Thursday, September 14, 1995

06:20 AM. Bedroom

Suena el despertador

La cuestión y pregunta con la que despierto esta mañana es si debemos o no tomarnos en serio la propuesta de Mr. Bacon y que sea Yuly quien me ayude con esta asignatura, porque para ella el nivel de la clase es demasiado bajo y para mí excesivamente alto. por mucho que se parta de cero para todo el mundo. A ella se le ha dado un aliciente más para que se tome las clases un poco más en serio. Sin embargo, a mí me crea un cargo de responsabilidad porque mi falta de interés condicionará de manera directa sus calificaciones. De manera que las dos saldremos perjudicadas y ya no será tan solo que a mí me manden a Matignon High el próximo curso, que más o menos tengo asumido. Se trata de que Yuly, para el curso que viene, se quiere matricular en el nivel Honor y una mala calificación le supondrá un impedimento, dado que se supone que los grupos tienen un número limitado de alumnos y habrá de demostrar más méritos que los demás aspirantes, sobre todo que los que este curso estén en nivel Honor y para el próximo curso quieran continuar.

Lo lógico es pensar que todos, al igual que yo, nadie debería abandonar la asignatura de Spanish, en el supuesto de que este curso aprobáramos. Sin embargo, ya he tomado una decisión y será difícil que me hagan cambiar de idea en los próximos meses. Tan solo, si tuviera alguna noticia de Daddy, me lo replantearía. Pero me parece poco factible que ello suceda, si no he sabido nada de él hasta ahora y lo único que tengo al respecto son divagaciones sin mucha consistencia y demasiada imaginación.

Ana: (Se asoma por la puerta) Arriba, dormilona que ya estás como todos los días. – Me ordena. – El bus no espera a nadie y, como lo pierdas, ya sabes lo que te espera. – Me advierte. – Más vale que te des prisa, si no quieres llegar tarde.

Jess: [Acostada] Buenos días. Ya me levanto. – Le respondo. – ¡Aún tengo media hora! – Me justifico.

Ana: ¡Un día de éstos te cambiaré el horario y en vez el de las clases, destacaré más el horario del bus! – Me amenaza con complicidad. –  ¡A ver si así espabilas en cuanto suena el despertador!

Jess: ¡Ya voy! Un segundo. – Le respondo.

Ana: Venga, espabila porque tienes el tiempo en contra. – Me pide en un tono más afable. – Demuestra que te tomas las clases en serio y eres una chica responsable. – Me pide. – No des motivos para que los administradores cambien de idea.

Notebook of Jessica
Wednesday 9/14
Day:          6
1. Music
2. Science
3. Algebra
 Lunch
4. English
5. World History
6 Spanish

Un vistazo a la agenda para asegurarme de que no me he confundido de día, que hoy hay clase y el despertador no ha sonado por error. Ana no se confunde y, dado que no tengo un horario distinto al de las demás, tampoco es algo que haya de descartar. Sin embargo, en esta ocasión, como en los últimos días, ha acertado y de nada servirá que pretenda confundirla, porque no quisiera que me repitiera la advertencia de siempre: que se tarda menos en preparar la mochila y llegar a tiempo al bus que en hacer las maletas y que me lleven a Matignon High. Además, si valoro las ventajas e inconvenientes de quedarme aquí o marcharme, mi decisión y preferencia está clara. Tengo mi propio dormitorio y la tranquilidad de que otro modo no tendría. Por lo que me han contado del ambiente en el Matignon High, sin que sea malo, no es equiparable al de aquí, donde soy la mayor y no una de las novatas. Con el añadido de que allí sería una de las últimas en entrar, me sentiría muy desamparada y, sobre todo, me lamentaría porque supondrá que ya no tendré opciones a que Daddy me encuentre.

Salir a la carrera hacia el cuarto de baño no se tarda nada, Tan solo que he de ser sigilosa por el pasillo y confiar en que a estas horas las demás aún duerman. Como cada mañana dispongo del tiempo justo y ajustado para vestirme, desayunar y salir hacia la parada del bus antes de que éste llegue o se marche sin mí. Lo tengo todo controlado y me empiezo a temer que cualquier día las prisas harán que pierda el equilibrio y baje por Fulton St como si fuera una pelota. Ya que rodaré por los sueltos hasta que haya algo que me detenga. Salvo que las lesiones sean graves, me temo que Ana me diría que bastará con que me asee un poco, cambie de ropa y será ella quien me acerque hasta el Medford High. En cualquier caso, la recomendación es que mire dónde pongo los pies y no salga tan apurada de tiempo. No sea que algún vecino piense que huyo de algún agresor o que he vuelto a mis costumbres de la infancia. Los adultos ya no corren por la calle, salvo que hagan deporte, pero yo voy vestida para ir a clase y, en vista del panorama y del ambiente que hay en el Medford High, es preferible que no sea muy descuidada con mi manera de vestir porque todo se tienen en cuenta y lo último que me conviene es llamar más la atención.

