
Introducción
Presentador: Ave, amigos de Imperium Romanum TV News.
Bienvenidos a nuestro programa «¿Me amas más que éstos?«, donde cada día les traemos una entrevista exclusiva con uno de los hombres que acompañaron a Jesucristo durante su vida terrenal y que fueron testigos de su resurrección.
A través de sus relatos, podremos conocer más de cerca al Maestro, su mensaje, sus milagros, su pasión, su gloria. También podremos aprender de su ejemplo, su fe, su amor, su servicio, su misión.
Presentación del personaje
Hoy tenemos el privilegio de hablar con uno de los discípulos secretos de Jesús, un miembro del Sanedrín, el consejo supremo de los judíos, y un maestro de la ley.
Él es Nicodemo, el hombre que fue a ver a Jesús de noche, para aprender de él.
En esta entrevista exclusiva, nos contará cómo conoció a Jesús, qué le enseñó sobre el reino de Dios y el nuevo nacimiento, y cómo le ayudó a darle sepultura. También nos revelará si cree o no en su resurrección, y qué impacto ha tenido en su vida.
Nicodemo es el nombre de un judío que aparece en el Nuevo Testamento cristiano, importante por ser el protagonista de un profundo diálogo con Jesucristo.
Según el Evangelio de Juan, Nicodemo era un rico fariseo, maestro en Israel y miembro del Sanedrín. De él, añade que era «principal entre los judíos». Este hecho hace que sea muy apreciado entre los cristianos, pues Nicodemo, al igual que Pablo de Tarso o José de Arimatea, representan al sabio judío versado en la Ley que reconoce en Jesús al Mesías y se hace su discípulo. Suponen por tanto un espaldarazo a favor del cristianismo.
Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús:
«¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?»
Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta.»
Y se volvieron cada uno a su casa.
Jn 7, 50-53
No se pierdan esta conversación única e impactante con Nicodemo, a continuación.
Conexión
Reportero: Buenas tardes, señor Nicodemo. Gracias por concedernos esta entrevista. Usted es un miembro del Sanedrín, el consejo supremo de los judíos, y un maestro de la ley. ¿Cómo conoció a Jesús de Nazaret?

Nicodemo: Buenas tardes, reportero. Conocí a Jesús una noche, cuando fui a visitarlo en secreto, porque quería saber más sobre sus enseñanzas. Había oído hablar de los milagros que hacía y de la autoridad con que hablaba. Le reconocí como un maestro enviado por Dios y le hice algunas preguntas.
Reportero: ¿Qué le dijo Jesús cuando lo vio?
Nicodemo: Jesús me dijo que para ver el reino de Dios, había que nacer de nuevo, del agua y del Espíritu. Yo no entendí lo que quería decir y le pedí que me explicara. Él me habló de la necesidad de un cambio radical en el corazón, de una transformación por el poder de Dios. Me dijo que él había venido del cielo para dar testimonio de la verdad y que el que cree en él tiene vida eterna.
Reportero: ¿Qué sintió usted al escuchar estas palabras?
Nicodemo: Sentí una mezcla de asombro, curiosidad y temor. Asombro, porque Jesús me revelaba cosas que nunca había oído ni imaginado. Curiosidad, porque quería saber más sobre él y su mensaje. Y temor, porque sabía que lo que decía era peligroso y podía traerle problemas con las autoridades.
Reportero: ¿Qué pasó después de esa noche?
Nicodemo: Después de esa noche, seguí a Jesús desde lejos, observando sus obras y escuchando sus discursos. Vi cómo sanaba a los enfermos, cómo alimentaba a las multitudes, cómo perdonaba a los pecadores, cómo confrontaba a los hipócritas. Oí cómo anunciaba el reino de Dios, cómo explicaba las Escrituras, cómo profetizaba su muerte y su resurrección. Me fui convenciendo de que él era el Mesías, el Hijo de Dios.
Reportero: ¿Qué hizo usted el día de la crucifixión?
Nicodemo: El día de la crucifixión, me uní a José de Arimatea, otro discípulo secreto de Jesús, para darle sepultura. Fuimos a Pilato y le pedimos el cuerpo de Jesús. Lo bajamos de la cruz, lo envolvimos en una sábana con mirra y áloe, y lo pusimos en un sepulcro nuevo. Lo hicimos con amor y respeto, pero también con tristeza y dolor.
Reportero: ¿Qué espera usted ahora, señor Nicodemo?
Nicodemo: Espero la resurrección de Jesús, reportero. Él dijo que al tercer día volvería a la vida. Yo creo en su palabra. Él es el Señor de la vida y de la muerte. Él es mi Salvador y mi Rey.
Reportero: Muchas gracias, señor Nicodemo, por compartir con nosotros su testimonio. Le deseamos lo mejor.
Nicodemo: Gracias a usted, reportero, por escucharme. Que Dios le bendiga.
Reportero: Devolvemos la conexión
Devuelve la conexión

