Wednesday, August 30, 1995

10:40 AM. Winthrop Street

No hace falta que sea muy avispada para salir del recinto del Medford High y reconocer la furgoneta del St. Clare’s Home estacionada a pocos metros de la entrada, en la misma calle, a la vista de todo el mundo. Lo que evidencia que Ana ha venido a recogerme, sin tener en cuenta que éste es un detalle de mi vida que hubiera preferido se mantuviera un poco más en secreto. No me avergüenzo de vivir en el St. Clare’s, pero, dado lo particular de mi situación, tengo la sensación de que no será un detalle que los demás entiendan de manera muy favorable, ni quienes saben de su existencia, porque yo ya soy mayor seguir allí, ni quienes lo ignoran, pero sacan conclusiones equivocadas. El hecho de no vivir con una familia normal no siempre se entiende ni interpreta como algo positivo. Con mi edad habrá quien piense que el problema no lo tuvieron mis padres, sino yo, que me he convertido en una chica problemática. Que el St. Clare’s es como un centro de rehabilitación y no una casa de acogida. De manera que en vez de ofrecerme un hogar donde vivir, es como si viviera en una jaula, donde se me controlaran todas las entradas y salidas. Para el concepto y la primera impresión que la gente se ha llevado de mí no es algo que me ayude demasiado.

Ana: [Me abre la puerta del copiloto] Hola, sube. – Me pide. – Pasaba por aquí y me ha parecido bien recogerte. – Se justifica. – ¿Qué tal el primer día? ¿Ya has hecho nuevas amigas? – Me pregunta para que le dé conversación.

Jess: [Subo a la furgoneta] Tan solo ha sido la presentación. – Le respondo animada. – De todos modos, me he sentido un poco fuera de lugar. – Le confieso. – De momento, he visto al profesor de Spanish. Me parece que es un hombre.

Ana: ¡Al menos has pasado la primera prueba! – Constata con alegría. – Si te digo la verdad, tenía mis dudas. Pero me alegra ver que, cuando quieres, sabes lo que tienes que hacer.

Jess: ¡Es que es esto o irme a Matignon High! – Replico resignada y con bastante desánimo.

Ana: ¿No has conocido a ninguna chica con la que congenies? – Me pregunta extrañada. – Convendría que fuera de tu clase porque así estudiaríais juntas y compartiríais apuntes. Pero tampoco es indispensable. – Recalca. – Quizá bastaría con que fuera alguna con quien coincidieras en el bus.

Jess: No, nadie. – Le contesto y constato. – ¡Todo el mundo tiene ya su grupo formado y no encajo en ninguno! – Alego.

Ana: Ten confianza y dales un poco de tiempo. Hoy tan solo ha sido la primera toma de contacto. Ya verás cómo surge la ocasión para que te conozcan y sean un poco más amigables contigo. – Me indica con optimismo.

Jess: Tan solo hay una chica que hoy no ha venido. Julia Stephanie MacWindsor. – Le digo para que no me vea desanimada del todo. – Tendrá que sentarse en el pupitre de al lado.

Ana: ¡Mira qué bien! – Exclama. – No desaproveches la ocasión e intenta relacionarte con ella. – Me aconseja.

Jess: Pero, no en clase ¿Verdad? – Le indico en un intento por demostrarme optimista.

Ana: Sí, intenta hablar con ella y darle ocasión a que te conozca. Pero cuando el profesor esté en clase mejor que os comportéis. – Me responde con gesto serio. – Confiemos en que sea una buena chica, responsable, estudiosa y con la que te entiendas.

Jess: ¡Será como todas! – Replico porque me temo lo peor. – Al final, se hará amiga de alguna otra chica de la clase y no tendremos nada en común.

Ana: Sé un poco más positiva y pon algo más de tu parte. No te cierres en banda antes de conocerla. – Me recrimina. – Aprovecha la ventaja de que es una chica y se sentará en el pupitre de al lado.

Jess: Bueno, no sé. Lo intentaré. – Le prometo sin mucha confianza.

Ana: ¡Ya verás cómo es la chica más simpática de Medford y os hacéis amigas en cuanto crucéis dos palabras!

