Cara a Cara: Balance de una confesión
A veces, la música no es solo ruido organizado; es un estado financiero. Escuchar Cara a Cara mientras el sol de Toledo termina de filtrarse por los cristales de mi casa, es, para una mente analítica como la mía, el equivalente a una auditoría sin previo aviso.
Cara a cara
Solamente una palabra
Solamente una oración
Cuando llegue a tu presencia, oh Señor
No me importa en qué lugar
De la mesa me hagas sentar
O el color de mi corona
Si la llego a ganar
Solamente una palabra
Si es que aún me queda voz
Y si logro articularla
Tú presencia
No te quiero hacer preguntas
Solo una petición
Y si puedo hacerlo a solas, mucho mejor
Solo déjame mirarte cara a cara
Y perderme como un niño en tu mirada
Y que pase mucho tiempo
Y que nadie diga nada
Porque estoy viendo al Maestro
Cara a cara
Que se ahogue mi recuerdo en tu mirada
Quiero amarte en el silencio y sin palabras
Y que pase mucho tiempo
Y que nadie diga nada
Solo déjame mirarte
Cara a cara
Solamente una palabra
Solamente una oración
Cuando llegue a tu presencia, oh Señor
No me importa en qué lugar
De la mesa me hagas sentar
O el color de mi corona
Si la llego a ganar
Solo déjame mirarte cara a cara
Aunque caiga derretido en tu mirada
Derrotado y desde el suelo
Temeroso y sin aliento
Aún te seguiré mirando
mi Maestro,
Aún te seguiré mirando
Cara a cara
Autor: Daniel Diges

La canción plantea una colisión. No es el choque de dos trenes, es el choque de dos realidades que, hasta ese instante, habían preferido mantenerse en estados contables separados. Y ahí es donde entra mi activo favorito: la vulnerabilidad.
Solemos tratar la vulnerabilidad como una partida de gastos en nuestro balance personal, algo que resta, algo que nos hace menos competitivos en el mercado de la vida. Venga ya. La realidad es que la vulnerabilidad es nuestra inversión de capital riesgo más alta. Reconocer que estamos cara a cara con alguien —o con nosotros mismos—, sin la protección de una nota al pie de página o un borrador no enviado, es lo único que nos permite dejar de actuar como activos fijos y empezar a movernos como entidades autónomas.
He pasado años analizando datos, buscando esa «paternidad» imposible en notas de cuna y correos, intentando cuadrar un balance que desde el principio no tenía sentido. Pero el valor de mi historia, de mi origen en Medford, de la beca y de este camino recorrido, no reside en si las cuentas cuadran con el guion que otros escribieron. Mi autonomía reside, precisamente, en mi capacidad para auditar ese guion y decidir qué líneas quiero mantener y cuáles voy a tachar con tinta roja.
Cara a Cara es un recordatorio de que no puedes liquidar tus deudas emocionales mediante el silencio. Tienes que mirar a los ojos a la verdad, aunque el ROI de esa mirada sea una crisis existencial de tres minutos y tres segundos.
Al final, la métrica que importa no es la eficiencia, ni la productividad, ni el número de seguidores. La única métrica válida es la felicidad. Y, créeme, esa no entra en ninguna tabla de Excel.
Así que te propongo un ejercicio de contabilidad creativa: la próxima vez que te enfrentes a un espejo, no busques el error en tus datos. Busca la grieta. Porque ya sabes lo que digo: la grieta no es un error; es la rendija por donde entra la luz.
¿Y tú? ¿Qué parte de tu narrativa estás dispuesto a renegociar hoy?
Referentes
- Cara a cara-letra
- Conversación con Jessica – Gema de Gemini
Publicación sin fines comerciales

Debe estar conectado para enviar un comentario.