Esperando a mi Daddy (1)

08:10 PM. Main Street.

Daddy

Como cada tarde de verano a estas horas, no hay nada mejor como un paseo y la duda de quién saca a quién, si el perro a mí o yo al perro. En cualquier caso, en esta ocasión, soy quién escojo el camino, quién modifica la ruta por la que vamos todos los días y en vez de ir por campo abierto, tengo un motivo para que nos adentremos en la urbanización. Tampoco es que le dé mucha credibilidad a lo que esa mujer me ha dicho esta mañana, pero, en caso de que fuera cierto, como así consta en la documentación que me ha entregado, en uno de estos chalets se encuentra una chica a la que se considera mi hija y por la que en realidad no puedo hacer nada porque mi situación personal no le es nada favorable y debido a mis circunstancias tampoco estoy en situación de asumir la paternidad de una chica de catorce años que necesita de todo, que tiene toda una vida por delante y que saldría perjudicada, si la dejasen conmigo. Es más, el sentido de responsabilidad que mi incredulidad lo que provoca que me tome con recelo y prudencia todo este asunto, porque tal vez sea lo único que me queda y que pone en evidencia que no tengo ninguna relación con el pasado y me ha sorprendido la noticia como al que más.

No recuerdo ni tengo constancia de que en mi vida se haya cruzado nadie con quien haya mantenido una relación extraña que propiciara el embarazo y posterior nacimiento de Jessica, ya que, de hecho, según los datos que nos ha dado esa mujer, nadie de mi familia conoce a nadie procedente de Boston ni apellidado “Bond” ni nada similar. Somos una familia bastante normal en todos los sentidos, de manera que no resulta lógico ni coherente que se nos relacione con una historia llena de incoherencias. En cualquier caso, parece que esa paternidad se me ha atribuido de manera oficial y contra ésta solamente cabría un recurso de nulidad tanto en forma como en el fondo. Sin embargo, tal y como la mujer me ha explicado, la chica es un tanto susceptible y está muy obsesionada con la idea de que tiene un padre, por lo cual el hecho de que se remueva toda esta historia lo único que provocará será que se sienta más animada a querer saber sobre mí, que me implique en su vida de una manera más directa. Pero, si dejamos la situación tal y como está, es muy posible que con los años se olvide de todo y el interés por conocer la identidad de su presunto padre se convierta en algo anecdótico, ya que, de momento, no se me exige ninguna responsabilidad ni obligación, sino, más bien, que me mantenga al margen mientras que Jessica no contacte conmigo.

Aún me encuentro un poco lejos del chalé 26 A, he escogido el camino largo para tener tiempo de recapacitar. De hecho, son tan pocas las ocasiones en que vengo por aquí y esta calle de ascenso tiene tantas curvas en pendiente, que me siento un poco desorientado. Lo único bueno es que se trata de una calle cerrada, por lo que no hay problema en llegar a la calle principal por el otro extremo. El muro y las verjas de los chalés son bastante iguales, por lo cual esto no sirve demasiado como punto de referencia. El 26-A puede que esté detrás de esta curva o en la siguiente. Sobre el plano esta zona de la urbanización tiene una forma de un zapato con saliente en la suela y la calle que bordea es como el contorno. Para evitar a los perros que están en las parcelas y el encuentro con los coches, casi prefiero no pasear por aquí, ya que se arma bastante escándalo con los ladridos y entiendo que ello no es agradable para los vecinos. Igual que sucede en el chalé de mis padres cuando alguien se acerca por allí de paseo, que el perro les ladre es inevitable, por lo cual ahora no tengo motivos de queja porque el recibimiento es el mismo. Cuando voy de paseo por campo abierto, por los caminos de tierra, es menos probable este encuentro y no hace falta que vaya tan pendiente de dónde va el perro ni lo que hace, éste me sigue sin más.

