En un lugar de Toledo, de cuyo nombre…

Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en pagina aparte)

Introducción

Después de la Semana Santa es momento de que intentemos rodear la ciudad, pero como vimos el otro día (De vuelta a la civilización), y sobre lo que no cabe discusión, es que la casa del Diamantista nos impide el paso. Aquí se termina la senda ecológica y lo de seguir por el río resulta inviable porque la barca tan solo cruza el río

Estamos en paseo del Pasaje del Barco y la única opción que nos queda, porque no vamos a volver sobre nuestros pasos, salvo que queramos repetir el paseo en sentido contrario, es subir, bordear este edificio e intentar probar suerte, para volver a caminar con el río Tajo a la derecha. ¿Alguien se ha traído el equipo de escalada?

Panorámica de la ciudad desde la casa del Diamantista

El caso es que ya no podemos seguir por la orilla del río, nos lo impide la orografía del terreno, pero hemos dicho que no nos vamos a dar por vencidos ante las dificultades, que frente a esa alianza entre el río y la ciudad para que desistamos, intentaremos ser más listos o más osados. Buscaremos cualquier camino o atajo antes que volver sobre nuestros pasos o adentrarnos en la ciudad, que es muy bonita y tiene muchos monumentos que visitar. Eso no se lo vamos a discutir, pero es que esta vez queremos verla bien, por todos los lados. Hemos salido a dar una vuelta por Toledo, o a Toledo, y no se trata tan solo de una manera de hablar.

¡Estamos de suerte! No hace falta alzar mucho la mirada para encontrar la solución a nuestra disyuntiva. La ciudad ya sabe lo mucho que nos gusta subir escalones y se va a complacer en cumplir nuestros deseos. Parece que ya nos va conociendo y se muestra dispuesta a dejarse conquistar.

Escaleras frente a la casa del Diamantista

Para aquellos que prefieran evitar las escaleras, que ya se hayan empachado, el camino fácil es por subir por la Bajada del Barco. Pero no es necesario subir hasta la catedral, sino hasta el callejón del Pitote y volver por la plaza del Andaque hasta el callejón del Capricho donde terminan los escalones.

Subida por la Bajada del Barco, desde el paseo del Pasaje del Barco

De manera que quien no quiera contar escalones o por cualquier motivo se encuentre con alguna dificultad para ello, que se busque la ruta fácil para llegar hasta arriba, hasta la el callejón del Capricho. Los demás empezamos a contar escalones y todo para arriba, sin que se nos cansen las piernas ni las ganas de contar, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7….

Escaleras
Escaleras
Vista de la Casa del Diamantista
Final de las escaleras

Una vez que llegamos a la cima, al casi último escalón de cuantos encontremos en nuestro camino, nos encontraremos con una de esas sorpresas y secretos que nos tiene guardada la ciudad, tanto para aquellos que se han armado de paciencia y subido por las escaleras, como para quienes han optado por un recorrido más descansado

Final de las escaleras desde el barco del pasaje

Nos encontramos con la evidencia de que esta ciudad está unida a la Historia, que no fue en vano que haya alusiones a Toledo en la gran obra de la literatura Universal «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha» de Miguel de Cervantes. Podemos suponer que tenemos la gran suerte de pasear con las mismas calles en las que este ilustre escritor estuvo.

Placa en la plaza

Placa de cerámica vidriada realizada por personal de la Escuela Taller de Restauración de Toledo en el año 2000. Esta placa se encuentra adosada a la fachada de una casa situada en la Plaza del Andaque de Toledo. La placa primitiva fue descubierta el 22 de abril de 1988 por el alcalde de la ciudad D. José Manuel Molina García y la concejal delegada de Cultura Dª María Eugenia Hernández-Gil Mancha, dentro de las actividades programadas durante la celebración de la III Semana Cervantina, en conmemoración del 372 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes. Dos años después, en el año 2000, fue sustituida por la actual realizada en el año 2000.

Toledo.es

El matrimonio también tuvo casa en Toledo. Estuvo situada en el barrio de Andaque, cerca de las orillas del Tajo, por donde antaño trajinaban las antiguas tenerías árabes. Recorre el laberinto toledano buscando el espíritu de Don Miguel, quien pasó en Toledo diferentes periodos de su vida. Allí observó y trató a comerciantes, caballeros, soldadesca, clérigos y pícaros. De todos ellos tomó buena nota para sus obras, dejándonos retazos de ellos en La ilustre fregona, La Galatea, Rinconete y Cortadillo, La fuerza de la sangre, Los trabajos de Persiles y Segismunda, Viaje del Parnaso y, como no, en El Quijote.