Jess: ¡Cómo sean en español, me temo que no! – Le respondo con intención

Me da la impresión de que de las palabras de Ana mi primer objetivo para el comienzo de clase, aparte de que haga lo imposible porque me guste la asignatura de Spanish, es que me integre en el grupo. Sobre todo que haga nuevas amistades. Que esa tal ‘Julia Stephanie MacWindsor’ y yo seamos las mejores amigas del mundo. Porque hasta ahora las amigas que he tenido no me han durado demasiado. Eran chicas del St. Clare’s que tuvieron la suerte de que las adoptaron y de las que no he vuelto a saber nada porque también dejaron el colegio. Ahora tengo la oportunidad de conocer a alguien ajeno a mi ambiente, que es algo así como echar por tierra lo que hasta ahora se consideran mis límites y barreras mentales. Como poner pie y medio fuera del St. Clare’s sin necesidad de que me echen. Porque entiendo que eso de tener una amiga, hacer amistad con una chica, implicará que alguna tarde vaya a visitarla a su casa; proponerle que sea ella quien se pase por allí. Sobre todo, tener a alguien con quien dar paseo por el barrio y que éstos no se limiten a bajar hasta el parque y, hasta cierto punto, lamentarme con añoranza por mi infancia y la época en que me divertía con el juego de los chicos, porque me consideraban una más dentro del grupo. A partir de ahora esa nueva amiga y yo seremos de las que se acerquen hasta la alambrada que rodea el parque a ver cómo se divierten los chicos.

Supongo que me hace ilusión eso de tener una amiga de verdad, alguien de fuera. Porque, hasta cierto punto, desde siempre he envidiado la buena relación que mantenían Jodie y Brittany, aunque yo me sintiera la tercera en discordia y la marginada. Lo cierto es que no he llegado a ese grado de entendimiento con nadie. Tan solo me queda un buen recuerdo de Lydia. Quien, en cierto modo, se convertía en cómplice de mis fugas, al igual que ella compartía conmigo sus juguetes. A ella la adoptaron y yo me quedé. No sé dónde se la llevaron, pero entiendo que lejos porque no he vuelto a saber de ella. No ha sido de las chicas que alguna que otra vez se acercan a hacer una visita y que sepamos que están bien. Tal vez, si entonces no hubiera sido tan reacia a las adopciones, ahora mi situación sería similar a la suya. Pero sigo a la espera de que Daddy venga a por mí. Como Ana me ha explicado en más de una ocasión, sean o no verdad los datos que tenemos sobre él, mientras no se demuestre lo contrario, cualquier asunto referente a mí ha de contar con su conocimiento y aprobación. Como no sabemos nada de él, ni tan siquiera deberían amenazarme con mandarme a Matignon High. Me iré cuando sea mayor de edad y tenga capacidad para decidir por mí misma.

Ana: ¿Te apetece que nos acerquemos por Carson Beach? – Me propone animada. – Ya sé que no llevas el traje de baño ni estás preparada, pero te puedes mojar los pies.

Jess: Como quieras. – Le respondo un tanto contrariada por su ocurrencia.

Ana: ¡Me parece que te lo mereces después de cómo te has comportado! – Argumenta. – Además, como iremos en la furgoneta, no dependeremos del autobús y no tendremos que estar pendientes de la hora. – Añade con intención de que me entusiasme con la idea.

11:30 AM. Carson Beach

 Es miércoles, un día entre semana. No me he traído el traje de baño y hemos llegado más tarde que otros días, aparte de que hemos venido en la furgoneta, pero estamos en Carson Beach, en la playa. Es un viaje imprevisto, inesperado, tanto o más que el viaje de finales de curso, aunque en esta ocasión tan solo nos quedaremos unas pocas horas y esto no cuenta para la deuda de horas de playa a cambio de horas de lectura. Tal y como Ana me ha dicho y recalcado, se trata de un premio, de una gratificación por el hecho de que he sido una chica responsable y acudido al Orientation Program sin que nadie me tuviera que llevar a rastras. Aunque yo me empeñe en reiterar que he ido bajo coacción, amenaza de que cualquier resistencia por mi parte hubiera acabado con mi hermoso trasero asentado en alguno de los pupitres del Matignon High y mis pocas pertenencias dentro de alguno de los armarios de su residencia. Donde lo más probable es que tuviera que compartir dormitorio. Pero, sobre todo, empezar a olvidarme de que Daddy fuera a rescatarme, porque me habrá perdido la pista o le supondrá una complicación más el que me localice. Para mí lo más fácil ha sido cumplir con mi obligación, aunque no haya sido de mi agrado. Así, al menos, aún cabe la posibilidad de que Ana cumpla sus promesas, le encuentre y consiga que venga a por mí en cuento le sea posible.

Ana: Descálzate, despójate de la chaqueta y disfruta de la arena. – Me propone. – No hay prisa. Nos quedaremos por aquí hasta que anochezca. – Me asegura. – Monica se hará cargo de todo.

Jess: La pena es que no hayamos pasado a recoger el bañador. – Le comento.

