Tuesday, January 16, 1996

06:20 AM. My bedroom

Suena el despertador

Después de haber estado toda la semana de vacaciones, después de haber empalmado un fin semana con otro, ayer por la tarde, el día de Martin Luther King Jr. se truncaron mis expectativas con la noticia de que hoy se retoman las clases, porque la previsión es que deje de nevar y que las máquinas quitanieves han tenido tiempo para hacer su trabajo y despejar las calles para permitir el tránsito de vehículos. Diría que, sobre todo, se han esmerado en limpiar las calles y rutas para permitir el paso del school bus hasta el Medford High por eso de que éste se encuentra a las afueras, pero igual se podrían haber dedicado a limpiar otras calles y así concedernos otro día sin clases. Sin embargo, el St. Francis School está a un paso, a poco más de 0,1 millas y hasta resulta entretenido deslizarse por Fulton St., a riesgo de que alguien no controle y llegue hasta el cruce con Fellsway W e incluso, si lleva bastante velocidad, cruce la avenida y acabe en el parque, por lo cual las demás estaban algo más mentalizadas que yo, pero no parece que se vayan a hacer excepciones, que como siempre, si a mí no me apeteciera ir a clase, sería como concederme tiempo para que empiece a recoger el dormitorio porque en Matignon High me esperan con los brazos abiertos, incluso aunque haya un temporal de nieve, de modo que según Ana, debo ser la primera que esté encantada con que se reanuden las clases.

Supongo que hoy se seguirá con el calendario y, por lo tanto, no me confundo al suponer que se retoman las clases con normalidad, con ese retraso de cinco días. Por lo cual espero no confundirme ni llevarme los libros equivocados, porque ya me llevé una llamada de atención después de las vacaciones de Navidad, que no espero se repita. Aunque, de todos modos. aquello tan solo fue relativo a la ropa para la asignatura de Health & Physical Education. Por quien no me tengo que preocupar es por Mr. Bacon. Sobre todo, porque, si no me confundo de día, hoy no tendré clase de Spanish y espero que éste e preocupe por mí, aunque haya de reconocer que tampoco es que haya matado mis ratos de aburrimiento con su asignatura. Tan solo he tenido cinco días más para hacer los ejercicios y me lo he tomado con mi calma habitual.

Friday, 1/16/96
Day	5
1	Science
2	Algebra
3	English
	Lunch A
4	World History
5	Guidance
6	Music

Ana: (Se asomada por la puerta y enciende la luz) ¿Estás esperando a la quitanieves para saltar de la cama? – Me pregunta contrariada. – Deberías darte prisa o perderás el bus. – Me advierte.

Jess: (Acostada en la cama) ¡Ya voy! – Le respondo.

Ana: Date prisa en vestirte y procura abrigarte bien. – Me indica.

Jess: ¿He de ir en el bus? – Le pregunto con intención.

Ana: Sí, y más vale que lo no pierdas. – Me responde con intención. – Hoy os vais todas a clase porque viene a inspeccionar el tejado y es mejor que todas estéis a salvo.

Jess: A lo mejor también tienen que revisar el tejado del Medford High. – Le indica con intención.

Ana: ¡Pues, si necesitan una voluntaria para limpiar, ya les enviamos una! – Me responde con ironía. – Espabila no sea que tengas que ir a pie a clase. – Me aconseja en tono afable pero serio. – Como tardes en vestirte, te vas en pijama. – Me advierte en un tomo más firme. – Tienes menos de media hora para asearte, desayunar y salir corriendo hacia la parada de bus. Depende de lo rápida que seas que lo hagas en ese orden o en el contrario

Ana sabe que prefiero hacer las cosas con orden, a lo sumo terminar de desayunar de camino a la parada de bus, aunque con el frío que debe hacer en la calle lo aconsejable es que no me destape, que la gente vea que soy una cebolla de ropa andante sin ter muy caro quién se esconde debajo, ya que, además, no me apetece comer nada demasiado frío. De manera que mis prisas de ahora están más que justificadas, sobre todo porque mi pijama no abriga tanto como para que se me ocurra andar así por toda la casa y menos por la calle, porque aparte de una buena congelación voy a ser la burla y mofa de mis compañeros, ya que no dudo que Ana se llegue a plantear darme un escarmiento de ese estilo como vea que me relajo más de la cuenta. Al menos del susto inicial no me iba a librar, porque soy consciente de que Ana no se atreverá a ponerme en esa tesitura, pero ella prefiere que no me confíe demasiado a su benevolencia dado que considera que abuso demasiado de los privilegios que me dan y no hago méritos suficientes como para merecerlos. De todos modos, si me mandase a clase en pijama, sería ella quien habría de dar las correspondientes explicaciones.

