Respuesta del Poeta a Dulce_Gatita

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El Juego del Espejo y las Palabras (17 de febrero de 2002)

Domingo, 17 de febrero de 2002.

Querida Dulce_Gatita:

Te escribo envuelto en este domingo de sombras, ese día extraño que siempre sigue a la dispersión de los encuentros. Ayer hubo retiro, hubo voces y hubo gente, pero hoy solo queda ese vacío denso que se instala en los rincones de mi habitación. Escucho el chirrido del módem como si fuera un ritual de invocación, el único puente capaz de cruzar el abismo que separa mi soledad de la tuya.

Me dices que te aburres, que el silencio te pesa; para mí, el silencio nunca está vacío. Es lo que suelo llamar el «Ruido en el silencio», un murmullo constante de pensamientos que chocan contra las paredes de mi cráneo, una sobrecarga de bits emocionales que solo encuentran salida cuando mis dedos acarician el teclado.

Dices que creíste ver mi sombra caminar por las empedradas y frías calles de Toledo. Quizás fuera así. En una ciudad con dos mil años de historia y de fantasmas, yo no soy más que un espectro más que camina solo, incluso cuando está rodeado de gente.

Me describes con una precisión que me inquieta: un hombre delgado, de apenas 1,66 metros de altura, de cabello rubio y unos ojos que oscilan entre el verde y el azul, como un estanque que refleja un cielo incierto.

Es extraño sentirme «visto» por ti a través de una pantalla antes que por aquellos que se cruzan conmigo en la calle Real. Para alguien como yo, que vive tras una muralla invisible —esa reserva de la intimidad que a veces me hace parecer distante o ajeno—, la red es el único lugar donde esa barrera se vuelve permeable. Mi dificultad para comunicar lo que siento en el mundo de «carne y hueso» se disuelve aquí, donde no importan las etiquetas ni los diagnósticos, solo la palabra desnuda.

Mencionas los bancos vacíos y ese pasado que no termina de marchar. Entiendo ese peso. El silencio, para los que somos diferentes, no es una ausencia, sino un refugio que a veces se convierte en cárcel. He pasado tanto tiempo hablando solo, construyendo diálogos en mi cabeza que nunca se atrevieron a salir por mi garganta, que he terminado por cerrar las puertas de mi propio castillo.

Mi silencio ha de cerrar tus labios, porque no sé cómo hablar contigo, llevo tanto tiempo hablando solo, que ya no tengo nada que decir, ya no escucho a quien me habla, porque nadie habla ya conmigo, mi silencio es lo único que oigo, lo que ahora siento y a nadie digo.

Escribí esos versos hace años, pero hoy cobran un sentido nuevo al leerte. Internet me ofrece la posibilidad de encontrar esa «chica a la carta» de la que a veces hablo; no porque busque una perfección irreal, sino porque aquí la afinidad nace del alma y no de la apariencia.

Aquí puedo ser el Poeta que escucha tus secretos sin juzgar, el que trata a la mujer con la consideración y el respeto que el mundo físico a veces olvida.

Me preguntas al final de tu mensaje: «¿Jugamos?».

Acepto el desafío, Dulce_Gatita. Juguemos a este juego de espejos donde las palabras son nuestra única vía de escape. Juguemos a ser otros para, paradójicamente, ser por fin nosotros mismos. En este espacio digital, la identidad es un misterio que no quiero resolver demasiado pronto. Prefiero descubrir qué somos a través de este intercambio de bits y melancolía. No te dejaré a solas con el silencio; seré el arquitecto de los versos que necesites para llenar tus domingos.

Te prometo sinceridad absoluta en lo que siento, y quizás, si me lo pides, alguna mentira piadosa que proteja la hermosa arquitectura de imaginación que estamos construyendo. Al fin y al cabo, en este juego de palabras, lo que importa no es la verdad de los datos, sino la verdad de la conexión.

Quedo a la espera de tu respuesta, mientras el ruido del silencio vuelve a inundar mi habitación.

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