En las páginas de su novela más universal, Cervantes relata que paseando un día por el Alcaná toledano, barrio comercial en los alrededores de la Catedral Primada, compró unos cartapacios escritos en caracteres arábigos en los que se narraba la historia del singular hidalgo manchego. Cuatro siglos después, estas mismas calles mantienen su bullicio. Pasea por ellas junto a los miles de visitantes que llegan a Toledo cada día y encamínate hasta la Plaza de Zocodover.

En los respaldos de sus bancos de piedra verás recreadas, en típica azulejería cerámica, escenas quijotescas. Zocodover es la plaza mayor de Toledo. Su espacio urbano conserva características de estos singulares espacios urbanos castellanos, destacando sus soportales sostenidos por columnas de granito. Ponte frente al reloj. Mira hacia el Arco de la Sangre y baja por sus escaleras. A su pie te espera Don Miguel. Fotografíate junto a su estatua y continúa bajando por la calle que lleva su nombre.

Pasarás por el Museo de Santa Cruz, en cuyas salas se conserva el gran pendón de la Batalla de Lepanto, en la que el escritor resultó herido en una mano. El estandarte fue entregado por don Juan de Austria a la Catedral toledana tras la victoria sobre la flota turca. Continúa caminando hasta el edificio que lleva el número trece. Allí abría sus puertas la afamada Posada del Sevillano, en cuyas dependencias ambientó Cervantes La ilustre fregona. En otras páginas de sus obras, don Miguel la citaba como una de las posadas mejores y más frecuentadas de Toledo. En su fachada, una placa conmemorativa perpetúa este recuerdo cervantino.

Tienes muy cerca el río Tajo, del que Cervantes, en el Viaje del Parnaso, dijo que sus aguas en vez de arena llevaban granos de oro. Claro que eran otros tiempos mejores para este cauce fluvial que, pese a todo, aún abraza poderoso el promontorio pétreo donde se levanta Toledo. Desde el Paseo del Carmen verás restos del famoso Artificio de Juanelo, que en las páginas de La ilustre fregona se citaba como uno de los grandes atractivos de la Ciudad Imperial

Relato del Toledo en El Quijote

Origen del texto: ABC Toledo

Estatua de Miguel de Cervantes (Calle miguel de Cervantes) a los pies de las escaleras del arco de la Sangre, (Plaza de Zocodover)

Cervantes rindió tributo de admiración a Toledo en varias de sus obras, pero el que podemos considerar su gran homenaje toledanista consistió en dedicarle, prácticamente íntegro, el capítulo IX de El Quijote, donde Toledo aparece como el escenario del hallazgo del manuscrito de Cidi Hamete Benengeli, origen idealizado de las aventuras del Ingenioso Hidalgo.

Si bien Cervantes no quiso desvelarnos dónde nació Don Quijote («porque todas las ciudades de la Mancha contendieran por ahijársele y tenerle como suyo»), en cambio fue muy explícito al proclamar que la historia del Ingenioso Hidalgo nació en Toledo: «Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero (…) luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote».

La inclusión del capítulo IX supone el comienzo de la Segunda Parte del Quijote, de las cuatro en que Cervantes dividió la totalidad de la novela. Según la opinión de la crítica, Cervantes debió de escribir una versión primitiva del Quijote en forma de novela corta en la cárcel de Sevilla, que probablemente terminaba con la quema de los libros a cargo de su ama y su sobrina, el cura y el barbero.

Estos personajes, basados en persona reales de Esquivias, como asimismo el trasunto real del Quijote, Don Alonso Quijada de Salazar, formaban el entorno familiar al que Cervantes se incorpora al volver a Esquivias tras los cinco o seis meses de encierro sevillano. En este periodo, Cervantes reanuda sus contactos con Toledo por motivos económicos y familiares, y aprovechará sus viajes a la Ciudad Imperial para departir con amigos y colegas literatos como José de Valdivielso o Lope de Vega, entre otros.

Es de suponer que algo tiene que ver con este gozoso contacto de Cervantes con Toledo la inserción del «capítulo toledano del Quijote», y tal vez su manera abrupta de hacerlo nos está indicando que se produjo poco después de haber redactado la escena de la lucha de Don Quijote con el vizcaíno.

Como es sabido, al final del capítulo octavo, cuando el vizcaíno y don Quijote alzan furiosamente sus espadas, la narración se detiene, los combatientes quedan paralizados, y la voz de un desconocido narrador-editor nos informa que la historia se interrumpe porque «el autor de esta historia (…) no halló más escrito de estas hazañas». Es como si el lienzo donde contemplábamos el lance entre Don Quijote y el vizcaíno se desgarrase de pronto para dejarse injertar por la estampa de un Toledo que surge con aire de epifanía.

