SATURDAY, JUNE 24, 1995

11:00 AM. Detached 26 A

Ana: Jessica, despierta. Ya puedes abrir los ojos, mirar por la ventana o hacer lo que te apetezca porque hemos llegado. – Me dice. – Te has perdido la oportunidad de averiguar dónde estamos, pero, si no quieres dormir en el garaje, será mejor que te bajes.

Jess: ¿En serio que ya hemos llegado? – Le pregunto contrariada.

Ana: Mis amigos nos han traído hasta su casa y estoy segura de que no se han equivocado. – Me responde.

¡Qué diferencia! Cuando hemos salido del aeropuerto tenía la impresión de que me llevarían a algún lugar poblado, a una gran ciudad, pero lo que descubro al abrir los ojos es que mi imaginación y expectativas no se han cumplido, porque estamos en medio de ninguna parte. ¿Dónde están los edificios? ¿Las zonas comerciales? ¿Las grandes avenidas? ¿La gente? ¿Dónde está todo? Esto no es Medford, Boston, ni nada que me resulte más o menos familiar, ni tan siquiera los alrededores del aeropuerto ¿Dónde estamos? ¿A dónde lleva esa carretera o calle? Si ante este panorama Ana pretende que averigüe dónde estamos, me temo que el único recurso que me queda para descubrirlo es mi imaginación, por mucho que a veces me recrimina que tengo demasiada, que, si el mundo fuera como yo quisiera, las películas y novelas de Ciencia Ficción resultarían demasiado creíbles. No sé dónde queda el aeropuerto ni nada, porque es lo que tengo ante mí, campo abierto, como si hubieran construido esta urbanización en mitad de un desierto y convertido en un oasis. Si al menos hubiera algún indicio de que estamos en las afueras de la ciudad, sería un poco menos crítica, pero tengo la impresión de que la civilización aún no ha llegado a esta parte del mundo, que estamos en los límites del mundo conocido, que más allá del bordillo, del pequeño escalón que hay al otro lado de la calle, acecha el peligro y es mejor que no tenga la ocurrencia de poner un pie por allí.

He venido todo el tiempo con los ojos cerrados, adormilada en el asiento, escondida de la tormenta, como si lo que hubiera al otro lado de la ventanilla del coche fuese una película de esas que no quiero ver y me he tapado la cara con la chaqueta para no verlo. Tal vez por eso la frustración es mayor. Sin embargo, no quiero saber dónde estamos, sino que regresemos al St. Clare’s porque durante estas dos semanas quizá Daddy se acerque por allí o llame, por eso de que estamos en verano y quizás este año sí haya pensado que está preparado para que pasemos estos dos meses juntos, que la diferencia de edad o la distancia no es tan relevante. Pero no, este año ha sido Ana quien me ha fastidiado los planes y expectativas. Si me hubiera avisado con antelación, habría tenido ocasión de negarme, de buscar una alternativa para no alejarme del St. Clare’s. Pero como me lo ha dicho en el último momento, no me ha dado muchas alternativas, o venía por las buenas o por las malas. Según ella, ha sido por las malas y por lo tanto estoy castigada a no saber adónde hemos venido, salvo que lo descubra por mi cuenta. Lo que sé es que hemos tenido que cambiar la hora porque no me creo eso de que mi reloj se haya retrasado 6 horas de pronto. Sin embargo, como no estoy acostumbrada a esto de los cambios horarios, no sé si hemos viajado muy al sur o hacia el este, porque me parece que entre la diferencia horaria con la costa Oeste es de tres horas, siempre he pensado que menos, aunque ahora mismo no estoy segura de nada, salvo que esto no es el St. Clare’s y que hasta dentro de dos semanas no regresaremos, salvo que nos avisen de que han acabado las obras y el St. Clare’s vuelve a ser habitable.

Ana: ¡Venga, Jessica! Ya hemos llegado. – Me insiste porque me he quedado parada. – Estoy segura de que te gustará este lugar.

Jess: Pero ¿Dónde estamos? – Pregunto extrañada e intrigada.

Ana: Es una urbanización de reciente construcción. – Me explica. – La piscina se encuentra en el interior, en la zona común. – Me aclara. – Estoy segura de que encontrarás chicas de tu edad con la que podrás conversar. – Dice para que no me desanime antes de tiempo. – Cuando te reúnas con ellas y tomes confianza, te ayudarán a resolver todas las dudas que tengas acerca de este viaje.

