Friday, December, 22, 1995

04:00 PM. My bedroom

Friday, December 22, 1995. 05:00 PM

Lo siento, pero me niego en redondo y Ana no me convencerá de ello. No me pondré un vestido para la fiesta de quinceañera. Me da igual, si se suspende la fiesta. ¡No apareceré delante de todo el mundo como si fuera un payaso! Ya que se trata de mi fiesta y soy yo quien lo organizo. Prefiero ropa informal, una camiseta y unos jeans. Además, la fiesta será en el St. Clare’s y en estos meses la verdad es que no ha aumentado tanto la lista de invitados. Únicamente he conseguido una amiga entre mis compañeras del Medford High y porque parece que nos entendemos. No creo que a Yuly le importe tanto que me vista de una manera u otra, aparte que ella también tendrá su fiesta por los quince años, pero la celebrará en familia y sin tantas complicaciones como Ana me exige a mí. ¡Me niego a que me convierta en una muñeca! Ya lo consiguió para mi Primera Comunión, pero ya no me convencerá. De manera que espero que se busque otra idea para el regalo de Navidad para este año. Estoy segura de que me conoce lo suficiente como para saber todo lo que necesito y espero que me llegue en estas fechas. Los regalos en el St. Clare’s no son muy caros, más bien un capricho que hemos pedido durante el año y se nos ha negado por rutina. La verdad es que debido a mis notas no sé si este año soy merecedora de ello, aparte que con la permanencia en el St. Clare’s tengo bastante.

Según el criterio de Ana, y en vista a que el coste de la fiesta no sea demasiado elevado y le saque el mejor provecho, el vestido no tan solo me serviría para la fiesta, sino también para cuando me gradúe en el High School. Ya que supone que me apetecerá que me inviten y como me conoce sospecha que no me conformaré con algo tan informal. De manera que, como en todo, utiliza la excusa del vestido para que aprenda una de esas lecciones de vida que no se me olviden y que de otro modo aparto de mi vida ante lo que ella dice es mi negativa a crecer y a aceptar el hecho de que soy una chica. Para el día del Prom, si es que voy, lo que aún ni me planteo, con una blusa y una falda será suficiente. Sin embargo, Ana afirma que en mi caso lo ideal sería un vestido de tubo ajustado al cuerpo y una falda estrecha. No se da cuenta que, si ya soy bastante delgada, con tantas apreturas no me verán si me pongo de perfil, supongo que será la menos manera en que nadie se fije en mí, aunque la verdad es que en el Medford High ya se me ignora bastante, cuando no se burlan.

Para ese evento no me quiero gastar más de $300, ya que tampoco estoy preparando algo grandioso, solamente es una fiesta en el St. Clare’s, una excusa tonta que Ana se ha buscado para que haya un antes y un después en mi vida, a partir de ese día espera que todo el mundo se dé cuenta que ya no soy un patito feo ni una niña sin personalidad, seré una chica de quince años a quién no le asusta la vida ni las dificultades del mundo. Se muestra demasiado ilusionada y optimista, aunque creo que en el fondo le preocupa que a partir de esa fecha cada vez con más frecuencia se acerquen los chicos por el St. Clare’s. Que, si antes veían en grupo para que me fuera a jugar con ellos al parque, desde ese día lo harán de uno en uno y me invitarán a que demos un paseo e incluso me querrán que nos olvidemos de la hora tope de regreso y cometamos alguna locura de adolescentes. Sin embargo, en vista de caso que me hacen los chicos en el Medford High, no creo que su interés cambie por una fiesta más o menos. Es decir, cuanto menos llamativa sea la fiesta, cuanto menos me gaste en los preparativos, más fácil será que a los chicos se les pase por alto que aquí vive una chica de quince años. Será una fiesta tal normal como cualquier cumpleaños, en la que la presencia de los chicos ha estado muy controlada, éstos no aparecían por la puerta.