Presentador: Tenemos un reportaje de como fue el encuentro de Nicodemo con Jesús.
Reportaje especial: El encuentro nocturno entre un fariseo y el Mesías
Por el reportero Intrépido, corresponsal en Jerusalén
En una noche oscura y silenciosa, un hombre llamado Nicodemo, miembro del Sanedrín y líder de los fariseos, se acercó a Jesús de Nazaret, el predicador que ha causado revuelo entre el pueblo judío con sus milagros y enseñanzas.

Nicodemo quería saber más sobre este hombre que decía ser el Hijo de Dios, y le hizo una pregunta que cambiaría su vida para siempre.
«Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.»
Jesús le respondió con una verdad que sorprendió a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»
Nicodemo no entendió lo que Jesús quiso decir, y le preguntó: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?»
Jesús le explicó que no se refería a un nacimiento físico, sino a un nacimiento espiritual, por el agua y el Espíritu. Le dijo que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios, porque lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es .
Jesús le habló a Nicodemo del misterio de la regeneración, de la necesidad de creer en él para tener vida eterna, y de la misión que Dios le había encomendado, de dar su vida por el mundo. Le dijo: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
Nicodemo quedó impactado por las palabras de Jesús, y se fue con muchas dudas y preguntas en su mente.
¿Sería posible que este hombre fuera el Mesías prometido, el Salvador de Israel y de toda la humanidad? ¿Qué significaba nacer de nuevo, y cómo podía hacerlo? ¿Qué debía hacer con la ley y la tradición que había seguido toda su vida?
No sabemos qué pasó con Nicodemo después de ese encuentro, pero la Biblia nos dice que más tarde defendió a Jesús ante los demás fariseos, que querían arrestarlo sin darle un juicio justo (Juan 7:50-51). También nos dice que ayudó a José de Arimatea a sepultar el cuerpo de Jesús, después de su crucifixión, y que le trajo una gran cantidad de mirra y áloe, como era la costumbre de los judíos (Juan 19:38-40).
Estos gestos nos indican que Nicodemo fue tocado por la gracia de Dios, y que reconoció en Jesús al verdadero Hijo de Dios, al que había venido a buscar en la noche. Quizás Nicodemo fue uno de los que recibieron el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y se unió a la iglesia primitiva, que predicaba el evangelio de Cristo con poder y amor.
Lo que sí sabemos es que la conversación entre Nicodemo y Jesús nos deja una lección muy importante para todos los que queremos seguir a Jesús: debemos nacer de nuevo, por el agua y el Espíritu, para ver y entrar en el reino de Dios. Debemos creer en Jesús, y en el amor que Dios nos ha mostrado al enviarlo a morir por nosotros. Debemos dejar atrás nuestras obras muertas, y vivir una nueva vida en el Espíritu, conforme a la voluntad de Dios.
Este es el mensaje que Jesús le dio a Nicodemo, y que hoy nos da a nosotros. ¿Estás dispuesto a escucharlo, y a obedecerlo? ¿Estás dispuesto a nacer de nuevo, y a seguir a Jesús? Que el Señor te bendiga, y te guíe en tu camino. Amén.
Origen
- Conversación con Copilot
- Nicodemo – Wikipedia, la enciclopedia libre
- Evangelio de San Juan 3,1-21

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