Ahora no es momento de pensar ni de reivindicar mi derecho a ir a clase en óptimas condiciones, dado que, si no cumplo con mis obligaciones, tampoco tengo derecho a quejarme por nada. Voy a necesitar tiempo para vestirme, pero antes he de pasar por el cuarto de baño para asearme y demás, ya que después resultará un poco complicado. Supongo que para ciertas cuestiones los chicos lo tendrán mucho más fácil, pero no tiene mucho sentido que ahora pretenda equipararme ni compararme con éstos, porque nunca me ha parecido tan horrible esto de ser una chica, dado que tiene sus ventajas y a mí nunca me ha molestado serlo, salvo por el pequeño detalle de que ellos no viven en el St. Clare’s y hasta no hace mucho tenía la falsa creencia de que por eso viven en familia. Ya estoy más mentalizada de que mis circunstancias personales no tienen que ver con el hecho de ser una chica y por lo tanto no he de tener reparo en mostrarme tal y como soy.

Cuando termine de vestirme y alguien me sugiera que le haga un striptease, aparte de que, por supuesto, me niegue en redondo, con todas las capas de ropa que llevaré encima se cansará antes de que pueda pensar que hay algo interesante que descubrir. Hay días en que tengo la sensación de que más que vaciar el armario, me he de vestir con todas las existencias que había en la tienda, que cobra todo el sentido eso de que en el St. Clare’s se agradece los donativos de ropa y que las demás se alegran de que no haya de mi talla porque también me lo pondría. Por suerte son prendas ligeras, de lo contrario no creo que pudiera salir por la puerta o cruzar el pasillo. De hecho, dudo incluso que pudiera moverme porque sería como un muñeco de nieve. De todos modos, admito que es como si hubiera engordado con respecto a cómo suelo vestir en verano, dado que debido a mi anatomía los chicos dicen que no se me ve de perfil, pero vestida con ropa de invierno yo creo que como mínimo soy como un punto o sombra en movimiento para aquellos que tienen reducida su capacidad de visión.

06:55 AM. Walking in Fulton St.

No he sido rápida ¡He volado! Sobre todo porque no sé en qué condiciones estará Fulton St. de manera que ya estoy lista para irme, pero antes de poner otro pie fuera del St. Clare’s queda la última comprobación de rutina para cerciorarse de que al menos llego sana y salva hasta la parada de bus, que durante el tiempo que dure el paseo o la espera del bus no sufra una congelación ni hipotermia por no ir lo bastante abrigada, sin que sea necesario que ahora me entretenga en quitarme capas para cerciorarme de que no me he dejado olvidada ninguna, aunque si llevase de más supongo que tampoco importa. De hecho, se podría pensar que me he vestido de más porque tengo la excusa perfecta para mis trapicheos sin que nadie sospeche, aunque ya puedo asegurar que no voy a clase con esa intención y si pretendiera fugarme la verdad es que tal como voy me ahorro la maleta, pero sigo sin noticias de Daddy por lo cual no tengo interés por alejarme de aquí ni que me pierdan la pista. De hecho, tal y como voy me siento bastante limitada en mi movilidad.

Si me quejo de llevar exceso de ropa es por costumbre. Nieva en Medford desde mediados de noviembre y tampoco es el fin del mundo que estos últimos días haya habido un temporal un poco más fuerte. La única novedad es que este año soy alumna del Medford High y tengo la sensación de que mi vida ha dado un giro tan radical que todo es distinto, aunque desde septiembre sea mi rutina de todos los días y poco a poco he visto cómo aumentaban mis capas de ropa y no tanto mis ganas por ir a clase, a pesar de que intento reponerme y no dejo que el desánimo me venza, sin que la nevada haya llegado para mejorar mi entusiasmo. Supongo que la inquietud de Ana por mi salud y la meteorología han ido en consonancia con el paso de los días porque soy a la que menos tienen controlada en ese sentido, porque se me pierde de vista en cuanto pongo un pie en la calle y no vuelven a saber de mí hasta que regreso a la hora de comer, dado que por suerte hasta ahora no he dado motivos para que se preocupen, a pesar de que hay atenido algún despiste y quizá mi actitud en clase de Spanish dista mucho de lo que se esperaría, pero lo importante es que no estoy faltando y llevo los ejercicios al día, todo ello en gran medida gracias a mi amistad con Yuly.

Ana: Aparte de apilar en múltiples capas de ropa suelta, ligera y abrigada. el gorro, bufanda, abrigo, manoplas y botas. – Me dice mientras me chequea. – Si sientes síntomas de hipotermia o congelación, mejor que avises no vaya a ser tarde para que te lleven al hospital.

Jess: ¿Y no podría esperar hasta el mañana para ir a clase? – Le pregunto y propongo.

Ana: El lunes fue el Martin Luther King Day y no hubo clase. – Me recuerda. – A este ritmo se termina el curso y no has pisado el Medford High más de cuatro días seguidos. – Alega con intención.

Jess: Vale. – Le respondo resignada. – Pero, no si viene el bus, me vuelvo. – Le indico.

