MONDAY, JUNE 20, 1994

05:05 PM. My Bedroom

- 5/14 Cambio de dormitorio.
- 5/30 Memorial Day. No classes
- 6/10- Early Release Day, MS/HS
- 3 more Early Release Days, MS, HS will be scheduled for June
- 6/22 Last scheduled day of School with five snow days included

Monday, June 20, 1994

Ahora entiendo por qué Ana no se esperó a principios de mes ni hasta final de curso para que tuviera mi propia habitación. Esta mañana cuando he salido del cuarto de baño, me esperaba en el pasillo, junto a la puerta. No ha hecho falta que le dijera nada, ya intuía lo que me pasaba porque parece que las tres nos hemos puesto de acuerdo y no he sido la primera ni creo que sea la última que pase por esto. Pero confiaba en que este día llegaría después del verano o tal vez nunca, porque a mí no me gusta eso que nos sucede a las chicas y que los chicos no sufren. La verdad es que desde hace varios días he notado que Ana me observaba con más atención como si creyera que se lo ocultaba o que intuyera que este momento llegaría antes o después, aunque no haya comentado nada con ella. Lo cierto es que no le he dicho nada a nadie porque me causa una cierta vergüenza. He leído sobre ello, porque, según Ana, mi cabeza y mi cuerpo no funcionan al mismo ritmo y llevo un retraso provocado por esos años en los que no me he aceptado como soy y durante los cuales tampoco he recibido toda la atención que necesitaba por parte del personal del St. Clare’s. Desde que Ana llegó al Home una de mis tareas es que aprenda a ser una chica y no basta con que deje de jugar con los chicos del parque, porque éstos ya se han dado cuenta que no soy como ellos. Creo que después de lo que me ha pasado esta mañana, yo también he dado cuenta.

¿Seré capaz de administrar mi tiempo sin que nadie lo sepa? Llevo unos años que me siento rara por todo, que cuando no es lo uno es lo otro, que cuando no es esto es aquello. Si hubiera apuntado todos los cambios que he notado en mi cuerpo a lo largo de los últimos tres años, más o menos, creo que quien lo leyera pensaría que soy una investigadora de la NASA, me dedico al estudio de los extraterrestres y descubierto un animal aún desconocido para la Ciencia. ¡Cuántos cambios! Antes únicamente me preocupaba porque sabía que mi cuerpo no era como el de los chicos, que siempre que voy al cuarto de baño me bajo los pantalones mientras que ellos lo hacen según sus necesidades. Sin embargo, un día me di cuenta de que mi cuerpo cambiaba. En realidad, me fijé en mis compañeras de clase y del St. Clare’s y que a alguna el pecho empezaba a notárseles bajo la ropa y aquella noche, mientras me ponía el pijama me fijé en mi cuerpo y no descubrí nada raro ni distinto a otros días. Si aquella noche hubiera sospechado todo lo que me iba a pasar, creo que le hubiera pedido a Ana me dejara que no saliera de mi habitación hasta que todo haya terminado; hubiera querido ser como una mariposa y que nadie me viera hasta que yo misma sea capaz de reconocerme.

Cuando le he preguntado a Ana sobre si después de lo de esta mañana esas sensaciones raras que he notado se iban a terminar, he visto en su cara una mirada de dulzura y complicidad. No ha hecho falta que me dijera que mi pregunta ha sido muy ingenua e inocente. Su respuesta no ha sido la que esperaba, no me ha dicho que todo eso se haya terminado para siempre, que ya está todo o que a partir de ahora solamente tendré que sufrir lo de esta mañana todos los meses porque eso va con mi condición femenina. Lo que ella me ha dicho es que estoy a medio camino, que, si soy una campeona, no me debo rendir antes de llegar a la meta, aún tengo que crecer. En realidad, su respuesta ha sido otra pregunta, ha querido que le dijese si ya me sentía preparada para ir a la universidad. ¿Yo, una chica de trece años en la universidad? He tenido que ser sincera y admitir que no, que esa expectativa aún me asusta demasiado, que mis clases de este curso ya me parecen bastante difíciles y complicadas como para lo que supongo serán los estudios en la universidad; que si ya me vuelvo medio loca cuando resuelvo una ecuación matemática con una incógnita, prefiero no pensar en los problemas que se resolverán allí. Por lo menos serán de diez incógnitas y se resolverán con fórmulas mucho más complicadas.

