Anás, el sumo sacerdote jubilado

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Presentador del programa Imperium Romanum TV News
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Introducción

Presentador: Ave, amigos de Imperium Romanum TV News.

Bienvenidos a nuestro programa «¿Me amas más que éstos?«, donde cada día les traemos una entrevista exclusiva con uno de los hombres y mujeres que acompañaron a Jesucristo durante su vida terrenal y que fueron testigos de su resurrección.

A través de sus relatos, podremos conocer más de cerca al Maestro, su mensaje, sus milagros, su pasión, su gloria. También podremos aprender de su ejemplo, su fe, su amor, su servicio, su misión.

Presentación del personaje

Hoy tenemos una entrevista exclusiva con uno de los personajes más influyentes y poderosos de su época: el ex sumo sacerdote Anás, el suegro de Caifás, el hombre que sentenció a Jesús de Nazaret a la muerte en la cruz.

Anás

Anás fue un sumo sacerdote del Sanedrín. Anás (también AnanusAnanias)​ era hijo de Sett, y fue designado sumo sacerdote entre los años 6 y 15 d. C. por el romano Quirino, hasta que el procurador romano Valerio Grato (el que después dejaría su cargo en manos de Poncio Pilato) le removió del puesto para más tarde concedérselo a Caifás (año 18), su yerno. Después de eso, Anás vio cómo varios miembros de su familia iban teniendo éxito como sumos sacerdotes.

Anás, aún después de su despido, fue considerado sumo sacerdote junto con Caifás, y podía actuar como presidente del Sanedrín.

Anás, que fue el sumo sacerdote de los judíos durante casi veinte años, nos contará cómo conoció a Jesús, qué hizo para detenerlo, qué le preguntó, qué sintió al verlo morir y qué piensa sobre su resurrección.

¿Qué motivó su actuación? ¿Qué pensaba de Jesús? ¿Qué consecuencias tuvo su decisión? Éstas y otras preguntas le haremos a Anás, que nos recibirá en su casa en Jerusalén, en el año 33 d.C.

No se pierdan esta oportunidad única de conocer la verdad sobre uno de los episodios más trascendentales de la historia de la humanidad.

Les dejamos con la entrevista a Anás, realizada por nuestro reportero intrépido, que se atrevió a viajar en el tiempo para traernos este testimonio. Que lo disfruten.

Conexión

Reportero: Tenemos el honor de hablar con el ex sumo sacerdote Anás, el suegro de Caifás, el hombre que sentenció a Jesús de Nazaret a la muerte en la cruz. Anás, gracias por recibirnos en su casa.

Anás: Gracias a ustedes por venir.

Reportero: Anás, ¿cómo fue que conoció a Jesús de Nazaret?

Anás: Lo conocí hace unos tres años, cuando empezó a causar revuelo con sus predicaciones y sus supuestos milagros. Al principio no le di mucha importancia, pensé que era otro fanático más que quería engañar al pueblo. Pero luego me di cuenta de que era un hombre peligroso, que atacaba a nuestra autoridad, que violaba nuestra ley y que se hacía pasar por el Mesías, el Hijo de Dios. Entonces decidí que había que detenerlo, antes de que provocara una catástrofe.

Reportero: ¿Qué hizo usted para detenerlo?

Anás: Junto con mi yerno Caifás, que era el sumo sacerdote en ese momento, y con el apoyo del Sanedrín, el consejo supremo de los judíos, planeamos una forma de arrestarlo y de entregarlo a los romanos, para que lo ejecutaran.

Contamos con la ayuda de uno de sus discípulos, Judas Iscariote, que nos lo traicionó por treinta monedas de plata. Lo seguimos hasta el huerto de Getsemaní, donde estaba orando con sus seguidores. Allí lo capturamos y lo trajimos ante mí, para interrogarlo.

Reportero: ¿Qué le preguntó usted?

Anás: Le pregunté sobre sus discípulos y sobre su doctrina. Quería saber qué pretendía, qué enseñaba, a quién seguía. Él me respondió con evasivas, con arrogancia, con insolencia.

Me dijo:

He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto.  ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.

Jn 18,20

Entonces uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada y le dijo que así no se le hablaba al sumo sacerdote.

Bofetada // Bing Image Creator

Jesús le respondió:

“Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero se he hablado bien, ¿por qué me pegas?”

Jn 18, 23

Él no contestó nada más.

Reportero: ¿Qué hizo usted después?

Anás: Lo envié a Caifás, el sumo sacerdote, para que lo juzgara junto con el resto del Sanedrín. Ellos lo acusaron de blasfemia, por decir que era el Hijo de Dios. Lo declararon culpable y merecedor de muerte. Luego lo llevaron ante Pilato, el gobernador romano, y le dijeron que era un rebelde, que se oponía al César, que se proclamaba rey de los judíos.

Pilato lo interrogó, pero no halló culpa en él. Entonces lo mandó a Herodes, que estaba en Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Herodes tampoco lo condenó, sino que se burló de él y lo devolvió a Pilato. Pilato quiso soltarlo, pero la multitud, instigada por nosotros, clamó que lo crucificaran y que soltaran a Barrabás, un bandido y asesino. Pilato cedió a la presión popular y ordenó que lo azotaran y lo crucificaran.

Reportero: ¿Qué sintió usted al verlo morir en la cruz?

Anás: Sentí que había hecho justicia, que había defendido a mi pueblo de un impostor, de un falso mesías, de un enemigo de Dios y de Roma. No me arrepiento de nada. Él se lo buscó, él se lo mereció.

Reportero: Anás, muchas gracias por su testimonio. Así termina nuestra entrevista con el ex sumo sacerdote Anás, que nos ha contado su versión de los hechos que han cambiado la historia. Volvemos al estudio.

Devuelve la conexión

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Presentador: ¿Qué piensa Anás sobre la resurrección de Jesús?

Anás es un saduceo, una secta judía que no cree en la resurrección de los muertos. Por lo tanto, Anás no acepta el testimonio de los discípulos de Jesús, que afirman haberlo visto vivo después de su crucifixión.

Anás considera que la resurrección de Jesús es una mentira, una invención, un engaño para engañar al pueblo y mantener viva la esperanza mesiánica.

Anás se opuso a la predicación de los apóstoles, que proclamaban la resurrección de Jesús como el fundamento de la fe cristiana. Anás participó en la persecución y el encarcelamiento de los seguidores de Jesús, como Pedro y Juan.

Anás nunca reconoció a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios, ni como el Resucitado.

El cuadro de ese interrogatorio, tal como lo presenta San Juan, es tan instructivo como claro: el miembro de la alta nobleza sacerdotal, Anás, y el revelador de Dios detenido, que es Jesús de Nazaret, no tienen nada que decirse.

También aquí es digna de notarse la superioridad real de Jesús, que se pone más de relieve aún con el incidente inmediato de la bofetada. 

Origen