Tal vez la situación más comprometida cuando saco al perro de paseo, y más por esta zona, son los encuentros con los ciclistas, hacia quienes el perro no siente el mismo respeto que por los coches, porque éstos también se muestran mucho más desconfiados, en especial aquellos que no tienen un buen manejo y al problema de controlar la bicicleta en la cuesta se le añade la presencia de un animal que no saben muy bien cómo reaccionará cuando pasan por su lado. Aquellos que se manejan con más soltura, casi les es indiferente la presencia del perro, porque confían en que el dueño se hará cargo de la situación y lo apartará de su camino para que no haya un accidente. En mi caso, me aprovecho que uno de los lados de la calle es campo y es donde el perro y yo nos colocamos, porque considero que, si nos arrimásemos a los chalés, el ladrido de los otros perros no ayudaría mucho a que se crease esa tranquilidad por parte de todos. Una vez que el ciclista ha pasado y no hay peligro, regreso a la calle y continúo con el paseo, con la búsqueda de ese chalé 26A y la confianza en que sin que me asome demasiado, quizá vea a Jessica sin que ésta se percate demasiado de mi presencia ni de que la observo desde la distancia. Entiendo que es preferible que no interfiera en su vida, pero tengo curiosidad por saber si hay algún parecido entre nosotros, algo que de manera evidente demuestre ese parentesco entre nosotros.

Jessica

He salido del chalé hacia la derecha, porque, si hubiera ido hacia la izquierda, hubiera encontrado, tras la primera curva, una pendiente que termina en el cruce con la calle principal, a la derecha el camino de tierra y a la izquierda lleva a la autovía. Me ha parecido que era demasiado arriesgado. Por este lado, también llegaré a la calle principal, por las veces que he pasado con el coche, tengo la sensación de que la pendiente es mucho más pronunciada y tiene el inconveniente de las curvas, del zigzagueo, que, como la bicicleta se descontrole y no frene, tendré que ser muy ágil con el manillar para que no haya ningún percance. En tal caso, confío en que mi rapidez de reflejos me permitiría llegar hasta la calle principal, mucho más ancha, recta y sin apenas pendiente, por ahí seguro que la bicicleta se detendría sola. El riesgo lo tendría en los coches, pero me haría con la situación. Por lo que he comprobado hasta ahora, desde que estoy aquí, estas calles no tienen demasiado tráfico, porque se terminan con la urbanización o siguen por caminos de tierra, no es como las calles de Medford. Aun así, Ana me ha recomendado que no me confíe más de la cuenta porque el peligro de accidente, de que me sorprendan, es mucho mayor. Lo mejor es que mantenga los pies en los pedales, las manos en el manillar, la mirada en lo que tengo delante y el oído atento por cuanto suceda a mi alrededor. Se trata de que dé un paseo en bicicleta y no que me choque con todo lo que se mueva o se encuentre a mi paso.

Otro chico de paseo con su perro, uno de los que ladra tan fuerte a los otros perros que se le escucha incluso desde dentro de las casas. No entiendo mucho de perros porque en el St. Clare’s no se admiten y desde siempre se nos recomienda que nos andemos con cuidado, en especial a mí por mis escapadas al parque y porque no se fían demasiado de que sepa tratar con los extraños ni con aquellos que suponen un peligro, pero éste es un perro grande, no sabría determinar la raza, pero es de esos que en ocasiones he visto en alguna película o reportaje sobre la Policía, aunque no tiene aspecto de peligroso. Si el chico le deja ir suelto, supongo que no es peligroso, pero, por si acaso, mejor que vaya con cuidado porque no me siento demasiado segura en la bicicleta ni en una calle empinada y con tantas curvas. Fulton St. es mucho más recta, aunque también tiene bastante más tráfico.

Parece que es costumbre que todo el que tenga una vivienda de éstas tenga también un perro y lo saquen de paseo a estas horas de la tarde y a primera hora de la mañana, cuando se despiertan. Desde que estoy aquí, me parece que no ha habido ni un solo día en que no me haya despertado con los ladridos de fondo. De hecho, si no fuera porque esta tarde Ana me ha insistido para que me diera este paseo en bicicleta, para que salga del chalé, aunque tan solo dé un rodeo a la urbanización y regrese, me habría quedado en la parcela como todos los días. Sin embargo, Ana me ha advertido que, si no me marchaba durante cinco minutos, como mínimo, esta noche no llamaremos al St. Clare’s. Está claro que se trata de un chantaje emocional. Con tanta gente de paseo con el perro y sin que yo me maneje demasiado bien con la bicicleta, porque no es la mía y no conozco la zona, será un milagro que no me ocurra nada porque presiento el peligro en cada pedaleada y cada vez que echo mano al freno para que la bicicleta no se acelere en las cuestas, ya que detrás de cada curva quizá haya un coche que venga en dirección contraria y cada pocos metros hay una salida de chalé, no descarto que salga o entre algún coche, que si no me da tiempo a frenar, me iré de bruces contra el suelo o lo primero que me encuentre por delante.