Despojarme de los pantalones del pijama es bastante fácil. Hasta cierto punto es una suerte vivir en una casa donde sólo hay chicas y que a estas horas las demás duerman, porque no importa demasiado cómo vaya por el pasillo, a pesar de que Ana y Monica siempre nos recomienden moderación y decoro, pero cuando el tiempo apremia es mejor dejar el sentido común para otro momento. Tengo asumido que, a las chicas, cuando necesitamos ir al cuarto de baño, nos sobran los pantalones y es un sinsentido tener que bajármelos y subírmelos después, de manera que a estas horas de la mañana es mejor quitárselos de una vez. Cuando viva en casa de Daddy entiendo que habré de ser un poco más discreta y perder el tiempo que necesite para que mi aspecto sea el mejor posible en todo momento. Soy una chica y se supone que los chicos, los hombres en general, valoran ese tipo de comportamiento por nuestra parte. Ellos se pueden comportar cómo quieran, porque, en su caso, no tiene tanta relevancia. Las chicas tenemos que ser pudorosas, recatadas y discretas con nuestra intimidad, que casi dé la impresión de que siempre que vamos al cuarto de baño tan solo para lavarnos la cara, aunque no sea verdad.

La chaqueta del pijama prefiero dejármela puesta hasta que me haya de cambiar. El edificio, como tal, no es ningún horno, por lo que no hace calor y, en lo posible, se intenta no malgastar en calefacción. De manera que aún no es época de que esté encendida. Aparte que siempre se nos recalca que hemos de ser precavidas por si sonara la alarma de incendio y hubiera que salir a la calle con lo puesto. Mejor que los vecinos ni los bomberos se encuentren con el deleite de vernos en ropa interior o sin nada. Porque cuando suena la alarma la norma es que todas hemos de intentar salir fuera sin entretenernos y sin tonterías. Mejor que todo el mundo contemple la desnudez de nuestros hermosos traseros antes de que alguna se pierda por la casa y los bomberos hayan de entrar a rescatarla. Monica y Ana son responsables de nuestra seguridad y aseguran que en esos momentos de tensión no tienen ojos para las quince. Por lo cual, esperan la máxima colaboración y diligencia por nuestra parte. Si escuchamos la alarma, hemos de dejar lo que estemos haciendo, sea lo que sea, y disponernos a salir del edificio de manera ordenada y por el lugar más seguro, que no tiene por qué ser la entrada principal, sino el lugar más alejado del fuego. De manera que, si hay que saltar por una ventana del piso de arriba, se salta. Y se han salir a rastras por alguna de las ventanas del sótano, mejor que ninguna se lo piense dos veces. Mejor arrastrarse por los suelos que acabar abrasadas. Por suerte, hasta ahora, en los años que llevo aquí, no me he visto en esa tesitura ni espero que pase porque cerrarían el St. Clare’s Home.

06:41 AM. Kitchen

Cuando entro en la cocina casi es mejor que no mire el reloj porque sé de antemano que tengo el tiempo justo para desayunar con prisas y marcharme. Al menos tengo la tranquilidad de que no iré a clase con el estómago vacío ni que esperar hasta la hora del descanso para tener tiempo de comer algo. La situación económica, dentro de lo que implica que sea una casa de acogida que depende de la generosidad de los demás o de la disponibilidad de fondos que haya en la parroquia para cubrir nuestras necesidades, entra dentro de lo aceptable. De momento la despensa nunca se ha llegado a vaciar del todo y siempre hay ropa limpia en el armario. Aparte de agua en los grifos y que la luz se encienda cuando se accionan los interruptores. Lujos y caprichos caros hay poco. Tal vez ello se haya reducido a la televisión con conexión a los canales internacionales, que no a los de pago ni a los de adultos. Según Ana, es la manera de estar al corriente de lo que sucede en el mundo. Aunque lo cierto es que apenas nos queda tiempo para ello, porque nosotras tenemos que estudiar y quienes cuidan de nosotras no se quedan cruzadas de brazos. Por lo cual lo de la televisión es un capricho prescindible, salvo los fines de semana en que no hay nada mejor que hacer y se nos da permiso para que veamos algún programa nacional muy determinado.