Que se hable en vísperas de Navidad de mi fiesta de quince años que será a finales de junio del año que viene parece un tanto inapropiado, pero Ana quiere que tenga tiempo para que lo piense y lo prepare, que no lo deje todo para el último momento porque entre los estudios y lo que ella teme que sean mis inevitables problemas de chica adolescente me faltará tiempo incluso para ser una adolescente. El día tan solo dura veinticuatro horas y yo me paso veinticinco ante la expectativa de que de un momento a otro Daddy aparecerá por la puerta y me pedirá que me vaya con él, porque espero que venga y seguro que lo hará, de lo contrario no tendría sentido que quien me abandonó dejase aquella carta en la cuna, porque es seguro que esa carta iba conmigo y no se refería a ningún otro bebé. Me abandonaron en una cuna en la que antes no había nadie, aparte que ya he aprendido que cuestionar cualquier detalle sobre mi aparición supone que todo se ponga en duda y ello me anularía por completo. Aunque no me guste yo soy: “Jessica Marie Bond, el bebé que abandonaron en la cuna del hospital”. 
“Querido Saint Claus:

Este año he sido muy buena, pero mejor que no le preguntes sobre ello ni a Ana, ni a Monica, ni a los sacerdotes de la parroquia de St. Francis ni a Mr. Bacon, mi profesor de Spanish. Tampoco le preguntes a mi nueva amiga Yuly, con quien comparto muchas confidencias, porque seguro que te dicen que tan buena no he sido. Espero que te fieis de mí. Si no he sido muy buena, al menos la intención cuenta y es lo que único que se tiene que valorar. Ya sé que, como no me he tomado esa asignatura con demasiado entusiasmo, he conseguido la peor nota de toda mi clase. Sin embargo, creo que ese es un detalle sin mucha importancia, si se tiene en cuenta el conjunto. Este año no me he escapado del St. Clare’s en ninguna ocasión y tan solo he pasado una tarde con los chicos del barrio. Tenía el permiso de Ana. Tan solo fue un partido de béisbol que perdimos contra otra pandilla. Yo acabé por los suelos y con barro hasta las orejas, pero no pasó nada malo. En cuanto regresé al St. Clare’s me di una ducha y como nueva. Las magulladuras de mis caídas desaparecieron a los pocos días.”
Después de las sutilezas y el lenguaje cuidado para justificar lo injustificable, hago cambio brusco de tono y, de sopetón, escribo con un lenguaje mucho más directo: “Y por eso quiero que me traigas...” y la lista de deseos para este año. Si fuera ambiciosa rellenaría tres rollos de papel y me faltaría. Sin embargo, para este año tan solo necesito una cosa, la única que estoy casi segura de que no es tan fácil de conseguir, alguna noticia sobre Daddy, si es que no me le traen a él en persona, porque algún año le he pedido que le trajeran dentro de una caja de regalo, pero ya tengo catorce años y soy mucho más sensata. Ya tengo asumido que es un deseo que no se cumplirá, salvo que me tengan una sorpresa preparada.

Ya no soy tan ingenua y sé que de esta lista de peticiones se ocupan Monica y Ana, que en realidad por poco o mucho que se pida, el St. Clare’s tiene un presupuesto limitado para regalos y dependemos de la generosidad de la gente del barrio, que sabe de nuestra penurias y se compadece de nosotras, aunque lo cierto es que en la parroquia lo normal es que se pida dinero para los niños pobres y necesitados de cualquier otro lugar del mundo, incluso nosotras tenemos que ser generosas en ese sentido, aunque tan solo demos las gracias porque a veces parte de esa generosidad nos llega a nosotras. Nosotras no somos chicas pobres y necesitadas, únicamente chicas con problemas familiares, algunas abandonadas o huérfanas y otras que han separadas de sus padres de manera temporal o definitiva. En cualquier caso, la mayoría somos candidatas a la adopción o se nos priva de esa posibilidad por algún motivo, como en mi caso, ya soy demasiado mayor y aún se espera a que Daddy reclame mi paternidad.