Sonia: ¿Puedo proponeros un plan para esta tarde? – Pregunta e interviene de manera que yo también me entere. – No sé si estaréis muy cansadas, pero, si os apetece, os acercamos a la ciudad. – Añade y de sus palabras deduzco que son muy medias.

Ana: Gracias, pero me parece que estamos algo cansadas. – Le responde con intención. – Mejor que dediquemos la tarde a relajarnos y dejemos las emociones fuertes para otro día. – Argumenta.

Sonia: Lo decía porque os habéis perdido la fiesta grande por no venir la semana pasada. – Nos dice. – Aún quedarán adornos por las calles. – Le dice. – Los toldos y todo eso. – Añade por si ello nos motivase. – Es mejor verlo en persona que por televisión.

Ana: En otra ocasión. – Le responde. – A mí me hubiera encantado venir a verlo, pero es mala fecha, porque nos pilla a final de curso y hay demasiado nerviosismo en el St. Clare’s. – Le explica. – Hemos tenido que esperar a que se fueran todas para sentirnos libres. – Argumenta. – De todos modos, disponemos de televisión por satélite y acceso a los canales internacionales. – Le aclara con sutileza y sin entrar en más detalles

Sonia: De todas maneras, aún estáis a tiempo para daros una vuelta. – Le contesta. – Tardan varias semanas en recogerlo todo y aún quedan casi todos adornos.

Ana: Si Jessica se anima, quizás a lo largo de la semana. – Le dice. – Quiero darle máxima prioridad a ese asunto porque no sé si en dos semanas resolveré algo.

Sonia: Cuando queráis. – Le responde para que no se sienta presionada. – Si queréis descansar, os acompañaré a vuestras habitaciones. Si necesitáis algo, no tenéis más que pedirlo.

No sé de lo que hablan, pero la verdad es que no me apetece que vayamos a ninguna parte. Estoy cansada y mi único interés está en que llamemos al St. Clare’s o la parroquia para que nos confirmen que no han llegado noticias de Daddy durante estas últimas horas. Quizá lo que la amiga le haya sugerido a Ana sea que nos llevará a alguna parte para que no nos sintamos encerradas aquí, pero lo que yo quiero es que regresemos a Medford, al St. Clare’s. Ya supongo que habrá algún lugar más urbanizado y poblado que éste, aunque para ello tengamos que regresar al aeropuerto o a la ciudad donde éste se encuentra, ya que supongo que como ocurre con el aeropuerto de Logan, el de Barajas también se encuentra cerca de alguna gran ciudad. El problema es que hemos venido muy lejos y tampoco he estado muy pendiente del recorrido. Estaba cansada y he preferido dormir. Tal vez como me sucediera con el cambio de hora en el avión haya trascurrido más tiempo del que supongo, aunque esta vez Ana no haya aludido a que hayamos de ajustar los relojes de nuevo.

Como es una vivienda particular y en el St. Clare’s tampoco disfrutamos de demasiados lujos, me toca cargar con mi equipaje, lo cual no me apetece. Prefiero que se quede en el maletero del coche y sea indicativo de que regresamos al aeropuerto, que será una visita breve. Por mi parte entiendo que Ana no espera que sus amigos sean demasiado atentos conmigo, porque no es así cómo me he de ganar su confianza. Es más, dado que no hemos venido hasta aquí para que me adopten ni tan siquiera para que se lo piensen, mejor que quede claro desde el primer momento el tipo de relación y espero mantener con ello durante mi estancia. Con Ana pueden ser todo lo amables que quieran, pero a mí que me dejen tranquila. Si me ocupo de mis cosas, dejo constancia de que no necesito su ayuda, aunque es posible que Ana me recrimine mi frialdad, pero ya sabe cómo me comporto ante los extraños y más cuando siento el peligro de una posible adopción que rechazo de plano, dado que no se trata de Daddy y aún no he descartado del todo que a pesar de las distancias me vea en la tesitura de tener que regresar a Medford por mi cuenta. Es evidente que más difícil no me lo puede poner, pero ello no hará que me rinda.