Ana: No te puedo llevar con el coche, de manera que, si no vienen a por ti, tendrás que quedarte. – Me responde. – Pero tú, de momento, ves a la parada y procura llegar antes de que el bus se vaya sin ti. – Me recomienda con seriedad y tono afable

Voy abrigada de pies a cabeza y el termómetro marcaba casi 11ºF la última vez que lo comprobé. Pero, según Ana, hoy se retoman las clases. Si no estuviera segura de ello, no me mandaría, ni aún en el caso de que vayan a venir a revisar el tejado por el riesgo de que hayan surgido problemas a consecuencia de las nevadas, más cuando quizá mi dormitorio sea el lugar menos seguro de toda la casa, al tratarse de una ampliación construida sobre el tejado, sin que yo haya escuchado ningún crujido extraño durante la noche, porque se supone que tiene la misma firmeza que el resto. La cuestión es que no quieren que haya niñas por el edificio, por el riesgo que ello supone para nuestra seguridad y la necesidad de tener cuatro ojos para controlar a cada una cuando se altera la tranquilidad. Yo lo único que espero es que durante el tiempo que estoy en clase no remuevan demasiado mis pertenencias, por pocas que tengo, porque como le he dicho a Ana ya tengo edad para tener mis pequeños secretos, pero cuento con su discreción para que no me haya de preocupar en ese sentido, aunque sea inevitable que los inspectores se pasen por allí en busca de desperfectos que a mí se me hayan pasado por alto en el techo, aunque las últimas reformas en el edificio hayan sido este pasado verano y en estos meses no hayan surgido grietas ni nada raro.

Es la hora, de manera que es mejor que no me busque distracciones ni excusas para lo inevitable, me queda un gélido paseo hasta la parada del bus y no puedo retener a Ana por más tiempo, de manera que las manoplas me limitan la movilidad en las manos, me termino de colocar la bufanda para protegerme la cara antes de poner un pie delante de otro. Sin manoplas mis manos tienen cinco dedos, pero cuando las llevo puestas tan solo el pulgar por lo cual mi capacidad de retentiva se queda bastante reducida y tal vez me convendría más llevar guantes, pero tengo la sensación de que así llevo las manos más protegidas, abrigadas, aunque, como en alguna ocasión he llegado a escuchar, es como si metiera las manos en las botas, pero la verdad es que lo prefiero así. son más fáciles de poner y de quitar. Son para estar por la calle, por no llevar las manos en los bolsillos del abrigo. Tengo la sensación de que voy más abrigada y protegida frente a la humedad ambiente, sin perder la movilidad en los dedos y sin que éstos vayan muy apretados. Tampoco es que yo sea de llevar anillos ni joyas, pero supongo que con las manoplas es más cómodo.

Lo que sí agradezco para esta época del año es disponer de botas, más que de zapatos y más ahora que me veo en la necesidad de recorrer más distancias. Ya que, aparte de los calcetines, puedo meter la pernera por dentro y evito las humedades, aunque ya he superado la etapa de ir metiendo los pies en los charcos. Pero el nivel de la nieve acumulada en ocasiones asusta un poco y prefiero que no me cale en los pies. Después dirán que las chicas tenemos una colección de calzado, pero a mí me parece que las botas son algo imprescindible y tampoco pienso demasiado en cuantos pares de zapato tengo o necesito porque en cualquier caso son los debidos y tampoco creo que tenga de más porque el presupuesto del St. Clare’s no se puede estirar mucho más y como Ana y Monica alegan ante nuestros antojos, hemos de tener en cuenta que todas queremos lo mismo y somos quince y en algo se tiene que notar que dependemos de la caridad de los demás, que el dinero no se sale de debajo de las piedras y que a la hora de comer, salvo que haya algo que no nos gusta, acostumbramos a demostrar bastante apetito. La suerte de las demás es que tienen familias de acogida que suplen esas necesidades extras y la mía es que no me pueden mandar a clase en pijama ni en paños menores, por lo cual, sin que mi colección de calzados parezca que el de la tienda ha saldado sus deudas, a mí me permite llevar una vida más o menos normalizada.

Como en ocasiones he escuchado a Ana lamentarse, entiendo que de manera un tanto teatral, en ocasiones se arrepiente de que yo haya superado esa fase en la que prefería vestir y parecer un chico, porque se supone que ello reduciría de manera notable mi cuenta de gastos, pero me he vuelto una adolescente, que sin ser particularmente coqueta soy un poco más consciente de mis circunstancias y necesidades, me quiero parecer a las demás. De todos modos, no creo que haya perdido del todo mi esencia dado que aún sigo en el internado y sin muchas ganas de marcharme, sigo esperando a Daddy y si no estuviera segura de que ello fuera posible quizá me dejaría convencer de lo contrario. Sin embargo, tengo la impresión de que Ana no me lo ha contado todo e incluso que he sido yo quien no le he prestado la suficiente atención cuando me lo ha dicho. Sobre todo, porque me intriga el hecho de que haya sido tan relativamente fácil justificar mi permanencia aquí. Supongo que en realidad esa facilidad es relativa, pero por lo que entiendo Ana supo encontrar los argumentos para vencer cualquier objeción al respecto, ya que estoy segura de que los administradores saben que sigo ahí, que el hecho de que mi dormitorio sea el trastero no implica que se me esté escondiendo de nadie, porque, además, en el Medford High saben dónde vivo.

