MONDAY, JUNE 20, 1994

05:05 PM. My Bedroom

- 5/14 Cambio de dormitorio.
- 5/30 Memorial Day. No classes
- 6/10- Early Release Day, MS/HS
- 3 more Early Release Days, MS, HS will be scheduled for June
- 6/22 Last scheduled day of School with five snow days included

Monday, June 20, 1994

Ahora entiendo por qué Ana no se esperó a principios de mes ni hasta final de curso para que tuviera mi propia habitación. Esta mañana cuando he salido del cuarto de baño, me esperaba en el pasillo, junto a la puerta. No ha hecho falta que le dijera nada, ya intuía lo que me pasaba porque parece que las tres nos hemos puesto de acuerdo y no he sido la primera ni creo que sea la última que pase por esto. Pero confiaba en que este día llegaría después del verano o tal vez nunca, porque a mí no me gusta eso que nos sucede a las chicas y que los chicos no sufren. La verdad es que desde hace varios días he notado que Ana me observaba con más atención como si creyera que se lo ocultaba o que intuyera que este momento llegaría antes o después, aunque no haya comentado nada con ella. Lo cierto es que no le he dicho nada a nadie porque me causa una cierta vergüenza. He leído sobre ello, porque, según Ana, mi cabeza y mi cuerpo no funcionan al mismo ritmo y llevo un retraso provocado por esos años en los que no me he aceptado como soy y durante los cuales tampoco he recibido toda la atención que necesitaba por parte del personal del St. Clare’s. Desde que Ana llegó al Home una de mis tareas es que aprenda a ser una chica y no basta con que deje de jugar con los chicos del parque, porque éstos ya se han dado cuenta que no soy como ellos. Creo que después de lo que me ha pasado esta mañana, yo también he dado cuenta.

¿Seré capaz de administrar mi tiempo sin que nadie lo sepa? Llevo unos años que me siento rara por todo, que cuando no es lo uno es lo otro, que cuando no es esto es aquello. Si hubiera apuntado todos los cambios que he notado en mi cuerpo a lo largo de los últimos tres años, más o menos, creo que quien lo leyera pensaría que soy una investigadora de la NASA, me dedico al estudio de los extraterrestres y descubierto un animal aún desconocido para la Ciencia. ¡Cuántos cambios! Antes únicamente me preocupaba porque sabía que mi cuerpo no era como el de los chicos, que siempre que voy al cuarto de baño me bajo los pantalones mientras que ellos lo hacen según sus necesidades. Sin embargo, un día me di cuenta de que mi cuerpo cambiaba. En realidad, me fijé en mis compañeras de clase y del St. Clare’s y que a alguna el pecho empezaba a notárseles bajo la ropa y aquella noche, mientras me ponía el pijama me fijé en mi cuerpo y no descubrí nada raro ni distinto a otros días. Si aquella noche hubiera sospechado todo lo que me iba a pasar, creo que le hubiera pedido a Ana me dejara que no saliera de mi habitación hasta que todo haya terminado; hubiera querido ser como una mariposa y que nadie me viera hasta que yo misma sea capaz de reconocerme.

Cuando le he preguntado a Ana sobre si después de lo de esta mañana esas sensaciones raras que he notado se iban a terminar, he visto en su cara una mirada de dulzura y complicidad. No ha hecho falta que me dijera que mi pregunta ha sido muy ingenua e inocente. Su respuesta no ha sido la que esperaba, no me ha dicho que todo eso se haya terminado para siempre, que ya está todo o que a partir de ahora solamente tendré que sufrir lo de esta mañana todos los meses porque eso va con mi condición femenina. Lo que ella me ha dicho es que estoy a medio camino, que, si soy una campeona, no me debo rendir antes de llegar a la meta, aún tengo que crecer. En realidad, su respuesta ha sido otra pregunta, ha querido que le dijese si ya me sentía preparada para ir a la universidad. ¿Yo, una chica de trece años en la universidad? He tenido que ser sincera y admitir que no, que esa expectativa aún me asusta demasiado, que mis clases de este curso ya me parecen bastante difíciles y complicadas como para lo que supongo serán los estudios en la universidad; que si ya me vuelvo medio loca cuando resuelvo una ecuación matemática con una incógnita, prefiero no pensar en los problemas que se resolverán allí. Por lo menos serán de diez incógnitas y se resolverán con fórmulas mucho más complicadas.

