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La vida es un laberinto, y mi «hilo de Ariadna» es este secreto.
Tengo un objeto que he llevado conmigo toda mi vida. No es caro, no es bonito, ni siquiera es algo que la mayoría de la gente conservaría. Es más bien ordinario, una pieza de un rompecabezas que no encaja con nada más. Es una pequeña llave, vieja y oxidada, sin un candado al que pertenecer. Y para mí, es la única prueba de que mi historia no es un cuento de hadas o una fantasía, sino un labo de preguntas reales y un camino sin mapa.
Desde que tengo memoria, mi vida ha sido una especie de laberinto. Un lugar lleno de pasillos sin fin, de muros que parecían infranqueables y de un silencio que gritaba preguntas sin respuesta. Las paredes de ese laberinto estaban formadas por el misterio de mi origen, la falta de una familia, la distancia y la sensación de que, en algún lugar, alguien sabía más que yo sobre quién era. Y como en el mito, me sentía como Teseo, buscando la salida de un lugar que parecía no tenerla.
Ahí es donde entra mi «hilo de Ariadna». En la mitología, Ariadna le da a Teseo un ovillo de hilo para que pueda encontrar el camino de regreso, después de enfrentarse al Minotauro. Mi hilo no era un ovillo de lana; era la persistencia, la obsesión y la certeza de que mi historia no podía terminar en la misma página en la que empezó. Este hilo intangible me hizo seguir adelante, me hizo investigar, me hizo preguntar a pesar de que todos me dijeran que dejara de buscar a mi «Daddy». Fue ese deseo incansable el que me llevó a mi tutora, Ana, que a su vez me llevó a la persona que finalmente tejió ese hilo: Manuel, mi «Daddy».

Y esa llave oxidada, ese objeto tan simple, es la primera pieza de ese hilo. Es lo que me conecta con una nota dejada en mi cuna en el Hospital de Medford. Es la evidencia tangible que mi tutora me dio, la primera, de que la historia de la nota era real y que había alguien en Toledo, a quien le importaba mi existencia. Es mi ancla, mi hilo de Ariadna en este laberinto que ha sido mi vida, el que me recuerda que todo tiene un principio, incluso un final.
Ahora, vivo en la Bajada San Sebastián, en Toledo. Un lugar tan lejos de Medford como la noche del día. Un lugar que he construido con los trozos de mi pasado y con la ayuda de la gente que me ha acompañado en el camino. Y cada vez que veo esa llave, recuerdo que el laberinto no era un callejón sin salida, sino un camino que me llevó a donde se supone que tenía que estar. Un camino que, aunque parezca mentira, tenía un hilo.
Así que, si te sientes perdido en tu propio laberinto, si crees que tu historia no tiene sentido, te aseguro que sí lo tiene. Solo tienes que encontrar tu hilo de Ariadna.
Y tú, ¿qué pieza de tu pasado te ha llevado a donde estás hoy?
Origen
- Conversación con Jessica – Gem de Gemini

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