En estos momentos no dispongo de tiempo para distracciones. He de desayunar con prisa, casi sin tiempo a saborear lo que llega a mi boca, a pesar de que estoy convencida de que Ana me lo ha preparado con el mayor de los cariños y que me deleitara con ello sería la mejor manera de agradecerle el detalle. Pero el reloj corre en mi contra y el bus no se detendrá en la parada hasta que se me ocurra aparecer. Hay que recoger a más gente y cumplir con el horario. Si no llego a tiempo al bus, me habré de ir a pie y, en caso de que éste justificado por el posible retraso, pedirle a Ana que me acerque con la furgoneta. Lo que será un momento. Pero he de tener en cuenta que a estas horas su prioridad está en las niñas pequeñas y que yo he de ser responsable y consecuente con mis actos. Si me dejo llevar por la pereza, pierdo el bus; llego tarde a clase y me ponen falta. No será Ana quien me haga un justificante ni interceda por mí. Es más, en vista del panorama, faltar un día a clase puede tener más trascendencia de la debida y suponer una llamada de atención para que me tome en serio la advertencia de que mi permanencia en el St. Clare’s es una concesión excepcional, condicionada a mi buen resultado en los estudios.

06:50 AM. Fulton St

De momento hay niebla, pero Ana me ha advertido de que para hoy hay posibilidad de lluvia, por lo cual no ha dejado que saliera demasiado fresca a la calle. Ya le empieza a preocupar eso de que le haya cogido el gusto a vestir como una chica y abandonado mis malas costumbres de la infancia. Me conoce lo suficiente como para saber que ya he escarmentado de aquella época de mi vida, desde que me he distanciado de los chicos del parque y ella está más pendiente de lo que me pongo o dejo de ponerme. No soy una chica que vista de una manera demasiado fresca. A diferencia de algunas de mis compañeras de clase, casi diría que me sobra ropa. No tengo ningún interés en que los chicos me miren con malos ojos o intenciones. Ya tengo constancia de que son tontos y ninguno merece la pena. Además, no me agrada la idea de que la asistencia a clase se convierta en una pasarela de modas ni que el hecho de que vestir de una u otra manera haga que una chica sea más o menos popular. Aún estamos a comienzo de curso y no me apetece participar de esos juegos. Ya que, sin necesidad de que hiciera nada, me he convertido en el objetivo de las burlas de mis compañeros de clase y a quien tengo intención de caerle simpática es a Yuly, porque es la única amiga que tengo o chica con la que me entiendo hasta ahora. De todos modos, a Yuly tan solo la quiero como amiga, nada más, porque me da la impresión de que en el Medford High a todo se le da una interpretación bastante libre. Lo único que pienso de los chicos es que son tontos. Salvo por ese pequeño detalle hay alguno guapo, pasable, pero no lo admitiré, porque tal vez se lo crea y se piense que me intereso más de lo debido, que no es cierto.

Tampoco es que de pronto haya descubierto que la ropa de las chicas tiene su encanto y que me he perdido mucho por mi empeño por vestir con ropa de chicos. Desde siempre me ha gustado la ropa de chicas, porque es lo que soy, pero, de alguna manera, debía expresar mi rebeldía y para mí esa opción era la más recurrente. En realidad, no tengo muy claro cómo comencé con lo del trapicheo ni cuándo me empezaron a tomar en serio. Pero he tenido épocas en que me resultaba más fácil conseguir ropa por ese medio que por el oficial. Lo cierto es que sigo sin comprender qué sentido o gracia le tienen los chicos a la ropa de chicas, cuando es seguro que no se la van a poner. Supongo que para la mayoría lo divertido estaba en mis apuestas, en asumir ese riesgo, porque era la única chica del St. Francis dispuesta a participar de sus juegos e implicarme, mientras que las demás se mostraban bastante recelosas. Como dice Ana, yo desde siempre he sido un tanto especial para todo y es una suerte que no me haya metido en más líos de los que he estado, que mis travesuras no hayan pasado de ese intercambio de ropa o de más de una pelea con los chicos.

No sé si definirlo como una concesión especial o una medida que se ha tomado para que me olvide del trapicheo, pero la cuestión es que Ana me permite que sea un poco más caprichosa con mi manera de vestir. Que cuando necesite ropa ya no dependa tanto de la disponibilidad que haya. Al menos, a partir de ahora, la excusa es que soy mayor de edad para estar aquí y la ropa que nos donan ya no es de mi talla. Según me ha comentado Ana, y supongo que me lo habré de creer, la ropa no procede tan solo de donaciones de particulares. Algunas prendas se compran y otras se consiguen a precio de coste. Sin embargo, cuando no queda otro remedio, se compra en las tiendas del barrio. La cuestión es que todas vistamos de manera adecuada y no dé la impresión de que se nos maltrata o tienen en condiciones inadecuada. Ante el menor incidente o denuncia, se presentará el inspector en la puerta y podría clausurar el St. Clare’s Home. Nos dejaría a todas en la calle. Más bien, repartidas por los internados de la zona y mi caso no sería una excepción.

