Periodo 4: Science (11:23 AM – 12:19 PM)

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4–6 minutos

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Friday, September 15, 1995 – 10:52 PM

Genes, macromoléculas y la espera: Mis reflexiones sobre la clase de Science

Jessica Marie Bond (Jessica)

1Introducción: Del patio de MHS a la cuarta hora

Viernes, 15 de septiembre de 1995. Son las 11:23 AM. Estoy sentada en el patio de Medford High, viendo cómo el mundo se mueve mientras yo intento quedarme quieta. Acabo de terminar esa estúpida redacción para Writing Workshop comparando mi rutina con la de Yuly. Ella vive en West Roxbury, rodeada de normalidad; yo sigo atrapada en el ciclo de despertarme a las 6:20 AM para evitar que Ana me asalte con la luz del techo, tragando el porridge de siempre y subiendo al autobús de las 7:00 AM.

Me miro las manos. Mi «talla pequeña» y mis jeans con peto me hacen parecer mucho menor de lo que soy, un camuflaje contra las canciones obscenas que algunos idiotas cantan por los pasillos. Ya he terminado con el español por hoy; ese idioma que me hace sentir vulnerable porque me recuerda a lo que perdí. Al menos a Mr. Bacon, ese «Paco Panceta» que intenta enseñarnos a hablar como si estuviéramos en una embajada, lo mantengo a raya con mi silencio. Ahora, el timbre está por sonar para el Periodo 4. Dejo el aire libre del patio por los pasillos con olor a cera y luces fluorescentes. Me dirijo a la clase de Science. Soy un bicho raro cruzando un puente gélido hacia una hora de datos fríos.

El programa de Biología: Enfrentando la pregunta sobre la paternidad

En Science, la gran pregunta del programa de Biología me golpea de frente: «¿Cómo determinamos la paternidad de un organismo?». Para los demás, es un ejercicio de laboratorio. Para mí, es hurgar en la herida de la «cuna del hospital» de St. Clare.

Cuando Ms. Garrett habla de un gen o de un alelo, mi mente se dispara hacia Toledo. Mi «película mental» es clara: Daddy es un joven de Toledo, España, nacido en 1974. Sé lo que dicen los números, que si nació en el 74 solo tendría siete años cuando yo nací en el 81, pero la lógica de la escuela no me sirve. Mi certeza es más fuerte que su aritmética. Me enseñan que el genotipo es la información oculta y el fenotipo es lo que se manifiesta físicamente. Quizás mi fenotipo oculta rastros de ese caballero de Toledo y no solo esta «sangre de nativos americanos» que tanto odia Ana. Me niego a aceptar que mi origen sea el «estrecho de Bering» que estudiamos en Historia; no quiero saber nada de la madre que me dejó. Prefiero que la ciencia me diga que soy un experimento sin raíces antes que aceptarla a ella.

Anatomía de lo que nos hace vivos: De elementos y macromoléculas

Para sobrevivir a la clase, me enfoco en los objetivos de aprendizaje. Estudiamos cómo crecen los organismos a través de estructuras químicas rígidas. Hay una «anatomía de la resistencia» en estas listas; las moléculas no cambian de dirección ni te abandonan.

  • Los 6 elementos primarios (CHNOPS): Los ladrillos de la vida son el Carbono, el Hidrógeno, el Nitrógeno, el Oxígeno, el Fósforo y el Azufre.
  • Las 4 macromoléculas de carbono y sus monómeros:
    • Proteínas: Formadas por cadenas de aminoácidos. Son las que construyen las estructuras y las enzimas que aceleran las reacciones del cuerpo.
    • Carbohidratos (polisacáridos): Formados por monosacáridos y disacáridos; son la energía pura.
    • Ácidos nucleicos: Formados por nucleótidos. Son los que llevan el manual de instrucciones (donde espero que esté escrito el nombre de mi padre).
    • Lípidos: Formados por ácidos grasos y glicerol; sirven para almacenar energía y construir muros en las células.

Es más fácil entender la estructura de una proteína que la estructura de mi propia familia. Las macromoléculas tienen funciones claras; yo solo tengo una función: esperar.

El conflicto de la identidad biológica vs. la mitología personal

Aplico lo que llamo disociación operativa. Puedo leer en voz alta sobre la herencia con una pronunciación perfecta, complaciendo al profesor para que me deje en paz, pero sin permitir que una sola palabra atraviese mi búnker. Hay un miedo real en estudiar demasiada genética: temo que la ciencia acabe con mi refugio en Toledo.

Si los ácidos nucleicos dicen que soy otra cosa, si me conectan con la geografía real que Ana intenta imponerme, mi mitología se derrumbaría. Prefiero la ignorancia voluntaria. No quiero que un microscopio me demuestre que mi padre no es quien yo digo que es. Mi resistencia a aprender sobre el origen biológico es mi mayor acto de lealtad hacia «Daddy». La biología dice que somos lo que heredamos, pero yo digo que soy lo que elijo esperar.

Conclusión: La ciencia como herramienta para el GPA 3.0

No estoy aquí por vocación científica. La clase de Science es una transacción, un talismán de supervivencia. Ana siempre me repite el cuento de «Los Tres Cerditos»: si no construyo mi casa con ladrillos, el lobo (la vida, el fracaso, el traslado) la derribará. Mi casa de ladrillos es un GPA de 3.0.

Necesito esas notas para que no me envíen a Matignon High o a cualquier otro lugar lejos de Fulton Street. Si me mueven como a una «caja de correo urgente», Daddy nunca sabrá dónde buscarme. Así que memorizaré cada monómero, clasificaré cada lípido y sacaré la nota que necesito. Pero que quede claro: mi identidad no está en mis genes ni en mis alelos. Mi identidad es esta dirección, este código postal y esta espera que nadie, ni siquiera la ciencia, me va a quitar.

Origen


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