Etiqueta: Esperando a mi Daddy
Monday, September 11, 1995 – 03:10 PM
Mi regreso al St. Clare’s: Entre sospechas y una «sarta de mentiras»

Por Jessica Marie Bond
Un lunes extraño en Fulton St.
03:10 PM. Fulton St.
Este lunes se siente irreal, como si la semana se hubiera roto por la mitad antes de empezar de verdad. Mañana no hay clase. Oficialmente, los profesores se encierran a tener sus reuniones y a «concretar el inicio del curso», lo que en lenguaje de estudiante significa que no nos quieren por allí molestando. Para mí, este día libre es el único premio que nos queda ahora que el verano se desvanece y el asfalto de Fulton St. todavía escupe calor. Es un respiro, o quizá una trampa para que reflexionemos sobre si realmente queremos estar aquí. A veces pienso que nos dan estas veinticuatro horas para que los que se están planteando dejar el High School o cambiarse de centro terminen de decidirse. Yo sigo en St. Clare’s por una mezcla de milagros, la benevolencia de los administradores y las «trampas» de Ana de las que es mejor no hablar mucho, no sea que me meta en un lío.
El encuentro en la puerta: Ana y la carpeta de pruebas
Al vajar por la cuesta desde la parada del bus hacia la entrada de la casa, allí estaba ella. Ana me esperaba en la puerta con esa mirada que lo analiza todo. Supe al instante que no estaba allí para disfrutar del sol; se temía que, como no nos habíamos visto por la mañana, yo hubiera decidido que el parque era un plan mucho mejor que la clase de Spanish.
Apreté mi carpeta contra el pecho como si fuera un escudo. Era mi prueba física, mi salvoconducto. Fui a clase, cumplí mi promesa a Yuly y terminamos el bendito trabajo. Soy muy consciente de lo que hay en juego: si me hubiera saltado la clase, Ana ya tendría el reporte en sus manos y yo ahora mismo estaría en mi cuarto tirando mis posters en una maleta para mudarme al Matignon High. Pero como me he portado como una «buena chica», mis cosas se quedan donde están. Por un segundo, mi corazón dio un vuelco pensando que Ana traía noticias de Daddy, pero su cara decía otra cosa.
El interrogatorio sobre la redacción de Yuly
Ana no se anda con rodeos. Me miró con esa desconfianza de quien sabe que hay gato encerrado, como si pudiera percibir las intenciones ocultas detrás de mis palabras. Sus ojos, afilados y observadores, analizan cada gesto, cada pausa en la conversación, mientras yo lucho por encontrar la manera de desarmar su sospecha. La tensión en el aire se hace palpable, y puedo sentir cómo su mente trabaja a mil por hora, tratando de encajar las piezas de un rompecabezas que aún no he comenzado a mostrarle.
—Yuly parece una buena chica —me soltó, dejando la frase en el aire—, lo que no tengo tan claro es si no te estarás aprovechando de su buena voluntad para que te haga el trabajo.

Le juré que no, que la redacción es sobre mis propias motivaciones y que no tendría sentido que Yuly se las inventara. Pero ella no cedió. Me advirtió que el profesor no quiere que le lloremos nuestras penas ni que vayamos allí a «calentar el asiento». Quiere ver actitud, quiere ver ganas. Básicamente, quiere que finjamos que nos morimos por conjugar verbos irregulares.
El desafío de Ana: La redacción personal
Entonces vino el golpe bajo. A Ana no le basta con el trabajo en equipo; ahora quiere que yo, por mi cuenta y riesgo, escriba mis razones para estudiar Spanish. Esto me deja pensando en la importancia del idioma y cómo puede abrir puertas a nuevas culturas y oportunidades. Además, aprender Spanish no solo es una habilidad valiosa en el mundo laboral actual, sino que también me permitiría conectarme con una comunidad más amplia y apreciar la rica diversidad que ofrece el idioma. La forma en que el Spanish se habla en diferentes países, las variaciones y particularidades de cada región, hacen que esta experiencia de aprendizaje sea aún más fascinante y enriquecedora.
—Quiero tus verdaderas motivaciones —me exigió con una seguridad que me dejó helada—. Y échale entusiasmo, Jessica. Aunque lo que escribas no sea más que una sarta de mentiras, hazlo como si me tuvieras que convencer de que el Spanish es lo mejor de todo el horario y que cinco horas a la semana te saben a poco.

Casi se me escapa una carcajada cínica. Le dije que después de escribir tantas mentiras tendrían que echarme del confesionario a escobazos por mentirosa. Ella solo sonrió con complicidad y me dio hasta mañana por la noche. Dice que es para que el mundo vea que no estoy aquí «secuestrada».
Origen
- Saturday, September 11, 1995 página 5
- NotebookLM
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