Crónicas de Fulton Street

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Etiqueta: Esperando a mi Daddy

Thursday, September 14, 1995 – 06:50 AM

Crónicas de Fulton Street: El camino a la parada del bus a primera hora

Jessica Marie Bond

Preparación: Más que una simple elección de ropa

Hace un tiempo asqueroso ahí fuera: 19.4°C, cielos cerrados y esa niebla de Medford que parece que te va a calar hasta los huesos. Pero lo que de verdad me revuelve el estómago es pensar en el instituto. Es solo el sexto día de clase y ya siento que Medford High es una ratonera, sobre todo por la clase de Spanish. El tal Mr. Bacon (o «Mr. Panceta», como dice Yuly) me tiene fichada. Me entra un agobio de muerte solo de pensar en tener que abrir la boca y que me obliguen a hablar ese idioma.

Ana insiste en que deje ya de usar la ropa de chico que conseguía «trapicheando» en el parque. Dice que ya soy mayor, que tengo catorce años y que es hora de ser yo misma. No es que quiera ir hecha una princesa, pero ya paso de que me confundan con un crío. Mi mochila está lista y yo también:

  • Vestuario: Unos vaqueros azules y una camiseta blanca de manga corta. Sencillo, informal, pero que se note que soy una chica. No quiero llamar la atención, pero tampoco ser invisible.
  • El cabello: Lo llevo largo, a veces me sirve para esconderme detrás. Hoy dejo que se vean las «rastras» de hilos de colores que me hizo una de las tutoras en el St. Clare’s. Me gusta sentirlas rozando mi nuca cuando camino; es de lo poco mío que conservo.
  • El accesorio vital: Mi paraguas. Con este cielo de septiembre, no pienso arriesgarme. Los tíos del instituto son unos idiotas y no voy a darles el gusto de que se rían de mí con lo del «concurso de camisetas mojadas» si empieza a llover.

El vertiginoso descenso por Fulton Street

A las 06:50 AM cruzo el porche y empiezo a subir la cuesta. Aquí el «school bus» no espera a nadie, y si se me escapa, me toca pegarme una caminata de una milla y media hasta el instituto o aguantar el sermón de Ana.

Subir Fulton Street con esta humedad y la niebla pegada a la cara me hace sentir como una pelota que rueda y rueda por los suelos, como si no pudiera frenar hasta llegar abajo. Medford a estas horas es gris y solitario. Aprovecho estos minutos para estar a mi bola antes de que empiece el jaleo de verdad y me cruce con toda la peña de Medford High.

La parada del bus: Fulton Street & Spring Road (07:05 AM)

Llego al cruce de Fulton Street con Spring Road a las 07:05 AM. El termómetro ha subido a los 20°C, pero la niebla sigue ahí, escondiendo los coches. En cuanto llego, la paz se acaba. Gabe ya está allí con sus amigos. Son de mi curso, de 9th Grade, pero se creen los reyes del mundo cuando en realidad somos los «pequeños» del instituto. Gabe es un imbécil y siempre empieza con su cancioncita para intentar dejarme en evidencia:

Jess Bond, Jess Bond, you are Jessica Bond. You can give it to me when I need to come along. Jess Bond, Jess Bond, you are Jessica Bond

Me siento como el eslabón más frágil de la cadena, la más débil de la parada. Me muero de ganas de mandarlo a la mierda o echarme a llorar, pero lo único que hago es darle la espalda e ignorarlo. No voy a darle el gusto. Cuando por fin veo aparecer el autobús amarillo, siento que me han salvado la vida. Me subo rápido y me hundo en los asientos del fondo, contra la ventanilla, para que nadie me dirija la palabra.

Reflexión: El porqué del camino

Mucha gente no entiende por qué me empeño en quedarme aquí en lugar de irme a Matignon. La razón es simple: el St. Clare’s está cerca del hospital de Valley St. Allí es donde me abandonaron cuando era un bebé, y es el único sitio que conoce «Daddy». Si me muevo de Fulton Street, si me rindo y me voy lejos, ¿Cómo demonios me va a encontrar cuando venga a por mí?

Sé que mi madre me dejó tirada y me da una rabia que me quema por dentro, pero a él lo sigo esperando. Por eso aguanto a Mr. Panceta y sus amenazas de expulsión. Mi única aliada es Yuly; ella es una empollona de West Roxbury que habla español perfectamente, pero es la única que no me mira como si fuera basura de un hogar de acogida. El otro día me pidió que tradujera eso de «Me importa un bledo que llueva en Toledo». Entiendo más de lo que digo, pero me da igual. Estudiaré lo justo para que no me echen, porque necesito estar aquí cuando él llegue. Pero no voy a ceder. Es mi rebelión personal.

I do not speak Spanish.

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