Thursday, September 14, 1995 – 10:55 AM
El triunfo de lo invisible: Reflexiones tras la quinta clase

Ann Josephine Catcher
La calma de las 01:19 PM
Son las 01:19 PM y acabo de terminar mi quinta clase. Para cualquier persona normal que me haya visto pasar por los pasillos de Medford High, seguramente «no ha pasado nada». En sus mentes aburridas, una mañana sin gritos ni peleas es una mañana vacía. Para mí, la ausencia de noticias es mi mayor victoria. He logrado cruzar la mitad del día sin que nadie note que soy un «bicho raro», sin que nadie me trate como a una «caja de correo urgente» que debe ser enviada a otro sitio. He estado presente, pero he sido invisible. Mi éxito se mide en silencio; si no soy noticia, significa que mi búnker sigue intacto y que puedo seguir aquí, en Fulton Street, esperando a que el mundo deje de moverse para que Daddy pueda encontrarme.
Los hitos de una mañana «vacía»
Aunque parezca que mi mañana no tiene peso, ha estado llena de esos pequeños anclajes que mantienen mi rutina en su sitio, recordándome quién soy y de quién me escondo:
- El ritual de la parada: Gabe estaba allí, como siempre, con su estúpida canción de «Jess Bond, Jess Bond». No son solo burlas infantiles; las letras son crudas, hablando de «sexual bomb» y «give it to me». Me hace sentir pequeña y me revuelve el estómago, pero no voy a darle el gusto de ver mi asco. Me senté al fondo del bus, en los asientos de los marginados cerca de la puerta de atrás, mi ruta de escape por si todo arde.
- El pacto en las taquillas: Busqué a Yuly a propósito. Necesito que entienda que no soy una chica desamparada y que puedo tener amigas. Hemos cerrado el trato para Spanish I. Me dejará su cuaderno para copiar los ejercicios; es un intercambio de seguridad. Ella se siente culpable por habernos metido en líos con sus aires de grandeza, y yo necesito que Mr. Bacon vea que cumplo.
- Música para los créditos: He pasado por la clase de Música simplemente para rellenar el expediente. Es un espacio asequible donde puedo existir sin destacar, cumpliendo con el sistema mientras mi mente está en otra parte.
- Identidad en el baño de chicas: Yuly se fijó en mis trenzas de la nuca, esas que tengo hechas con hilos de lana. Me preguntó si era una «hippie» o si resaltaban mis rasgos «amerindios». Me niego a aceptar esa etiqueta. En clase de Historia, estudiar el «estrecho de Bering» me resulta insoportable porque es estudiar la sangre de la madre que me abandonó. Prefiero mis hilos de lana y mi película mental de Toledo, España. Mi herencia es el caballero que vendrá a buscarme, no el puente de hielo que me dejó sola.
El español y la sombra de «Paco Panceta»
La visita sorpresa de Mr. Bacon (Paco Panceta) al St. Clare’s ayer me dejó de piedra. Que se presentara allí para hablar con Ana y conmigo fue un golpe bajo. Ahora ha decidido que la nota de Yuly depende de la mía. No es justo; ella habla español como si fuera su lengua materna y necesita ese nivel Honor para demostrarle a sus padres que puede con todo. Mi silencio en clase no es ignorancia, es resistencia. Practico una «disociación operativa»: leo con una pronunciación perfecta para cumplir el trámite, pero bloqueo el significado. No quiero que el castellano técnico de Paco Panceta contamine el santuario del idioma de mi padre. Sin embargo, por Yuly, tendré que llevar los cuadernos al día. Es el precio por no ser la «desconocida» que le arruine el futuro.
Normalidad vs. Matignon High
A pesar del recelo clínico que siento en Medford High, prefiero este lugar mil veces antes que el riesgo de ser trasladada. Ana me lo recuerda cada vez que mi terquedad amenaza con descarrilar mi GPA:
«Se tarda menos en preparar la mochila y llegar a tiempo al bus que en hacer las maletas y que te lleven a Matignon High.»
Esa frase es mi motor a las 06:20 AM. No estudio por ambición académica, sino por pura supervivencia estática. Si me llevan a un internado lejos de aquí, Daddy no sabrá dónde buscarme.
Las pruebas materiales de mi existencia
Para que el sistema no me devore, he dejado pruebas físicas de que soy una estudiante funcional, aunque por dentro sea un búnker:
- Mi camuflaje: Hoy no me puse el peto de siempre. Elegí una camiseta blanca de manga corta, de cuello cerrado, y unos vaqueros azules. Es un intento de parecer una chica normal para Ana y Yuly, pero manteniéndome «cerrada» para que los chicos no encuentren huecos por donde mirar.
- La base de ladrillo: Ana usa el cuento de «Los Tres Cerditos» para presionarme con mis notas. Dice que si no construyo unos cimientos sólidos de 3.0, el lobo de la administración soplará y me enviará lejos. Por eso mis cuadernos están llenos de apuntes mecánicos. Son mis ladrillos.
- La silla ocupada: He estado físicamente en cada aula. Ocupar mi lugar es mi forma de decir que sigo aquí, que no soy un objeto que se pueda mudar sin más. He cumplido las horas, he sentido el frío del pupitre y he mantenido el decoro que Ana tanto me pide.
Conclusión: El valor de no ser noticia
Le aclaré a Yuly en el baño que estoy en el St. Clare’s porque me abandonaron, no porque sea una ladrona o hija de delincuentes. Mi mayor victoria hoy es haber sido invisible pero estar presente. Soy cabezota, lo admito. Ana dice que mi herencia genética es imposible de «civilizar» para cualquiera que no sea mi padre. Quizás tenga razón. Pero esa misma terquedad es la que me mantiene en mi sitio, protegiendo mi esperanza anacrónica. Mañana volveré a subir a ese bus, ignoraré las letras lascivas de Gabe y ocuparé mi silla. Mientras siga siendo una chica invisible en Medford High, seguiré teniendo un hogar en Fulton Street y una dirección donde ser encontrada.
Origen
- Wednesday, September 14, 1995 página 2
- NotebookLM

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