Me ha dicho que este periodo de mi vida es como una serie de cinco capítulos en la que yo soy la protagonista. Como a mí tampoco me gusta que me cuenten el final de las películas antes de entrar en el cine, con esto de que vaya a ser una mujer sucede más o menos lo mismo. Lo de esta mañana ha sido algo así como un encuentro en la tercera fase. Por lo menos es un alivio pensar que estoy en esa tercera fase, porque, si después de todo lo que he sentido estos años, me hubiera dicho que aún estoy en la primera, me habría asustado de verdad. Mi cuerpo ya se empieza a parecer a un árbol de Navidad y estoy segura de que por las noches no entra nadie en mi habitación mientras duermo. Si así fuera, tendría a quien culparle por todo lo que me pasa y cerraría la puerta y la ventana con cuatro candados para que no me lo hiciera más. Mi suerte es que ahora tengo una habitación para mí sola y por mucho que me resista mi cuerpo cambia. A los chicos todo esto no les sucede, al menos no creo que les resulte una pesadilla como a mí, que cada mañana, cuando me levanto, me miro en busca de algo distinto y raro es el día en que no descubro algo, aunque sea una sensación distinta e incluso que me afecta el cambio del tiempo, que los días que llueve estoy más triste y los días de sol me siento acalorada.
Lo del reparto de las habitaciones me pareció bastante extraño y a la vez curioso, porque hasta el mes pasado Jodie, Brittany y yo compartíamos la misma habitación, la de las chicas de 5th, 6th y 7th Grade y se suponía que el próximo curso nos tocaría un cambio de habitación, seríamos las que ocuparíamos la habitación de las chicas de 8th Grade, como se ha hecho todos los años, para que todo mundo sepa en qué curso se encuentra y sea más cómodo que nos amoldemos a los horarios. Sin embargo, desde hace algún tiempo el St. Clare’s Home se queda con camas y habitaciones vacías, se marchan más chicas mayores de las que vienen nuevas y ya hace tiempo que no entra ninguna menor de diez años, lo que da una mayor estabilidad a quienes nos quedamos, aunque las adopciones continúen porque a nadie se le niega esa posibilidad, salvo que mi caso se considera una excepción porque mientras Daddy no venga a por mí, yo no me voy con nadie a ninguna parte.

Hace varias semanas, cuando Ana y Monica se empezaron a dar cuenta de que una tras otras las tres dejábamos de ser unas niñas, nos pidieron que fuésemos al despacho, sin que en principio nos dieran una razón y por nuestra parte temimos que se tratase de algún asunto serio, de algo referente a nuestro comportamiento porque estábamos un tanto nerviosas y nos contagiábamos entre nosotras. Como nos dijeron, la situación se había vuelto insoportable y había que tomar alguna media al respecto, una de las tres tendría que dejar la habitación. Si no nos poníamos de acuerdo entre nosotras, decidirían ellas. Jodie y Brittany se pusieron de acuerdo y tampoco les costó demasiado convencerme. Lo cierto es que Ana también había pensado que a mí también me vendría bien tener una habitación propia, aunque con este cambio me sienta un tanto rechazada o desplazada de mis compañeras, pero la verdad es que tampoco paso tanto tiempo con ellas. Voy con ellas porque estamos juntas, pero, en cuanto puedo, me voy por mi cuenta.

Esa misma tarde, en cierto modo obligada por las circunstancias y en parte asustada por el cambio de habitación y todo lo que ello implicaba, recogí mis cosas y me mudé a esta habitación, una que llevaba vacía desde hacía un par de años porque no se ha dado el caso de que ninguna chica la necesitase, fue una de las primeras que quedó libre cuanto disminuyó el número de internas o sobraron camas. Esta habitación se encuentra en el último piso, al final del pasillo, es la más alejada de todo. No es que a mí me guste estar aquí, pero tengo mi habitación y durante el día estoy bastante tranquila. Como no lo comparto con nadie, tampoco surgen problemas de convivencia, aunque en mi caso tal vez lo más difícil haya sido el sufrimiento cuando mis anteriores compañeras de habitación se iban con sus familias de acogida y adopción, mientras que yo permanecía en el St. Clare’s. Ahora estoy sola.

Como hace un poco de calor Ana me ha dado permiso para que me vista como quiera, confiada en que me tomase ese voto de libertad con la debida moderación. Entiende que éste es uno de esos días en que he de reconciliarme con mi cuerpo y conmigo misma. De manera que, aunque no sea un secreto, pero tampoco algo que me agrade que la gente sepa, porque sería como si le hubiera dado la razón a todo el mundo cuando han criticado mis gustos a la hora de vestir, esta tarde llevo puesto un vestido, lo que me da un aspecto bastante femenino y que hace unos cuantos años hubiera rechazado, porque hubiera supuesto una derrota personal ante los demás.