Lo que hay a estas horas por Fulton St. aparte de frío, son los montones de nieve a ambos lados de la calle, la evidencia de que no hará mucho que ha pasado por aquí la máquina quitanieves para despejar las calles principales y facilitar con ello el tráfico, aunque de momento se hace un poco complicado ir por la acera, de manera que he de ir por el asfalto confiada en que los coches me vean porque las farolas están encendidas, dado que aún no ha amanecido y de todos modos entiendo que todos irán con cuidado y sin mucha velocidad ante el riesgo de que haya placas de hielo. En todo caso, Ana me ha aconsejado que sea yo quien vaya con cuidado y procure no exponerme demasiado al peligro, que es mejor que sea yo quien vaya sorteando obstáculos antes de convertirme en uno de ellos, de manera que no me ha de dar reparo pisar la nieve, si lo considero oportuno, siempre con cuidado de mantener el equilibrio y no resbalar, porque igual puedo caer sobre los montones de nieve apilados en la acera que en plena calle en el momento menos indicado, que si no me hago dado con la caída, puedo provocar que un coche no me vea o no distinga los bultos que haya en la calle. Por lo cual el hecho de ir a clase esta mañana, se convierte casi en un motivo para pensar que esto de estudiar implica poner en riesgo mi propia integridad, pero nieva desde mediados de noviembre y si después de cuatro días se retoman las clases se supone que ese peligro es moderado.

Los vecinos que haya asomados por la ventana y me vean, aparte de pensar que estoy un poco chiflada por andar a estas horas y en estas circunstancias por la calle, salvo que me conozcan y reconozcan el abrigo, no van a saber quién soy. Además, tampoco hay muy buena visibilidad, por lo cual quizá no tengan muy claro si soy un chico o una chica, aunque en alguna ocasión me he llegado a fijar en que algunas chicas aprovechan que llevan el pelo largo para marcar la diferencia, dado que no lo llevan recogido bajo el gorro ni la bufanda, porque entiendo que es un poco molesto eso de tener algo que sujete la cabeza y dificulte la movilidad cuando hemos de tener los cinco sentidos puestos en lo que tenemos delante. Por otro lado, el pelo se puede estropear con la humedad y el frío. No es agradable quitarse el abrigo y quedarse con esa sensación de frescos por el cuello. Mi opción es la comodidad ante que el hecho de que me reconozcan, ya que de ese modo además es como si me escondiera y huyera de esa sensación de sentirme observada o que por el hecho de ser una chica he de tener más cuidado, aunque después me sienta un tanto incómoda mientras me despojo del abrigo, como si descubriera algo de interés, a pesar de que mi armario no da para muchas sorpresas y tengo la impresión de que ya todo el mundo se ha hecho una idea de mi estilo de vestir.   

Bajo estas prendas de abrigo y demás capas de ropa, me escondo yo, Jessica. Cuando me escapaba para jugar con los chicos al parque y éstos organizaban los equipos y la manera de diferenciarlos no creo que admitieran que yo jugase en esas condiciones. Según Ana, quizá al principio lo planteasen de manera ingenua y fuera verdad eso de que me admitían como si fuera uno más de ellos, porque a mí me gustaba parecerlo y alguna que otra escabechina me llegué a hacer en el pelo para ni llevarlo largo. Sin embargo, por mucho que yo me empeñase, yo misma me delataba porque tenía un jaleo del que no me sacaba nadie porque lo que buscaba con aquel comportamiento era escapar de mi realidad, un cierto grado de aprobación. En cambio, cuando los chicos empezaron a ser más conscientes de que había una niña con ellos, aquella inocencia se perdió. En parte porque yo también empezaba a ser más consciente de la importancia de esas diferencias y sentirme parte del conflicto que se nos planteaba, dado que en realidad yo buscaba y necesitaba relacionarme con otras niñas y a los niños se les hacía un poco raro eso de que me justase con ellos. Al final, yo dejé de bajar al parque, ya fuera porque no me sentía cómoda con sus normas o porque le había dejado de ver el sentido al sentirme tratado de manera diferente por el hecho de ser una chica y no encontrar en esos juegos esa idea utópica que yo buscaba.

Si ahora tuviera que jugar con los chicos, en el equipo de los que no iban sin camiseta, me temo que aparte de que me lo tendría que pensar y muy posiblemente desistiera por inapropiado, llevo tantas prendas de ropa encima que para cuando me quisiera dar cuenta ya casi sería la hora de regresar. Entiendo que ellos estarían tan locos como para jugar a nada en estas condiciones, hace demasiado frío y supongo que las pistas del parque estarán aún cubiertas por la nieve. De todos modos, las clases se han retomado y cuando salgamos ya casi habrá anochecido, de modo que no son días como para quedarse a la intemperie. Razón de más para que Ana confíe en que he recuperado la cordura y no se me ocurra hacer ninguna tontería de las mías en ese sentido, porque alguna escapada loca de estas admito que he llegado a tener, para al final darme cuenta de que en el parque no me esperaba nadie y yo misma ponerme en evidencia al tener que regresar. De todos modos, no recuerdo que no me hubiera abrigado antes y que, en realidad, lo único que pretendía era alejarme durante un rato de todo, que lo de acercarme por el parque era más por no quedarme en el patio, no me fueran a ver.