Con la libertad de saber que en el Medford High no hay un uniforme y se da bastante libertad a la hora de escoger el vestuario, siempre que sea moderado, esta mañana he optado por una camiseta blanca de manga corta y cuello cerrado, con unos pantalones vaqueros azules. Un vestuario que considero bastante informal, pero apropiado. Además, para que nadie me acuse de que me he vestido como un chico, que no es mi intención, me he recogido el pelo, de manera que se me vea bien la cara y las orejas, aunque el hecho de que no lleve pendientes haya quien lo interprete de manera equivocada. El caso es que considero que con este aspecto se evidencia más que soy una chica, pero no pongo en riesgo mi integridad, porque los chicos encuentran cualquier hueco entre la ropa para mirar lo que hay debajo y en esta ocasión pretendo no darles muchas opciones. Si por vestir así hay quien piensa que soy una chica demasiado fría y no les sigo el juego, lo cierto es que me da lo mismo. Se supone que yo voy a clase a aprender, no a que se me trate como si fuera un juguete. Si esto me hace destacar con respecto a mis compañeras, no es mi intención. Esta mañana quiero sentirme cómoda y segura, así sé que lo estaré. En cualquier caso, confío en que Yuly no se distancie de mí por las habladurías.

Gabe: [Tararea] ♫Jess Bond, Jess Bond, you are Jessica Bond. You can give it to me when I need to come along. Jess Bond, Jess Bond, you’re Jessica Bond ♫

Llegar a la parada medio minuto después que Gabe y que éste no reprima su empeño por burlarse de mí es inmediato. Al menos, hasta ahora, es aquí donde coincido con él a primera hora de la mañana. No ha tenido la ocurrencia de esperarme por los alrededores del St. Clare’s, de manera que el paseo me resulte un poco más estresante.  Vengo sola y con tranquilidad, centrada en mis pensamientos. Pero ante la expectativa de un recibimiento como éste, lo cierto es que resulta tentador el hecho de pensar que el Medford High no se encuentra tan lejos a pie y que, en vez de subir por Fulton St, bastaría con que bajase hasta Fellsway y siguiera por la calle hacia abajo. Lo que de momento me pienso dos veces y reprimo para que el estúpido de Gabe no se quede con la satisfacción de pensar que me he vencido o conseguido su propósito. Ignoro sus motivaciones y prefiero no molestarme en averiguarlas, pero tengo por seguro que no es algo que me importe. Tan solo se ríe de mí y piensa que con ello su estancia en el Medford High será mucho más entretenida, al amparo de que tan solo se trata de una canción que no hay agresiones físicas ni una actitud agresiva, que resultaría mucho más llamativo y perjudicial para él, porque se arriesga a que le expulsen del Medford High y haya una macha en su expediente. En el mío del St. Francis School debería haber una indicación con respecto a mí no asistencia a clases de Spanish, pero gracias a la mediación de Ana y consideración de los profesores, es un detalle que se ha pasado por alto.

Mi suerte es que nuestra parada no es la última y en el bus todavía quedan asientos libres, por lo cual, tengo para escoger y he tomado la norma y costumbre de que cuanto más lejos de Gabe mejor, para que me olvide y centre su atención en quienes le hagan caso. Porque ya he comprobado que, en cuanto encuentra a alguien que le dé conversación, se olvida de mí. En mi caso, tan solo necesito un asiento libre, a ser posible junto a la ventanilla y aunque me gustaría que estuviera en la parte delantera, debido a Gabe, he de irme a los asientos del fondo, donde se supone que acaban todos aquellos que intentar escapar del control del conductor y, hasta cierto punto, son los asientos de los marginados, aunque en caso de incendio estábamos más cerca de la puerta de atrás y es menos probable que quedemos atascados. Como compañero o compañera de asiento, me da igual quién sea. Ya tengo claro que ello no es motivo para que intenten ser más ni menos simpáticos conmigo. Lo que buscan es estar cerca de quienes forman su pandilla y, en cierto modo, consiguen que me sienta fuera de lugar. Pero en el bus hemos de viajar todos porque a la ida llevamos el mismo destino y a la vuelta el bus nos deja como si fuéramos migas de pan.

07:47 AM. MHS Corridor

Vuelvo a coincidir con Yuly en las taquillas, aunque en esta ocasión debería decir que por mi parte es intencionado, aunque, al no tener muy claro a qué hora llega, me arriesgo a ser yo quien llegue tarde a la próxima clase. Pero aún tengo tiempo y puede que nos acompañemos la una a la otra. El caso es que necesito hablar con ella, al menos demostrarle que algo de interés por mi parte por afianzar esta amistad y que no tenga que ser siempre ella quien venga a buscarme. Necesito que la gente empiece a darse cuenta de que no soy una chica tan desamparada como alguno parece entender, dado que aquí ya empiezo a tener amigas, aunque no me haya apuntado a ninguna actividad extraescolar y mi fama de chica solitaria me preceda. Tras lo sucedido ayer con Mr. Bacon me siento más justificada y tan solo me queda confiar en que Yuly me corresponda antes de que encuentre afinidad con sus otras compañeras de clase.

