
Introducción
Presentador: Ave, amigos de Imperium Romanum TV News.
Bienvenidos a nuestro programa «¿Me amas más que éstos?«, donde cada día les traemos una entrevista exclusiva con uno de los hombres que acompañaron a Jesucristo durante su vida terrenal y que fueron testigos de su resurrección.
A través de sus relatos, podremos conocer más de cerca al Maestro, su mensaje, sus milagros, su pasión, su gloria. También podremos aprender de su ejemplo, su fe, su amor, su servicio, su misión.
Presentación del personaje
Hoy tenemos un invitado muy especial, un hombre que tuvo un papel clave en uno de los acontecimientos más trascendentales de todos los tiempos: la última cena de Jesús con sus discípulos.
Él es el hombre del cántaro, el esenio que guió a los seguidores de Jesús hasta el lugar donde celebraron la Pascua, la noche antes de que fuera entregado a las autoridades romanas.
Llegó el día de los Ácimos, en el que había que sacrificar el cordero pascual. Envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: —Id a prepararnos la cena de Pascua.
Ellos le dijeron: —¿Dónde quieres que la preparemos?
Y les respondió: —Mirad, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle hasta la casa en que entre, y decidle al dueño de la casa: «El Maestro te dice: “¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”» Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista. Preparadla allí.
Marcharon y lo encontraron todo como les había dicho y prepararon la Pascua.
Lc 22, 7-13
No sabemos si Pedro y Juan, se preguntaron algo acerca de este misterioso personaje con un cántaro de agua al hombro, que Jesús les indicó seguir hasta la casa donde entrara. Sabemos sí que el Señor les reveló el santo y seña cuando estuvieran con el dueño de la casa
¿Qué le dijo el Señor? ¿Cómo vivió aquellos momentos? ¿Qué piensa de Jesús y de su mensaje? Estas y otras preguntas se las haremos en esta entrevista exclusiva que no se pueden perder.
A continuación, el hombre del cántaro nos cuenta su experiencia.
Conexión
Reportero: Buenas tardes, señor. ¿Puedo hacerle unas preguntas?
Hombre: Depende de qué quieras saber.