 A quien no estoy segura de ver hoy es a Yuly. No he hablado con ella en toda la semana y no sé si le será fácil venir a clase, aunque, si no está en su casa, estará en la de sus abuelos y depende de que la puedan traer, dependerá de lo despegadas que se encuentre las carreteras y tal vez no se fíen demasiado porque igual se quedan bloqueados a la ida o a la vuelta, aunque sus padres tendrán que venir a trabajar. Sea como fuera éste es uno de los inconvenientes que para ella tiene no vivir en Medford o no haberse buscado un high school más próximo a su casa, aunque ya me ha dicho que entre las opciones que se le planteaban ésta era la menos mala y así ya se va mentalizando de cara a la universidad, porque eso de caerse de la cama y entrar en clase se le ha terminado. Si acaso, espero que esta tarde Ana me dé permiso para que intente hablar con ella por teléfono para que no piense que me he olvidado de ella, dado que si ella no me llama es porque le da un poco de reparo y entiende que el teléfono ha de estar disponible para cuestiones más importantes que solo hay uno para todas, aunque me parece que ya posible conseguir teléfonos móviles e individuales, pero es un lujo que aún no se ha extendido lo suficiente e imagino que será caro.

Llego a la parada de bus y, en contra de mis expectativas, me encuentro con que no hay nadie, que da la sensación de que hoy soy la única que ha tenido la ocurrencia de ir a clase en el bus. Ante lo cual ya no sé si es que llego demasiado pronto o tarde, porque es más o menos la misma hora de siempre, aunque voy tan abrigada que no puedo mirar la hora en el reloj y comprobarlo. No tengo la sensación de haber tardado tanto en subir la calle y en alguna ocasión me ha dado tiempo a echar una última carrera porque he visto al bus bajar o girar por Fulton Spring Rd, pero en esta ocasión todo me ha parecido demasiado tranquilo, de ahí que me extrañe que no haya nadie, porque, si Ana me ha mandado a clase, es porque está segura de que se han retomado. Que no ha sido tan solo en el St. Francis ni por echarnos a todas las niñas de casa para que no andemos incordiando a los inspectores con nuestra curiosidad y presencia, por lo cual me encuentro con la disyuntiva de no saber que hacer, porque si de verdad se han retomado las clases y no voy habré de justificar mi ausencia, pero si regreso al internado y le digo a Ana que he perdido el bus ello tampoco me solucionada nada porque ella me ha dejado claro que no me puede llevar. Lo único que me queda es confiar que haya sido ella quien se ha confundido y sigan las clases suspendidas.

Quien veo que se acercar por Fulton Spring Rd es un hombre. Lo que deduzco porque su ropa no me resulta demasiado femenina y hasta cierto punto, su corpulencia tampoco deja lugar a muchas dudas, aunque, si es lo que sucede conmigo, lo cierto es que la primera impresión puede resultar engañosa. De todos modos, sin que quiera pasarme de lista, creo ser capaz de diferenciarlos. En realidad, me debería dar igual quien haya por la calle a estas horas, dado que mi preocupación ha de estar en el bus, si es que llega al menos en que no sea yo la única que lo necesite esta mañana porque el panorama resulta bastante desolador. Sin embargo, la presencia de ese hombre, su manera de caminar hacia yo me encuentro me genera una cierta inquietud, porque no me da la impresión de que sea alguien que tan solo esté de paso por aquí, incluso diría que se muestra demasiado seguro y decidido, que es de esos de los que Ana siempre me aconseja que desconfíe porque no tiene muy buena intención, porque además me encuentro expuesta a cualquier peligro, porque a estas horas no hay tráfico y apenas hay gente por la calle. Casi todo el mundo se lo piensa dos veces antes de asomarme por la ventana porque lo único que se encuentra es nieve y que tampoco ha mejorado mucho la climatología.

El hombre viste con lo que me parece un sombrero, una chaqueta de cuero de color marrón, guantes negros, pantalón oscuro y botas de cuero. Además, lleva gafas oscuras. Entiendo que va igual de abrigado que yo y, por su manera de caminar, da la impresión de mostrarse muy seguro, mientras que yo he ido por Fulton St. como un pato mareado. Por lo que supongo que con ello confirma que es una persona adulta que no se enfrenta a su primera nevada, aunque haya tenido las últimas semanas para practicar, como en mi caso. Sin embargo, mis nevadas de los últimos años, los peligros a los que me enfrentaba, no iban más allá de llegar hasta el St. Francis, siempre en compañía de Ana y de las demás, aunque estos últimos años insistiera en querer ir sola para que nadie pensara que soy demasiado infantil. Estos días, la verdad es que casi prefiero tener un poco más de compañía, pero me tengo que venir sola hasta la parada, donde tampoco quiero exponerme a las burlas de las demás por mostrarme demasiado insegura.