Después escribir esta carta a Saint Claus, - tan solo la carta, no mis reflexiones previas, - la introduciría en un sobre, el destinatario y la dirección: “Saint Claus” y se la tendría que entregar a Ana. Algún año se ha improvisado un buzón especial en la entrada, donde las chicas depositamos nuestras ilusiones y algún alma caritativa y generosa, de manera anónima, se la lleva e intenta que alguno de esos sueños se hagan realidad. Nosotras nos ilusionamos y alegramos con muy poco, igual que nos desilusionamos y sufrimos grandes frustraciones cuando llega el día de abrir los regalos y a los pies del árbol no encontramos lo que hemos pedido y se repiten caso de manera insistente los mismos regalos del año anterior, como si lo único que hubiera cambiado de una navidad a otra es que hemos crecido y la ropa es de una talla mayor. La ilusión es que el destino de la carta resulta un tanto vago, pero en ocasiones la carta llega hasta donde queremos e incluso sin sello o con la estampilla matasellada.

Dejo de escribir porque quien aparece por la puerta no es un chico, ni un ayudante de Saint Claus, sino Ana, que, como siempre, no oculta su preocupación por mi bienestar y lo que hago en mi dormitorio. Como ve, ahora no hago nada malo. Tampoco estudio. Tan solo escribo en mi diario. Supongo que esperaría que escribiese en español, que esto me sirviera de práctica, pero temo que se desilusionará cuando compruebe que en todo lo que llevo escrito hasta ahora no hay una sola palabra en español, aunque debido a mi asistencia a clase ya he ampliado en algunas palabras mi vocabulario, pero Ana sabe que me esfuerzo lo mínimo en ese sentido. Mi única motivación para que me interese la asignatura de Spanish I sería que tuviera alguna noticia o evidencia de que Daddy vendrá a por mí o espera que sea yo quien vaya a su encuentro, pero por el momento eso no ha sucedido y no hay expectativas que ocurra en los próximos años, además Ana sabe que me preocupa un poco eso de que mi padre sea un padre tan joven, porque si ya soy burlan de mis compañeros de clase, no creo que Daddy me tome mucho más en serio. Estoy segura de que Daddy se reirá de mí y me considerará una tonta, verá que hay chicas más guapas y simpáticas que yo, tal vez lo sepa y por eso me ignora.

Ana: Te concedo dos minutos para que escondas el cuaderno y no me dejes ver lo que has escrito y hablamos. – Me indica. – Tengo que comentarte algo importante y espero que esta vez me hagas caso.

Jess: Dime lo que sea mientras lo guardo. – Le respondo. – De verdad que te escucho. – Le aseguro.

Ana: ¿Te has pensado ya el tema de los chicos y la fiesta? – Me pregunta. – Te repito que no se trata de nada raro, de manera que refrena esos malos pensamientos al respecto.

Jess: ¿Por qué tengo que invitar a un chico? – Le pregunto intrigada. – Se supone que es mi fiesta y que invitaré a quien quiera. – Argumento.

Ana: Te digo lo de siempre. – Me contesta. – Quiero que aprendas algo. – Justifica. – Todo el asunto de la fiesta se monta por un motivo y seguro que pensarás que a tu amiga su familia no le pone tantas exigencias, pero imagino que ella también se quejará por los consejos de su madre

Jess: Sí, sí lo pienso. – Reconozco. – Con las demás sois bastante más condescendientes. – Confirmo. – A mí me impones un vestido, que rechazo, y la exigencia de que invite a un chico, no basta con que invite a Yuly, aunque ésta celebre ese acontecimiento en familia. – Le comento. – Nosotras tan solo somos amigas. – Aclaro.

Ana: Ya que lo comentas, creo que la exclusión a Yuly de la fiesta es una idea bastante tonta. – Me dice. – En primer lugar, nadie ha puesto en duda vuestra amistad, tu temor es infundado. Además, será el día de tu fiesta de quinceañera, y aunque a Yuly le hemos cogido cariño, no recibirá más atención que tú. Tú serás la estrella, y todos lo saben, con independencia de las amigas que invites o lo preciosas sean.

