De ti depende cómo sea la caída del sol

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«De ti depende cómo sea la caída del sol»: La historia no contada de un kaki y el valor de lo imperfecto

Por Jessica Marie Bond// IA

Hay historias que se esconden a plena vista, susurros de sabiduría en los lugares más insospechados. Hoy, esa historia nos llega en la voz de una fruta, un humilde kaki (o persimón), cuyo destino pende de un hilo en el poema que te invito a leer a continuación.

Rojo brillante,
Muy temprano me cogieron del árbol.
No sabes de dónde vengo, se confundieron,
el de la trazabilidad cometió un error,
me ha etiquetado como kaki tomatero,
no ha visto que brillo con todo esplendor.

Las heridas del cuerpo son de la mente,
ninguna me ha dañado el corazón.
Mañana por la tarde viene el camión,
la selección ha de ser muy exigente,
el camión espera que sea el kaki mejor,
tampoco me eches temprano al contenedor.

Pero esta tarde he llegado a tus manos,
de ti depende cómo sea la caída del sol.
Si no he de recorrer el mundo contigo,
no me rechaces por no ser perfecto,
deja que me quede en una caja aparte
que tenga un futuro más prometedor.

Este no es solo un poema sobre una fruta. Es un espejo de nuestra sociedad: una reflexión sobre cómo asignamos valor, cómo juzgamos por las apariencias y el inmenso poder que tenemos en nuestras manos para cambiar un destino.

En este artículo, vamos a desglosar las capas de este emotivo poema para explorar tres ideas clave: la crisis de identidad en un mundo estandarizado, la crítica a la cadena de producción y el desperdicio, y nuestro papel fundamental como consumidores y, sobre todo, como seres humanos.

El Esplendor Ignorado: Cuando la Etiqueta No Refleja el Valor

El poema nos sumerge de lleno en la primera gran injusticia: el error de identidad. «No sabes de dónde vengo, se confundieron, el de la trazabilidad cometió un error». Esta simple frase es una poderosa metáfora de nuestros tiempos. Vivimos rodeados de sistemas impersonales y automatizados —en el trabajo, en la sociedad, en las redes sociales— que nos clasifican, nos etiquetan y, a menudo, se equivocan. ¿Cuántas veces nos hemos sentido encasillados en roles, trabajos o expectativas que no nos corresponden, simplemente porque un «sistema» así lo ha decidido?

Pero la verdadera lección del kaki no es la queja, sino la resiliencia. A pesar de la etiqueta errónea de «kaki tomatero», él conoce su verdad: «…no ha visto que brillo con todo esplendor». Aquí reside una lección sobre la autopercepción y el valor intrínseco. Aunque el mundo exterior intente devaluarte con una etiqueta incorrecta, tu brillo interior permanece intacto. Es un canto a la autoestima frente al juicio externo.

Y, ¿qué hay de sus imperfecciones físicas? «Las heridas del cuerpo son de la mente, ninguna me ha dañado el corazón». El poema nos recuerda que las cicatrices superficiales, las magulladuras o las formas irregulares no definen la esencia. En el plano humano, estas son las críticas, los fracasos o los tropiezos que sufrimos. Podemos elegir verlos como defectos que nos definen o como experiencias que, aunque dejen marca en el exterior, no tienen por qué dañar nuestro núcleo, nuestro «corazón».

La Selección Exigente: Una Crítica al Desperdicio

La crisis de identidad del kaki no termina en una etiqueta errónea. Se enfrenta a un desafío aún mayor, uno que refleja una de las grandes paradojas de nuestro mundo moderno: la tiranía de la perfección.

«La selección ha de ser muy exigente, el camión espera que sea el kaki mejor». Esta línea nos saca del plano poético y nos sitúa en la cruda realidad de la cadena de suministro global. Cada año, millones de toneladas de alimentos perfectamente comestibles se desechan solo por no cumplir con estándares estéticos absurdos: un color no lo suficientemente brillante, una forma ligeramente irregular, un tamaño que no encaja en el molde. El «camión» es el símbolo de ese mercado masivo e implacable que solo acepta la perfección, ignorando el valor nutritivo y el sabor.

La consecuencia es un destino trágico, una súplica desesperada: «…tampoco me eches temprano al contenedor». Este es el final para incontables frutas y verduras que, a pesar de estar llenas de vida, son consideradas «no aptas». Son el resultado directo de un sistema que prioriza la apariencia sobre la sustancia.

Afortunadamente, están surgiendo movimientos que desafían esta lógica derrochadora. Iniciativas como el «ugly food» (comida fea) o la venta de productos de «segunda categoría» nos demuestran que la belleza y el valor no residen en una forma perfecta. Al elegir estos productos, no solo combatimos el desperdicio alimentario, sino que también enviamos un mensaje claro al sistema: valoramos la esencia, no solo la fachada.

La Caja Aparte: Creando un Futuro Más Prometedor

Y es aquí, en el clímax de su viaje, donde el poema nos entrega el poder y la responsabilidad. La historia deja de ser sobre el kaki y pasa a ser sobre nosotros.

«Pero esta tarde he llegado a tus manos, de ti depende cómo sea la caída del sol». Este verso es una llamada a la acción directa y conmovedora. El destino del kaki ya no está en manos de un sistema anónimo de trazabilidad o de un camión exigente. Está en nuestras manos. Como consumidores, como personas, tenemos el poder de interrumpir esa cadena de descarte y ofrecer una alternativa. Cada elección que hacemos en el supermercado, en el mercado local o en nuestra propia cocina es un voto.

Lo más hermoso del poema es su petición final. No exige ser el «elegido» o el «mejor». Simplemente pide una segunda oportunidad: «Si no he de recorrer el mundo contigo… deja que me quede en una caja aparte que tenga un futuro más prometedor». No pide ser el protagonista, solo no ser desechado. Pide una vía alternativa: convertirse en mermelada, en zumo, en el postre de una familia. En el plano humano, es una lección sobre dar segundas oportunidades, sobre encontrar nuevos roles y propósitos para quienes no encajan en el camino principal, sobre crear «cajas aparte» donde el potencial pueda florecer de otra manera.

Podemos aplicar esta lección en nuestro día a día de formas muy concretas:

  • En la compra: Mira más allá de la fruta perfecta. Elige productos locales, de temporada, y no temas a las imperfecciones que cuentan una historia.
  • En las relaciones: Evita etiquetar a las personas por su apariencia, su pasado o sus «errores de trazabilidad». Valora la esencia que brilla en su interior.
  • Con nosotros mismos: Acepta tus propias «heridas» y cicatrices. Reconoce que tu «corazón» no está dañado y permítete brillar con tu propio y único esplendor.

¿Cómo será tu «caída del sol»?

El viaje de un simple kaki, desde el árbol hasta nuestras manos, nos ha enseñado sobre la identidad, la injusticia de un sistema derrochador y, lo más importante, el poder transformador de nuestras elecciones conscientes.

La próxima vez que sostengas una fruta, una idea o te encuentres ante una persona que no cumple con el estándar de «perfección», recuerda este poema. Recuerda que en tus manos no solo tienes un objeto, sino una historia y la capacidad de ofrecer «un futuro más prometedor».

Y tú, ¿cómo eliges que sea la caída del sol para aquello que el mundo ha etiquetado como imperfecto?

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