Thursday, September 14, 1995 – 03:15 PM
Cómo sobrevivir a las charlas de «McAna» sin morir en el intento

Jessica Marie Bond
Introducción: La base segura (y a veces asfixiante) de St. Clare’s
Vivir en St. Clare’s, aquí en Fulton Street, significa estar bajo el radar constante de Ana. Por aquí todas la llamamos «McAna», porque es una versión de MacGyver en tutora: te soluciona un trámite, te evita un traslado a Matignon High o te rastrea una huida usando solo un teléfono y sus contactos en Somerville. Ella dice que es mi «base segura», ese dique de contención que evita que me desborde, pero para mí es un puente gélido que me desconecta de mis ancestros. Mi llegada a este mundo fue en la cuna de un hospital de Medford en abril de 1981, y desde entonces soy un «bicho raro» habitando una orfandad biográfica que ella intenta curar con análisis clínicos y recelo.
Escapar de sus charlas es una cuestión de supervivencia. Ana intenta «re-encuadrar» mi testarudez crónica como «inventiva», pero yo sé que es mi búnker. Sus conversaciones son especialmente peligrosas cuando saca el tema del español o intenta que sea sociable, como si yo fuera un sujeto activo y no un objeto inanimado en espera de que el tiempo se detenga.
Táctica 1: La «Incompetencia Lingüística» Selectiva
El español es mi campo de batalla. Ana ha impuesto un contrato de contingencias: si no demuestro interés en Spanish I, dice que abandonará la búsqueda de mi Daddy. Es un chantaje cruel, pero he desarrollado la «disociación operativa» para defenderme:
- La lectura mecánica: Cuando me obliga a leer, lo hago con una pronunciación perfecta (le gusta decir que tengo buen ritmo). Pero es una trampa. Puedo reproducir los sonidos, pero me niego a otorgarles significado. Es mi forma de complacerla sin «contaminarme» con la realidad de un idioma que me vincula al abandono.
- El mantra del «I don’t speak Spanish»: Es mi declaración de lealtad absoluta. Si aprendo el idioma, rompo el muro de mi fantasía. Ante Mr. Bacon (o «Paco Panceta», como prefiero llamarlo), mi nivel es «de lo más básico».
- La sarta de mentiras: Cuando Ana me pide mis motivos para estudiar, le entrego una lista de falsedades que ella detecta al instante con su «honestidad radical». No me importa; mientras ella analice mi «resistencia», no me obliga a hablar de verdad.
Táctica 2: El Refugio de la Intimidad (El baño y la habitación)
Cuando la charla se pone demasiado intensa, uso el escape físico. El aseo es mi único búnker de intimidad real. El pasado 14 de septiembre, por entretenerme allí y aguantar a Paco Panceta, perdí el bus del Medford High. Tuve que caminar desde Valley St., pasando por el túnel de la I93, sintiéndome desamparada como aquel bebé que encontraron en el hospital cercano.
Si Ana me intercepta en el porche, uso mi «talismán de supervivencia»: el GPA de 3.0. Le digo que necesito subir a mi habitación a «repasar el abecedario» (aunque me lo sé de memoria) para alcanzar esa nota que ella exige. Ana no puede negarse a dejarme sola si uso sus propias metas académicas contra ella. Es la moneda con la que compro mi derecho a que el mundo no se mueva.
Táctica 3: El «Chantaje de la Esperanza» (El «Showstopper»)
Esta es mi táctica final. Cuando Ana insiste en que sea sociable o que conozca a los padres «funcionales» de Yuly, saco mi carta maestra:
«No pienso irme con nadie que no sea Daddy. Ana no lo entiende; ella ve a Toledo como un punto en el mapa, pero para mí es el santuario donde vive mi joven caballero. Según mis cálculos, él nació en 1974, así que es casi un padre-niño que me necesita tanto como yo a él. Si me muevo de St. Clare’s, si acepto irme a Matignon o a otra familia, él no sabrá dónde buscarme cuando llegue a por mí. Mi ignorancia sobre el mundo real es mi única lealtad.»
Táctica 4: El Desvío de Atención hacia Terceros
Para evitar el escrutinio pedagógico de Ana, siempre lanzo a otros bajo el autobús. Aquí mi tabla de desvíos estratégicos:
| Tema de Ana (Lo que quiere analizar) | Excusa de Jessica (Hacia dónde desvío) |
| Mi falta de sociabilidad. | Quejarme de que los padres de Yuly son «demasiado buenos» y me dan miedo. |
| Mi resistencia en clase de Historia. | Atacar el tema del «Estrecho de Bering»; odio estudiar ese puente de hielo porque es estudiar la sangre nativa de la madre que me dejó. |
| Mi conducta disruptiva en clase. | Hablar de Gabe y del juego de Mr. Bacon donde los chicos me dejaron «sin rescatar» para hacerme sentir una marginada. |
| Mi futuro académico. | Criticar a Yuly por ser una «empollona» que usa el español para seducir afectivamente a los adultos. |
Conclusión: El arte de ser un «objeto inanimado en espera»
Ana vive obsesionada con el «Cuento de los Tres Cerditos». Me repite que debo construir una casa de piedra (mi GPA, mi bilingüismo, mi madurez) para que el lobo del futuro no me sople. Pero ella no entiende que mi casa de piedra ya existe: es mi silencio.
Mantener mi «recelo clínico» y mi ignorancia voluntaria no es pereza; es un acto de amor hacia el fantasma de mi padre. En St. Clare’s, prefiero ser un objeto que espera en una estantería a ser un sujeto activo en un mundo que me trata como correo urgente. Si me quedo quieta en Fulton Street, Daddy podrá encontrarme. Mis tácticas no son mentiras, son los ladrillos de mi búnker contra el olvido.
Origen
- Wednesday, September 14, 1995 página 4
- NotebookLM

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