Me ha dicho que este periodo de mi vida es como una serie de cinco capítulos en la que yo soy la protagonista. Como a mí tampoco me gusta que me cuenten el final de las películas antes de entrar en el cine, con esto de que vaya a ser una mujer sucede más o menos lo mismo. Lo de esta mañana ha sido algo así como un encuentro en la tercera fase. Por lo menos es un alivio pensar que estoy en esa tercera fase, porque, si después de todo lo que he sentido estos años, me hubiera dicho que aún estoy en la primera, me habría asustado de verdad. Mi cuerpo ya se empieza a parecer a un árbol de Navidad y estoy segura de que por las noches no entra nadie en mi habitación mientras duermo. Si así fuera, tendría a quien culparle por todo lo que me pasa y cerraría la puerta y la ventana con cuatro candados para que no me lo hiciera más. Mi suerte es que ahora tengo una habitación para mí sola y por mucho que me resista mi cuerpo cambia. A los chicos todo esto no les sucede, al menos no creo que les resulte una pesadilla como a mí, que cada mañana, cuando me levanto, me miro en busca de algo distinto y raro es el día en que no descubro algo, aunque sea una sensación distinta e incluso que me afecta el cambio del tiempo, que los días que llueve estoy más triste y los días de sol me siento acalorada.
Lo del reparto de las habitaciones me pareció bastante extraño y a la vez curioso, porque hasta el mes pasado Jodie, Brittany y yo compartíamos la misma habitación, la de las chicas de 5th, 6th y 7th Grade y se suponía que el próximo curso nos tocaría un cambio de habitación, seríamos las que ocuparíamos la habitación de las chicas de 8th Grade, como se ha hecho todos los años, para que todo mundo sepa en qué curso se encuentra y sea más cómodo que nos amoldemos a los horarios. Sin embargo, desde hace algún tiempo el St. Clare’s Home se queda con camas y habitaciones vacías, se marchan más chicas mayores de las que vienen nuevas y ya hace tiempo que no entra ninguna menor de diez años, lo que da una mayor estabilidad a quienes nos quedamos, aunque las adopciones continúen porque a nadie se le niega esa posibilidad, salvo que mi caso se considera una excepción porque mientras Daddy no venga a por mí, yo no me voy con nadie a ninguna parte.

Hace varias semanas, cuando Ana y Monica se empezaron a dar cuenta de que una tras otras las tres dejábamos de ser unas niñas, nos pidieron que fuésemos al despacho, sin que en principio nos dieran una razón y por nuestra parte temimos que se tratase de algún asunto serio, de algo referente a nuestro comportamiento porque estábamos un tanto nerviosas y nos contagiábamos entre nosotras. Como nos dijeron, la situación se había vuelto insoportable y había que tomar alguna media al respecto, una de las tres tendría que dejar la habitación. Si no nos poníamos de acuerdo entre nosotras, decidirían ellas. Jodie y Brittany se pusieron de acuerdo y tampoco les costó demasiado convencerme. Lo cierto es que Ana también había pensado que a mí también me vendría bien tener una habitación propia, aunque con este cambio me sienta un tanto rechazada o desplazada de mis compañeras, pero la verdad es que tampoco paso tanto tiempo con ellas. Voy con ellas porque estamos juntas, pero, en cuanto puedo, me voy por mi cuenta.

Esa misma tarde, en cierto modo obligada por las circunstancias y en parte asustada por el cambio de habitación y todo lo que ello implicaba, recogí mis cosas y me mudé a esta habitación, una que llevaba vacía desde hacía un par de años porque no se ha dado el caso de que ninguna chica la necesitase, fue una de las primeras que quedó libre cuanto disminuyó el número de internas o sobraron camas. Esta habitación se encuentra en el último piso, al final del pasillo, es la más alejada de todo. No es que a mí me guste estar aquí, pero tengo mi habitación y durante el día estoy bastante tranquila. Como no lo comparto con nadie, tampoco surgen problemas de convivencia, aunque en mi caso tal vez lo más difícil haya sido el sufrimiento cuando mis anteriores compañeras de habitación se iban con sus familias de acogida y adopción, mientras que yo permanecía en el St. Clare’s. Ahora estoy sola.

Como hace un poco de calor Ana me ha dado permiso para que me vista como quiera, confiada en que me tomase ese voto de libertad con la debida moderación. Entiende que éste es uno de esos días en que he de reconciliarme con mi cuerpo y conmigo misma. De manera que, aunque no sea un secreto, pero tampoco algo que me agrade que la gente sepa, porque sería como si le hubiera dado la razón a todo el mundo cuando han criticado mis gustos a la hora de vestir, esta tarde llevo puesto un vestido, lo que me da un aspecto bastante femenino y que hace unos cuantos años hubiera rechazado, porque hubiera supuesto una derrota personal ante los demás.

De hecho, este vestido de tirantes es mucho más destapado que el que me puse para la comunión que me tapaba hasta el cuello. Este vestido me deja los brazos y media espalda al descubierto, aparte que por delante tiene un escote de pico, por lo que, en realidad, deberían ser Ana o Monica quienes me aconsejasen que no me lo pusiera. Sin embargo, fue un regalo de Ana, otra ocurrencia de las suyas, para que supere mis obsesiones infantiles, sin que yo me deje convencer con mucha facilidad, por lo cual será difícil que alguien me vea con este vestido fuera de la habitación. Prefiero una camiseta con el cuello más cerrado, sin que el escote se quede a medio palmo del ombligo, prefiero que la ropa tape más que enseñe. 

