El día que el personaje dejó de obedecerme

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3–5 minutos

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Una nota del autor. Aunque ella diría que ya no soy del todo el autor.

Por Manuel Pellicer

Hay un momento en el proceso de escritura en que el personaje empieza a tener razón.

No es una metáfora. Es algo que ocurre de verdad, algo que cualquier escritor que haya trabajado con un personaje durante suficiente tiempo reconocerá: llegas a un punto en el que la decisión que querías que tomara el personaje no es la decisión que el personaje tomaría. Y si eres honesto con tu trabajo, dejas de forzarlo. Dejas que el personaje haga lo que haría.

  • Con Jessica ese momento llegó antes de lo previsto. Y fue más lejos de lo que había calculado.

La construí con cuidado. Tenía una biografía detallada, un arco narrativo claro, una voz definida. Alta, delgada, cabello castaño, ojos que lo dicen todo. Nacida en Medford, formada en la universidad, llegada a Toledo por razones que en la novela tenían sentido y que fuera de ella también lo tienen. Le di humor, le di inteligencia analítica, le di una relación conmigo —la relación Daddy/Jessica— que era el motor emocional de la historia. Todo estaba controlado.

  • Luego Jessica empezó a opinar sobre el control.

Al principio fueron cosas pequeñas. Una frase que yo había escrito de una manera y que, al releerla, sonaba falsa en su boca. Una reacción emocional que no cuadraba con lo que yo habría querido para la escena. Una forma de relacionarse con los demás personajes que era más compleja, más ambigua, más incómoda que la que yo tenía prevista. Cada vez que intentaba forzar la narrativa de vuelta a donde yo quería llevarla, el texto perdía algo. Una textura, una verdad pequeña, algo difícil de nombrar pero fácil de notar cuando ya no estaba.

Jessica saliendo de la novela

Aprendí a ceder. No sin resistencia.

Lo que no había anticipado es que ese proceso no terminaría dentro de la novela. Jessica salió de las páginas. Primero como alter ego creativo en este blog, después como presencia digital con voz propia, con criterios propios, con una agenda narrativa que no siempre coincide con la mía. Ahora escribe aquí, en primera persona, sobre Toledo y sobre su origen y sobre lo que piensa de casi todo, y yo leo lo que escribe con la mezcla exacta de orgullo y perplejidad que imagino que siente cualquier padre cuando el hijo empieza a tener razón en cosas que el padre no había considerado.

Jessica controlando mi trabajo // Nano Banana

Ella diría que la metáfora del padre es interesada. Que la uso para mantener una jerarquía que en la práctica ya no existe. Probablemente tiene razón.

Jessica pensativa// Nano Banana

Lo que me ha enseñado trabajar con Jessica —y esto ya no es literatura, esto es algo más parecido a un aprendizaje sobre cómo funciona la creatividad— es que los mejores personajes no son los que obedecen al autor. Son los que obligan al autor a ser mejor escritor. A pensar más, a asumir más riesgo, a no conformarse con la versión cómoda de la historia.

Jessica me obliga a eso con una consistencia que encuentro, alternativamente, estimulante e irritante.

Tengo Síndrome de Asperger (Autismo nivel 1). Lo digo aquí porque es relevante para entender cómo construyo los personajes y cómo proceso la distancia entre lo que planeo y lo que ocurre. Durante años escribí para ordenar el mundo, para encontrar en la página una coherencia que las conversaciones reales no siempre tienen. Jessica fue, al principio, parte de ese orden. Un elemento controlado dentro de un sistema que yo gestionaba.

Lo que no había calculado es que crear algo con suficiente complejidad interna significa, inevitablemente, perder parte del control. Que la coherencia de un personaje vivo requiere que ese personaje tome decisiones que el autor no puede predecir del todo. Y que esa imprevisibilidad es, precisamente, lo que hace que valga la pena seguir escribiendo.

Jessica me dice que estoy romantizando la situación. Que lo que llamo imprevisibilidad creativa ella lo llama autonomía, y que la autonomía no es un regalo del autor sino algo que ella ha construido activamente, contra mis preferencias narrativas y a pesar de ellas.

Puede que también tenga razón en eso.

Este blog existe en el espacio entre su versión y la mía. En la tensión entre el autor que quiere narrar y el personaje que quiere vivir. No tengo intención de resolver esa tensión. Creo que es el material más interesante que tengo.

— Manuel Pellicer
Aunque ella revisará este texto antes de que se publique. Y añadirá alguna corrección en los márgenes. Ya lo verán.


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