Prefiero hacerme la despistada e ignorarle, reprimir en lo posible la sensación de temor porque tampoco quiero precipitarme en mis valoraciones y puede que tan solo sea un hombre que pasa por aquí, por lo cual es mejor que no le preste atención no sea que le ponga nervioso o piense que quiero preguntarle algo, ya que tampoco creo que me haya a aclarar si ya ha pasado el bus. Lo prudente es que me muestre tranquila y si dentro de un rato veo que sigue sin llegar el bus y sin venir nadie por aquí, regrese al internado y le dé las correspondientes explicaciones a Ana para que sea ella quien decide lo que hacer al respecto, porque entiendo que habrá que avisar al Medford High de mi ausencia. Lo que no hare será involucrar a desconocidos en mis problemas porque no quiero parecer una chica indefensa y desamparada en mitad de la calle, cuando la gente del barrio ya sabe que este es el punto de recogida el school bus, lo que ya forma parte de la rutina de todos los días, con la diferencia de que hoy, yo soy la única que me he acercado por aquí.

Así, de reojo y confiada en que por llevar la cara protegida con la bufanda no se note demasiado, no puedo evitar observar como el hombre se sigue acercando, aunque también estoy pendiente de la llegada del bus, de tal manera que estoy pendiente de lo que sucede a derecha e izquierda, más bien al frente porque el bus ha de bajar por Fulton St. y girar en el cruce para entrar en Fulton Spring Rd, por lo cual es como si esperase que se fueran a chocar junto en frente mía, pero con la particularidad de que el bus no aparece por ninguna parte y el hombre no detiene su paso, que quizá yo le he visto venir desde demasiado lejos y me estoy inquietando sin necesidad, que tampoco hay porque ser tan precavida por mucho que ello me permita tener margen de tiempo para reaccionar. De hecho, como hay nieve por la calle y peligro de que haya hielo, tampoco es tan insensato eso de ser previsora porque en caso de considerar que he de salir corriendo es mejor que lo haga con la seguridad de que no resbalaré ni me tropezaré con el camino, no sea que acabe rodando calle abajo y sin control.

Es la presencia de alguien extraño a quien hasta ahora no recuerdo haber visto por aquí, cuando el curso ya está lo bastante avanzado como para haberme fijado en esos detalles, aunque me conozco el barrio y más o menos soy consciente de lo cambiante de puede llegar a ser la situación de un día para otro y entre épocas del año, pero más o menos todo el mundo sigue una misma rutina. Sin que yo pretenda presumir de conocer a todo el mundo cuando debido a mi limitada vida social casi puede decirse que me he fijado en aquellos que han tenido hijos estudiando en el St. Francis o tienen la costumbre de ir a misa a la parroquia los días de precepto a las horas en que nos han llevado a nosotras. Es decir, que a los pocos que conozco a casi todos de vista, salvo que tenga una relación más estrecha con el internado por ser familia de acogida. Sin que de momento sea capaz de relacionar a este hombre con nada que me resulte mínimamente familiar, aunque tal vez debería empezar a darme paseos un poco más largos o mejorar mi capacidad de observación para evitarme sustos como éste.

Mr. Bacon: (Se sitúa a mi lado) Buenos días, señorita “Yo no hablo español”. – Me saluda en español y en tono afable.

Que el hombre misterioso se detenga a mi lado ya de por sí me mosquea, pero, en cierto modo, lo que me deja helada es escuchar su voz, reconocerle y darme cuenta de que éste no ha dudado ni un momento en quién se esconde bajo esté montón de ropa, cuando no tengo por costumbre ir por los pasillos del Medford High así vestida, dado que, aparte de incómodo, me asaría de calor. De modo que suelo dejarlo en la taquilla, aunque debido a las dimensiones de ésta haya de meterlo un poco a presión para cerrar la puerta y echar la llave. Es decir, que si a Mr. Bacon le ha resultado tan fácil reconocerme será porque a lo largo de estos meses me ha tenido mucho más controlada de lo que yo creía, hasta el punto de saber cómo es mi abrigo, mi gorro de lana, la bufanda, las manoplas o las botas, incluso es posible que me haya reconocido por la mochila, pero he visto algunas similares a la mía y no lleva ningún distintivo especial que me identifique, lo cual quizá sea un fallo, en caso de perderla, porque quien la encuentre no sabrá a quien devolvérsela, salvo que curiosee en el interior. Para mí el tono de voz de Mr. Bacon es inconfundible.

Jess: Buenos días. – Le respondo con voz un tanto entrecortada y sin descubrirme la cara.

Mr. Bacon: Hace frío ¿Verdad? – Me dice en tono afable al darse cuenta de que nos hemos reconocido. – ¿Eres la única que toma el bus aquí? – Me pregunta contrariado. – Mi coche se encuentra atrapado bajo la nieve.

Jess: Creo que hoy sí. – Le respondo sin superar la timidez ni mis dudas al respecto.

Mr. Bacon: Soy Mr. Bacon, tu profesor de Spanish. – Me indica en español por si ello ayuda a que supere mis temores.

Jess: Lo sé. Te he reconocido por la voz. – Le aclaro y me muestro un poco más segura.