Durante muchos años se me ha recriminado que me desinhibía demasiado cuando jugaba con los chicos y ahora que he tomado conciencia de ello y me reprimo, lo que algunos me aconsejan es justo lo contrario. 

En cualquier caso, supongo que la conclusión es que aún no sé cómo vestirme, no he encontrado mi propio estilo, de manera que con una cierta moderación supongo que Ana espera que me aclare. De momento los límites los fijan las normas del St. Clare’s y me temo que éste vestido sería de los considerados no aptos, aparte de que debido a la contención presupuestaria no hay dinero para caprichos, aunque se trate de un regalo. Se supone que hemos de ser ejemplo e imagen de la educación recibida, lo que no cuadra con este vestido. Ana era consciente de ello cuando me lo regaló, pero me dijo que no me preocupase, que se fiaba que sabría comportarme. De todas maneras, tan solo soy una chica de trece años con una vida social limitada, por lo cual serán pocas o ninguna las ocasiones en que tengo para salir a la calle o que me vean con este vestido en público.

La verdad es que no sé si decir que el vestido me gusta o que no volveré a ponerme ninguno más en lo que me resta de vida, ya que, si he dejado de ir al parque, mis juegos con los chicos, en cierto modo es porque me he sentido incómoda con sus miradas, incluso cuando no he cedido a sus intentos porque me despojase de la camiseta. ¡Cómo me vean así pensarán que se han salido con la suya! Reconozco que sin la camiseta voy bastante más ligera de ropa y que con este vestido tampoco hay mucho que ver, pero de un modo u otro queda patente que soy una chica, lo que por una parte me encanta porque es lo que soy. Supongo que esta situación me resulta un tanto contradictoria, ya que no me planteo salir a la calle tapada hasta la cabeza ni en bikini como si estuviera en la playa. Entiendo que ha de haber un equilibrio que todavía no he encontrado, por lo que mi criterio está entre las normas del St. Clare’s en cuanto a vestuario y mis gustos, lo que no incluye este vestido, ya que me siento demasiado indefensa ante las miradas y no me gusta que me consideren el centro de atención. Quizá dentro de unos años, cuando sea un poco más mayor y esté más concienciada con esto de que ya no seré una niña.

Lo más relevante de estas últimas semanas, aparte del cambio de habitación, del hecho de que ya no sea tan niña o que se hayan terminado todas las clases sin que me haya quedado ninguna asignatura suspensa, porque en Spanish con una -D basta, ha estado en que los chicos de clase, con la complicidad de las chicas, han tenido que completar lo que alguno ha denominado “la lista de besos” sin que los profesores se enterasen de ello, porque, según me explicaron, es una costumbre entre los alumnos de 7 y 8 Grade, aunque a mí no me haya hecho demasiada gracia. La cuestión es que ha habido quien se lo ha tomado en serio, como una especie de competición y ha pretendido ser el chico o la chica que se besara con más gente del sexo opuesto, pero besos de verdad. El caso es que cada beso debía apuntarse en una lista y darle una puntuación, como si se tratase de un examen, para al final determinar quién daba más besos y quién besaba mejor. En mi caso ni lo uno ni lo otro. Jodie y Brittany tampoco han completado su lista de besos, se negaron a besarse con algunos chicos y otros les rechazaron porque tampoco les interesaba demasiado el juego.

Jodie y Brittany han llegado a acudir a las fiestas de los chicos del barrio a la que nos invitaban a las tres y para lo que en principio contábamos con el permiso de Monica y Ana, confiadas en que sabríamos comportarnos y que es bueno que nos relacionemos con los chicos y las chicas del barrio, que llevemos una vida normal sin que nos condicione en exceso el hecho de ser chicas del St. Clare’s. Después de alguna de esas fiestas, me han contado que entre las actividades que se habían organizado, estaba eso de encerrarse con algún chico en el armario. La prueba consistía en comprobar cuánto tiempo aguantaban allí encerrados, ya que se suponía que dentro del armario podía pasar de todo, aunque lo normal es que no pase nada relevante, porque las chicas no somos tan tontas y lo que se comenta al respecto de ese juego en la mayoría de los casos no son más que habladurías, historias inventadas por aquellos que necesitan presumir y no quieren que la gente les tome por cobardes. Jodie me ha contado que a alguno de los chicos le tuvo que soltar un sopapo. Brittany se muestra mucho más reservada y no cuenta nada. Ni bueno ni malo.

