No me encontráis

Hola, amigo / amiga del blog.

Hoy vamos a hablar de un poema muy especial. Se trata de “No me encontráis” de Manuel Pellicer Sotomayor, un poeta español del siglo XX que se caracteriza por su temática religiosa y su estilo sencillo y directo. Veamos qué nos dice este poema y qué podemos aprender de él.

NO ME ENCONTRÁIS
Hábito en vosotros y no me encontráis,
me buscáis entre la gente de la calle,
os grito al corazón y no me oye nadie.

Pero Yo estoy aquí en vuestro amor,
uniendo a todos estos corazones solos,
que me buscan y no me encuentran.

Nadie busca al sol dentro de un plato
ni se ha comido un pollo sin matarlo,
pero vosotros me buscáis en la calle,
por eso tenéis en el amor la debilidad
porque no me habéis sabido buscar.

Yo nunca he estado perdido en la calle,
ni en la calle me he venido a quedar,
mi casa está dentro de cada corazón,
que aún no me ha sabido encontrar.

Manuel Pellicer Sotomayor, poema de 1992
El sepulcro vacío, la Resurrección

Análisis

El poema empieza con una afirmación sorprendente: “Hábito en vosotros y no me encontráis”.

¿Quién es ese “yo” que habita en nosotros y que no encontramos? ¿Es un amigo, un familiar, un amante?

No, nada de eso. El poeta nos revela enseguida que se trata de Dios, el Creador del universo y de la vida. ¿Y cómo lo sabemos? Porque nos dice que nos busca “entre la gente de la calle” y que nos grita “al corazón” y nadie le oye.

Es decir, que Dios está presente en todas partes y en todos los seres humanos, pero nosotros no somos capaces de reconocerlo ni de escucharlo.

¿Y por qué no lo encontramos ni lo oímos? El poeta nos da la respuesta en el segundo verso: “me buscáis entre la gente de la calle”.

Es decir, que buscamos a Dios en el exterior, en el mundo material, en las cosas superficiales y efímeras, y no en el interior, en el mundo espiritual, en las cosas profundas y eternas. Y así nos perdemos la oportunidad de conectar con él y de sentir su amor y su paz.

Pero Dios no se rinde y sigue intentando comunicarse con nosotros. ¿Y cómo lo hace? El poeta nos lo dice en el tercer verso: “Pero Yo estoy aquí en vuestro amor”.

Es decir, que Dios se manifiesta en el sentimiento más puro y noble que existe, el amor. El amor que nos une a los demás, que nos hace sentir felices, que nos hace crecer y mejorar. El amor que es la esencia de Dios y de su creación.

Pero hay un problema.

El poeta nos lo explica en el cuarto verso: “uniendo a todos estos corazones solos”.

Es decir, que aunque Dios nos une a través del amor, nosotros seguimos sintiéndonos solos, vacíos, insatisfechos. ¿Por qué? Porque no somos conscientes de que ese amor viene de Dios y que Él es la fuente de todo amor. Y así nos quedamos con una parte del amor, la humana, y nos perdemos la otra parte, la divina.

Y esto nos lleva al quinto verso, donde el poeta nos plantea una paradoja: “que me buscan y no me encuentran”. Es decir, que, aunque buscamos a Dios, no lo encontramos. ¿Y por qué no lo encontramos? Porque lo buscamos mal, porque lo buscamos donde no está, porque lo buscamos con los ojos y no con el corazón.

Y para ilustrar esta idea, el poeta nos pone dos ejemplos muy graciosos en el sexto y el séptimo verso: “Nadie busca al sol dentro de un plato / ni se ha comido un pollo sin matarlo”.

Es decir, que nadie hace cosas absurdas e imposibles como buscar al sol, que es una fuente de luz y calor, dentro de un plato, que es un objeto frío y oscuro, o comerse un pollo, que es un animal vivo y con plumas, sin matarlo, es decir, sin quitarle la vida y las plumas.

Estos ejemplos nos hacen reír, pero también nos hacen pensar en lo ridículo que es buscar a Dios, que es una fuente de amor y de vida, en la calle, que es un lugar lleno de ruido y de distracciones, o en las cosas materiales, que son efímeras y sin valor.

Y así llegamos al último verso, donde el poeta nos da la solución al problema: “mi casa está dentro de cada corazón, / que aún no me ha sabido encontrar”.

Es decir, que Dios nos dice que su casa, su morada, su lugar de residencia, está dentro de cada uno de nosotros, en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestra esencia. Y que si queremos encontrarlo, solo tenemos que buscarlo ahí, dentro de nosotros mismos, con sinceridad, con humildad, con fe. Y que si lo hacemos, lo encontraremos, y con él, el amor, la paz, la felicidad.

Y así termina este poema, que nos ha hecho reír, pero también reflexionar. Un poema que nos invita a buscar a Dios en nuestro interior, a escuchar su voz en nuestro corazón, a sentir su presencia en nuestro amor.

Un poema que nos recuerda que Dios está en nosotros y que nosotros estamos en él. Un poema que nos dice que no hay que buscarlo, sino encontrarlo. Y que para encontrarlo, solo hay que abrir los ojos del alma.

Espero que os haya gustado este análisis y que os haya servido para entender mejor este poema.

¿Por qué el poema es divertido?

El poema es divertido porque usa ejemplos absurdos y exagerados para mostrar lo ilógico que es buscar a Dios en el exterior y no en el interior. Por ejemplo, cuando dice que nadie busca al sol dentro de un plato o que nadie se come un pollo sin matarlo, nos hace reír por lo ridículo que suena.

El poeta usa el humor para captar nuestra atención y para hacernos reflexionar sobre nuestra forma de buscar a Dios. El poema también es divertido porque usa un lenguaje sencillo y coloquial, que contrasta con la seriedad del tema religioso. El poeta nos habla como si fuera un amigo cercano, que nos quiere ayudar y aconsejar, pero que también nos quiere hacer sonreír.

El poema es una mezcla de ironía, sarcasmo y ternura, que nos hace disfrutar de su lectura y de su mensaje.

Despedida

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Hasta la próxima, amigo / amiga del blog.

¡Que Dios te bendiga! 🙏

Origen

  • Poema original de Manuel Pellicer Sotomayor
  • Conversación con Bing Chat (con pocas modificaciones)