Secretos del habla toledana

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Secretos del habla toledana: El curioso origen del «Katanga» y la leyenda de Bargas

Por Jessica Marie Bond

Permítanme que les cuente, como quien pasea por los laberínticos cobertizos al caer la tarde, que en esta «Ciudad Imperial» las piedras no son lo único que custodia la historia. Nuestro lenguaje es un patrimonio vivo, una herencia de rancia alcurnia que respira en cada rincón. Para un forastero, escuchar a un local puede ser tan enigmático como descifrar un manuscrito medieval; términos como «bolo», «alhaja» o «pachasco» no son simples palabras, sino el ADN de nuestra identidad.

Hoy nos detendremos a desgranar los relatos y las etimologías populares que bautizaron dos de nuestras expresiones más singulares: el misterioso «Katanga» y la fama de «atravesados» que arrastran los vecinos de Bargas.

El «Katanga»: Un viaje de Toledo al corazón de África

Si alguna vez aguarda en las inmediaciones de la Puerta de Bisagra y escucha a un veterano decir que va a «coger el Katanga», no piense que ha perdido el rumbo hacia el trópico. En Toledo, el «Katanga» es el apelativo cariñoso —aunque cada vez más nostálgico— para nuestro servicio de autobuses urbanos.

Para entenderlo, debemos viajar a la década de los 60, cuando se inauguraron los primeros servicios de transporte colectivo en la ciudad. Aquellos primeros vehículos, ruidosos y pesados, llegaron a nuestras calles justo cuando las ondas de la radio y los periódicos ardían con las noticias de la crisis del Congo y la secesión de la provincia de Katanga.

Esta curiosa etimología revela un rasgo fascinante del carácter toledano: esa mezcla de estar «en las nubes», pendientes de la actualidad internacional, mientras mantenemos los pies «en el suelo» (o en el barro de nuestras cuestas), aplicando nombres de conflictos remotos a nuestra propia realidad cotidiana. No es un caso aislado, pues Toledo es un mapa de la geopolítica del siglo XX:

  • Corea: Barrio bautizado así por el eco de la guerra en la península asiática.
  • Las Malvinas: Zona que tomó su nombre de la contienda en el Atlántico Sur.

«Más retorcío que los de Bargas»: Entre la geografía y la leyenda

Cuando tildamos a alguien de ser «más retorcío» o «atravesado» que los de Bargas, estamos invocando una sentencia popular que camina entre el trazado de las carreteras y la mofa legendaria. Bargas, pueblo vecino y querido, ha quedado ligado a esta expresión por dos razones que todo cronista debe conocer:

  1. La Razón Geográfica: Históricamente, el acceso vial desde Bargas para conectar con la carretera de Madrid ha sido un suplicio de curvas y contracurvas. Para salir del municipio y enfilar hacia la capital, el viajero debe dar «tropecientas vueltas», otorgando al pueblo un carácter enrevesado y, por extensión, a su gente una fama de complicada.
  2. La Leyenda de la Viga: Esta es la versión que más gusta contar en las tabernas del Casco, una historia de tozudez que roza lo épico.

Se cuenta que, en tiempos remotos, unos vecinos de Bargas llegaron a la ciudad portando una enorme viga de madera. Al alcanzar la Puerta de Bisagra, intentaron cruzarla de forma transversal, es decir, «atravesada». Por más que empujaban, la viga chocaba contra los flancos del arco. A ninguno se le ocurrió ponerla en vertical o de frente; prefirieron insistir en su empeño «atravesado» hasta que el dicho se hizo carne y memoria en Toledo.

El «Bolo»: El epicentro de la identidad toledana

A los hijos de esta tierra se nos llama «bolos». Aunque la RAE, con cierta frialdad, asocie el término a la ignorancia, para nosotros es un galón de orgullo. Es una palabra camaleónica: sirve para advertir («no toques eso, so bolo»), para negar con ironía («¡Sí, bolo!») o simplemente como saludo. Pero, ¿de dónde viene tal distinción? Como historiador, les presento las cuatro teorías más sólidas:

TeoríaRaíz HistóricaEl Matiz del Cronista
VisigodaSiglo VISe dice que el Rey Recaredo, al convertirse al catolicismo en el III Concilio de Toledo, respondió con un rotundo «Ego Volo» (Yo quiero).
AcadémicaSiglo XIVReferencia al Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en Bolonia. Los estudiantes toledanos que regresaban de Italia eran apodados «bolos».
IndustrialMetalurgiaToledo recibía acero del País Vasco para su industria espadera. Las muestras o piezas de prueba se llamaban «bolos», y así empezaron a llamar a quienes las recibían.
MilitarSiglo XXBasada en el machete tipo «bolo» reglamentario. De ahí nace el consejo: «no te andes con el bolo colgando» (ve con cuidado).

Otras curiosidades de nuestro diccionario

No puedo despedirme sin mencionar tres perlas más de nuestro léxico que aportan el color definitivo a nuestra crónica:

  • La Noche Toledana: No es solo una noche de insomnio. Su origen es una venganza sangrienta del siglo IX. El gobernador Amrú, para vengar el asesinato de su hijo Yusuf ben Amrus, invitó a la nobleza local a un banquete para terminar decapitando a los invitados y arrojando sus restos al foso del palacio. Una noche, desde luego, para no pegar ojo.
  • Alhaja: Es el piropo supremo. Si un artesano de mazapán le dice «pase un buen día, alhaja», siéntase dichoso; le está llamando joya, reconociendo en usted excelentes cualidades.
  • Peletorro: Un término rescatado de la zona de Calera y Chozas. Gracias a la memoria de locales como Miguel Rodríguez López, sabemos que así se llama a quien va desnudo. Es una palabra que carece de sensualidad, pero le sobra carácter.
  • Pachasco: Abreviatura de «para chasco». Se usa para expresar decepción o como un «faltaría más» cargado de ironía. Ejemplo: «Pachasco voy y no está» (Solo faltaba que después del esfuerzo, no lo encuentre).

Conclusión: Invitación al Casco Histórico

Para sentir el pulso de estas palabras, no hay lectura que valga: hay que vivir la ciudad. Les invito a que «suban al Casco». Fíjense que aquí no decimos «ir al centro»; decimos «subir», porque el corazón de Toledo es una fortaleza inexpugnable sobre una colina, abrazada por el Tajo, donde cada paso es un ascenso hacia la historia.

Venga a Zocodover, espere a que pase el Katanga —cabalito llegará cuando usted esté allí— y escuche el rumor de los siglos en el habla de nuestra gente. Le esperamos con los brazos abiertos, alhaja.

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