El Cerro de la Cabeza

Introducción

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en pagina aparte)

En la entrada anterior (Hacia la ronda del Valle) nos paramos junto al torreón del puente de San Martin para esperar a los rezagados y ahorrar fuerzas con vista a lo que se nos viene por delante, porque ya intuimos que el camino se nos va a poner cuesta arriba, cuando no cuesta abajo. Sin embargo no dejaremos que la adversidad nos asuste. Vamos a rodear la ciudad, a bordear la ciudad, para que ésta se rinda ante nosotros y vencida nos vuelva a cautivar con sus embrujos y sus encantamientos

Subimos por la carretera de Piedrabuena, por donde ya empezamos a descubrir las intimidades que la ciudad nos esconde, a ser testigos de ese paisaje cambiante tras cada curva.

Panorámica de Toledo desde la carretera de Piedrabuena

¿Qué otros tesoros descubriremos de la ciudad a lo largo de nuestro caminar? Sobre todo, porque empezamos a descubrir que la ciudad también se extiende por esta parte del río, con casas que son una mezcla del presente y del pasado

Y nos preguntamos con cierta intriga y curiosidad ¿Quién vivirá por aquí? ¿Qué y quién nos puede contar algo de esta parte de la ciudad?

Tal vez tan solo nos puedan decir que son casas de las afueras, de aquellos que un día tuvieron la oportunidad de escapar del embrujo de la ciudad y emigrar, pero quisieron quedarse cerca para no perderla de vista. Nos querrán convencer de que no hay nada interesante que ver mas allá de las murallas. Pero preguntémosle a la Historia de la ciudad, que nos desvele sus secretos.

Benito Pérez Galdós

Toledo está en deuda con Benito Pérez Galdós. En este interesante artículo de Carlos Dueñas se analiza la figura del escritor en relación a la ciudad de Toledo.

Retrato de Benito Pérez Galdós

Nos cuenta Carmen Vaquero que, al principio, no gustó mucho Toledo a nuestro escritor y así lo refleja don Benito en su ensayo «Las generaciones artísticas en la ciudad de Toledo» (1870), donde la ciudad no recibe muchos elogios e incluso llega a decir de ella que era un lugar para lagartos y arqueólogos. Venía frecuentemente Galdós a Toledo por la proximidad a Madrid y aquí se hospedaba en el hotel Lino o en la calle de Santa Isabel en casa de las hermanas Figueras. Unas placas en ambos lugares reflejan el paso del autor por nuestra ciudad. Más tarde se alojó en la finca de la Alberquilla, desde donde subía al centro de Toledo con un amigo que, según explica Gregorio Marañón, se llamaba «Melejo»

«Ángel Guerra» se publicó en 1891 y en esta obra descubrimos un Toledo, digamos diferente, de la mano del prolífico autor, donde callejuelas y conventos toman un cariz especial bajo su prisma siempre crítico pero a la vez adornado con el encanto de aquella época, época en la que habló y más tarde trajo hasta nuestra ciudad al futuro doctor Marañón, quien además de dedicarse a la medicina, será también un espléndido escritor, amén de otras muchas actividades. El doctor Marañón dedicó a Galdós un capítulo de su obra titulada «Elogio y nostalgia de Toledo», en la cual se nos muestran muchas facetas del escritor canario.

Nos asegura Carmen Vaquero que la relación -primero de desafección y luego de amor- con Toledo prosiguió durante toda la vida del autor. Aquí tuvo muy buenos amigos, uno de ellos, el pintor afincado en Toledo Ricardo Arredondo, quien llegó a decir que, aunque Galdós era anticlerical, se hizo amigo de monjas, curas y canónigos de nuestra ciudad. Amante de la buena cocina, dio también buena cuenta de platos típicos toledanos como las perdices, cabrito asado, etc., sin olvidarnos del mazapán, del cual, según nos refiere Vaquero, se atiborraba en la confitería Labrador, sita en la plaza de la Magdalena, sin olvidarnos de la mermelada que hacían las Comendadoras de Santiago.

Toledo Olvidado

“En el año de 1891 de la Era de Cristo, viviendo la vida toledana para la inmortalidad, aquí demoraba Benito Pérez Galdós, y escribió aquí, con palabras siempre jóvenes, Ángel Guerra, poema español de nuestros días: religioso, trágico, burlesco. Pasajero: no pases delante de mí con indiferencia. «Numen inest»”

Potada de la novela «Ángel Guerra»

La venta del Alma

Venta del Alma, situada en el Cerro del Alma, su nombre se lo puso el mismísimo Benito Pérez Galdós (1843-1920) Antigua venta de carros de carbón del siglo XVII, llegó a ser la vivienda del escritor. En 1990 decidieron aprovechar sus encantos y abrirlo al público. La vida de este bar gira en torno a dos patios y tres salones. Uno de ellos dispuesto como discoteca donde se acercan jóvenes entre los 25 y los 30 años a ritmo de pop español y salsa. Los otros dos salones despliegan un ambiente más tranquilo para charlar y disfrutar con los amigos. Dos chimeneas calientan el ambiente en el invierno.

Guía de Toledo
Circulan asimismo unos versos al parecer dedicados en el siglo XVII a este emblemático lugar, y que dicen así:

Gracias Venta del Alma

¡Quién lo dijera!
que en la Venta del Alma
la mía perdiera.
¡Quién lo pensara!
quien por nada del mundo
su alma vendiera,
en la Venta del Alma la regalara.
¡Quién lo dijera!
que una sonrisa
y una mirada de unos ojos azules
bastante fuera
a agitar de esa forma toda mi alma.
¡Quién lo pensara!
que en una noche tibia
-media luna rojiza
y el aire en calma-
mi alma
tanto tiempo dormida
resucitara.
Venta del Alma

Al otro lado del puente de San Martín, en el camino viejo que conduce desde Toledo y Polán y Navahermosa, y al pie del cerro sobre el que se levanta la ermita de la Cabeza, hay una venta cuyo título no había podido menos que llamar mi atención, siempre que la casualidad me hacía cruzar el camino que por el Mediodía la limita.

