocupó por las dos y no hubo mayor problema. Lo que sí recuerdo del avión es que cada vez que se daba un mensaje por megafonía lo repetían en varios idiomas, primero en inglés, después en español y me parece que incluso alguna vez en francés, por lo cual, quién quisiera una clase práctica de idiomas, sin duda encontró su ocasión. En cualquier caso, aunque sobre eso estuve más pendiente, por si acaso, no escuche ninguna mención ni alusión a Toledo, nada sobre que el avión aterrizase en el aeropuerto internacional de Toledo, por lo cual ya casi me era indiferente cuál fuera nuestro aeropuerto de destino, porque no se trataba del que hubiera querido.

No sé en realidad cuánto tiempo transcurrió desde que bajamos del avión y nos reunimos con sus amigos, que ya nos esperaban en la terminal, sin que hubiera sido necesario que les llamásemos para que vinieran a por nosotras. Hubo que hacer algunos trámites antes de que nos permitieran que cruzásemos la aduana. Somos ciudadanas norteamericanas, pero nos trataron como extranjeras. Llegué a temer que nos pedirían que regresásemos en el siguiente avión, pero al final todo se desarrolló con normalidad. Después de un montón de horas de vuelo y debido al desfase horario me encontraba algo mareada y perdida, por lo cual no fui demasiado consciente de nada, tan solo que cuando salimos de Philadelphia era de noche y cuando llegamos a nuestro destino era pleno día y no sabía si tenía más hambre que sueño o más revuelto el estómago que ganas porque me permitieran ir al baño. Lo que no tenía era la cabeza como para que pensara en nada ni me preocupara por saber dónde me encontraba, tan solo necesitaba un suelo firme bajo mis pies. Esto es que desaproveché la única oportunidad que tenía para saber a dónde habíamos llegado.

¿En qué lugar del mundo estamos? No lo sé. Sospecho que en algún lugar de España y Ana me ha dicho que lejos del mar, por lo que debido a mis limitados conocimientos geográficos y a lo perdida que me siento, no es una pista que me sirva de mucho, en especial porque nada de esto coincide con la idea que tengo de Toledo. Es justo como si Ana me hubiera traído a un lugar que en poco o nada se asemeja a Toledo, para que sea Daddy quien me enseñé cómo es y mientras paseamos por sus calles o por la orilla de la playa, me confirme que mis ideas al respecto no son tan utópicas. En Boston la playa y el aeropuerto no están tan distantes. Además, el Mystic River es navegable, por lo cual imagino que, aunque tenga un estilo propio de las grandes ciudades europeas, Toledo tiene que ser una ciudad a la que no le falte de nada: aeropuerto, varias líneas de metro y de bus, alguna que lo comunique con la playa y el aeropuerto; grandes edificios que alberguen las instituciones administrativas, gubernamentales, culturales y religiosas más importantes del condado, del país o de todo el continente e incluso de alguna de nivel mundial. Además, seguro que es una ciudad con grandes avenidas, con puertas emblemáticas de un pasado épico, con fuentes presididas por esculturas de los mejores artistas. Hasta me imagino un espacio donde se hayan celebrado alguna vez las olimpiadas o se prepare para su candidatura a la elección de la próxima sede, aunque en ese sentido me parece que no tengo ningún indicio, pero será porque aún no se lo han planteado en serio. En definitiva, que la ciudad de Toledo ha de ser todo lo que me imagino e incluso más de lo que mi imaginación plantea.

En comparación con esa imagen idílica de Toledo, me encuentro aquí, en medio de ninguna parte, donde lo más parecido a un monumento es una piedra que alguien ha tirado en mitad de la calle y que los coches esquivan como pueden; el edificio más emblemático supongo que será la caseta donde el socorrista guarda el material con el que cada mañana limpia la piscina. La avenida más importante debe ser la calle principal que atraviesa toda la urbanización y lleva hasta la autovía, que, en vez de concluir en una puerta emblemática o una rotonda, se prolonga por un camino de tierra de final incierto. La puerta emblemática supongo que será la verja metálica que cierra el acceso de la piscina a los coches. Me temo que la noticia o acontecimiento más significativo de cada verano será cuando no se monten aglomeraciones en torno a la ducha de la piscina e incluso que haya quien se lance al agua y no cumpla con esa norma básica. En definitiva, esto es la antítesis de Toledo o de lo que me gustaría que fuera la ciudad donde viviera Daddy. De hecho, aquí en vez de una orquesta sinfónica lo que tienes es una mezcla de animales de todo tipo, que resulta más o menos armoniosa según la hora del día y el estado de ánimo en que me encuentre, de modo que ni siquiera en eso mejora la idea que tengo de Toledo.

