Friday, September 15, 1995 – 06:20 PM
Mi Armadura de Algodón: Por qué mi Estilo es mi Búnker

Jessica Marie Bond
Introducción: La ropa como declaración de resistencia
En Medford High, todos parecen tener mucha prisa por encajar o por destacar. Yo no. Para mí, vestirme no tiene nada que ver con la moda; es una estrategia para no desmoronarme. Soy un «bicho raro», lo sé. Una observadora periférica que vive en St. Clare’s porque mi árbol genealógico se cortó de raíz en la cuna de un hospital. Ese desarraigo es lo único que realmente poseo, y mi ropa es el búnker que lo protege.
No busco las miradas de nadie. Al revés, mi ropa es un escudo contra un mundo que intenta empujarme hacia un futuro que yo no he pedido. Siempre lo he dicho: «Si digo que no, el mundo deja de moverse, y si no se mueve, Daddy podrá encontrarme». Mi vestimenta es el ancla que me mantiene exactamente donde él me dejó, en Fulton Street, esperando a ser recuperada. Si cedo, si cambio mi forma de ser para complacer a los demás, el mundo volvería a girar y yo me perdería para siempre.
El «Uniforme» de Fulton Street: Jeans y Capas
Mi «uniforme» es una elección deliberada para no dejar que el tiempo me toque. Hoy, por ejemplo, para la clase de gimnasia, me puse un polo negro de tirantes debajo de una camiseta blanca de manga larga gris, mis jeans azules y mis zapatillas de deporte grises. A veces prefiero los petos, porque esa capa extra de algodón es lo único que me hace sentir segura.
Siento que soy de «talla pequeña» comparada con el resto de las chicas de Medford. Ver cómo todas maduran biológicamente me asusta; para mí, madurar es traicionar la espera. Si me quedo pequeña, si me escondo bajo capas de ropa holgada, sigo siendo la niña que mi padre busca. Mi ropa cumple tres misiones sagradas:
- Preservación: Es la única forma de mantener el control sobre mi voluntad. Al decidir qué cubrir, decido qué parte de mí le pertenece al sistema y qué parte me guardo para cuando Daddy vuelva.
- Comodidad: Mi vida en St. Clare’s y las exigencias de Ana me obligan a estar lista para cualquier cosa. El algodón no hace preguntas y me permite moverme sin sentirme expuesta.
- Invisibilidad: Si nadie se fija en mí, nadie me pregunta por qué sigo aquí después de tantos años o por qué mi español se queda atrapado en mi garganta.

Contra la «Sexual Bomb»: El camuflaje como escudo social
El acoso en el instituto es como un ruido blanco que intento apagar. Desde que empezaron con la burla de la canción de «Jessica Bond» —esa con letras lascivas que dicen «give it to me» o «sexual bomb»—, mi necesidad de cubrirme se ha vuelto una urgencia física.
Esas letras son una distorsión asquerosa de quien soy. Yo no soy ninguna «bomba sexual»; esa es una imagen que el mundo intenta proyectar sobre mí para obligarme a crecer de golpe. Por eso elijo conscientemente no ser «coqueta» ni «presumida». Mientras otras enseñan demasiado, yo me envuelvo en algodón. Mi ropa es mi respuesta directa a esas palabras: es mi forma de decir que no estoy disponible para sus juegos, porque mi lealtad es un pacto que solo me pertenece a mí y a mi padre.
El «Trapicheo» y la Identidad: ¿Chica o Chico?
A veces consigo mi ropa mediante el «trapicheo» con los chicos de la zona. No me importa de dónde venga la prenda si cumple su función de escudo. Sé que esto confunde a la gente; hay quien me dice que parezco un chico, y hace tiempo eso me daba igual. Ahora, lo veo como un acto de rebeldía necesario. No quiero que nadie me identifique con la «institución» de St. Clare’s ni que me vean como la típica huérfana desamparada que el Estado quiere moldear.
| Lo que los demás ven | Lo que Jessica siente |
| Una chica que viste como un chico y no tiene estilo. | Una forma de no dejar que St. Clare’s defina quién soy. |
| Una estudiante que se niega a hablar español y es difícil. | Protección del idioma de mi padre; no quiero contaminarlo con tareas escolares. |
| Alguien que se descuida y no quiere encajar en Medford. | Lealtad absoluta a la espera. Si no cambio, Daddy me reconocerá al verme. |
Prioridades: Marcas vs. El Sueño de Toledo
En St. Clare’s no hay dinero para «caprichos tontos de adolescentes». Podría haberme ido a una familia de acogida para tener ropa de marca o haber aceptado el traslado al Matignon High, donde las cosas son «de mejor calidad». Pero he dicho que no a todo.
Mis prioridades no están en los escaparates de las tiendas. Prefiero mil veces aceptar el presupuesto limitado de la residencia que arriesgarme a que Daddy pierda mi pista. Cada dólar que no gasto en vanidad es un recordatorio de que mi vida de verdad empezará en Toledo. He rechazado familias de acogida porque soy «mayor» y quedarme aquí es una excepción que peleo cada día. Es un sacrificio que acepto por mi «lealtad a la espera». La ropa es solo trapo; el sueño de encontrar a mi padre es lo único sólido que tengo.
Conclusión: Vestirse para ser encontrada
Mi forma de vestir es la piel de mi «patología de la esperanza». Ana intenta convencerme con el cuento de los «Tres Cerditos» de que debo construir cimientos de ladrillo —un buen GPA, estudiar español— para que el lobo del futuro no me sople la casa. Pero ella no entiende que mi búnker de algodón, aunque parezca una casa de paja, es el único lugar donde me siento a salvo de la realidad.
Ella me amenaza con enviarme a Toledo en una caja por «correo urgente» si no espabilo, como si fuera un objeto que se puede despachar. Y quizá tenga razón: me siento como un «objeto inanimado en espera». Me niego a madurar fuera de estas paredes porque, si lo hago, aceptaría que el tiempo ha pasado y que Daddy quizá nació en 1974 y nunca va a venir a buscar a una mujer adulta. Mi ropa es el último territorio de mi voluntad. Mientras pueda seguir usando mis polos negros y mis camisetas grises, el tiempo seguirá detenido, y yo seguiré lista para cuando él aparezca.
Origen
- Friday, September 15, 1995 página 1
- NotebookLM

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