Jess: Tan solo se lo he dicho a Yuly. – Le confirmo.

Ana: Segundo. – Continúa. – Si tanto aprecias a tu amiga, que acuda a la fiesta hará que sea un día sea aún mejor. – Me contesta. – ¿Por qué? Porque ella te dará tranquilidad, te elogiará y hará que todo sea un poco más alegre. – Argumenta. – A parte de lo divertido que os lo paséis en estos meses, si compartes con ella la organización de la fiesta.

Jess: Me ha dado algunas ideas. – Le aclaro porque no quiero que Ana piense que delego demasiado.

Ana: Tercero, y tal vez lo más importante, no que te sientas obligada a corresponder, sino que así le demuestras lo mucho que aprecias su amistad y compañía. Con la fiesta has encontrado un motivo, algo que compartes con ella. Supongo que será una amistad que no querrás que se desvanezca después ¿No te parece que eso sería desastre?

Jess: Es la primera amiga que tengo fuera del St. Clare’s. – Le respondo. – En estos meses creo que ha surgido una buena amistad entre las dos. Como ella dice, gracias a mí ya no tiene que quedarse sola en la calle mientras espera a que su padre la recoja después de las clases.

Ana: Retomo el tema de los chicos y te repito que no es necesario que después de la fiesta le consideres tu mejor amigo, ni tan siquiera que le llames. – Me dice. – Únicamente quiero que invites a un chico para que tú seas la chica de la fiesta. – Me aclara. – Te conozco y cómo te conceda demasiada libertad, harás que se imponga tu criterio.

Jess: ¿Se lo tengo que pedir a alguno en concreto? – Le pregunto contrariada. – Yuly me ha sugerido que me presta a uno de sus primos, porque los chicos de clase son tontos de remate. – Le explico. – No creo que sus padres le permitan que venga sola.

Ana: Invita a quien quieras, lo dejo a tu libre elección. – Me responde. – Nadie dice que no sea un poco atrevida y se lo pidas al chico que te gusta, porque seguro que hay alguno que te ha llegado a tu corazoncito.

Jess: ¡No hay ninguno! – Replico con cierta vergüenza ante su comentario. – Los chicos son tontos y no hace falta que vengan a mi fiesta. Ya he superado esa etapa de mi vida. – Le aseguro. – Si en verano jugué al béisbol con ellos fue porque me acerqué por el parque y me lo propusieron

Ana: No hace falta que le concedas el protagonismo de la fiesta. – Me aclara. – Acabarías con un álbum donde tan solo aparecería él y pretendemos que sea tu fiesta

Jess: ¿Qué pasa si el chico se piensa que pretendo algo? – Le pregunto intrigada. – Tan solo será mi invitado para ese día y después que se pierda por ahí.

Ana: Tan solo te pido que invites a un chico, para que el día de la fiesta te sientas la princesa que eres. – Reitera. – Espero que te veas radiante en las fotos y que no haya necesidad de trucarlas cuando las revelen.

Jess: ¿Después de la fiesta ya tendré permiso para salir con chicos? – Le pregunto por curiosidad. – Hasta no hace mucho te enfadabas porque me jugaba al baloncesto con los chicos del barrio.

Ana: A mí no me parece que ellos se lo tomasen con tanta inocencia. – Me contesta con gesto serio. – Tú misma me has confesado que te has sentido incómoda con ciertas actitudes y no he sido yo quien te ha convencido para que abandonases esas amistades.

Jess: Los chicos dicen que Monica y tú sois demasiado protectoras, que nos cortáis las alas como si nos fueran a suceder cosas terribles en cuanto pisamos la calle.

Ana: Supongo que, si tú te miras, verás que ya no eres tan niña y tienes sentido común suficiente como para manejarte ante esas situaciones, que diferencias entre los chicos buenos y los malos.