Ana: ¿Qué te parece, si esta tarde, cuando refresque, te montas en la bicicleta y das una vuelta? – Me propone. – Me entristece que te pases aquí todo el día encerrada. Casi echo de menos que no aproveches un descuido y te escapes hasta la hora de la cena. – Me dice. – Si has estado en la piscina te habrás dado cuenta de que hay chicos y chicas de tu edad.

Jess: No hay a donde ir y seguro que me pierdo porque no conozco el lugar. – Le respondo por no darle la misma excusa de siempre.

Ana: Basta con que le des una vuelta a la urbanización. – Me indica. – No te metas por ninguna calle ni callejón sin salida, tan solo sigue el muro exterior y volverás aquí sin problemas. – Me recomienda. – Tan solo ten cuidado con los coches y los desconocidos.

Jess: Tal vez me lo piense. – Le contesto no muy convencida. – ¿Cuándo llamamos al St. Clare’s? – Le pregunto porque me preocupa y ella sabe mejor eso de la diferencia horaria.

Ana: Creo que aún les pillaremos con legañas. – Me responde. – Espérate hasta después de la siesta. – Me pide. – Si quieres que demos tiempo por si Daddy llamase, mejor que lo hagamos esta noche. – Me aconseja. – Concedámosle un poco más de tiempo para que se lo piense mejor, si es que aún no ha llamado.

Jess: Si esperamos, no sabremos si llamó ayer. – Le indico. – Si supiéramos cuál es su teléfono, le llamaríamos nosotras. – Comento por pura rabia ante esta incertidumbre. – Siempre tienes algún motivo para que esperemos.

Ana. Si lo hubiera hecho, nos habrían avisado. – Me responde. – Estoy casi segura de que nos dirán que siguen sin noticias. Pero bueno, no seamos negativas antes de tiempo y démosle el privilegio de la duda. Nunca se sabe. Tal vez hoy haya suerte. – Me dice animada. – Que te quedes sentada al lado del teléfono no hará que la situación cambie. – Me advierte.

Esto de las diferencias horarias es un jaleo, porque cuando aquí nos despertamos, Ana me dice que allí se acaban de acostar y cuando aquí nos vamos a la cama allí están con la cena y porque nosotras nos acostamos tarde. ¡Eso también es un poco jaleo, que no haya coincidencia en los horarios! Aquí todo se hace más tarde, salvo el horario del primer autobús de la mañana, pero si mantuvieran la coherencia, pasaría por aquí a medio día, no a las siete y media. Lo cierto es que casi tengo la sensación de que me regañarán como salte de la cama antes de las diez o me acueste antes de medianoche. Este país tiene unas costumbres un poco raras, aunque, como Ana me ha explicado, en parte se debe a que estamos de vacaciones, que en una época normal no se trasnocha tanto. En cualquier caso, supongo que es mejor que no me acostumbre a esto porque dentro de una semana estaremos de regreso en el St. Clare’s y allí no cambian tanto los horarios.

Si en Medford ya no trato tanto con los chicos del parque porque tengo la sensación de que me observan, mis impresiones con respecto a los chicos de aquí no son muy diferentes y es una razón más para que no me sienta muy animada a tratar con éstos. Aquí no soy la chica del St. Clare’s, pero sí la chica que ha venido de lejos, de manera que en cuanto intente hablar con ellos y les confiese que no sé dónde estoy, me mirarán con cara rara y no será tan solo mi bikini o mi aspecto lo que les llame la atención. Prefiero no tener demasiado trato con ellos y así me evito de problemas y complicaciones, aunque tenga muchas preguntas que hacerles por sobre dónde estoy y según las respuestas que me den quizá me aclaren lo cerca o lejos que se encuentra Toledo y, en consecuencia, lo cerca que estoy de Daddy. Si tengo que escoger, prefiero que no me miren con malos ojos antes que me respondan a todas mis preguntas. Como Ana asegura, soy lo bastante inteligente como para averiguarlo por mí misma y sacar mis propias conclusiones. Lo malo es que no tengo suficiente información, más allá del hecho de que nos encontramos en mitad de ninguna parte y que el idioma que predomina es el español. Aún no he visto ningún cartel orientativo.