Ana: En ocasiones hay que ser así de impulsivas. – Argumenta. – Esto es para que te animes y empieces el curso con buen pie. – Justifica. – No quiero que pienses que pretendo hacerte vivir una pesadilla. – Me indica. – Tan solo es un cambio en tus circunstancias. Como sé lo mucho que te gusta venir aquí, espero que ello ayude a que te relajes.

Jess: Supongo que ya no volveremos hasta el próximo verano ¿Verdad? – Le pregunto apenada. – Este año hemos venido en menos ocasiones de las que me hubiera gustado. De no haber sido por el viaje, habríamos venido a comienzos del verano.

Ana: Sí, me temo que con esto termina la temporada de playa para las dos. – Me responde. – Pero, no te inquietes. Si este curso te comportas, te prometo que el próximo verano vendremos más veces.

Jess: Pero, si Monica y tú os turnáis, el próximo verano será ella quien se quede de guardia. – Le recuerdo.

Ana: Entonces, ya buscaremos alguna manera de compensarlo. – Me responde para que no me desanime antes de tiempo.

Jess: ¿Te apetece que juguemos a las cartas? ¿Te has traído la baraja? – Le pregunto y cambio de tema.

Ana: Primero ves y mójate los pies. – Me responde. – Te he traído hasta aquí para que disfrutes del sol, el agua y la arena. No para que fomentes tus malas costumbres.

Dado que no llevo el bikini ni el bañador puesto, lo único que puedo hacer es dejar la chaqueta en la furgoneta, descalzarme y remangarme las perneras de los pantalones hasta casi la altura de las rodillas. No es admisible que me despoje de más prendas porque sería un tanto indecoroso y no estamos solas en la playa ni tampoco lo esperábamos. Aunque, como tal, tampoco es un día de playa típico porque ya estamos en época de lluvias y lo que menos hoy es días de sol. Aunque como los veranos en Boston no son como los de las playas de California o Miami, esas que se ven en las películas, tampoco es algo que haya de desanimarme. En cualquier caso, se trata de un día de playa, de la oportunidad de disfrutar de un día de descanso y del hecho de que, si no es porque me traen aquí de vez en cuando, mi vida sería mucho más monótona y aburrida de lo que ya parece. Que yo misma me encierro en mi pequeño mundo a la espera de algo que tal vez nunca suceda, pero no quiero perder la esperanza.

Ana sabe que siempre que vengo a Carson Beach es con intención de estar un poco más cerca de Daddy. Es posible que haya pensado que después de primer día en el Medford High necesitaba un desahogo, una liberación. Tal vez tenga algo importante que contarme y me ha traído donde sabe que me siento más tranquila y relajada. Aunque hubiera sido mejor que lo hubiera organizado y al menos haberme cogido algún bikini, Si es que ha pensado que pasara por ello, hubiera dado ocasión a que se lo pensara dos veces. Soy consciente de la importancia de mi continuidad y que, en gran medida, ello es debido a su influencia con los administradores, a que les ha asegurado y convencido de que es lo mejor para mí. No hace falta que me lo recuerde, como tampoco que le insista que intentaré cumplir con nuestro acuerdo y no faltar a clase de Spanish y esforzarme por aprobar. Aunque no me haya comprometido a obtener una calificación alta, con que apruebe será suficiente, tener los ejercicios al día y que el profesor no me llame la atención porque esté distraída o entretenida con otra asignatura. Quiero pensar que soy capaz de conseguirlo, aunque me cueste cambiar mi costumbre y mentalidad durante los próximos nueve meses o lo que dure el curso.

Como tan solo me ha traído para que me moje los pies, en cierto modo, me siento bastante limitada en cuanto a ese acercamiento a Daddy. ¡Como se me ocurra ir más allá de donde las olas me cubran los pies, estaré en un serio problema! Hasta ahora esta limitación la ha impuesto la prudencia por mi propia seguridad, porque soy consciente de que las playas de España se encuentran muy lejos como para que me plantease llegar a nado. Aunque no fuera así, todo el mundo me recomendaría que no me lo plantease, porque nadie me espera y tendría mucho que explicar. Mejor que me quede cerca de la orilla y no haga nada de lo que me arrepienta. El caso es que el verano comenzó con la sensación de que Ana me llevaba con Daddy y termina con la contraria. Como si reconociera que resulta imposible encontrarle, aunque, en tal caso, no hubiera intercedido por mí antes los administradores para que me quedase. Lo cierto es que no sé qué pensar al respecto y espero que me lo aclare antes de que regresemos.