Para el hallazgo del manuscrito de Benengeli, Cervantes elige el Alcaná de Toledo, el corazón populoso y comercial de la ciudad, y no es la suya una elección arbitraria, sino que pretende parodiar a las novelas de caballería, cuyos manuscritos son casi siempre encontrados fortuitamente tras permanecer largo tiempo ocultos o perdidos, estando sus textos pergeñados en griego, caldeo, latín o árabe, por sabios nigromantes, para cuya traducción se requieren expertos trujimanes.

Cerámica de Don Quijote

Pero hay una novela con la que, sorprendentemente, el relato del hallazgo del Alcaná guarda una especial similitud: el «Parsifal» de Wolfram von Eschenbach (ca.1170-ca.1220), novela basada, según dice novelescamente su autor, en un texto hallado en Toledo, escrito por un sabio arabo-judío llamado Flegetanis, en el que se cuenta la historia del Grial.

Algunos cervantistas opinan que no parece probable que Cervantes hubiera leído la leyenda del Grial de Eschenbach, pero lo cierto es que se advierte una evidente·similitud entre la manera como Cervantes narra el hallazgo del manuscrito del Quijote y el modo como Wolfram Von Eschenbach encuentra el suyo del Grial. Según el autor alemán,un famoso maestro llamado Kyot encontró en Toledo, entre unos manuscritos abandonados, la leyenda del Grial escrita en caracteres árabes por un sabio árabe-judío llamado Flegetanis.

El paralelismo, como se ve, resulta asombroso: Un autor llamado Kyot=Cervantes encuentra en Toledo=Alcaná un manuscrito=cartapacio de papeles viejos, escrito por un sabio árabe llamado Flegetanis=Benengeli en el que se cuenta la historia de Parsifal=Don Quijote.

El escenario elegido por Cervantes es una tienda de seda, que sería como todas las del Alcana, minúscula y abarrotada hasta el exceso, en la que comparten un mínimo espacio el sedero, el narrador y un muchacho anónimo que viene a vender papeles usados para, probablemente, servir de envoltorio a la delicada mercancía. Parece como si Cervantes pretendiera cargar las tintas en el tipismo toledano al ubicar la acción en una sedería, establecimiento característico por excelencia en una ciudad como Toledo cuya base económica lo constituía la industria de la seda.

Como el manuscrito de Benengeli está escrito en lengua arábiga, el narrador busca a un traductor aljamiado, «y no fue muy dificultoso hallar interprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua le hallara». Los miles de moriscos que poblaban las calles de Toledo constituían otro de los tipismos de la ciudad, de manera que Cervantes tomó para colorear su cuadro toledano a un ejemplar representativo, en funciones de traductor aljamiado.

A continuación, Cervantes quiso incluir el icono más emblemático de Toledo, la Catedral Primada, sin la cual ningún cuadro de Toledo podría considerarse completo, y para ello hace que el narrador conduzca al morisco traductor al claustro catedralicio, donde negocian la traducción del libro por dos fanegas de trigo y dos arrobas de pasas.

Pero aún faltaba un detalle para que el retablo toledanista quedará completo, a gusto de Cervantes: era aparecer él mismo como personaje toledano. Y, así, el narrador-editor, o sea, Cervantes, relata que la traducción se lleva a cabo en su propia casa, donde el morisco la realiza en poco más de mes y medio. ¿Por qué en su casa?, podemos preguntarnos. ¿Es que acaso el morisco no dispondría de la suya? De nuevo nos toca interpretar que Cervantes fuerza el sentido común para poder proclamar que él tenía casa en la ciudad y que era, por tanto, vecino de Toledo.

Hoy sabemos que Cervantes tenía su casa toledana en la plaza de los Tintes, y, según podemos deducir por la lectura del capítulo IX, tenía interés en hacer constar en su novela que, como vecino de Toledo, el narrador-editor (ósea, él) era también toledano.

Otros espacios toledanos se mencionarán más adelante en el transcurso de las aventuras de Don Quijote, como Zocodover, las Tendillas, las Ventillas o el Nuncio Viejo, pero en absoluto alcanzan el valor emblemático que los tres escenarios del capítulo IX —Alcaná, Catedral, Plaza de los Tintes—, que merecen el título de «triángulo germinal de El Quijote»; al menos, de El Quijote de Cidi Hamente Benegeli, el que comienza en el Capitulo IX y acaba con la muerte de Don Quijote.

Cuando Cervantes termina su «homenaje a Toledo», todavía tiene a Don Quijote y al Vizcaíno con las espadas en alto. El roto del lienzo junta sus bordes y el relato prosigue como si nada hubiera ocurridoPero sí ha ocurrido algo importante, al menos para Toledo: Cervantes ha honrado con el mejor de los homenajes a la ciudad en la que siempre se sitió bien acogido y por la que sintió el mayor de los aprecios.