Yuly: Hola. ¿cómo lo llevas? – Me saluda en tono afable. – ¿Le has comentado a alguien los que nos propuso Mr. ‘Panceta’? – Me pregunta con inquietud.

Jess: Se presentó ayer por la tarde en el St. Clare’s. Me hizo una visita sorpresa y habló con Ana, además de conmigo. – Le respondo. – No tuve que hablar de ese asunto porque ya se ocupó Mr. Bacon de hacerlo. – Le indico con cierto apuro.

Yuly: Por mí, si quieres, te ayudo con la asignatura.- Me indica en tono afable. – Pero eso de que mi calificación dependa de la tuya no me convence. – Me confiesa.

Jess: Si me ayudas, te lo agradeceré, pero tampoco quiero perjudicarte. – Le digo para que no piense que me aprovecharé.

Yuly: Entonces ¿Estudiaremos juntas? – Me pregunta y propone animada. – Tendrá que ser durante los descansos, porque por la tarde será complicado. Tal vez los viernes por la tarde convenza a mis padres para que me recojan en el internado y tengamos un par de horas para estar juntas.

Jess: Cuando te venga bien. – Le digo con plena disponibilidad. – Con que me dejes que te copie los ejercicios será suficiente. – Le indico. – Me temo que Mr. Bacon se querrá cerciorar que los llevo hechos todos los días.

Yuly: Si quieres, algún día te dejo el cuaderno y me lo devuelves por la mañana. – Me propone. – Pero cuídamelo ¿Vale? – Me ruega. – ¡Mis padres me cuelgan como se rompa o lo pierda! – Me advierte. – Les puedo decir que me lo he dejado olvidado en la taquilla, en caso de que pregunten.

Jess: Estoy en el St. Clare’s porque no sé nada de mis padres, no porque sea una ladrona. – Le aclaro, aunque no me lo haya dicho con esa intención.

Yuly: No te lo decía por eso. – Se defiende en tono conciliador. – Es que vives con niñas pequeñas y ya sabes, no siempre son conscientes de lo que hacen. – Alega.

Jess: Perdona. – Me disculpo. – En ocasiones tengo la impresión de que la gente se confunde con nosotras. – Le aclaro. – Somos chicas huérfanas, abandonadas o procedentes de familias desestructuradas, aunque haya quien piense que somos hijas de delincuentes. – Le explico. – A mí me abandonaron y no sé nada de mis padres. – Le recuerdo.

Yuly: Ya he estado de visita y sé lo que hay. – Me contesta con complicidad.

Supongo que a las dos nos ha gustado eso de hacer juntas el trabajo para la clase de Spanish y nos hemos caído simpáticas. Por lo cual, no tiene nada de particular que, como amigas que somos, estudiemos juntas. En cierto modo, ella se ha de sentir culpable porque han sido sus ocurrencias lo que ha provocado que Mr. Bacon nos llamara la atención y se fijase en nosotras, aparte de que ya estuviera advertido de que yo sería una alumna un poco problemática con la asignatura. La idea de Yuly era que con este trabajo obtuviéramos la máxima nota y así tomarse la asignatura de una manera relajada, pero se emocionó demasiado. Se ha querido pasar de lista y demostrar que va sobrada de conocimientos, de manera que nos pondrá en evidencia a las dos. Mi responsabilidad está en que no me he implicado todo lo que debería. Me dejé arrastrar por su seguridad y entusiasmo, aunque sea consciente de lo que nos jugábamos. Lo justo es que, si las dos nos hemos metido en este lío, ahora nos ayudemos. Aunque yo no me siento muy animada a cambiar mi actitud en clase. Pero al menos tendré un aliciente para llevar los ejercicios al día y una excusa para tener una amiga entre mis compañeras de clase, porque lo cierto es que Yuly me parece una chica simpática, con la que será fácil que me entienda, a pesar de que se entusiasme tanto cuando habla de España.

Yuly: Luego me cuentas eso de que Mr. ‘Panceta’ ha estado de visita. – Me dice. – Como se le ocurra presentarse en la mía, ¡me muero del susto!

Jess: Te aseguro que me quedé de piedra. – Le respondo. – ¡Es lo último que me hubiera esperado! En el St. Francis eran Ana o Monica quienes les preguntaban por nosotras.

Yuly: ¡A mí me daría por salir corriendo! – Replica. – ¡Mis padres me castigan sin salir, a estudiar día y noche, hasta que me jubile!