Yo no sé cuantos, pero hace ya muchos años, había en el mismo sitio que esta ocupa, otra venta tan acreditada y favorecida por los toledanos que era la envidia, no sólo de las inmediatas, sino de todas las que en el perímetro de la ciudad y sus alrededores se levantaban. Y no era seguramente la causa de esto el buen vino que en ella se despachaba ni las comodidades y el esmerado trato de la casa; no era la proverbial honradez del buen Gaspar, era su hija, era la hermosa Laura; que con su mirada de fuego y su eterna sonrisa atraía a su puerta, desde el orgulloso señor que detenía su caballo para saludarla, llevando un mundo de lascivos deseos al partir, hasta el humilde traficante que ataba a la reja su jaca y pasaba las horas sentado en el apoyo mirándola con la tristeza del que sueña con lo imposible.

La leyenda de la Venta del Alma
Venta del Alma. Foto antigua

La responsabilidad fue de mi familia por la parte que le correspondía.

En 1965 el estado de la venta era de semiruina, por lo que el Estado decidió tomar cartas en el asunto, como el gran Luis Moreno Nieto se encargó de informar en las páginas de La Vanguardia y de ABC en el verano de aquel año:

De septiembre de 1978 es esta fotografía a las puerta de la Venta de Alma en la que yo y mis hermanos nos sacamos subimos en la baca del Renault 12 familiar, que debió ser el último día que toda la familia cruzó esas puertas, de lo que en aquella época tan solo era un taller de curtidores y motivo de conflicto en una herencia familiar. Una casa a la que se buscó la mejor solución que el abandono y el olvido. En la actualidad es un bar de copas que ha recuperado la esencia de la Venta y que muchos consideran punto de visita obligado.

Yo ante la puerta de la Venta del Alma, Septiembre 1978
Salón de la Venta del Alma en la actualidad

Ermita Nuestra Señora de la Cabeza

Si abandonamos por un momento nuestro recorrido hasta la ermita del Valle y nos adentramos en el cerro de la Cabeza, por las calles en torno a la Venta del Alma, nos encontraremos con la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza y con un panorámica de la ciudad. En este nos volveremos a fijar cuando vayamos por la senda ecológica.

Vista aérea del cerro de la Cabeza

Aunque se sabe que en este cerro ya existió un beaterio mozárabe de la Orden de San Norberto en el siglo XII, la primera referencia documental de esta humilde ermita se remonta a 1575 cuando Luis Hurtado de Toledo narra su edificación «en un monte pequeño sobre los molinos del Tajo». Algo más tarde, En 1605, Francisco de Pisa vuelve a mencionarla. Gracias a este autor sabemos que la advocación a Nuestra Señora de la Cabeza se debe a la ya existente en la localidad jiennense de Andújar que en esa época -y aún hoy- gozaba de gran devoción en toda España. En esos primeros años la ermita dependía de la parroquia -hoy desaparecida- de San Martín de Tours, donde tenía su sede la cofradía que celebraba la procesión de esta Virgen tras el denominado Domingo de Cuasimodo en el segundo domingo después de la Pascua de Resurrección.
Por razones desconocidas, ya a finales del siglo XVIII o comienzos del XIX la ermita estaba en ruinas.

Poco después, en 1859, por iniciativa personal del que posteriormente sería el Cardenal Monescillo -en aquel momento tan solo maestre de la Catedral- se reedificó la ermita. Se volvió a constituir la cofradía y la imagen de la virgen que estaba en la parroquia de San Martín volvió de nuevo a su cerro. El edificio se concibió con extrema sencillez, con una sola nave a la que se accede por una puerta rematada con una espadaña. Adosadas a la ermita están la casa del sacerdote a un lado y al otro la casa del santero. 

La ermita de la cabeza, Toledo olvidado
Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza

Situada en un promontorio, junto al arroyo denominado Valde Colomba, topónimo usado o conocido todavía en el siglo XIX. Este nombre procede de la antigua capilla o beaterío visigodo habitado por monjes mozárabes a principios del siglo XII y cedido a los premonstratenses bajo el nombre de Santa Colomba por el arzobispo don Raimundo en el año 1152. Se alza la Ermita de Ntra. Sra. De la Cabeza. El arroyo, que nace entre la quinta de Mirabel y la pozuela, forma un lugar de interés natural sobre el que destaca la citada ermita.
La ermita corresponde con una reconstrucción de la Ermita del siglo XVII, levantada a imitación de otra mayor situada en Andujar en el monte de tal denominación, y que ha estado arruinada en distintas épocas.
La construcción está hecha de fábrica de ladrillo de era, y presenta un interior muy sencillo. Su interés radica en su implantación sobre el montículo lo que le da una presencia importante.

Plan de ordenación
Vista de Toledo desde la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza.
Destaca el Convento de San Gil. Sede de las Cortes de la Justa de Castilla la Mancha

Sigamos con nuestro caminar porque hemos de dar la vuelta a Toledo, para que sea la puerta de Bisagra la que mire al río Tajo y cambie el paisaje que se ve desde la ermita del Valle.

Continuará……

Web de referencia:

La venta del Alma