Como no espero que me hayamos venido hasta aquí para que me aburra. Si ha traído la baraja de cartas, jugaremos y pasaremos el rato, aunque asegure que en el St. Clare’s no se pretende que se fomente nuestro interés por el juego ni que nos convirtamos en ludópatas como un medio de solventar nuestra mala situación económica. El jugar a las cartas tan solo es un pasatiempo, un entretenimiento para ocasiones como ésta en que no hay nada mejor que hacer. En mi caso esto me lo han recalcado hasta la saciedad para que no lo utilice como medio para mi trapicheo. Aunque ya hace tiempo que no intercambio ropa con los chicos porque éstos. Más que interés por regalarme sus prendas lo tenían por quedarse con las mías. A ser posible ver cómo me las quitaba para entregárselas. Lo que, por supuesto, evitaba, porque, aunque sea tonta, no soy tan ingenua. Mi preferencia era ganarme sus prendas de una manera justa y sin que hubiera ese intercambio. Lo consideraba más apropiado a pedirles que tuvieran un detalle de generosidad conmigo, más cuando casi me hubieran acusado de robo con premeditación. En cualquier caso, Ana lo consideraba una travesura, un enriquecimiento no autorizado, sobre todo porque de vez en cuando entre la ropa para lavar aparecían prendas cuya procedencia se desconocía y por las que se me pedía explicaciones que no siempre resultaban convincentes. Dependemos de la generosidad y no de la limosna ni del trapicheo interesado.

Para nosotras el juego de cartas preferido es el que Ana ha denominado ‘St. Clare’s game’, cuyo objetivo es conseguir las cuatro pilas de cartas en orden ascendente, lo que es una variación un poco rara de los solitarios, porque para este juego hacen falta al menos dos personas. Se juega con una baraja normal de 52 cartas y se reparten veintidós para cada jugador. Las ocho restantes se colocan boca arriba sobre la mesa. En principio hay que ir soltando cartas en la mesa para formar ocho escaleras en orden descendente en la que se alternan los colores rojo y negro partiendo de la carta inicial. Las cartas se pueden intercambiar de una escalera a otra, ya sea suelta o varias. Pero, en tal caso, se pierde la posibilidad de depositar una propia. Dado que, en ocasiones, no hay posibilidad de depositar ninguna. La pila de cartas empieza siempre por el As y cada vez que se consigue apilar una carta ganas 10 puntos. Si completas la pila de trece cartas, sumas otros 10 puntos más. Gana el primero que se queda sin cartas o quien consigue apilar más cartas. La estrategia del juego consiste en dificultar que el otro jugador se deshaga de sus cartas. Por lo cual, no puede hacer ningún movimiento y la única opción que le queda es mover las escaleras de cartas que haya sobre la mesa, por lo que deja cartas libres o se le fuerza a que ponga cartas en las pilas para que te facilite el juego. El truco, en realidad, está en bloquearle del todo para que no pueda hacer ningún movimiento y llegar a sumar el mayor número posible de puntos de una vez. Lo mejor es no recibir cartas demasiado altas y que haya variedad.

12:00 PM. Carson Beach

Ana: ¿Te has dado cuenta de que así da gusto verte? – Me dice con intención de que me sienta halagada. – No termino de entender cómo tenías esa manía de parecer un chico, con lo preciosa que eres. – Me dice.

Jess: Lo que no me gusta es que me relacionen con el St. Clare’s. – Le respondo y reitero porque sus motivaciones ya están más que habladas. – Los chicos se burlan de nosotras.

Ana: Sí, ¡ya sé que eres un poco especial! – Me responde. – Ser ‘una chica del St. Clare’s no creo que sea tan horrible. Admito que tal vez resulte un poco humillante que os consideren chicas pobres y os recuerden vuestra procedencia. Pero eso tan solo es la visión de la gente. Ninguna de vosotras tiene nada malo y ya sabes que lo habitual es que os encontremos familias de acogida. – Me comenta. – Tú eres la excepción porque desde siempre te has negado en banda y la gente del barrio empieza a pensar que eres un fantasma. – Añade.

Jess: No necesito ninguna familia de acogida ni adoptiva. Es Daddy quien tiene que venir a por mí. – Le reitero.

Ana. La cuestión es que has cambiado desde que te conozco y esta mañana da gusto verte. – Me dice. – No tienes aspecto de esconderte bajo la ropa.