Jess: No hay ninguno que merezca la pena. – Le respondo con seguridad y cierta prepotencia.

Ana: No decías lo mismo hace algunos años, cuando te escapabas del St. Clare’s. – Me recrimina. – Entonces volvías con algún moratón, pero eso o te retenía aquí.

Jess: Entonces ¿Por qué tengo que invitar a un chico? – le pregunto porque me parece que ella misma se contradice.

Ana: Para que la próxima vez que tengas el impulso de salir con algún chico, no lo hagas a escondidas sin decírselo a nadie, porque antes o después nos enteraremos. – Me responde. – Prefiero que esa primera cita con un chico sea en un sitio y una situación que controlemos, y me demuestres que sabes cómo escoger a tus amistades. – Alega. – Espero que seas honesta y sincera con respecto a tu vida social y respetes los límites que se te fijen.

Jess: No pienso salir con ninguno. – Le aseguro convencida. – Al único que espero es a Daddy. – Le aseguro. – Cuando el venga a por mí, ya pensaré en los chicos, si acaso.

Ana: Ahora tan solo tienes catorce años y eres demasiado inocente. Si te lo pregunto dentro de dos o tres años tal vez no te muestres tan segura, tal vez entonces me mientas para que no sepa de tus aventuras amorosas.

Jess: ¡Seguro que no! – Me reafirmo.

Ana espera que salga con chicos, que algún día ponga en evidencia que ya soy mayor y cometa esa osadía a sus espaldas. Teme que ese acontecimiento no esté tan lejano, porque a mi edad entiende que no tiene nada de particular, pero de momento no hay ninguno que me tome en serio y únicamente se fijan en lo que se fijan. Además, ella ya sabe el concepto que los chicos del Medford High tienen de mí y la fama que me he ganado en el barrio tampoco me ayuda demasiado, si antes no era más que una de las chicas del St. Clare’s, la que se escapaba para jugar con los chicos, este curso además soy la que no se ha ido a otro internado, lo que de algún modo no todo el mundo juzga como algo positivo, sino que deducen que tengo algún problema y no me han aceptado en Matignon High, cuando lo cierto es que he sido yo quien me querido quedar y no considero que tenga nada raro ni haya un motivo por el que se me haya rechazado, ya que no hubo problema en que me aceptaran en el Medford High, aunque el grupo en el que estoy no sea el que a mí me hubiera gustado. Yo no considero que merezca estar en el grupo de los raros ni de los que merecen que se les haga una excepción. Ni siquiera Yuly debería estar en ese grupo, ya que lo único que no le favorece es que vive en West Roxbury y por lo tanto le correspondería un high school más próximo a su casa.

Ana: ¡Te digo como a los chicos, que levantes la mirada! – Me indica con cierto mosqueo por mi costumbre. – ¿Aún sigues obsesionada con ese tema? – Me pregunta. – Te valoras muy poco, si piensas que toda tu personalidad se reduce a eso. – Me advierte. – Lo que de verdad importa está sobre los hombros.

Jess: No, ya lo he superado. – Le contesto. – Después de nuestra charla del año pasado todo está en su sitio.

Ana: Entonces, la mirada al frente. – Me recomienda. – Preocúpate por eso cuando sea el momento, si sientes alguna molestia. Pero no bajes la mirada cada vez que se alude a los chicos.

Jess: Tengo la sensación de que me miran mucho. – Le comento.

Ana: Lo que te pasa es que estás acostumbrada al uniforme del colegio y se te hace un poco raro eso de ir a clase con ropa de calle. – Argumenta. – Estás en una época de cambios en tu cabeza y tu cuerpo. A todo ese lío que tienes se le ha añadido esto.

Jess: Entonces, ¿No pasa nada porque me miren? – Le pregunto.

