Mil y una noches toledanas

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Introducción

Ya comenté el otro día que la familia Marañón ha hecho mucho por esta ciudad a lo largo del último siglo (El Cigarral de D. Gregorio) y aquí tenemos otra de esas evidencias de lo mucho que se les tiene que agradecer por devolverle, o recuperar, el esplendor a esta ciudad. En este caso, el mérito de la recuperación del palacio se lo debemos a la hija de Gregorio Marañón.

La Princesa Galiana (Leyenda)

(1851-05-11). “Vista de las ruinas del palacio de Galiana desde el patio”. Semanario Pintoresco Español (19): 152. ISSN 2171-0538

Cuando Tolaitola estaba gobernada por Galafre, en el siglo VIII, existía junto al río un pequeño pero lujoso palacete. Este era el lugar favorito de Galiana, la joven y bella hija de Galafre, quien pasaba allí largas temporadas disfrutando de la paz y tranquilidad que ofrecía el paradisíaco vergel.

Cierta noche veraniega se hallaba la joven conversando con Geloira, su esclava favorita, a la que tenía el cariño suficiente como para confiarle sus más íntimos secretos. La noche era apacible, como tantas otras, pero la joven no era feliz y así se lo hizo saber a su sirvienta.

(….)

Perdonadme si mi brusca presentación os ha asustado, pero escondido en el jardín he oído vuestras palabras que me han llenado de dicha. En este momento puedo confesar, sin ofender a la hospitalidad de vuestro padre, que he venido sólo para contemplar vuestra belleza. Ahora, sabiendo que no amáis a Abenzaide, no os ocultaré mi amor. Galiana, pronto he de regresar a mi reino. ¿Queréis cambiar vuestros jardines por los de mi patria?.

Galiana enmudeció. Superado el sobresalto reconoció en el caballero a Carlos, hijo del rey de los francos, que se alojaba en el palacio hace días por hospitalidad de Galafre. Ella se sentía también atraída por el joven príncipe desde que le vio por primera vez, pero había ocultado sus sentimientos por tratarse de un huésped de su padre. Carlos cogió una mano de la princesa estrechándola suavemente con las suyas, mientras con su expectante mirada parecía suplicar una respuesta. Galiana dijo un tímido “¡sí!”, y después ocultó su rostro, enrojecido por el rubor, en el pecho de su esclava. El galán príncipe besó tiernamente la mano de la joven y se marchó despidiéndose hasta el día siguiente.

(….)

Dile a tu señora –contestó Abenzaide- que no permitiré que su corazón pertenezca a otro. ¡Haré cuanto sea necesario para evitarlo!

Y tan colérico como sorprendido marchó en busca del caballero que había cautivado el corazón de la mujer a la que amaba.

Encontró a Carlos en el palacio que Galafre tenía en el interior de la ciudad, y presentándose ante él le exigió desagravio mediante duelo a muerte. El joven franco no pudo negarse, y fijaron la celebración del duelo para el amanecer del día siguiente.

(….)

En una tribuna levantada para la ocasión se hallaba Galiana, presa de los nervios, temiendo perder al hombre que realmente amaba. Junto a ella se encontraba su padre, quien hizo la señal para que diera comienzo el combate.

La joven no pudo resistir el terror, agachó la cabeza y se tapó los oídos para no contemplar el sangriento desenlace. Los caballos de los dos adversarios emprendieron veloz galope y chocaron en horrible estrépito. Las armaduras chirriaban al rozarse entre sí, y caballos y caballeros se hicieron invisibles tras una espesa nube de polvo. Nada pudo verse durante unos instantes, pero un golpe seco indicó que uno de los caballeros había caído a tierra. Los asistentes enmudecieron en espera de poder distinguir lo que había sucedido, y cuando la nube de polvo se desvaneció sonó una atronadora ovación. El júbilo de los congregados animó a Galiana a alzar la vista, y cuando lo hizo pudo distinguir a Carlos, que se hallaba en pie junto al cuerpo sin vida de su rival y dirigía una amorosa mirada al lugar donde ella se encontraba.