Jess: ¡No me escondo! – Replico y defiendo

Bueno, no soy del todo sincera en mi alegato y Ana lo sabe. No me gusta que la gente me mire y de manera inmediata me relacione con el St. Clare. No me agrada mirarme a los espejos y encontrarme con la imagen de una chica triste a la que no termino de reconocer, aunque sea yo misma porque la chica que quisiera ser vive feliz con Daddy y no está agobiada con la idea de que su madre la abandonó al nacer. Tampoco me agrada sentirme observada por los chicos, porque, aunque me siento identificada con mi sexualidad y mi cuerpo, me avergüenza un poco no estar tan desarrollada como las demás chicas de mi edad y tengo la sensación de que ello es motivo de burla. Habrá quien piense que preferiría vivir escondida de todo el mundo en un torreón, imponerme ese aislamiento como castigo por haber nacido o que mi madre me abandonase. Pero la cuestión es que toda mi ilusión y expectativa está en que Daddy vendrá a por mí y me querrá tal y como soy, que no me juzgará ni recelará de mí en caso de que no me considere atractiva. Me querrá tan solo porque soy su hija.

Dado que me he despojado de la chaqueta, que tengo menos capas de ropa con las que taparme, queda un poco más visible cómo soy. Tal vez no tengo un cuerpo tan desarrollado como el de las chicas de mi edad y aún conservo la fisonomía de una niña pequeña, aunque haya crecido en estatura y por dentro todo parezca que funciona como debe. Si no hubiera llegado mi momento, como lo fuera para Jodie, Brittany y las demás compañeras de clase del St. Francis School de aquel curso, habría motivo para preocuparse. Pero el caso es que eso va con normalidad y, en las fechas que le corresponde, se pone en evidencia. Según Ana, vivo demasiado obsesionada con una parte de mi cuerpo que tiene tantas formas, volúmenes y tamaños como mujeres hay en el mundo. Que no por tener unas características así o asá es mejor o peor. Lo importante es que esté ahí y sean la evidencia de que gozo de buena salud, que, como me acaba de decir, los demás tengan motivos para pensar que soy una chica preciosa, que da gusto verme, que si no me lo dicen con más frecuencia es porque lo habitual es que mi cara sea demasiado seria.

Ana: ¿Si te hago una pregunta me responderás con sinceridad? – Me pregunta.

Jess: Depende de lo que sea. – Le respondo con complicidad.

Ana: Quisiera saber tu opinión con respecto a cómo se ha desarrollado el verano. – Me aclara. – Por primera vez en tu vida has salido de Medford para conocer mundo y te has hartado de leer libros en español, cuando pensabas que ni te alejarías de Medford y que lo del español con dedicarle cinco minutos por justificarte era suficiente. Este verano le has dedicado muchas horas.

Jess: Sobre lo del viaje no sé qué decirte porque aún no sé dónde fuimos. Si te dijera lo que pienso, me dirás que tengo demasiada imaginación. – Le respondo. – Con la lectura tampoco es que haya disfrutado porque no me he enterado de nada. Pero, al menos, he conseguido que me prestases atención. – Le comento.

Ana: Como te dije, nuestro viaje era por un asunto de trabajo, unas gestiones que tenía que hacer y, dado que estás bajo mi responsabilidad, no te podía dejar sola. – Me indica. – Dado que se trata de un asunto del St. Clare, no conviene que te dé demasiadas explicaciones porque en ocasiones hablas más que callas y hay cuestiones sobre las que es preferible que no sepáis nada antes de tiempo, pero, como te expliqué, si quieres saber adónde fuimos, no tienes más que averiguarlo por tu cuenta.

Jess: Me prometiste que serías sincera conmigo en todo lo referente a Daddy. – Le recuerdo contrariada. – ¿De verdad que no fuimos a buscarle? – Le pregunto.

Ana: Te repito que se trataba de un asunto del internado. – Me contesta. – Sé que te hice la promesa de ser sincera contigo sobre ese tema y lo mantengo. – Me insiste. – Te llevé conmigo porque no te podías quedar sola. Para ti fue un viaje de placer y el mío fue por trabajo. – Me recuerda. – Dado que te pusiste en plan borde, lo mínimo es que ahora asumas las consecuencias. Además, estoy segura de que ello hizo que el viaje fuera más interesante.

Jess: Sí, un poco. – Reconozco. – Lo malo es que desde casa de tus amigos tan solo se veía campo abierto y las ocasiones en que salimos de paseo no hubo nada que me llamara la atención ni me ayudara. Quizás un poco más nuestro paseo por la ciudad. Pero, sin saber dónde estábamos, aquello no eran más que edificios antiguos.

Ana: Me parece que te di ocasión para que recabases información. – Se defiende y me recrimina. – Como se supone que tienes esos datos metidos en la mollera y ya estás un poco más habituada a la lectura, nadie te impide que investigues y saques tus propias conclusiones.

Jess: ¡Puede ser cualquier sitio! – Replico con impotencia.