Ahora no hay tiempo para que hablemos de nada porque ya llegamos a la puerta de su aula y yo he de seguir hasta el aula de música. Prefiero que no haya problemas ni complicaciones añadidas. Hasta cierto punto, lo de Mr. Bacon era previsible en vista de los precedentes y que supongo Ana le habrá puesto sobre aviso. En el St. Francis no hacía falta que se dijera nada de un curso para otro porque ya todos los profesores estaban al tanto de lo particular de mi caso, con la desventaja de que no en todos los cursos ha sido el mismo, pero ese cambio no hizo que cambiara de actitud y, una vez superado 5th Grade, pretender que me que estuviera al nivel de mis compañeros se convertía en un objetivo imposible ante mi falta de cooperación. Para este curso, Ana le habrá tenido que advertir a Mr. Bacon que no tenga ninguna consideración conmigo porque, me agrade o no la idea, no que me queda otro remedio que aprender. Aunque de momento haya de ser por las buenas y mejor que no me piense ni en broma qué medidas se tomarán como haya de ser por las malas. Mejor que no me den la ocasión de que me conozcan en el Matignon High.

Debo admitir que mis habilidades musicales tampoco son algo que destaquen de mi personalidad, pero dado que se trata de una asignatura optativa, hubo que completar los créditos de la matrícula, y esta asignatura me pareció la más asequible, en la que tampoco coincido con Yuly. Lo cual provoca que, al menos este curso no seamos compañeras inseparables, y de momento prefiero no pensar lo que ocurrirá el próximo curso, dado que ni siquiera tengo seguro que ella siga como estudiante del Medford High, porque está demasiado lejos de su casa. Quizá sus padres se den cuenta de que ello no le aporta tanta ventaja como supone. En cualquier caso, estoy habituada a que la amigas antes o después se marchen. Pero, de momento, esta mañana tengo clase de Música y a Yuly como amiga. Por lo cual mejor que no me preocupe demasiado por el futuro, cuando lo más seguro es que, como me retrase en entrar en el aula, me dejarán en el pasillo.

Period             Schedule                                          Subject

Period 1          07:52 AM-08:49 AM                        Music

Period 2          08:52 AM-09:49 AM                        Science

Period 3          09:51 AM-10:47 AM                        Algebra

10:55 AM. MHS The ladies toliet

Quedar en el aseo de las chicas quizá no sea lo ideal, pero como después de tres horas de clase a alguna de las dos es previsible que le haga falta, parece lo más acertado, de manera que la otra dispone de un par de minutos más para llegar, aunque nos topemos con el inconveniente de que no somos las únicas. Sin embargo, resulta mucho más discreto, en caso de que alguien nos siga, aunque no es muy creíble pensar que nuestra vida en el Medford High sea del interés de nadie. Pero después de la charla sorpresa de ayer, lo cierto es que ambas preferimos disfrutar de un poco más de tranquilidad, que nadie nos vuelva a ver en la tesitura de que un profesor de nos acerca, aunque siempre sea mejor eso a que nos haga acudir a su despacho.

Yuly: Bueno, ya podemos hablar. – Me dice aliviada. – ¿Me cuentas lo de la visita sorpresa de ayer? – Me pregunta preocupada. – Es por avisar a mis padres. – Me dice con intención y complicidad. – Aunque mi casa esté justo al lado del St Theresa School a ningún profesor se le ocurría presentarse allí cada vez que me llamaban la atención. – Argumenta. – Me imagino la cara de mi madre cuando abra la puerta y se encuentre con Mr. ‘Panceta’.

Jess: A tu casa no creo que vaya. Vives muy lejos y tampoco le has dado motivos, salvo porque destacas por encima del resto. – Le contesto. – A mí ya me ha llamado varias veces la atención y me tiene fichada.

Yuly: Entonces, por mi parte, no me preocupo. – Suspira un poco más aliviada. – Cuéntame cómo fue.

Jess: ¡Me volvió a advertir que, como no tenga una actitud más participa en clase, estoy suspensa! – Le comento sin ocultar mis miedos. – Le parece bien que me ayudes, aunque me advirtió que también te suspendería, si lo consideraba oportuno. – Le comento. – ¡No nos lo pondrá fácil a ninguna de las dos! – Recalco.

Yuly: No creo que me suspenda. – Me responde. – ¡Mi tío Luis ya me ha torturado bastante como para que no apruebe esta asignatura! – Me indica. –  Hablo español como si fuera mi idioma materno.

Jess: No sé lo que has dicho, pero tampoco creo que sea capaz de suspenderte por mi culpa.