Misterios de Toledo

Palacio de Galiana

El esplendor milenario de Toledo tiene su paradigma en el palacio fortificado que se alza en las afueras de la ciudad, río arriba, en la llamada Huerta del Rey. Vinculada a las múltiples historias y leyendas de este monumento, aparece siempre una bellísima mujer recluida en él como amante y amada de reyes, emperadores, o guerreros que no dudan en pelear a muerte por sus favores esquivos. Y sucede además que, tales damas misteriosas, en lugar de perpetuar su nombre, pasan a la tradición como las “Galianas”, por encontrarse su palacio en los idílicos parajes contiguos a la vía Galiana, una calzada romana llamada así porque llegaba hasta las Galias.

Las sucesivas damas del castillo, en lugar de añadir su nombre a éste, pasan a enriquecer con sus historias la tradición de la “Galiana” legendaria que las personifica a todas ellas, y que el vulgo ha llegado a denominar así por encontrarse el palacio junto a la antigua calzada romana que uniera Toledo con las Galias, la calzada Galliana o vía Galiana que perduró como cañada de la Mesta. Y no sólo se equivoca el vulgo, que al cabo de los siglos hasta el docto Covarrubias sigue diciendo que “Galiana es nombre de Mora, (…) a la cual su padre edificó unos palacios (…) a la orilla del Tajo, que hasta hoy día queda el nombre a las ruinas de ellos…”. Aunque la paciencia y el tesón de los historiadores ya han rescatado nombres fidedignos: la Galiana Halia, la Galiana Zaida, la Galiana Raquel,… siguen siendo evocadas como una sola mujer, criatura más bien poética e irreal, síntesis de todas ellas.

El último palacio de Galiana. Leyendas de Toledo

Cómo encontrarlo….situados en la misma acera donde está la Estación de Trenes, vamos en dirección a la ciudad, y al llegar a la rotonda, nos desviamos a la derecha donde nos encontramos unas grandes puertas de madera, con dos carteles a cada lado, en uno pone «Palacio Galianas», y en otro Propiedad Privada». Hay pasar y seguir el camino de tierra, en unos metros se llega a la entrada del palacio. Nada más llegar, hay una zona de aparcamiento, donde dejar el coche aparcado.

Puerta del recinto del palacio, junto a la estación del tren
Vista aérea del palacio a orillas del río Tajo. Google Maps
Fachada

El edificio, situado al noreste del casco histórico de la ciudad de Toledo, muy probablemente formó parte de la almunia construida por Al-Mamún de Toledo, rey de la taifa de Toledo (1043-1075). A raíz de la conquista cristiana, el lugar se denominó «almunia real», aplicándose todavía en 1294, aunque por estas fechas se impone la castellanización de «Huerta del Rey». El nombre de Galiana se popularizó a partir del siglo xvi a consecuencia de la desaparición de los auténticos palacios de Galiana, situados en recinto del Alficén, junto al alcázar.​

Desde el siglo XVI recibe el nombre actual, en memoria de los fabulosos palacios y jardines que habitaría Galiana, la bella princesa musulmana, legendaria hija del rey Galafre y esposa de Carlomagno, en el alficén toledano.

Desde finales del siglo xi y a lo largo del siglo xii la ciudad de Toledo fue asediada por tropas almorávides y almohades, que reiteradamente destruyen y talan la vega, y por tanto la almunia, sufriendo aún grandes destrozos en 1212, cuando los ejércitos venidos a luchar contra los almohades acamparon en ella, y según los Anales Toledanos «cortaron toda la Huerta del Rey». De estos hechos parece deducirse la opinión generalizada de la total destrucción del edificio de época islámica y la posterior construcción de un palacio mudéjar, que ha sido fechado entre los siglos xiii y xiv. Sin embargo, aunque las campañas debieron afectar a la vivienda, no es tan seguro que fuera arrasada. Hay referencia de que en 1254, el rey de Granada, cuando vino a entrevistarse con Alfonso X, «posó en la huerta del Rey, que es cerca de Toledo».

jardines. Foto de David Utrilla

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la propiedad pasa a manos de la última descendiente de los Guzmanes propietarios de Galiana: la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Y es en vida de Eugenia de Montijo cuando importantes personajes de la historia y la cultura española se interesan por este edificio en estado de abandono y buscan que salga del lamentable estado en el que se encuentra. Tristemente, la Emperatriz muere antes de poder llevar a cabo la restauración.