08:05 PM. My Bedroom

Ana: Una chica de trece años como tú no se puede pasar encerrada todo el verano en el St. Clare’s ni aislada del mundo. – Me recrimina. – Creo que este verano deberías ir al campamento junto con tus compañeras.

Jess: Me quedo aquí porque quizá este año tenga suerte y Daddy venga a por mí. – Alego como siempre. – Estoy segura de que algún día será cierto.

Ana: Sabes que no insistiré ni te obligaré a que vayas porque me conozco tus rabietas, pero quiero que sepas que no estoy de acuerdo contigo y no creo que pase nada porque te vayas de campamento. – Me contesta. – El Home no cierra durante estas semanas. Si tu padre apareciera por aquí, le diremos dónde estás y seguro que irá a por ti.

Jess: ¡Seguro que se lo piensa y vendrá! – Replico convencida. – Alguien ya le habrá dicho que existo.

Es la misma historia y conversación de todos los años. Se acerca el final de curso, todas mis compañeras están entusiasmadas con el campamento de verano, dos meses fuera del St. Clare’s y yo hago lo imposible para que permitan que me quede. Algún año han logrado que por las malas hiciera la maleta e incluso subiera al autobús que nos recogía, pero al final éste se marchaba sin mí porque no había quien me calmase, ante lo cual las tutoras han desistido de un nuevo intento y la llegada de Ana no ha hecho que cambiara de idea, ni aun cuando mis compañeras regresan encantadas y me provocan una cierta envidia. Sin embargo, prefiero esperar a Daddy aquí, alguna vez tendré suerte y me vendrá a buscar. Además, tampoco hay ningún problema en que me quede ya que de todas maneras el St. Clare’s no cierra y Ana sabe que no causo ningún problema. Incluso creo que durante el verano tiene menos quejas con mi comportamiento. Lo más que me alejo sola es hasta el parque. A Carson Beach voy cuando alguien me acompaña, aunque me gustaría que me llevaran con más frecuencia.

Ana: Supongo que, como este verano estrenas habitación y te diga lo que te diga, no cambiarás de opinión con respecto al campamento, no te insistiré. – Dice para que me relaje.

Jess: Gracias. – Le contesto aliviada.

Ana: Estás en un momento complicado de tu vida y entiendo que necesitas que te dejen tranquila. – Se justifica. – Pero no te confíes mucho a tu suerte porque no siempre seré igual de considerada.

Jess: ¿Esto qué me pasa es bueno? – Le pregunto algo contrariada. – Quizá por esto Daddy aún no ha venido a por mí. – Le digo con temor. – ¿Qué saben los chicos de cosas de éstas?

Ana: Tranquilízate porque seguro que tu Daddy no pensará en que eso sea un problema cuando venga a por ti. – Me contesta. – Ya sé lo mucho que te agobia el hecho de que cada día te sientas un poco más mujer, pero lo que te pasa es normal.

Jess: Pero ¿esto a los chicos no les ocurre? – Pregunto con ciertas dudas.

Ana: Alguien te diría que, por suerte para ellos, no. – Me responde. – Sin embargo, no tiene nada de malo que las chicas pasemos por esto, nos hace más especiales que a ellos.

Jess: Preferiría no ser tan especial. – Le digo convencida. – Me conformo con ser alguien normal. – Le aseguro.

Ana: Eso lo dices ahora porque estás confundida y entiendo que sea toda una novedad, pero ya verás cómo con el tiempo lo asumes y no le das más importancia de la que tiene. – Me dice. – Es nuestro reloj biológico.

Jess: ¡El mío mejor que se hubiera retrasado unos años! – Le respondo. – Lo mejor sería despertarse una mañana y descubrir que ya todo ha cambiado.

Ana: Sabes que estás en una etapa de cambio y es normal que tengas la sensibilidad muy acentuada, pero te aseguro que te ha llegado cuando debía. – Me contesta. – No pienses que es tan malo como quizá te hayan dicho, porque no es así. – Dice para que me tranquilice. – Con un poco de sentido común, nada impedirá que lleves una vida normal y que tan solo tú sepas cuando te llega este momento. – Me asegura. – Esta primera vez es algo que se espera y por eso he estado más pendiente, pero te aseguro que, salvo que necesites de mi consejo, es un asunto que llevarás tú sola. Todo es cuestión de que en los próximos meses tengas un poco más de cuidado con lo que haces y lo que te pasa. Tu cabeza se acostumbrará a ello y tu cuerpo no te parecerá tan alocado.

Jess: ¿Qué más me sucederá a partir de ahora? – Le pregunto preocupada. – ¿Cuándo se terminará esto de hacerse mayor?