Mr. Bacon: Yo te he reconocido por la mirada. – Me responde en tono afable. – A parte que, a estas horas de la mañana y aquí, tampoco es complicado acertar. – Añade con complicidad

Que me haya reconocido por la mirada entiendo que no lo ha dicho en serio, que se trata más de una gracia que me ha querido hacer porque es lo único que se llega a entrever bajo tanto abrigo y porque no he hecho el intento de descubrirme, dado que hace frío y con las manoplas resulta un poco complicado, aparte que la llevo bien puesta y después va a ser un poco complicado colocarla. Lo cierto es que me he llegado a plantear conseguir unas gafas para tener algo con lo que protegerme los ojos, pero de momento no quiero incluir más cosas a mi vestuario porque lo más fácil es que las perdiera o se me rompieran por no sujetarlas bien y el presupuesto del internado no está para más caprichos de modo que casi me tendré que esperar a que alguien me las regale o financie e incluso a que en una visita al oculista se dictamine que las necesito porque tenga alguna limitación en la vista. De momento no tengo ese problema y tampoco me gustaría tenerlo a corto plazo, aunque haya quien pueda pensar que ello delata que no estudio lo suficiente, que no fuerzo la vista o que he limitado tanto mi mundo que no necesito ver nada que allá demasiado lejos, por lo cual a corta distancia veo perfectamente y tan solo lo que quiero ver.

No es habitual que los profesores recurran a bus para acudir al Medford High, pero supongo que en su caso es por circunstancias especiales, que le es más cómodo que recurrir al transporte público o pedirle a alguien que le acerque, en todo caso su presencia me confirma que hoy hay clase y me contraría que no haya venido nadie más como la noticia no hubiera llegado al resto y yo fuera la única que hoy no se escapa de la tortura porque Ana procura está al tanto de todo lo que sucede, entiendo que para que a mí se me quite de la cabeza la idea de faltar de manera premeditada, por lo cual supongo que los profesores se han de sentir igualmente obligados porque al menos no se encontrarán con el aula vacía, pero lo cierto es que yo no me considero tan importante e igual tendrían que acudir aunque no fuera nadie, porque es su obligación. De hecho, en el calendario escolar ya hay fechas marcas con esta intención. Que es cuando tienen sus reuniones, cuando, según Yuly, se reúnen para pensar en cómo torturarnos y hacer que nuestras vidas se conviertan en la peor de las pesadillas. En tal caso a ella no la están tratando demasiado mal porque sus calificaciones son bastante buenas y viene con bastante buen humor. Por mi parte yo aún no he perdido la sonrisa, aunque en clase de Spanish tampoco es que me divierta.

Coincidir con Mr. Bacon aquí de nuevo es la confirmación de que vive en Medford y he de suponer que en el barrio, cerca de aquí, ya que ha venido a pie y entiendo que éste es el punto de recogida más próximo a su casa, de lo que deduzco que somos vecinos, aunque para ser sincera hasta que no le vi por primera vez en clase no tengo constancia de que nos hayamos cruzado por la calle, por lo cual ahora tampoco puedo decir que le conozco demasiado salvo por lo que él se ha permitido contarnos de su vida en clase para reforzar un poco el hecho de que sepa hablar español, aparte de que tenga un título académico que le capacite para ser profesor e impartir esa asignatura. En el caso de Ana, entiendo que se debe a que conoce a gente de todo el mundo y ha viajado bastante mientras el trabajo se lo ha permitido. Mr. Bacon es descendiente de españoles como le ocurre a Yuly y por referencia también a mí, aunque en mi caso sea más un dato, una suposición, que una realidad. De todos modos, el hecho de que Mr. Bacon nos haya cogido manía o tenga una especial referencia por nosotras dos, se debe más bien a que nos lo hemos ganado a pulso. Yuly por pasarse de lista y yo por todo lo contrario.

Con algo de retraso tal vez porque se ve condicionado por el estado de las carreteras o porque el conductor haya querido conceder algo más de margen a los regazados, por fin llega el bus con bastante menos gente de lo habitual, evidencia de que o la noticia de que se retomaban las clases ha llegado a alguno por sorpresa o porque han buscado otros medios para llegar hasta el Medford High, no considerando que el bus sea lo más fiable, aunque si a más de uno de la sucedido como a Mr. Bacon, que se ha encontrado su coche atrapado por la nieve tampoco quedan muchas alternativas, aunque Ana no me haya dado muchos datos al respecto entiendo que esa ha debido ser su excusa para no llevarme, porque ésta como todos se ha visto atrapada por la nevada, pero por suerte para ella, el internado aparte de su lugar de trabajo es su lugar de residencia, por lo que no le ha supuesto mayor problema, además así ha sido más fácil que entre Monica y ella se hicieran cargo de la situación, aunque limpiar la nieve de la entrada tendrán que pedir ayuda, más bien confiar en los voluntarios que les envíe desde la parroquia.