Con tanto chico y tanto perro por aquí me alegro de que la piscina se encuentre en el centro de la urbanización, rodeada por los chales y no permita una visión tan directa desde la calle. No es que vaya a la piscina con intención de que me vean, sino para refrescarme porque a mediodía hace calor y no conviene que me pase el día metida en la ducha; no estoy en el St. Clare’s y, de todas maneras, hay que hacer un uso responsable del agua. El único inconveniente que tiene la piscina es que hay que ir hasta allí, que no se encuentra junto a la puerta de atrás, sino a unas decenas de metros, en medio del recinto. Es como si hubiera un desfile de bañadores cada vez que alguien sale de la parcela, con el consuelo de que no soy la única, ni siquiera éste es uno de los chalés más alejados. Debido a la forma que tiene la urbanización y a la ubicación de la piscina, hay una distancia intermedia en comparación con los demás. Algún día, sí me he encontrado con algún chico que se ha acercado a la piscina en bicicleta, pero porque reside en uno de los chalés más alejados y aprovecha que hay un camino, pero en realidad se llega a pie desde cualquier chalé, únicamente son unos pocos metros más o menos, porque la piscina se ubica en la zona más amplia. Yo estoy un rato, me doy un baño y, en cuanto me canso, regreso al chalé porque prefiero tomar el sol aquí, lejos de las miradas de los demás.

Daddy

Llego frente al chalé 26A y me encuentro con que la verja está cerrada y no parece que haya nadie por la parcela, aunque no es algo que me sorprenda porque es normal que a estas horas hayan salido de paseo o se encuentren en el otro lado del chalé, ya que desde la calle se ve poco más que la puerta del garaje. De todos modos, nadie me espera y se supone que debo ser discreto para que Jessica no sepa nada de mí, como así me ha recomendado su tutora. Sin embargo, me había creado la expectativa de que tal vez la vería, que la tutora facilitaría ese encuentro. Quizá sea mejor así, que cada uno siga con su vida y no nos entrometamos ninguno en la vida del otro. No estoy en situación de ejercer de padre ni creo que ella asumiera demasiado bien la vida que como tal le ofreciera. Es preferible que se quede allá en Boston y siga con su vida, sus estudios. Si es como la tutora me ha dicho, ya ha sufrido bastante y no me gustaría que mi aparición complicase su vida. La tutora tan solo ha pretendido que esté prevenido en caso de que Jessica se ponga en contacto conmigo, para que no me sorprenda. Ha dejado a mi elección en grado de vinculación que tome con ella y lo más conveniente para los dos es que después de esta visita no haya ningún cambio. Quizá, si dentro de unos años mis circunstancias cambiaran y valorase la situación de una manera un poco más favorable, aclararía toda esta situación, porque es una irregularidad legal que se me reconozca una hija natural que no tengo.