Ana: Has entrado en lo que se considera la adolescencia, de manera que aún te quedan algunos cambios que es mejor que descubras por ti misma, porque tampoco quiero que te obsesiones con ello. – Me responde. – Cada persona tiene su ciclo y aunque quizá ahora hayas coincidido con esto con Jodie y Brittany, lo que tampoco tiene nada de particular, en lo demás tal vez no sea así.

Jess: ¿Por eso estoy en una habitación distinta? – Le pregunto como si esperase que me respondiera de manera afirmativa y descubriera algo que hasta ahora desconozco.

Ana: La distribución de las habitaciones no tiene una relación directa con esto, aparte que la decisión última fue vuestra. – Me responde. – A lo que me refiero es que no te inquietes, si ellas se desarrollan más deprisa o despacio que tú. Cada una crecerá al ritmo que más se ajuste a su cuerpo.

Jess: Eso en realidad no me preocupa. – Le digo con cierta indiferencia.

Ana: [Me mira a los ojos como si me leyese el pensamiento] No, esto tampoco tiene relación con la asignatura de Spanish ni con el hecho de que fueras abandonada.

Jess: No he dicho nada. – Le respondo sorprendida por su comentario.

No era en eso en lo que pensaba, sino en el hecho de que tal vez esto se convierta en una especie de competición entre nosotras, en lo que no participaré porque no le veo ningún sentido. Me da lo mismo si este desajuste hormonal a ellas les llega antes que a mí la próxima vez, como me es indiferente cómo cambie la talla de su ropa interior, porque para otras prendas tampoco utilizamos la misma. La que no es más alta es más corpulenta, por lo cual casi a simple vista se distingue qué ropa es de cada una y no es fácil que nos confundamos, a pesar de que el uniforme sea el mismo y una vez vestidas para el colegio casi dé la sensación de que somos trillizas, aunque una vez que nos juntamos con el resto de las chicas del colegio, ya no es tan fácil que a primera vista se identifique a las que viven en el St. Clare’s. En realidad, a pesar de las normas referentes al vestuario, Ana ya se ha dado cuenta que cada una le da a su vestuario su toque personal, porque antes o después son ella o Monica quienes nos llaman la atención y corrigen ciertos excesos. Como ellas dicen, mejor que dejemos nuestras ocurrencias para cuando vistamos con ropa normal, ya que como tal en el St. Clare’s no se exige un uniforme y prefieren que ensuciemos la ropa que no nos tengamos que poner al día siguiente para ir a clase. El uniforme condicionaría bastante el asunto de los regalos.

Lo cierto es que debido al trueque que mantengo con la ropa de los chicos de vez en cuando, en alguna ocasión, Ana me ha advertido que en mi caso no se ha descartado del todo la exigencia del uniforme incluso en vacaciones, para que me olvide del trapicheo, pero es una amenaza que de momento no ha puesto en práctica, porque en el fondo sabe que no le robo la ropa a nadie, tan solo hago intercambio o me busco la manera de que me la den por voluntad propia, sin que haya ningún tipo de abuso por parte de nadie. La consigo siempre a cambio de algo y sin que ello implique nada indecoroso, ya sea como pago a un favor prestado, por una apuesta o porque haya un intercambio, una vez que ya no llevemos esas prendas puestas, en particular la ropa interior o aquella que nos deje más desnudos. Cuando me han hecho alguna proposición que he considerado vergonzosa mi respuesta ha sido una negativa y por descontado han conseguido que me sintiera atacada, que quizá sea justo lo que Ana pretende que evite, porque a los chicos a veces se les escapa la imaginación y donde yo veo toda la inocencia, ellos no encuentran más que mi ingenuidad, la ocasión para que me dejen en evidencia delante de todo el mundo.

Ana: ¿Me aceptas una proposición para este verano? – Me pregunta con la esperanza de que acepte. – Si te quedas, tampoco quiero que te aburras ni pierdas el tiempo.

Jess: Siempre me ponéis alguna tarea. – Le contesto con el pretendido anhelo de que este año me libraré de ello.

Ana: Como sabes nuestro HTC cierra por vacaciones, las que se marchan para siempre recuperan todo el dinero ahorrado y a las demás se os guarda hasta septiembre.

Jess: No voy a ninguna parte, de manera que cuando necesite algo, os lo pediré a Monica o a ti. – Le respondo.

Ana: Mi propuesta es que este año seas un poco más responsable y aproveches el tiempo. – Me dice. – Como ya sé que te quejarás, porque no tendrás a nadie que haga esas pequeñas tareas por ti, espero que te lo plantees con más ánimo, si recibes algo a cambio.

Jess: Se supone que esas tareas son para que compense el que me quede aquí todo el verano. – Justifico porque sospecho que su sugerencia tiene truco y no es tan beneficioso como lo plantea.

Ana: Además de esos recados o que te ocupes de que tu habitación esté limpia, me gustaría que leyeras, pero no que te encierres en tu habitación, sino donde yo te escuche. – Me dice y suena a que no admite una negativa.