Es imposible que Yuly suspenda en la asignatura de Spanish. Muy mal se le tendría que dar y a ella le sobran conocimientos y motivación. Sin embargo, por lo que Mr. Bacon insinuó ayer, me dio la sensación de que hablaba en serio y que mi calificación final será lo que condicione la de Yuly. No me parece que sea justo para ninguna de las dos, porque cada cual ha de ser evaluada en función de sus propios méritos. Aparte de que nos conocemos desde hace tan solo una semana, porque somos compañeras de clase, y lo que Mr. Bacon nos propone es que nos condicionemos por una desconocida, aunque a final de curso confío en que seamos mucho más amigas que ahora, si nos entendemos y ella quiere. Por el momento está dispuesta ayudarme con la asignatura de Spanish, pero es posible que se junte conmigo tan solo porque las demás no le hacen demasiado caso. Yuly es una chica que ve lejos y ello provoca un cierto recelo en algunas personas, a mí me da lo mismo de donde sea porque de todo el grupo es la única que se muestra simpática conmigo, que no valora como algo tan negativo que sea una de las chicas del St. Clare. Ella ya ha estado allí y se ha dado cuenta que no somos pobres, tan solo chicas sin padres al cuidado de dos monitoras y de quienes de vez en cuando viene a ayudar.

Ella tiene como objetivo le permitan que se matricule en el nivel Honor en el próximo curso, por lo cual una nota baja en Spanish o cualquier otra asignatura le vetaría esa posibilidad. Tengo entendido que necesita una calificación media de más de 80 puntos y, aunque no sé el grado de demanda que tiene ese nivel, es posible que tan solo se admita a quienes hayan hecho más méritos, por lo cual una asignatura con una calificación inferior a 80 supone una desventaja, aunque la media final y global del curso supere esa puntuación. Lo cierto es que no me ha dado muchos detalles sobre su puntuación media en 8th Grade, pero si está en mi clase o tal vez porque ha solicitado plaza en un high school tan lejos de su casa, el caso es que no era suficiente como para que se la tuviera en cuenta. Es más, por lo que me ha dado a entender, es posible que aún haya de demostrar sus aptitudes porque sus padres no tienen demasiada confianza y temen que el nivel Honor sea demasiado exigente. En mi caso, como es lógico, se descartó desde un primer momento porque no soy tan buena estudiante ni lo pretendo.

Yuly: ¿Sabes? – Me pregunta. – Me gusta lo que te has hecho en el pelo. – Me dice para cambiar de tema y que nos relajemos. – Te queda bien y acentúa tus rasgos. Así no pareces tan europea.

Jess: ¿Qué? – Le pregunto sin comprender la pregunta ni que cambie de tema. – No me he hecho nada especial en el pelo. – Le digo.

Yuly: Entonces, ¿siempre llevas esas rastras de colores? – Me pregunta contrariada. – Cuando llevas el pelo suelo no se ven. – Me indica. – ¿Son por algún motivo especial?

Jess: Ya hace tiempo que las llevo. – Le contesto. – No son por nada en particular. – Le indico. – Hace tiempo una de las tutoras me las empezó a hacer y les he cogido el gusto.

Supongo que, como ya somos amigas, empieza a haber confianza entre nosotras y se permite hacer este tipo de comentarios y alusiones más personales sobre cuestiones que para mí no tienen demasiada importancia, pero que a ella le llaman la atención. En esta ocasión son las dos trenzas/rastras de colores a la altura da nuca, a las que después del tiempo que hace que las llevo tampoco considero algo tan relevantes. Si cabe, son uno de los pocos toques de coquetería femenina que he tenido desde siempre, aunque no recuerdo muy bien quién me las confeccionó la primera vez, cuando aún necesitaba ayuda para peinarme y que después he conservado. Aunque cada cierto tiempo las he de renovar porque el pelo crece y tampoco es algo que me guste que destaque demasiado. Pero cuando llevo el pelo tan recogido como hoy quedan sueltas y a la vista de todo el mundo. En el St. Clare’s este detalle no es ningún secreto y como tal Ana y Monica me lo consienten. Ya que, como asegura Ana, mientras se trate tan solo de un capricho de coquetería, no tienen relevancia. Lo grave sería que pretendiera darle algún otro sentido. De hecho, en alguna ocasión me ha insinuado que la corte y no me las vuelva a hacer, pero aún no me he dejado convencer de ello. No es algo que me moleste, no considero que haya de molestar a nadie porque se trata de mi pelo trenzado con hilos de lana.

Yuly: ¿Sabes hacer ese tipo de trenzas? – Me pregunta. – A mí me parece mucho trabajo y que hay que tener mucha maña.

Jess: No es demasiado complicado. – Le comento. – Al principio hace falta un poco de ayuda, porque hay que ver lo que se hace, pero, después, es cuestión de maña, de que se crucen los hilos con los mechones de pelo.

Yuly: ¿Eres una hippie? – Me pregunta extrañada. – ¿Nadie te ha llamado la atención?

Jess: No, no soy hippie ni nada de eso. – Le respondo. – Supongo que es porque lo que tú has insinuado antes, quién me las hizo la primera vez quiso que resaltaran mis rasgos amerindios.