La Casa de Cervantes

La investigación de la que da cuenta este artículo establece que la llamada «casa de Cervantes en Toledo» se alzó con mucha probabilidad en el solar que hoy ocupa el inmueble 3 – 9 de la plaza de los Tintes.

Se sabía por los documentos relativos a la familia de Catalina de Palacios, esposa de Cervantes, que la casa que heredaron en Toledo, de la suegra de éste, se encontraba en la parroquia de San Lorenzo y en el barrio del Andaque. El problema era situar la casa en un espacio concreto de dicho barrio y parroquia.

Vista aérea de la zona

En el solar de esta casa, de los años 60, se alza la contrucción que ocupó Cervantes. Está situadaentre la calle de los Tintes y el callejón de Adabaquines

Como recoge Luis Moreno Nieto en su libro «Toledo y los toledanos en la obra de Cervantes», investigaron sobre la localización de la casa tanto Foronda como San Román y posteriormente Ventura F. López. Este último conjeturó que la casa era la señalada con el número 35 de la calle del Barco (a fecha de 1916). Y el propio Moreno Nieto aventuró la hipótesis de que podría ser una «derruida junto a la Casa del Diamantista».

«Lindan con casas de Diego de Cuéllar»

Por fortuna, el Archivo Histórico Provincial de Toledo guarda el testamento de la tía de Catalina Palacios, María de Cárdenas, en el que afirma (1591) que lega a su nieta María de Guzmán y a su yerno Francisco Guzmán una parte de casas que tenía en Toledo, en la parroquia de San Lorenzo, «que alinda con casas de Diego de Cuéllar, vecino de Toledo, y con la calle Real, que son frontero de las casas que dicen de la Galera.»

Por otra parte, en diversos documentos se informa que María de Guzmán poseía un tercio de la casa, Cervantes y Catalina poseían otro, y el tercero era propiedad de un hermano de Catalina. Así pues, la casa aludida en el testamento de María de Cárdenas era también, parcialmente, la de Cervantes.

Esta premisa resulta capital, pues nos permite deducir que ésta lindaba con la casa de Diego de Cuéllar. Averiguando dónde se situaba la casa de este «vecino de Toledo», habríamos localizado también la de Cervantes y su mujer.

Placas dedicadas a Cervantes

Placa de cerámica vidriada, compuesta por veinte azulejos, realizada por Vicente Quismondo en el año 1947, en la que se recogen las palabras dedicadas por Cervantes a Toledo en su obra póstuma “Los trabajos de Persiles y Segismunda”. Esta lápida de cerámica fue realizada con motivo de los actos conmemorativos del IV Centenario del nacimiento de Cervantes. Se halla situada en el patio interior de la Puerta de Bisagra. Fue descubierta por el Gobernador Civil de Toledo D. Blas Tello Fernández-Caballero el 11 de octubre de 1947.

Placa dedicada a Migue de Cervantes. en el patio interior de la puerta de Bisagra

Placa de mármol realizada por los alumnos del taller de cantería de la Escuela Taller de Restauración de Toledo en el año 1997, y que en letras talladas y coloreadas, bajo el escudo en metal de la ciudad, indica el lugar en donde se encontraba la “Posada del Sevillano”, en donde Miguel de Cervantes situó la acción de su novela “La Ilustre Fregona”. Esta lápida fue colocada por el Ayuntamiento de Toledo dentro de los actos programados durante la Semana Cervantina, en conmemoración del 450 aniversario del nacimiento de Miguel de Cervantes. Se halla situada en el número 15 de la calle de Cervantes. Fue descubierta el 23 de abril de 1997 por el alcalde de la ciudad 

Placa en la Calle Miguel de Cervantes

El ayuntamiento de Toledo acordó en sesión celebrada el 25 de enero de 1905, a propuesta de su Comisión de Festejos, y dentro de los actos programados para conmemorar el III Centenario de la publicación del Quijote cambiar el nombre de la hasta entonces llamada “Cuesta del Carmen” por “Calle de Cervantes”. El acto público al que concurrieron las principales autoridades de la ciudad se celebró el día 9 de mayo de 1905.

La ilustre fregona

La ilustre fregona es una de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes. La obra trata sobre dos jóvenes de buena familia, Carriazo y Avendaño, que deciden lanzarse a la vida picaresca. En un mesón de Toledo, Avendaño se enamora de Constanza, una fregona o sirvienta, lo que hará que los dos jóvenes decidan detener allí su viaje. Finalmente, se descubrirá que Constanza es de noble nacimiento, hija natural del padre de Carriazo, por lo que nada impedirá su boda con Avendaño.

Ciudad de las tres culturas

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La ilustre fregona

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