Jess: Ya le dedico tiempo a la lectura todos los veranos. – Alego porque me temo que no se refiere a lo de siempre,

Ana: Este verano quiero que leas libros en español. – Me aclara. – No te pediré que lo entiendas, si no quieres hacer el esfuerzo, tan solo que leas en voz alta y cuides la pronunciación

Jess: ¿Dónde está el premio? – Pregunto porque me parece que su argumento no es muy coherente y lo que me propone es más un castigo.

Ana: Como sé que te encanta ir a Carson Beach y todos los años te quejas de que no te llevo lo bastante porque siempre estoy ocupada, mi propuesta es la siguiente, cuando te sientas con ánimos para la lectura en español, controla el tiempo con un reloj. El tiempo que acumules, será el que pasemos cada vez que vayamos a la playa.

Jess: No entiendo. – Le digo contrariada.

Ana: Te explico. Lo de la lectura será como una inversión, dependerá del tiempo que le dediques lo que después nos quedemos en Carson Beach. – Me responde. – Si tienes tiempo acumulado, te prometo que te llevaré, salvo que tenga algún asunto importante que no se pueda dejar para otro momento.

Jess: ¿Si no hay lectura, no iremos a la playa? – Le pregunto con cierta impotencia y entendiendo que es casi un chantaje.

Ana: Iremos, pero seré yo quien decida cuánto tiempo nos quedamos. – Me aclara. – Sin embargo, si le has dedicado tiempo a la lectura, se daría el caso de que nos pasemos allí un día entero, desde primera hora de la mañana hasta media tarde.

No comprendo del todo su proposición, pero me parece que se trata de un pequeño chantaje, que lo único que pretende con ello es que supere mis recelos hacia todo lo referente al español y que el próximo curso no tenga tanto reparo a la asistencia a clase con toda normalidad, pero me parece que el truco no le funcionará. De todas maneras, supongo que no tengo escapatoria, al menos en lo referente a la lectura, porque Ana sabe que para mí es importante eso de que vayamos a Carson Beach de vez en cuando. Es lo único que consigue que estas semanas sean un poco diferentes al resto del año, a parte que es lo más cerca que estoy de Daddy sin que viajemos hasta España. Basta con que piense que al otro lado el océano se encuentra España y en algún lugar de ese país es dónde vive Daddy. Ana sabe que tampoco me quedo mucho tiempo en la playa, porque desde allí se ven llegar los aviones al aeropuerto y nunca descarto que en alguno viaje Daddy y desde allí vaya al St. Clare’s y se encuentre con la puerta cerrada. También es verdad que cuando me olvido de Daddy, disfruto de la estancia en la playa como uno de los mejores momentos de mi vida, como si de verdad estuviera de vacaciones, aunque más que entre las olas, me quedo sentada en la arena con la mirada perdida hacia el horizonte, como si durante todo ese tiempo Daddy estuviera allí conmigo y escuchase mis reflexiones.

Ana: Entonces ¿Aceptas mi sugerencia? – Me pregunta. – Tan solo espero que leas en voz alta. No hará falta que lo entiendas ni que después me expliques lo que has leído. Si te animas, incluso dejaré que seas tú quien escoja los textos. – Me dice. – Me da igual que sea un libro, un folleto publicitario o las noticias del periódico. La única condición es que esté escrito en español.

Jess: Si te leo algo ahora, ¿mañana vamos? – Le pregunto.

Ana: Ahora me parece un poco tarde para que te pongas a leer, y precipitado que mañana organicemos esa excursión, pero, si te lo tomas en serio, no me importa que le dediquemos un momento.

Jess: Entonces, otro día. – Le respondo resignada y en cierto modo con alivio porque no me lo impone como obligación.

Ana: Como he pensado que quizá te parecería buena idea, te he traído un pequeño texto para que practiques. – Me dice. – Intenta leerlo como puedas. Tan solo me importa la pronunciación.

Dicho esto, y antes de que a mí me dé tiempo de contestarle, saca del bolsillo de la rebeca un papel tamaño cuartilla, con lo que evidencia que venía preparada para este momento, confiada en que tal vez recibiría las lógicas reticencias por mi parte que espera superase, si el texto que me ofreciera no resultaba demasiado largo. Cuando me entrega el texto en un primer vistazo compruebo que parece escrito en español, porque no soy capaz de traducirlo, aparte que, si lo que Ana me ha dicho es en serio, tampoco pretende que lo entienda, tan solo que lea, que cuide la pronunciación, como si para mí no tuviera ningún sentido y me resultara mucho menos interesante que las listas de las normas que se supone que debo cumplir y que casi prefiero que no me obliguen porque coartan mi libertad. El único esfuerzo será que lea en voz alta para que Ana me escuche y me haga cuantas correcciones considere oportunas para que mejore la pronunciación. Ni siquiera creo que espere que cuide la entonación, pero si en el texto pone “patatas fritas”, Ana espera que de mis labios salga “patatas fritas” y no “higos chumbos” ni nada por el estilo. Cuando más tiempo le dedique en compensación más tiempo pasaremos en la playa, con opción a que sea yo quien decida cuándo regresamos.