Reportero: Me gustaría saber cómo fue que guió a los discípulos de Jesús hasta el aposento donde celebraron la Pascua. ¿Qué puede contarnos sobre esa noche tan especial?
Hombre: Ah, eso. Fue una señal que me dio el Señor. Él me dijo que llevara un cántaro de agua por la ciudad y que siguiera a los que me preguntaran por el lugar de la cena.
Reportero: ¿Y cómo supo que era el Señor quien le hablaba?
Hombre: Porque lo reconocí por su voz y por su espíritu. Él es el Maestro de Justicia, el Ungido de Dios, el que esperábamos los esenios.
Reportero: ¿Así que usted es un esenio?
Hombre: Sí, lo soy. Pertenezco a la comunidad de Qumrán, donde vivimos apartados del mundo y guardamos la ley de Moisés con fidelidad.
Reportero: ¿Y qué piensa de Jesús y de su mensaje?
Hombre: Creo que él es el enviado de Dios, el que ha venido a cumplir las profecías y a establecer el reino de los cielos. Su mensaje es de amor, de paz, de justicia y de perdón. Él es el camino, la verdad y la vida.
Hombre: Fue una noche llena de emociones y de sorpresas. Yo estaba cumpliendo con el mandato que me había dado el Señor, de llevar un cántaro de agua por la ciudad y de seguir a los que me preguntaran por el lugar de la cena. Así fue como me encontré con dos de sus discípulos, Pedro y Juan, que me hicieron la señal convenida: «¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos?» (Mc 14,14).
Reportero: ¿Y a dónde los llevó?
Hombre: Los llevé a una casa grande, donde había un amplio aposento alto, ya dispuesto. Allí les dejé y me retiré a esperar en la puerta, por si el Señor me necesitaba de nuevo.
Reportero: ¿Y pudo ver o escuchar algo de lo que pasó dentro?
Hombre: No mucho, la verdad. La puerta estaba cerrada y yo respetaba la intimidad de aquel momento. Solo pude oír algunas voces y algunos cantos. Pero sí pude ver cuando salieron, después de la cena. Vi al Señor con una expresión de serenidad y de tristeza a la vez. Vi a los discípulos con semblantes diversos: algunos alegres, otros preocupados, otros confundidos. Y vi a Judas, el traidor, que se había separado de ellos y que me miró con una mirada fría y vacía.
Reportero: ¿Qué sintió al verlo?
Hombre: Sentí pena y rabia. Pena por él, que había desperdiciado la gracia de estar tan cerca del Señor y que había elegido el camino del mal. Y rabia por lo que iba a hacer, por la traición que iba a consumar. Yo sabía que él era el que iba a entregar al Señor, porque el Señor me lo había revelado durante la cena.
Reportero: ¿Cómo se lo reveló?
Hombre: Me lo reveló de una manera discreta y misteriosa. Cuando los discípulos entraron al aposento, yo les serví el pan y el vino que habían traído. Luego me quedé en un rincón, observando.
Vi cómo el Señor tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo» (Mc 14,22). Luego tomó el cáliz, dio gracias y se lo pasó, diciendo: «Esto es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por muchos» (Mc 14,24).
Entonces comprendí que él estaba anticipando su sacrificio, que él estaba entregando su vida por nosotros. Y sentí una gran emoción y una gran gratitud. Pero también sentí una gran angustia, porque él dijo: «Os aseguro que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el reino de Dios» (Mc 14,25).
Y añadió: «Uno de vosotros, el que come conmigo, me va a entregar» (Mc 14,18). Entonces los discípulos se pusieron a preguntarle, uno por uno: «¿Seré yo?» (Mc 14,19).
Y él respondió: «Es uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato. Porque el Hijo del hombre se va, según está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido» (Mc 14,20-21).
Y en ese momento, él me miró fijamente, y yo supe que se refería a Judas. Y él supo que yo lo sabía. Y no dijo nada más.
Reportero: ¿Y qué hizo usted?
Hombre: No hice nada. No podía hacer nada. Era la voluntad del Señor que se cumpliera lo que estaba escrito. Él aceptaba libremente su destino, y nadie podía impedirlo. Solo podía rezar y confiar en él.
Reportero: ¿Y qué pasó después?
Hombre: Después de la cena, el Señor y los discípulos salieron hacia el monte de los Olivos, donde él solía orar.
Reportero: ¿Y qué sintió al verlo partir con sus discípulos hacia el monte de los Olivos, donde fue arrestado?
Hombre: Sentí tristeza, pero también esperanza. Sabía que él tenía que sufrir y morir, pero también que resucitaría al tercer día y que volvería con gloria. Él mismo nos lo había dicho.
Reportero: ¿Y qué hará usted ahora?
Hombre: Seguiré orando y ayunando, esperando su regreso. Y también seguiré llevando el cántaro de agua, por si acaso me necesita de nuevo.
Reportero: Muchas gracias por su tiempo y por su testimonio, señor. Que Dios le bendiga.
Hombre: A ti también. Adiós.
Reportero: Devolvemos la conexión.
Devuelve la conexión

Presentador: La Iglesia Católica no tiene una doctrina oficial sobre el hombre del cántaro, pero algunos autores católicos han ofrecido algunas interpretaciones posibles sobre su identidad y su papel en la última cena de Jesús. Algunas de estas interpretaciones son:
- El hombre del cántaro era un esenio, un miembro de una secta judía que practicaba el celibato, el ascetismo y la pureza ritual. Los esenios eran conocidos por su estudio de las Escrituras y su espera del Mesías. Jesús habría tenido contacto con ellos y les habría revelado su misión como el Maestro de Justicia, el Ungido de Dios.
- El hombre del cántaro era un símbolo de la feminidad y la humildad, ya que cargar agua era un trabajo de las mujeres modestas y humildes. Jesús habría elegido a este hombre para mostrar que su reino no se basaba en el poder o la jerarquía, sino en el servicio y la entrega.
- El hombre del cántaro era un discípulo anónimo de Jesús, que le había seguido desde Galilea y que le había preparado el lugar de la cena. Jesús habría querido honrar a este discípulo fiel y discreto, que representaba a todos los que le amaban sin buscar protagonismo o recompensa.

Debe estar conectado para enviar un comentario.