Ni me desmiente ni me confirma que estuvimos en Toledo, que ese asunto del que no me quiere hablar fue la búsqueda de Daddy. Sobre lo cual no sé si llegó o no a tener éxito, porque yo regresé a Medford sin que mi vida haya cambiado. Quisiera pensar que gracias a que Ana le ha localizado y hablado con él, sigo en el St. Clare’s, Pero asumo que no son más que divagaciones sin demasiado sentido. Otra de mis muchas ilusiones de alguien que tan solo vive con una obsesión y anhelo, que venga a recogerme. La cuestión es que la parte de la ciudad que visitamos no se parece en nada a la idea que me he creado de Toledo. Tan solo era una ciudad antigua con muchos siglos de historia y que en la actualidad se mantienen en pie para que acudan los turistas. Mientras que mi idea es que Toledo es una de las ciudades más importantes del mundo, donde vive Daddy. Lo que descubrí de aquella ciudad no me llamó tanto la impresión. No encontré esa mezcla entre modernidad y pasado. Sobre todo se encontraba demasiado lejos de la playa y rodeada de barrios dispersos, construidos en mitad del campo, sin una continuidad. No hubo nada que me hiciera afirmar eso de ‘I was in Toledo’, o ‘I ❤️ Toledo’, que a veces he visto en algunas camisetas con respecto a otras ciudades y que recuerdan dónde ha estado la gente.

Ana: Este curso, como estudiarás la asignatura de Spanish, espero que con el suficiente interés como para que te sea fácil aprobar, sin hacer trampas, ganarás un poco más de soltura con el idioma y tendrás mucho ganado.

Jess: Aprobaré, pero no te prometo que me vaya a gustar ni me entusiasme. – Le contesto.

Ana: Eso ya me lo contarás a final de curso, cuando celebremos esa fiesta, de manera que no te reconozcas ni tú misma, porque hablarás en español y no habrá quién te calle. Presumirás ante todos de que has hecho una buena amiga fuera de tu ambiente.

Jess: Lo de la fiesta será para celebrar el final de curso de todas. – Le digo. – Lo de si encuentro o no una buena amiga aún está pendiente. – Alego para que no se lo tome tan en serio como pretende.

Ana: Céntrate en los estudios, aprueba y no hagas que al final seas tú la única que se quede sin fiesta. – Replica con intención.

No me atrae la idea de que este primer curso en el Medford High, mi primer año extra en el St. Clare’s se caracterice por todo aquello de lo que he recelado hasta ahora. Lo de organizar una fiesta me parece mucho compromiso, pero entiendo que será una manera de celebrar mis éxitos y no mis fracasos. Lo cierto es que me parece un poco complicado, sobre todo porque no cuento con los medios ni las facilidades de Ana, quien lo resuelve todo con una llamada, casi sin que parezca que le ha surgido alguna complicación, aunque con la búsqueda de Daddy me da la impresión de que o se encuentra con más obstáculos de lo que esperaba o hay algo que no me quiere contar, algo que tal vez no sea de mi agrado. Sin embargo, muy negativo no puede ser porque ha convencido a los administradores para que me quede y ello implica que aún cabe alguna posibilidad de que Daddy venga a por mí cuando menos me lo espere, tal vez para el día de la fiesta. Aunque como Ana me ha advertido, más vale que ese día tenga algo que celebrar, no sea que después de todo el trabajo de organizar la fiesta sea la única que me quede al margen, castigada y tal vez con las maletas en la puerta porque vienen a recogerme desde el Matignon High y será como si todo el mundo celebrara y festejase que por fin dejaré el St. Clare’s Home para siempre.

Ana: ¿Jugamos a las cartas? – Me pregunta y propone. – Se te ve con cara de aburrimiento y ya que no te bañas, al menos haremos algo divertido.

Jess: Vale, pero esta vez deja que gane. – Le propongo con intención. – Siempre descubres mi táctica y pierdo

Ana: Este juego es para que pienses, de manera que no pienso hacer trampas para que me ganes. – Me responde.

Es quien se ha inventado el juego o adaptado para que juguemos nosotras, de manera que se conoce más trucos que nadie y no tiene la menor consideración. El juego se hace mucho más divertido cuando ella es el rival que batir y no tanto el hecho de sumar más o menos puntos. La cuestión es que consigue que quien juegue con ella se quede bloqueada antes de que concluya la partida. Es indiferente lo afortunadas que nos sintamos con las cartas recibidas al inicio, ella siempre las tiene mejores o al menos se deshace de éstas, de tal manera que no hay manera de bloquearla, dado que cuando no se trata de la pila de cartas descendentes, se trata de las otras, siempre tiene alguna para echar mientras que nosotras poco a poco vemos limitadas nuestras posibilidades y en ocasiones casi la única opción es intentar recolocar las cartas que hay sobre la mesa por si encontramos la manera de conseguir alguna que encaje, de lo cual también se aprovecha, como si conociera de antemano nuestra estrategia, dado que es evidente que conoce las cartas que tenemos porque la baraja se divide entre las dos.