Una vez que el bus se detiene, Mr. Bacon me cede el paso como si se quisiera asegurar de que no me escapo o dar tiempo a que llegue algún rezagado, pero no parece que vaya a suceder ninguna de la dos cosas, dado que ya estoy mentalizada de que no tengo escapatoria y mis expectativas con respecto a que llegue alguien más, por mucho que el bus se haya retrasado o yo hubiera tenido un momento de duda que se ha desvanecido según veía acercarse a Mr. Bacon, sobre todo una vez que he confirmado que se trataba de éste porque me quedaba sin excusas. De hecho, como yo he de regresar al St. Clare’s por Fulton St. cuesta abajo, no me hubiera cruzado con el bus y hubiera sido creíble eso de que no lo he visto llegar, pero con testigos que desmientas mi coartada o me subo sin rechistar o me enfrento al dilema de tener que dar explicaciones porque dudo que de Mr. Bacon pueda esperar la misma complicidad que de Yuly, más cundo éste a principio de curso no dudo en dejar constancia de mi falta de interés ir su asignatura, en realidad entiendo que aquello fue motivado por la redacción que le presentación sobre mis motivaciones, lo que no debió gustarle demasiado, ya que debió suponer que aquellos era una tomadura de pelo y una evidente falta de respeto, aunque la única intención de Yuly fue poner de manifiesto su conocimiento del idioma para justificar mis reticencias.

Dado que dentro del bus hace calor, al menos me siento algo más guarecida que en la calle, antes de tomar asiento, prefiero apartarme la bufanda de la cara para poder mejor y no terminar asada. De hecho, el bus va medio vacío por lo cual no he de preocuparme por las burlas de los chicos, aunque a estos se les iba a quitar las ganas de todos modos, en presencia de los profesores no se muestran tan envalentonados con una chica a la que consideran una debilucha y acobardada. La cuestión es que esta mañana no siento la necesidad de esconderme bajo la ropa dado que el ambiente está mucho más calmado, como si el frío de la calle se hubiera colado aquí también, aparte del hecho de que debido al estado de la calle es mejor no distraer al conductor con nuestras tonterías habituales no sea que se despiste y tengamos un accidente. Ana ya me ha indicado que prefiere que no le tengan que llamar del hospital para que me vayan a recoger allí. De hecho, yo tampoco lo espero.

Si a los que van en el bus ya les sorprende que se suba un extraño, su sorpresa no es menor cuando éste se descubre la cara y todo el mundo se percata de que se trata de Mr. Bacon, sin que como tal sea uno de los profesores más conocidos del Medford High, pero tiene a más de un alumno entre los pasajeros, de ahí que las burlas que hay contra mí aquí haya llegado hasta su aula y en cierto modo se hayan extendido sin que yo quiera exagerar en mis hipótesis ni plantear que haya una conspiración en mi contra por parte de los chicos, ya que de otro modo no se explica cómo estos pueden llegar a ser tan tontos, porque yo no les he dado ningún motivo para que me traten de esa manera y tampoco les río la gracia. De hecho, hoy me gustaría que alguno de los presentes se pusiera en evidencia para que nadie me acuse de quejarme sin razón, pero ya entiendo que ninguno de va a atrever y ya que de los presentes no están tampoco los instigadores de esas burlas.

Mr. Bacon: Buenos días. – Saluda a todos en tono afable.

Yo no tengo por costumbre saludar cuando subo al bus, a veces incluso se me olvido cuando llego a la parada, aunque ya haya allí gente y éstos sean conscientes de mi llegada, porque tampoco recibo ese saludo formal por su parte, más bien su frialdad, que se me ignora por completo, sin que yo pretenda ser la chica más sociable de todo Medford ni ganarme el aprecio de todo el mundo, porque puede decirse que tan solo coincido con ellos en el bus, que el resto del día si me cruzo con ellos por los pasillos es en el cambio de clase o en la cafetería, pero poco más. no hay ninguno con quien pueda decir que haya empezado a forjar una amistad ni un trato un poco más afable a pesar de que ya está el curso tan avanzado. Pero en realidad es la misma situación que en el Medford High, donde mi vida social no es de las más populares y mi única amistad es con Yuly, sin que esta se muestre tan cerrada conmigo, aunque en los descansos estemos juntas.

Mr. Bacon para no demostrar preferencia por ningún alumno y por mantener las distancias con todos se sienta en la primera fila, cerca del conductor, como si con ello pretendiera dejar claro que se desentiende de lo que ocurre en el bus porque él tampoco se ha subido en esta ocasión con idea de controlarnos, sino porque lo ha tenido complicado para coger su coche y ésta es la alternativa que le ha parecido más fácil, aunque haya sido a mí a quien ha dado esas explicaciones, detalle que no tiene con los demás. Lo cierto es que yo no me dedico a contarle mi vida a nadie cuando subo al bus y tampoco tengo interés en escuchar detalles sobre la de los demás. Prefiero que me dejen tranquila, que me olviden porque aún queda un rato hasta que lleguemos, aunque ésta sea una de las últimas paradas del recorrido, pero aún le queda dar alguna que otra vuelta por el barrio antes de ir en dirección al Medford High. Hasta que el bus no esté en Fellsway W puede decirse que podemos alborotar.