Los mejores poemas de amor

En este blog, te voy a hablar de algunos de los mejores poemas de amor de la historia, según mi criterio personal.

La poesía es una forma de arte que expresa los sentimientos más profundos y universales del ser humano, y el amor es uno de los temas más recurrentes y variados en la literatura. Hay muchos poemas de amor que merecen ser leídos y admirados, pero yo he elegido los que me han parecido especialmente bellos, originales y conmovedores.

Espero que te gusten y que te inspiren a escribir tus propios versos.

RIMA XXI- Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer fue un poeta romántico español del siglo XXI. Sus Rimas son un conjunto de poemas breves y sencillos que expresan sus sentimientos hacia el amor, la soledad, la muerte y la poesía. La Rima LIII es una de las más famosas y emblemáticas de este libro, y en ella el poeta se pregunta qué es el amor y responde con una serie de metáforas que contrastan lo efímero y lo eterno, lo material y lo espiritual, lo humano y lo divino.

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas 
en mi pupila tu pupila azul.
 ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? 
Poesía… eres tú.

Sonata XXIII – Gustavo Adolfo Bécquer

¿Por qué «Sonata XXIII» es uno de los mejores poemas de amor? Bécquer ha escrito algunos de los poemas de amor más populares en español y éste es uno de los más recordados.

Por una mirada, un mundo,
Por una sonrisa, un cielo,
Por un beso… ¡yo no sé
qué te diera por un beso!

Rima LIII, de Gustavo Adolfo Bécquer

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán!

Amor Eterno, Gustavo Adolfo Bécquer, 1867

“Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! 
Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.”

Soneto XVII, de Pablo Neruda

Pablo Neruda es uno de los poetas más famosos y reconocidos del siglo XX. Su obra abarca diversos temas, desde el compromiso político hasta la naturaleza, pero quizás lo que más destaca es su poesía amorosa. En su libro Cien sonetos de amor, dedicado a su tercera esposa Matilde Urrutia, Neruda expresa su pasión, su ternura, su admiración y su gratitud hacia la mujer que le acompañó en sus últimos años.

El soneto XVII es uno de los más conocidos y citados de este libro, y en él el poeta chileno declara su amor sin recurrir a las imágenes convencionales de la rosa o el clavel, sino a las cosas sencillas y cotidianas que hacen única a su amada.

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
Soneto XVII, de Pablo Neruda

Amor constante más allá de la muerte, de Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo fue un poeta barroco español del siglo XVII. Su obra se caracteriza por el uso magistral del lenguaje, tanto en sus poemas satíricos como en sus poemas amorosos. En este soneto, Quevedo expresa su amor más allá de la muerte con una fuerza y una intensidad impresionantes. El poeta desafía al tiempo y al destino con su voluntad indomable y su fe inquebrantable en el poder del amor.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría, 
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni

Alfonsina Storni fue una poeta argentina del siglo XX. Su obra se enmarca dentro del modernismo y el posmodernismo, y refleja su compromiso con la causa feminista y su rebeldía contra el machismo y la hipocresía social.

En este poema, Storni denuncia la doble moral que exige a la mujer pureza e inocencia, mientras que al hombre le permite todo tipo de experiencias y aventuras.

La poeta reivindica su derecho a ser ella misma, con sus virtudes y sus defectos, sin someterse a los prejuicios ni a las imposiciones de nadie.

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

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