De hecho, este vestido de tirantes es mucho más destapado que el que me puse para la comunión que me tapaba hasta el cuello. Este vestido me deja los brazos y media espalda al descubierto, aparte que por delante tiene un escote de pico, por lo que, en realidad, deberían ser Ana o Monica quienes me aconsejasen que no me lo pusiera. Sin embargo, fue un regalo de Ana, otra ocurrencia de las suyas, para que supere mis obsesiones infantiles, sin que yo me deje convencer con mucha facilidad, por lo cual será difícil que alguien me vea con este vestido fuera de la habitación. Prefiero una camiseta con el cuello más cerrado, sin que el escote se quede a medio palmo del ombligo, prefiero que la ropa tape más que enseñe. 

Durante muchos años se me ha recriminado que me desinhibía demasiado cuando jugaba con los chicos y ahora que he tomado conciencia de ello y me reprimo, lo que algunos me aconsejan es justo lo contrario. 

En cualquier caso, supongo que la conclusión es que aún no sé cómo vestirme, no he encontrado mi propio estilo, de manera que con una cierta moderación supongo que Ana espera que me aclare. De momento los límites los fijan las normas del St. Clare’s y me temo que éste vestido sería de los considerados no aptos, aparte de que debido a la contención presupuestaria no hay dinero para caprichos, aunque se trate de un regalo. Se supone que hemos de ser ejemplo e imagen de la educación recibida, lo que no cuadra con este vestido. Ana era consciente de ello cuando me lo regaló, pero me dijo que no me preocupase, que se fiaba que sabría comportarme. De todas maneras, tan solo soy una chica de trece años con una vida social limitada, por lo cual serán pocas o ninguna las ocasiones en que tengo para salir a la calle o que me vean con este vestido en público.

La verdad es que no sé si decir que el vestido me gusta o que no volveré a ponerme ninguno más en lo que me resta de vida, ya que, si he dejado de ir al parque, mis juegos con los chicos, en cierto modo es porque me he sentido incómoda con sus miradas, incluso cuando no he cedido a sus intentos porque me despojase de la camiseta. ¡Cómo me vean así pensarán que se han salido con la suya! Reconozco que sin la camiseta voy bastante más ligera de ropa y que con este vestido tampoco hay mucho que ver, pero de un modo u otro queda patente que soy una chica, lo que por una parte me encanta porque es lo que soy. Supongo que esta situación me resulta un tanto contradictoria, ya que no me planteo salir a la calle tapada hasta la cabeza ni en bikini como si estuviera en la playa. Entiendo que ha de haber un equilibrio que todavía no he encontrado, por lo que mi criterio está entre las normas del St. Clare’s en cuanto a vestuario y mis gustos, lo que no incluye este vestido, ya que me siento demasiado indefensa ante las miradas y no me gusta que me consideren el centro de atención. Quizá dentro de unos años, cuando sea un poco más mayor y esté más concienciada con esto de que ya no seré una niña.

Lo más relevante de estas últimas semanas, aparte del cambio de habitación, del hecho de que ya no sea tan niña o que se hayan terminado todas las clases sin que me haya quedado ninguna asignatura suspensa, porque en Spanish con una -D basta, ha estado en que los chicos de clase, con la complicidad de las chicas, han tenido que completar lo que alguno ha denominado “la lista de besos” sin que los profesores se enterasen de ello, porque, según me explicaron, es una costumbre entre los alumnos de 7 y 8 Grade, aunque a mí no me haya hecho demasiada gracia. La cuestión es que ha habido quien se lo ha tomado en serio, como una especie de competición y ha pretendido ser el chico o la chica que se besara con más gente del sexo opuesto, pero besos de verdad. El caso es que cada beso debía apuntarse en una lista y darle una puntuación, como si se tratase de un examen, para al final determinar quién daba más besos y quién besaba mejor. En mi caso ni lo uno ni lo otro. Jodie y Brittany tampoco han completado su lista de besos, se negaron a besarse con algunos chicos y otros les rechazaron porque tampoco les interesaba demasiado el juego.

Jodie y Brittany han llegado a acudir a las fiestas de los chicos del barrio a la que nos invitaban a las tres y para lo que en principio contábamos con el permiso de Monica y Ana, confiadas en que sabríamos comportarnos y que es bueno que nos relacionemos con los chicos y las chicas del barrio, que llevemos una vida normal sin que nos condicione en exceso el hecho de ser chicas del St. Clare’s. Después de alguna de esas fiestas, me han contado que entre las actividades que se habían organizado, estaba eso de encerrarse con algún chico en el armario. La prueba consistía en comprobar cuánto tiempo aguantaban allí encerrados, ya que se suponía que dentro del armario podía pasar de todo, aunque lo normal es que no pase nada relevante, porque las chicas no somos tan tontas y lo que se comenta al respecto de ese juego en la mayoría de los casos no son más que habladurías, historias inventadas por aquellos que necesitan presumir y no quieren que la gente les tome por cobardes. Jodie me ha contado que a alguno de los chicos le tuvo que soltar un sopapo. Brittany se muestra mucho más reservada y no cuenta nada. Ni bueno ni malo.