Un monumento a mi abuelo

Por el sudor y la sangre de un labrador,
en la tierra que él mismo trabajó,
del amanecer hasta la puesta del sol,
el mundo le levantó un monumento
para que la gente tomara el sol,
un edificio que llegara hasta el cielo,
para que se acordaran de mi abuelo.

 

El edificio no llegó hasta el cielo
y el asfalto cubrió todo el suelo,
ya nadie se acuerda de mi abuelo.
Pero hasta aquel lugar llega el mar
para que tu alma desde el cielo
sepa que el mar no le olvida jamás
se lo ha dicho a tu nieto, abuelo.