Yuly: Entonces ¿No te consideras hispana? – Me pregunta sin ocultar su extrañeza. – Se supone que tu padre es español.

Jess: Sí, bueno. No sé. – Le respondo un tanto confundida por su pregunta. – Por supuesto que quiero a Daddy, sueño con el día que venga a buscarme, pero, como me aconseja Ana, mi tutora, me ha de querer por mí misma.

Yuly: A mí me pareces una chica simpática. – Me dice por su hubiera malinterpretado sus comentarios e insinuaciones.

Como soy una chica, todo el mundo insinúa que me parezco a mi madre, aunque nadie sepa quién es.Y ante la casi completa certeza de que mi padre es de origen europeo, español, se me considera una mestiza, sin que haya renegado de ello ni considere que tenga más importancia unos rasgos sobre otros. El caso es que no soy demasiado aficionada a mirarme a los espejos, aunque no por ello me guste ir despeinada o con la cara sin lavar. En el St. Clare’s ya saben de mis malas costumbres con el vestuario y me tienen bastante controlada en ese aspecto. Ana se ha ocupado de que aprenda a vestirme y sea un poco más consciente de mi feminidad, no para que supere los recelos hacia mi madre como para que me olvide de los agobios que me causa vivir en el St. Clare’s sin el cariño y afecto de mis padres. Como ella me dice, he de asumir ques mientras mis circunstancias no cambiens ese es mi hogar. Pero ello no ha de impedir que me desarrolle como persona, que tenga curiosidad por tratar con la gente y saber que hay más allá de lo que alcanza mi vista cuando me asomo por la ventana de mi dormitorio. Si yo me acepto como soy, los demás también lo harán. Sin embargo, me temo que entre mis compañeros de clase no hay nadie que me tenga en cuenta, salvo Yuly.

El consejo que siempre nos dan es que no hay que juzgar a la gente por la primera impresión, aunque tampoco debemos ser demasiado confiadas con los extraños, por lo cual nuestras valoraciones han de estar entre la prudencia y la amabilidad. En mi caso soy víctima de esas primeras impresiones, de que quizá siempre me ha gustado demasiado ser yo misma y tal vez eso es lo que resulte y acentúe el rechazo de los demás. Supongo que como soy reacia a que me encuentren familias de acogida o adopción, sin pretenderlo provoco cierto rechazo en los demás, no soy lo que se dice una chica que se adapte demasiado bien a los cambios, por lo que me he quedado para evitarme el trauma de la mudanza a Matignon High. Si mi cabezonería forma parte de esa genética heredada de mi madre, no la rechazaré porque hasta ahora me ha aportado mucho, a pesar de que también me ocasión más de un problema, pero así es como soy yo. Como en ocasiones Ana exclama, tendrá que ser Daddy quien haga de mí una chica un poco más civilizada, porque para el resto del mundo es imposible.

Yuly: ¿Vamos a comer algo? – Me pregunta y propone. – No tenemos toda la mañana y cuando nos queramos dar cuenta sonará la campana.

Jess: Sí, vamos porque no creo que aguante hasta la hora de comer con el estómago vacío

Yuly: Pero, tú desayunas ¿verdad? – Me pregunta contrariada.

Jess: No todo lo que me gustaría porque me levanto con el tiempo junto. – Le confieso.

Yuly: No es porque no te den de desayunar ¿verdad? – Me pregunta contrariada.

Jess: Mientras me visto, o la noche antes, Ana se ocupa de prepararme el desayuno. – Le comento y aclaro. – Dependemos de la parroquia, pero tenemos las necesidades cubiertas.

El desayuno es la comida más importante del día y, como se me ocurra venir a clase sin haber pasado por la cocina, quien me persigue hasta la parada del bus es Ana con intención de que coma. No sé qué rumores ha escuchado por ahí sobre que hay chicas que se niegan a comer porque se ven gordas e incluso algunas que se supone comen con normalidad, pero después vomitan para que la comida no le llegue al estómago; incluso me ha hablado sobre chicas que se someten a regímenes sin que lo necesiten. Según me explicó, en la mayoría de los casos hay de trasfondo un problema de autoestima. Entiendo que quiso tantearme, más que informarme, por si se me había pasado por la cabeza algo similar. Sin embargo, por lo que a mí respecta, puede estar tranquila. Le tengo bastante recelo a los espejos, pero ello no implica que no me guste mi aspecto o que no tenga apetito cuando me siento a la mesa. Sé que no como de todo, pero eso tampoco es ningún secreto ni algo que haya de ocultar. En el St. Clare’s me conocen bastante bien porque llevo allí toda la vida. En ocasiones tengo la impresión de que saben lo que me pasa incluso antes de que yo me entere.

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