En cualquier caso, en vista del paisaje que se ve desde aquí, este campo de olivos es muy probable que Jessica pierda todo el entusiasmo e interés por mí, que se haya dado cuenta que su vida es mucho mejor allá en Boston, porque aquí lo que tiene y lo que le ofrecería es bastante peor en cuanto a sus necesidades. Entiendo que no esté dispuesta a renunciar a todas las oportunidades que le ofrece la vida allí por un sueño, que no cumpla las expectativas que se haya creado. Por mi edad y circunstancias no soy el padre que ella necesita ni se merece. Si se tratase de mi hija y nuestra diferencia de edad fuera mucho mayor, tal vez mi postura sería diferente, pero entiendo que lo más responsable es que no interfiera en su vida de ningún modo. Dentro de unos años, si se pusiera en contacto conmigo, supongo que será el momento en que aclaremos esta situación, dado que entiendo que el hecho de que se la considere mi hija tiene unas repercusiones legales y administrativas que hasta ahora no se han hecho efectivas ni tenido en cuenta, que, en cierto modo, para mis intereses suponen un perjuicio. En cualquier caso, de momento, estoy tranquilo porque la reunión mantenida con la tutora no tiene carácter oficial ni trascendencia, tan solo es un aviso de lo que sucederá en los próximos años, para que no me sorprenda y ante reclamaciones futuras tenga la defensa legal oportuna. Mejor que siga el paseo porque aquí no hago nada y es una pérdida de tiempo que espere que haya algún movimiento. No me parece oportuno que mi presencia sea un motivo de incomodidad para nadie. Si es como la tutora me ha dicho, se supone que Jessica no está al corriente de mi proximidad, ni aún menos de que pensara acercarme por aquí. Lo mejor es que siga con mi vida y no les moleste, me olvide que estarán aquí hasta el próximo viernes, dado que tampoco espero que Jessica se acerque por el chalé de mis padres estos días, sería una imprudencia o la evidencia de que tal vez la tutora no es tan discreta como supone. Sea como fuera, no tengo nada que objetar con respecto al hecho de que todo vuelva a la normalidad, como así desean mis padres y nos conviene a todos. Sería absurdo que Jessica se resistiera a marcharse porque creyera que conmigo iniciará una vida mejor o que, debido a las fechas en que estamos, aún habría alguna posibilidad de que le encontrara plaza en algún instituto y que continúe con sus estudios. Ninguna de las posibles soluciones que se planteen tendrá mucha vigencia en la práctica. En estos momentos ella no tiene sitio en mi vida por mucho que se empeñara en lo contrario. Aparte que la única solución lógica a todo esto es que los jueces dictaminen que no existe ningún vínculo de sangre entre nosotros.

Jessica

Ya estoy casi de regreso, el último esfuerzo es cuesta arriba. He llegado hasta la calle principal sin problemas y sin apenas dar pedales porque casi todo el camino era descendente y en las zonas más llanas, llevaba el impulso de las pendientes por lo cual hasta que no he llegado al cruce ha sido un relajante paseo en el que mi única preocupación era que la bicicleta no se fuera en dirección equivocada, ni hacia el bordillo de un lado ni hacia los coches aparcados que se encontraban al otro lado, también esquivé a algún que otro paseante, sin mayor problema. Esa calle no ha sido como si descendiera por Fulton St., pero la sensación de bajada ha sido similar. Fulton St. tienen más pendiente, es más recta y hay más tráfico, aparte que se cruza con Fellsway W que tiene un tráfico mucho más intenso y se hace indispensable frenar en el semáforo antes de cruzar o girar. Aquí no hay semáforos y la mayoría de los coches que he visto estaban estacionados junto al bordillo.

La calle principal tiene un poco de pendiente y ha sido necesario que diera unas cuantas pedaleadas, pero no he corrido, no me apetecía, aunque cuando he visto que la calle era recta y pensado que Ana me esperaba para que hagamos esa llamada al St. Clare’s he sentido el impulso, pero me he reprimido para que no me diga que me he dado demasiada prisa. He querido disfrutar de esta sensación de libertad igual que las veces en que me escapado del St. Clare’s. Mientras pedaleaba por esa calle me he convencido de que es una tontería que coja la bicicleta en los próximos días y repita este paseo. Prefiero que Ana me vea aburrida, que no disfruto de la estancia aquí, para que este viaje no se alargue más allá del próximo viernes. Tengo la intuición de que Daddy llamará y prefiero que estemos allí para que sea yo quien descuelgue el teléfono, e incluso le abra, si se presenta en la puerta. Si Ana ha sido capaz que vengamos hasta aquí, ya no me parece tan imposible que Daddy se presente allí. Incluso se podría quedar alguna noche en el St. Clare’s, ahora que todas las chicas se han marchado de vacaciones y quedan camas libres. Se trata de Daddy y supongo que Ana haría esa excepción con él.