Ana: ¿Lo intentas? – Me propone.

Jess: [Jessicaish] (Leo) De acuerdo con antiguas costumbres, en la tarde del sábado se cantaba en la iglesia de San Lucas, un salve a la Virgen de la Esperanza. Dona Ann Romero, devoto fiel de la imagen, la costa se basa en la tradición de sus antepasados, morir en la práctica por no tener más descendencia que un sobrino mucho más mundana piadoso. En realidad, don Diego Fernández, tal era el caballero, según la historia era una pinta, ¿por qué su tía le había razones más que suficientes para temer por la desaparición de la canción sabatina? Sensación de morir, la noble señora lloró y rezó a la Virgen de la recuperación de la Esperanza sobrino juerguista espiritual y su salvación, el mantenimiento de la oración tradicional.

Ana: Por el esfuerzo y el interés, como es la primera vez, aunque hayan sido dos minutos, apunta media hora en esa contabilidad para el tiempo de playa. – Me propone.

Jess: Con media hora no da tiempo ni a que lleguemos. – Me quejo porque me parece que su propuesta no tiene ninguna validez.

Ana: El tiempo empezará a descontar desde el momento en que pongas el pie en la arena y no antes. – Me aclara para que no me desanime. – Si quieres, mañana me vuelves a leer este texto o buscamos otro.

Jess: ¿Qué tal lo he hecho? – Le pregunto porque no me ha hecho ninguna valoración al respecto. – Seguro que muy mal.

Ana: No te diré cómo lo has hecho, porque no es eso lo que importa. – Me contesta. – Lo que valoro es que por lo menos lo hayas intentado y te des cuenta de que no pasa nada porque demuestres interés por aprender el idioma de tu padre.

Jess: Aunque aprenda a leer, no pienso aparecer por clase de Spanish. – Le aviso y sabe que lo hago en serio.

Ana: Como quieras. – Me responde. – Debería obligarte a que fueras y más teniendo en cuenta que el próximo curso es el último en el colegio, pero yo empezaré a hablarte en español y espero que conmigo hagas el esfuerzo, por pequeño que sea.

Jess: No te entenderé, pero bueno. – Le digo resignada porque sé que no la convenceré de lo contrario.

Después de estos cinco años, ya tengo asumido que con Ana no se discute, con ella se dialoga y de un modo u otro al final me convence por mucho que me resista. Lo bueno es que es tan sutil para imponer su criterio como cuando le pedimos apoyo, de manera que, aunque en estos momentos no me haga ni pizca de gracia que se tome la cuestión del español tan en serio, e incluso aunque consienta que me salte las clases de Spanish otro curso más, si se empeña en que aprenda el idioma no me queda otro remedio que la resignación. Ella no impone, tan solo propone, si ve que no le hago caso, se mostrará algo más firme. Pero, si me muestro colaboradora hasta cierto punto, es posible que sea más considerada conmigo y no me presione. Tal vez me hable en español, sin embargo, no me exigirá que yo le conteste, ni tan siquiera que traduzca de manera muy exacta sus palabras, con que la entienda se conformará, porque yo tampoco me esforzaré. Esto es lo que me dice siempre, que pondrá todos los medios para que me entienda con Daddy el día que éste venga a por mí, por mucho que yo me empeñe en que todo se aplace hasta que haya alguna certeza de que eso sucederá alguna vez.

Ana: Como las clases ya han terminado y tienes el dormitorio para ti sola, no te pediré que te acuestes, si no te apetece, pero, si te quedas aquí y procura no hacer ruido porque las demás y se habrán acostado o estarán a punto. – Me dice.

Jess: No tardaré mucho. – Le prometo. – Escribiré un poco más, ahora que no molesto a nadie y me acostaré. – Aseguro.