En 1959 el Palacio fue vendido a Alejandro Fernández de Araoz y su mujer Carmen Marañón. Bajo la dirección del prestigioso arquitecto Fernando Chueca Goitia y el historiador Manuel Gómez-Moreno se lleva a cabo un admirable proyecto de restauración devolviendo a Galiana todo su esplendor original.

Actualmente Galiana se encuentra magníficamente rehabilitado y se compone de una planta rectangular dividida en nueve salas abovedadas, un patio rehundido y un aljibe que refleja la magnífica arquitectura y el maravilloso jardín que rodea el monumento declarado Bien de interés Cultural en 1985.

La parte más celebrada del conjunto era el Jardín de la Noria, atravesado por una acequia cuyas aguas eran recogidas por la noria para regar las plantaciones y surtir la alberca situada frente al palacio. En grabados antiguos se reproduce la noria frente al palacio de Galiana y la alberca existe todavía delante del edificio, a nivel inferior, manteniéndose su uso en 1603, cuando Salazar de Mendoza describe «unas casas viejas que tienen un estanque de agua por patio, a quien el vulgo ignorante llama los palacios de Galiana». La existencia de este jardín con una única alberca difiere de la tipología habitual del modelo persa (de acequias cruzadas y albercas simétricas) para inspirarse en el modelo bereber, reminiscencia del oasis africano que se expandió notablemente con los almohades. Precisamente la acequia permite establecer un modelo para la almunia toledana, ya que más allá de su relación con la munyat al-Ámiriya de Córdoba, se halla la misma asociación de palacete con alberca en otros ejemplos de arquitectura islámica como el Qas al-Bahr de la ciudad palatina de Raqqada (siglo ix) o la Favara de Palermo, ya en el siglo xi.​

Jardines. Foto de Palacio de Galiana.es
Jardines. Flickr
Fachada. TripAdvisor

El edificio, que ha llegado a nuestros días, es una obra de estilo mudéjar de época posterior (siglo XIV), con profusión de labores decorativas entre las que destacan yeserías, zócalos y arquillos de las ventanas. Desde el siglo XVI recibe el nombre actual, en memoria de los palacios y jardines que habitaría Galiana, princesa musulmana, esposa de Carlomagno, en el alficén toledano, junto al Alcázar.

Torreón, Fotografía de David Utrilla

El palacio consta de dos alturas y planta rectangular que se completa con una zona de edificación abierta desarrollada en planta también rectangular a lo largo de su fachada principal. Se trata de un edificio formado por tres cuerpos perpendiculares a la fachada. Los dos laterales, de planta rectangular, se elevan formando sendos volúmenes a modo de torres en las fachadas anterior y posterior. El cuerpo central es de menor altura y forma una unidad con los laterales en planta baja y los une en planta alta mediante muros de fachada con huecos de ventana, abriéndose cuatro de arcos de medio punto y uno central adintelado de mayores proporciones a la fachada anterior, y otros seis de arco de medio punto similares a los anteriores en la fachada posterior.

Interior del palacio

Además posee un patio rehundido, un estanque y jardín.

Estanque
Jardines
Jardines. Foto de David Utrilla
Puerta al jardín

Vista de El Alcázar de Toledo desde el palacio de Galiana

Referencias Literarias

Miguel de Cervantes menciona esta almunia en varias de sus obras:

  • En La ilustre fregona cita a la “Huerta del Rey” entre “lo que dicen que hay famoso en Toledo, y alude a cómo los aguadores solían reunirse junto a una de sus norias: “Llegaron a la Huerta del Rey, donde a la sombra de una azuda hallaron muchos aguadores, cuyos asnos pacían en un prado que allí cerca estaba”.
  • También se mencionan sus norias en el diálogo entre Elicio y Timbrio en La Galatea: “Elicio: “¿Qué te diré de la industria de las altas ruedas, con cuyo continuo movimiento sacan las aguas del profundo río y humedecen abundosamente las eras que por largo espacio están apartadas?”.
  • También se refiere en La fuerza de la sangre y en el episodio de la Cueva de Montesinos del capítulo LV de Don Quijote de la Mancha, Sancho cae en un sima oscura y se lamenta así: “Él sí [don Quijote]] que tuviera estas profundidades y mazmorras por jardines floridos y por palacios de Galiana”.​

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