Cuando he llegado al final de la calle, al cruce, he sentido la tentación de seguir un poco más, porque, aunque, a partir de ahí el asfalto está en bastante peor estado, hay más chalés que no sé si pertenecen a esta urbanización ya que tienen un aspecto diferente. Sin embargo, me lo he pensado mejor y en vista de la hora que es y que anochece, he preferido tomar el camino correcto, aunque la pendiente sea tan empinada que por la avenida principal y me obliga a que levante el culo y fuerce el pedaleo, sin embargo, como me siento con fuerzas no me supone ningún problema. La sensación de que estoy cerca hace que saque fuerzas y no me venza el cansancio. Ya descansaré cuando deje la bicicleta en el garaje, mientras Ana llama al St. Clare’s a ver qué noticias hay, porque espero que en esta ocasión nos digan algo más, porque hasta ahora no ha habido más novedad que el hecho de que las obras van según lo previsto y que de momento no hay que retrasar nuestra vuelta. Confío en que no levanten un muro tan alto como el que tengo a mi izquierda y rodea a esos chalés que hay en la otra urbanización y que dan la sensación de que se trata de la muralla de un castillo debido a su altitud.

Giro en la curva y, aunque pensaba que esta calle es más llana descubro que es descendente, no hará falta que pedalee para llegar hasta el chalé que se encuentra en el otro extremo, al comienzo de la siguiente curva. Me parece que no estoy demasiado desorientada porque el campo de olivos que tengo a mi izquierda me resulta lo bastante conocido como para que no tenga dudas al respecto, a parte que ya estoy de vuelta y casi segura de dónde estoy. Me he limitado a bordear la urbanización, sin que haya ningún callejón que me pudiera confundir, Lo único que me podría confundir son los cruces, pero bastaba con que siguiera el muro, todos los giros hacia la derecha, ya que de haber seguido de frente o girado a la izquierda igual hubiera acabado en la autovía que en algún camino sin asfaltar de los que no sé dónde terminan y me hubiera perdido, ante la falta de certeza por volver sobre mis pasos. Lo único es que tal vez confirmase mi sospecha que de hayamos venido a España, en busca de Daddy y una imprudencia como esa me habría llevado hasta su casa, de todos modos, no estoy muy segura de tener el valor suficiente como para llamar a la puerta. Es más, en el supuesto de que mi sospecha de esta mañana sobre la visita de Ana tuviera algún sentido, lo menos recomendable es que me pierda porque quizá Daddy se encuentre más cerca y accesible de lo que imagino.

A quien me encuentro en esta parte del recorrido es al chico y al perro con los que me he cruzado antes en la calle principal y que van en sentido contrario. Parece que se toman el paseo con mucha tranquilidad, porque yo tampoco he ido muy deprisa con la bicicleta. Otras veces he visto a chicos de la zona que, en vez de un paseo, han pasado por delante de la verja como si les persiguieran, aunque detrás de ellos no hubiera nadie, sin embargo, este chico parece que disfruta del paisaje o que se aprovecha de la tranquilidad que hay por aquí para que el perro vaya un poco más suelto, ya que éste parece que disfruta del paseo. Como deja que corra por entre los olivos, no se preocupa tanto de que se acerque a los perros de los chales. En cualquier caso, este chico es un extraño y la recomendación de Ana es que no me relacione con desconocidos, aparte que esta tranquilidad es propicia para malos encuentros, por lo cual es preferible que sea prudente y pase por su lado con la mayor indiferencia, para que mi vuelta al chalé no se retrase ni le lleve desagradables noticias al respecto.