09:05 PM. My Bedroom

Spanish 
Según costumbre centenaria, los sábados por la tarde se cantaba en La Iglesia de San Lucas, una salve a la Virgen de La Esperanza. 
Doña Ana Romero fiel devota de la imagen, costeaba esta función siguiendo la tradición de sus antepasados, práctica en trance de desaparición por no contar con más descendencia que la de un sobrino mucho más mundano que piadoso. En realidad, don Diego Hernández, que así se llamaba el caballero, según se desprende del relato, era toda una pinta, razón por la que su tía tenía fundamentos más que suficientes como para temer por la desaparición del cántico sabatino.
 Sintiéndose morir, la noble dama lloró y suplicó a la Virgen de La Esperanza la recuperación espiritual del sobrino juerguista y con su salvación, el mantenimiento del tradicional rezo.
Monday, June 20, 1994

Ana me ha dicho que no intente traducir el texto, que no es necesario, que basta con que lo lea en voz alta y cuide la pronunciación, pero me pica la curiosidad por saber de qué se trata, de manera que aprovecharé que me ha dejado el texto y me he quedado sola. Supongo que, si sé de qué va la historia, me será algo más fácil la lectura y pronunciación. Lo malo es que, como Ana me descubra, me dejará sin excusas para que falte a clase el próximo curso, ya que hasta ahora ese aprobado en la asignatura de Spanish es para que no lleve un suspenso como una casa, de lo cual hasta cierto punto me siento orgullosa, no porque me alegre eso de que me permitan que no vaya a clase, sino porque todo el mundo entiende que no quiero aprender hasta que Daddy venga a por mí. Soy la mayor ignorante por convicción sobre todo lo referente a España, su cultura y su idioma. En el fondo me temo que Ana sospecha que me engaño a mí misma y cualquier día me demostrará que sé más de lo que quisiera, aunque mucho menos de lo que se me exigiría a mi edad y con la educación recibida. En todo caso, quizá con esto de la lectura es justo lo que pretenda, que me gane el aprobado por méritos propios y no tanto por la consideración que los profesores tengan conmigo y que Ana no considere que me haga ningún bien.

 “According to centuries-old custom, a salve to the Virgin of Hope was sung at St. Luke's Church on Saturday afternoon.”

El primer dato relevante del texto es la mención a la iglesia de Saint Luke, lo cual me resulta un tanto llamativo porque no encuentro que haya una relación entre España y una iglesia que se encuentra en 132 Lexington Street Belmont, si no me equivoco. A parte que eso de la costumbre centenaria me resulta un tanto incoherente porque me parece que no han pasado aún dos siglos desde que la inauguraron. Lo que no tengo claro es a qué Virgen está dedicada, pero eso de “La Esperanza” no me parece que sea muy propio de este condado. Por otro lado, como desconozco los horarios que hay en esa iglesia, es muy posible que los sábados por la tarde haya costumbre de que se rece algo. En la iglesia de St. Francis suele haber alguna oración antes de misa. Tal vez se refiera a algo así.

Por lo que entiendo, el texto habla de una mujer mayor, una tal Ann Rosemary de esas que rezan mucho y acuden a la iglesia todos los días, justo lo que se pretende que hagamos quienes acudimos al colegio y de lo cual alguna que otra mañana consigo escaparme, antes más que ahora porque Ana me tiene más controlada. Aparte que, si lo entiendo bien, la mujer no tenía hijos. Por lo cual es posible que Ana haya oído hablar de ella porque fuera una de las donantes del St. Clare’s, que a falta de nietos propios nos considere a las chicas del St. Clare’s como tales, aparte que sí era una mujer tan buena como parece se le tendría mucho aprecio y por eso Ana espera que la tenga como ejemplo. Sin embargo, yo no he oído hablar de ella hasta ahora y me sorprende que su bondad le haya hecho tan famosa que la conozcan incluso en España, porque no me parece que este texto sea una traducción.

Mi alivio es que no se menciona Daddy, pero, por la traducción que he hecho del texto, el hombre al que se alude no parecía que tuviera nada de bueno en comparación con la señora, pero seguro que eso es porque las abuelas se pasan mucho tiempo en la iglesia y los jóvenes buscan más otro tipo de entretenimientos más modernos. Seguro que Ana pretende que me sienta identificada con este hombre porque siempre me recrimina que rezo poco y por compromiso, aunque no sea ese el buen ejemplo ni la buena imagen que debería dar de mí ante los demás. Sin embargo, me parece que no tiene nada de particular que mis escapadas del St. Clare’s no sean porque acuda a la iglesia, sino al parque, a jugar con los chicos, a quienes nunca he visto demasiado entusiasmados por las oraciones de la parroquia.
 El final del texto no me sorprende porque siempre nos piden que recemos por aquellos que no rezan, para que cambien su actitud y se enmienden. Sin embargo, a mí me da la sensación de que esto es como un chantaje, dado que en el colegio se reza todas las mañanas porque así lo han decidido los profesores. La única manera de evitarlo es que se llegue tarde o nos escondamos en la biblioteca donde nos obligan a estudiar. Entre lo uno y lo otro, casi parece más entretenido el rato de oración porque nos olvidamos de los libros y estamos todos mezclados. Se arma un poco de jaleo y no pasa nada. En la biblioteca hay que estar en silencio todo el tiempo. Yo prefiero quedarme en el patio y que me dejen tranquila.