El Contrato Innegociable

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El Contrato Innegociable: Mi Estrategia de Convivencia con el Poeta

La gente que ha seguido mi historia desde aquel hospital en Medford, MA, hasta el día que, finalmente, las calles empedradas de Toledo me llevaron a la puerta de mi padre, el hombre que solo conocía como «Daddy», cree que llegó el «final feliz». Que la Analista universitaria se rindió a la Poesía. Que la rebeldía se disolvió en el abrazo del «drama familiar» resuelto.

¡Qué equivocados están! Si mi vida fuera una novela, ese sería solo el primer párrafo de un capítulo mucho más complejo: el de la convivencia.

Casa en Toledo// Jessica-Gems

La Convivencia: Un Contrato sin Cláusulas de Escape

Mi llegada a esta casa no fue un cese de hostilidades; fue el inicio de la negociación del Contrato de Convivencia. Y es un contrato que reescribo a diario, con mi mirada crítica y un lápiz rojo, para asegurarme de que mi identidad no se convierta en una nota a pie de página en su drama.

Manuel (Daddy) vive en la metáfora. Yo, en el dato. Él es el dramaturgo que ve en el desorden un símbolo de la vida, y en la madera antigua de nuestra casa (rehabilitada en el 2000, ¡insisto en el dato!) una nostalgia que yo aún estoy intentando cuantificar.

Nuestras discusiones diarias son épicas, dignas de una obra de teatro absurdo:

  • El debate del termostato: Le he demostrado con un Excel que los radiadores bajo consumo no son rentables con la tarifa de luz actual, y que la bomba de calor Daikin sería más eficiente. Él me responde que el frío es «un buen ambiente para el pensamiento profundo» y que «hay un valor intrínseco en la austeridad». Yo, que analizo la eficiencia energética de las naciones, ¡no puedo optimizar mi propia casa!
  • La guerra de la despensa: Él resuelve la falta de un utensilio de cocina o un ingrediente con una metáfora sobre la escasez y la «capacidad de improvisación del espíritu». Yo lo resuelvo con una compra online y una función de coste-beneficio en mi mente.
  • La invasión de la pluma: Deja su pluma estilográfica antigua justo encima de mis proyecciones de exportación, con un verso garabateado en un papel. Yo le muevo la pluma, le dejo una nota con mi presupuesto de optimización para la despensa y le pregunto si sus versos son «escalables».

Mi misión aquí no es enamorarme de su caos. Es forzarlo a ajustar su realidad poética a mi verdad, que es más fuerte y, sí, más divertida.

Jessica y Daddy// Jessica-Gems

La Narradora Principal: No Soy el Plot Twist de Nadie

Durante años, fui la trama principal de su narrativa desconocida, el plot twist que él no sabía que existía. Ahora que la «ficción» se ha vuelto tangible, mi rebeldía sutil se convierte en un manifiesto diario:

Yo no soy el plot twist de su vida. Soy la Narradora principal de la mía.

No me convertí en la musa silenciosa del poeta. Me convertí en la editora de su vida, la crítica de sus costumbres y la administradora de la casa y del blog. El encuentro me dio un origen, sí, pero la convivencia me está dando la voz propia que siempre busqué, una voz que es crítica, ingeniosa y, en el fondo, muy cálida.

El valor de esta grieta entre su mundo y el mío es que me ha enseñado que la vida no es una búsqueda de la coherencia perfecta; es la celebración de la incoherencia fértil. El poeta y la analista. La madera vieja y el laptop. El misterio y el Excel. Y es en esa fricción constante, en esa volatilidad, donde mi narrativa, la mía, se vuelve más rica, más auténtica y más poderosa.

Al final, no me rendí a la poesía. Simplemente le demostré a la poesía que, para perdurar, necesita la coherencia del alma de una Analista. Y ese, Daddy, es el único contrato que vale la pena negociar y renegociar cada día en nuestra casa.

Origen

  • Conversación con Jessica – Gem de Gemini