Daddy

El paseo de esta tarde no es tanto porque haya cambiado de parecer como por la curiosidad de tomar un poco más de conciencia de lo que ésta sabe de mí o tiene ocasión de descubrir. De manera que ahora supongo que es una osadía por mi parte que me haya acercado hasta aquí con la expectativa de que nos encontremos de manera casual, amparo en el hecho de que Jessica no sabe nada de mí y el padre al que ella anhela de momento no tiene rostro. Es más, si lo que Ana me comentó esta mañana es cierto y Jessica no tiene muy claro dónde está ni se lo imagina, por mucho que me cruce con ella, salvo que se trate de una reacción instintiva, no me reconocerá, por lo cual entiendo que no es muy justo que me aproveche de la situación. En realidad, si no fuera por la visita de Ana, para mí su presencia sería igual de indiferente, con el añadido de que ni se me ocurriría pensar que una chica como ella me buscara con el anhelo y la creencia de que soy su padre, por incoherente absurdo que resulte dicho planteamiento. Con sinceridad debo admitir que yo tampoco me lo termino de creer, pero no se trata tanto de lo que conste en unos papeles, sino que hay un reconocimiento legal, que mientras no haya un desmentido y sentencia firme al respecto, a todos los efectos y ante la administración, soy el padre de Jessica.

Una chica sola, adolescente y en bicicleta por aquí. Por su aspecto, su color de piel y vestuario, lo cierto es que no es muy probable que sea de la zona, más bien, que haya venido de vacaciones, a pasar unos días. La única manera que tengo de reconocer a Jessica, sin que ésta se presente ni lleve un cartel que me indique que se trata de ella, es la fotografía que esta mañana me ha entregado la tutora y que tampoco estudié con demasiado detenimiento, por no parecer demasiado interesado. El parecido de esta chica con la de la foto es indiscutible, aunque tanto el peinado como la ropa difieren e incluso su gesto. Sin embargo, la tristeza de su mirada es la misma. Si es Jessica, lo cierto es que no sabría qué decirle ni cómo iniciar una conversación. Tengo la sensación de que hay demasiada distancia entre nosotros, por la edad, el idioma y la cultura. Procedemos de dos ambientes distintos y entiendo que para ella el cambio no sería fácil. Toledo se encuentra demasiado lejos de Medford y no considero que mi compañía le inspirase demasiada confianza. Lo cierto es que descarto la idea de que se quede, de darle una oportunidad durante los meses de verano, ya que como prueba incluso sería admisible y en todo caso en septiembre habría de estar de regreso porque ha de continuar con sus estudios y es un poco tarde para que se planteara la posibilidad de que se matricule en un instituto de la ciudad, aunque, debido a lo peculiar de su caso, tal vez se hiciera una excepción. Sin embargo, por lo que la tutora de ha dicho, no está preparada ni mentalizada para el cambio y a mí la noticia me ha sorprendido, por lo cual no me siento en condiciones de asumir ese compromiso y espero que mis padres me apoyen mientras el asunto plantee demasiadas dudas e inconvenientes. Lo mejor es que Jessica regrese a Medford y espere a que mejoren las circunstancias para alguno de los dos, que todo nos sea más favorable.

Si con este primer encuentro Ana o Jessica pretenden o tenían la expectativa de que cambiaría mi postura, me remordería la conciencia y recapacitaría con respecto a la decisión, me temo que el efecto que tiene es una reafirmación de mis propias limitaciones y capacidades para asumir una paternidad que me supera desde un primer momento. No estoy en situación de hacerme responsable de terceras personas ni de cubrir las necesidades mínimas de nadie. Lo único que me plantearía en ese caso, siempre que ello no fuera perjudicial para nadie en ningún aspecto, sería que la tutora me mantuviera al corriente de los progresos de Jessica e incluso que ésta llegara a saber algún día que nos hemos conocido. Sin embargo, por el planteamiento que me ha hecho la tutora, lo más conveniente para Jessica es que la ignore y no fomentemos ni su imaginación ni sus frustraciones, ya que en el supuesto de que estuviera enterada de ello querría volver, que pasásemos tiempo juntos e incluso quedarse. Sin embargo, su vida está en Medford y ahora mismo no estoy en situación de costearle ningún viaje ni vacaciones, sin que las expectativas a largo plazo sean muy optimistas en ese sentido. Su futuro prometedor se encuentra en su vida actual, en que complete sus estudios y encuentre un trabajo acorde a ello. Su vida y estabilidad personal no están en lo poco o mucho que pudiera hacer por ella.