Entre las chicas nos hemos inventado una variante que a Ana no le convence demasiado y es que, en lugar de repartir toda la baraja al principio del juego, se repartan solo cinco por persona y el resto quede en un montón y, en caso de no poder descartarse, siempre se puede coger una carta de ahí, con lo que se consigue que nadie conozca de ante mano las cartas del otro y que el juego sea un poco más equitativo. La versión que con la que juegan las niñas pequeñas es que todas las cartas se pongan boca arriba, sin esconderlas, pero se entiende que tal vez ellas tengan más dificultad porque algunas aún no tienen muy claros los números ni mentalidad para jugar con estrategia. Dado que ahora soy la mayor de todas y con quien Ana pasa más tiempo, me obliga a jugar a su manera y, como es lógico, la mayoría de las ocasiones o pierdo porque ella se queda sin cartas antes que yo o me bloquea de manera que hay que dar la partida por acabada.

12:20 PM. Carson Beach

Me quedan dos cartas y ya es imposible que gane, aunque sea la primera que me descarte, pero no sumaré puntos. Tal vez podría hacer un par de movimientos, juntar la escalera del 10♠️ y juntarlo con el J❤️, lo que me dejaría libre una fila para colocar mi K♦️ y después Q❤️. De nuevo es Ana quien gana, porque con sus cartas tiene muchas opciones y para mí no será tan fácil bloquearla, salvo que tuviera una buena estrategia y supiera claro que llevo alguna ventaja. La cuestión es que no sé seguir, aunque como siempre da la sensación de que me rindo antes de tiempo, que no tengo en cuenta sus cartas, porque supongo que habrá una manera de lograr que sea ella quien se bloquee. Lo que tengo claro es que, en cuanto suelte alguna de sus cartas sobre la mesa, empezará a completar las pilas y yo no tendré donde colocar las mías. Para mí la gracia del juego está en conseguir el mayor número de puntos posibles, juntar las cartas de los cuatro palos, quedarme sin cartas, a pesar de que se insista en que es otra manera de ganar, a mí no me sirve, porque descartarse implica que no se tienen cartas para seguir, que en este caso será Ana quien con sus cartas conseguirá llevarse las que hay sobre la mesa. Quedarse sin cartas para mí implica perder porque no gano nada, me quedo en blanco.

Juego de cartas

Su estrategia consiste en que, en vez de soltar cartas, se limita a juntas las que hay sobre la mesa para que la escalera sea mayor, con lo que impide que se apilen por palos, según ella, no es necesario que hay ocho escaleras por mucho que nosotras no empeñemos e insistamos en ese reparto. Su idea es que las escaleras han de empezar siempre por la K, al igual que los otros montones empiezan por el As y van en ascenso. Supongo que se aprovecha de nuestro empeño en no amontonar las cartas y al final es lógico que siempre nos gane porque se lo ponemos demasiado fácil, pero es que eso de amontonar las cartas de la mesa implica no descartarse en ese turno y lo que nos interesa es deshacernos de las cartas altas para que salgan las bajas y poder apilarlas en su montón correspondiente. Yo he empezado la partida con los cuatro A, el 2❤️ y el 3♠️, pero no me ha servido de mucho, si Ana se ha dedicado a juntar montones y no ha soltado sus cartas.

Ana: Me parece que no estás lo bastante centrada en el juego. – Me dice. – Será mejor que lo dejemos para otro momento. – Me indica. – ¿Te apetece que vayamos a comer algo?

Jess: Sí, porque aquí tampoco hay mucho que hacer. – Reconozco.

Es un día de playa improvisado de manera que no me siento muy centrada ni lo disfruto todo lo que hubiera deseado en circunstancias normales. Por lo cual es lógico que no esté centrada en el juego y haya sido tan fácil que Ana me ganase. No se ha tratado tan solo de un fallo en mi estrategia o que ella siempre se adelante a mis jugadas. Si hubiera podido, habría traído el bikini, bañado y tumbado sobre la arena a tomar el sol. Pero he comenzado el día con idea de ir al Medford High y después no hay habido ocasión de pasar por el St. Clare, tampoco hubiera estado mal que Ana se hubiera organizado mejor y me hubiera cogido el bikini, no me hubiese importado cambiarme en el furgoneta, tampoco sería la primera vez, aunque reconozco que me causa un poco de reparo no hacerlo en mi dormitorio y que lo habitual es que vengamos en autobús y lo de cambiarme de ropa sea algo que me haya de pensar dos veces, siempre con la debida prudencia y desconfianza en los extraños y cuantos haya a mi alrededor. En cualquier caso, de poco sirve que me lamente ahora porque la cuestión del vestuario no tiene remedio y he de renunciar al baño.