Ana: Nada, mientras tú estés tranquila y no le des importancia. – Me responde. – Míralos a la cara y verás cómo ellos no ponen los ojos donde no deben. – Me recomienda. – ¡Los chicos tienen el cerebro donde lo tienen, pero no te pongas a su altura porque ninguno se lo merece!

06:30 PM. My bedroom

Friday, December 22, 1995. 06:00 PM

Por si me pensaba que me libraría de la asignatura de Spanish durante las vacaciones, Ana se ha ocupado de ponerme tarea. No para cada uno de los días de la semana, pero se puede entender como tal, si se tiene en cuenta que hay domingos y festivos entre medias. El caso es que tendré que encontrar la respuesta a siete definiciones que ya me ha advertido no tienen una redacción muy académica, aparte están escritas en español. La gracia es que pretende que, a pesar de ello, sea capaz de resolverlo porque me ha asegurado que se trata de cuestiones sencillas, que ésta segura he estudiado en clase o puedo deducir por lógica a poco que tenga un mínimo conocimiento sobre la cultura española. No sé si decir que Ana no me conoce lo suficiente o que precisamente por ello se le ha ocurrido esta idea, para que me pique la curiosidad y supere mis recelos.

Definiciones 
- El español es una de las cuatro lenguas oficiales de España, se llama también: ...
- Apellido del famoso autor que escribió la obra " El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”
- Plato típico español hecho con patatas, cebolla y huevo.
- Aeropuerto de Madrid
- Plato típico español hecho con arroz, mariscos, verduras y otros ingredientes.
- Ciudad situada a orillas del río Tajo en Castilla - La Mancha, es famosa por, además de por su arquitectura medieval, por sus numerosos tesoros artísticos
- Hoteles estatales que suelen estar situados en monumentos, como castillos, conventos, etc.

08:30 PM. Bedroom

Friday, December 22, 1995. 08:00 PM

Durante la cena, Ana me ha preguntado sobre mis planes e intenciones para los próximos días. El domingo es Nochebuena; el lunes será Navidad y dentro nueve días será año nuevo. Entiendo que en mi caso la respuesta a esa pregunta es más que obvia y no hay variaciones con respecto a los últimos años, salvo que me tenga una sorpresa preparada, como sucedió en verano y me saque del St. Clare's Home por las malas, porque la posibilidad de que sea Daddy quien venga a por mí resulta bastante remota, por no decir que ni me la plateo después de todo lo que se me ha explicado al respecto. Después de la conversación mantenida ya tengo la certeza de que la curiosidad o preocupación de Ana no era con esa intención, tan solo quería que le contara mis planes por si hubiera algún cambio, por eso de que ahora ya soy mayor, y estudiante en el Medford High, que se supone que he ampliado mi vida social y mis fronteras. Sin embargo, no hay novedades en ningún sentido, ni las espero. West Roxbury se encuentra demasiado lejos y no sé si aún puedo pensar que Yuly y yo somos tan amigas como para vernos en vacaciones. Además, ella tiene su familia y yo tan solo soy una chica que ha conocido en clase, que si viniera a verme me sentiría obligada a corresponderle, pero no me quiero ver en ese compromiso.

Mi lista de regalos, mi carta a Santa Claus, ya la he escrito esta tarde, pero como ya soy mayor y más consciente de la situación, aparte de que haya perdido esa inocencia, tampoco es algo que me tome muy en serio. Me conformaría con recibir noticias de Daddy, tener alguna constancia de que éste sabe de mi existencia, pero dudo bastante que se vaya a cumplir en esta ocasión. Como todos los años me habré de conformar con ver cómo las demás regresan de sus casas de acogida más cargadas de lo que se fueron y que, si yo recibo algo, es porque Ana ha querido tener ese detalle conmigo, ya que se supone que en estas fechas en el St. Clare’s no tendría que quedarse nadie y, por lo tanto, Saint Claus pasa de largo. ¡Es una lástima que no baste con escribir esa carta para ver cumplido mi anhelo de conocer a Daddy y que éste me diga lo mucho que me quiere!