Hola, amigos y amigas, ¿cómo están?
Hoy les traigo un poema que me ha llamado la atención por su intensidad y su pasión. Se trata de «Cuando no puedo parar» de Manuel Pellicer Sotomayor, un poeta español que nos habla de su amor por la escritura y de cómo ésta se convierte en una lucha contra sí mismo.
Cuando no puedo parar Cuando no puedo parar, escribo, la mente se apodera del cuerpo, mis manos acarician el papel, va saliendo fuego de mis dedos, andando a tientas para no ver. Cuando no puedo parar, escribo, saltan poemas alegres en el aire, la inspiración pone muros a todo, me encierra, me deja aquí solo, cada letra es un segundo del tiempo, un minuto de lento aislamiento. Cuando no puedo parar, escribo, izo en el mástil la bandera de guerra, declarándole la guerra a mi enemigo. La batalla es a muerte, no hay vencidos, pero salgo muerto o muero herido. Manuel Pellicer Sotomayor

El poema tiene tres estrofas que repiten el mismo verso inicial: «Cuando no puedo parar, escribo«. Esto nos da la sensación de que el poeta está obsesionado con su oficio, de que no puede dejar de plasmar sus sentimientos en el papel, de que la escritura es su única forma de expresión. Pero también nos muestra que la escritura no es fácil, que implica un sacrificio, una entrega total, una renuncia a todo lo demás.
En la primera estrofa, el poeta nos dice que «la mente se apodera del cuerpo», que «mis manos acarician el papel», que «va saliendo fuego de mis dedos», que «andando a tientas para no ver». Estas imágenes nos transmiten la idea de que el poeta está poseído por su inspiración, de que su cuerpo es solo un instrumento de su mente, de que su escritura es ardiente y apasionada, pero también ciega y descontrolada.
En la segunda estrofa, el poeta nos dice que «saltan poemas alegres en el aire», que «la inspiración pone muros a todo», que «me encierra, me deja aquí solo», que «cada letra es un segundo del tiempo», que «un minuto de lento aislamiento». Estas imágenes nos transmiten la idea de que el poeta está feliz con su creación, de que sus poemas son vivos y saltarines, pero también nos muestran que la escritura lo aísla del mundo, de que se encierra en su propio universo, de que el tiempo se detiene para él, pero también se alarga y se hace pesado.
En la tercera estrofa, el poeta nos dice que «izo en el mástil la bandera de guerra», «declarándole la guerra a mi enemigo». Estas imágenes nos transmiten la idea de que el poeta está dispuesto a luchar por su escritura, de que se enfrenta a un adversario.
Pero ¿quién es ese enemigo? El mismo poeta nos lo revela en los últimos versos: «La batalla es a muerte, no hay vencidos, / pero salgo muerto o muero herido». El enemigo es él mismo, es su propia escritura, es su propio yo. El poeta se mata o se hiere con sus palabras, con sus versos, con sus poemas. La escritura es su vida y su muerte.
¿Qué les ha parecido este poema?
A mí me ha parecido muy intenso y muy dramático. Me ha gustado la forma en que el poeta expresa su pasión por la escritura, pero también me ha dado un poco de pena ver cómo se consume y se desangra en ella. Creo que el poeta necesita un poco más de equilibrio, un poco más de alegría, un poco más de amor. ¿No creen?
Espero que les haya gustado este blog y que me dejen sus comentarios. ¿Qué opinan del poema? ¿Les gusta la escritura? ¿Les gustaría escribir como el poeta? ¿O prefieren leerlo y disfrutarlo?
Les mando un abrazo y hasta la próxima.
Origen
- Conversación con Bing
- POEMAS- Cuando no puedo parar- TRAS EL ÚLTIMO VERSO