Es posible que esté desubicada, descentrada, que empiezo a tomar consciencia de los importantes cambios que se producirán en mi vida a partir de ahora y de lo que aún no soy del todo consciente, aunque me hago una idea porque tampoco es que vaya a asistir a clase en el Medford High como si fuera víctima de un engaño. Hoy he sido yo quien he dado la cara y ha sido a mí a quien me han informado de todo lo que tenía que saber y que habré de tener en cuenta para los próximos meses o años. Será un planteamiento y una mentalidad algo diferente a como era en el St. Francis School porque ahora acudiré a un centro público en donde las cuestiones de religión no tendrán tanta importancia ni relevancia. El hecho de ser o no católica no será más que una consideración en mi expediente académico, por lo que quizás en ese aspecto no sé si saldré perjudicada o beneficiada. Lo que está claro es que la asignatura de religión ya no será de las más importantes, aunque Ana espera que no me deje arrastrar por malas influencias y deje de lado mis buenas costumbres. Sigo en el St. Clare y se supone en que soy una chica lo bastante sensata como para mantenerme firme en mis principios, que de todo lo que se me ha inculcado a lo largo de estos años algo me ha quedado, aparte que aún he de acudir a catequesis en la parroquia porque queda pendiente un sacramento, que espero recibir, aunque no me gustaría que fuera Ana quien me condicionara a la hora de escoger mi vestuario para ese día.

Dado que hace calor y aunque ahora sea un tanto inapropiado, porque se supone que vamos a comer, ahora prefiero despojarme de la camiseta, aunque me pondré la chaqueta por encima, de manera que estaré un poco más fresca, cómoda y no dará la sensación de que soy poco pudorosa en ese sentido. Estamos en Carson Beach y necesito aligerarme de ropa, de manera que esta visita tenga algún sentido y no sea tan solo de paso, aunque me haya mojado los pies y ya me pueda sentir justificada. Entiendo que esto no es más que un premio, una manera de animarme por haber acudido al Medford High sin causar ningún problema ni contratiempo, pero Ana ahora no le pondrá reparos a que me tome alguna libertad en este sentido. Ya no tengo que guardar la compostura ni las apariencias delante de mis compañeros, porque dudo bastante que alguno haya tenido la misma ocurrencia que nosotras. Además, dentro de lo que cabe, supongo que el bra que me he puesto esta mañana es de los que no importa tanto que se vean, sobre todo porque tiene la finalidad de ocultar para que no haya miradas indiscretas ni con la camiseta puesta ni con ésta quitada.

Ana: ¡No te pongas demasiado cómoda! – Me dice.

Jess: Tan solo la camiseta. – Le aclaro. – Me pondré la chaqueta.

Ana: Vale. Como quieras. – Me contesta. – Pero, si vamos a comer, mejor que no te quedes medio desnuda. – Me aconseja.

No acostumbro a ser una chica tan desinhibida, pero esta mañana necesito liberarme. No sé, supongo que aún me siento algo nerviosa por la reunión de esta mañana y no se me ocurre otra manera de relajarme. Quizá, si en vez de haber venido a Carson Beach, hubiera regresado a mi habitación, me habría cambiado de ropa, pero es algo que Ana no ha tenido en cuenta. Aunque por supuesto le agradezco el detalle porque es una manera perfecta de dar por finalizadas las vacaciones de verano. Por otra parte, espero que no se plantee esto como un chantaje para el próximo año. No quisiera que mis visitas se vieran condicionadas por los resultados académicos. Ya es bastante con que mi permanencia en el St. Clare’s dependa de mis calificaciones en la asignatura de Spanish. Dado que tampoco quisiera que la fiesta que se supone he de preparar para final de curso sea la de despedida. Sino, más bien, para festejar que me quedaré otro curso más, sobre todo que hayan llegado noticias de Daddy. Ahora mismo no quiero descartar nada porque el curso aún no ha comenzado y la única que tiene una ligera idea de cómo terminará es Ana, por mucho que me asegure que soy yo quien tengo la última palabra y quien he de demostrar que estoy dispuesta a esforzarme para que mis sueños se hagan realidad.