Crónicas de un lunes en Fulton Street

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4–7 minutos

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Monday, September 18, 1995 – 07:00 AM

El bus, el abecedario y la rabia contenida

Jessica Marie Bond

Introducción: La atmósfera del lunes a las 07:05 AM

El lunes ha empezado con el abecedario de Ana retumbando en la puerta de mi cuarto: «Arriba, baño, corre, deprisa, espabila, fuera, gandula, holgazana, irresponsable, juguetona…». Es su forma de recordarme que la tregua ha terminado. El fin de semana en St. Clare’s fue demasiado silencioso; las chicas que tienen familias de acogida se marcharon el viernes y el hogar se quedó vacío, solo para nosotras, las que no tenemos a dónde ir. Ahora, el lunes me devuelve a la realidad de Medford High.

Estoy de pie en la esquina de Fulton Street con Fulton Spring Rd. El aire de septiembre tiene ese olor metálico del tráfico de Fellsway y el hedor rancio de la tapicería vieja del transporte escolar que acaba de frenar. Si me hubiera retrasado un segundo más por estar distraída, habría perdido el bus.

  • El clima: Un frío que se te mete en los huesos pero que no termina de ser invierno.
  • El tráfico: Un desfile de coches en Fellsway que me obliga a cruzar con un miedo que me hace parecer idiota.
  • La sensación: Esa urgencia por ser invisible que se rompe en cuanto subo los escalones del bus.
Jessica esperando el bus// Nano Banana

La tortura acústica: Gabe y la «Bomba Sexual»

Gabe me estaba esperando. Tiene ese instinto depredador de los que saben cuándo alguien está al límite. Sabe que hoy, en la segunda hora, tengo el examen de Spanish I con «Paco Panceta» y que mi ansiedad por hablar en español me tiene con el estómago revuelto. En lugar de callarse, decide usar su arma favorita para recordarme que soy un bicho raro, una «talla pequeña» que se esconde bajo jeans con peto para no parecer una chica de verdad.

♫ Sex Bomb, Sex Bomb, you are Jessica Bond. You can give it to me when I need to come along. Jess Bond, Jess Bond, you’re Jessica Bond ♫

Escuchar esas letras lascivas mientras él se ríe me hace querer desaparecer. Uso estos jeans anchos precisamente para evitar esto, para no ser «coqueta» como Yuly, para que nadie me mire. Pero Gabe mira. Canta «give it to me» como si yo fuera algo que se puede usar, burlándose de mi falta de desarrollo y de mi apellido, que es lo único que me queda de una familia que no conozco.

El dilema del español: Entre Mr. Bacon y el «Abecedario Real»

Mr. Bacon (o Paco Panceta, como le digo para que no me asuste tanto) espera que me ponga de pie y recite letras muertas. Ana dice que lo lea «mecánicamente», como si no importara. Pero para mí, cada letra es un campo de batalla.

La Tarea Oficial (Lo que espera Mr. Bacon)La Tarea Imaginaria (Lo que Gabe merece)
Recitar de la A a la Z con fonética perfecta.Lanzarle cada letra como si fuera una piedra.
Mantener un GPA de 3.0 para no ser expulsada.Usar el español para mandarlo al infierno sin que lo entienda.
Demostrar que soy una estudiante aplicada.Gritar que mi silencio es una armadura, no ignorancia.
Superar la ansiedad de hablar en público.Convertir el abecedario en un muro de desprecio puro.

El Abecedario de la ‘Ñ’: Una fantasía lingüística

Si no fuera una cobarde, si no estuviera tan estancada, le dedicaría a Gabe mi propio alfabeto en la clase de Spanish I. Cada letra sería un golpe:

  • A de Asco: Lo que siento cuando escucho su risa de hiena.
  • B de Bocazas: Porque no sabe cuándo dejar de cantar.
  • C de Cobarde: Por meterse con la chica que no responde.
  • D de Desprecio: Lo que le reservo en mi «Notebook of Jessica».
  • E de Estancada: Como me siento en este bus, en este cuerpo, en este lunes.
  • F de Flacucha: Lo que él ve cuando me mira y no encuentra una mujer.
  • G de Gabe: El sinónimo universal de idiota en Medford High.
  • H de Hartazgo: El límite que he cruzado hoy a las 07:05 AM.
  • I de Invisible: Mi superpoder fallido.
  • L de Lealtad: Lo que le guardo a alguien que ni siquiera está aquí.
  • M de Mierda: En lo que se convierte este viaje cada vez que él abre la boca.
  • N de Nadie: Lo que Gabe cree que soy; lo que temo ser de verdad.
  • Ñ de… Esa letra tiene un gancho, una tildita arriba que parece una cicatriz o un anzuelo. Es la letra que guarda toda mi rabia contenida. Es un sonido nasal, un golpe seco que se me queda atrapado en la garganta. Es la letra que le escupiría si tuviera el valor de romper mi estasis.

La barrera del silencio: Por qué la «Ñ» se queda en la garganta

Pero no digo nada. Me hundo en el asiento y miro por la ventana. Mi silencio es mi único control. Si respondo a Gabe, si le suelto la «Ñ» y todo lo que viene detrás, habrá problemas. Si hay problemas, me enviarán a Matignon High. Y si me sacan de St. Clare’s, me convertiré en una «caja de correo urgente» perdida, un objeto que nadie puede rastrear.

Tengo que quedarme aquí. Tengo que ser este objeto inanimado que espera en Fulton Street. Mi «patología de la esperanza» me dicta que Daddy vendrá. Sé que suena loco: mis cálculos dicen que nació en 1974, lo que significa que solo tenía siete años cuando yo nací. Es una lógica anacrónica, rota, pero es lo único que tengo. Prefiero soportar a Gabe y su «Sex Bomb» que arriesgarme a que ese caballero de Toledo llegue a la puerta de St. Clare’s y yo ya no esté. Mi silencio es el precio de mi lealtad a un fantasma.

Notas finales de una «Bicho Raro»: He revisado mis notas. Mantener ese GPA de 3.0 es mi escudo. No estudio por aprender, estudio para comprar tiempo. Mientras mis notas sean buenas, nadie me moverá de aquí. Soy una experta en la disociación operativa: leo perfecto en español para Paco Panceta, pero no dejo que ni una sola palabra toque mi realidad.

Origen


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