Dado que ésta es la entrada al garaje, hemos de bordear el chalé para llegar hasta la puerta principal. Me resulta un tanto extraño esto de que lo primero que se vea de la casa sea la parte de atrás. Debe tratarse de unas de esas rarezas de este país o lo que sea este lugar. La puerta principal habría de estar en la misma fachada, al menor ser más visible desde la calle. Sin embargo, me da la impresión de que se da demasiada importancia a la privacidad, a que la vida se hace de puertas para dentro, como si tuviera un patio interior y privado. Lo cierto es que los muros que bordean la parcela son bastante altos, por lo cual hay poca relación con los vecinos, en comparación con el jardín del St. Clare’s Home delimitado por una alambrada. Esto es, que, si Ana me ha traído hasta aquí con intención de esconderme, más facilidades no hubiera encontrado. La sensación que me causa es que me ha metido en una jaula, aunque se supone que hay una piscina cerca y tendré posibilidad de tratar con los chicos y las chicas de la zona, lo que me obligará a tratar con ellos para saber dónde estoy y que hay más allá de los límites de la urbanización, porque las fronteras que me cree no serán tan solo mentales, sino los muros que delimitan toda la zona.

Ana: Jessica, no pienses tanto y camina. – Me ordena. – Como te veo poco habladora, dejaré que descanses en el dormitorio hasta la hora de comer. – Me indica. – No te obligaré a que participes de la conversación, si no te sientes con ánimos.

Jess: Ya camino. – Le respondo.

Ana: Pues mira donde pisas, no te tropieces. – Me aconseja. – Hay escalones y en ocasiones eres un tanto despistada. – Alega.

12:00 PM. Bedroom

Aquí, en cualquier lugar
Day: June 24, 1995
Time: 12:00 PM

Ya estamos en algún lugar del mundo que no es Medford ni el St. Clare’s Home. A mí me preocupa saber el dónde, pero tengo la impresión de que la prioridad de Ana se encuentra en ese misterioso asunto del que no quiere hablarme y por el que hemos venido hasta aquí. De momento, lo único que tengo claro es que estamos en casa de unos amigos de Ana, una pareja con la que hizo amistad hace algunos años y a los que conoció en un Encuentro Mundial de Jóvenes con el Papa, aunque no me ha quedado demasiado claro de qué va eso de “los Encuentros”, pero supongo que no es nada malo, tan solo que Ana ha viajado mucho y conocido a mucha gente, mientras que yo hasta ayer no me he movido de los alrededores del St. Clare’s e ir un poco más allá me resulta una proeza. 

Según Ana, soy un poco exagerada con eso de que no he ido a ninguna parte en todos estos años. Lo quiera o no admitir, he tenido ocasión de explorar casi tantas veces como me he resistido a que me llevasen de excursión, porque de vez en cuando en el St. Francis organizan alguna y siempre me he inventado una excusa o encontrado un nuevo escondite para no ir. Para el próximo curso seré alumna del Medford High y Ana espera que no sea tan testaruda.

Según me ha explicado Ana, este chalé tiene las ventajas de una casa rural por encontrarse rodeada de olivos y debe haber un pinar cercano, Es una zona ideal para montar en bicicleta y dar tranquilos paseos o hacer excursiones por el campo y a la vez, tener la posibilidad de utilizarlo como base para visitar la ciudad y las demás poblaciones cercanas. Permite disfrutar del campo y aislarse del ruido de la gran ciudad, pero a la vez dispone de todos los servicios de ésta a tan solo cinco minutos en coche.

La casa está pensada para familias con niños, aunque de momento los amigos de Ana no los tengas, cuenta con un jardín vallado y protegido para que pueda jugar con libertad libres sin apenas riesgo. De hecho, me ha dado la sensación de que el jardín es más amplio que el del St. Clare’s. Si tuviéramos este espacio allí, no sería necesario bajar hasta el parque por lo que se ganaría en tranquilidad y sería un descanso.

Por si se me ocurriera pensar en fugas, por si me dedico a explorar el chalé para matar el aburrimiento, Ana me ha advertido que la escalera interior de acceso al garaje y sótano se encuentra protegida por una puerta de seguridad, por lo que debería descartarla como vía de escape y, hasta cierto punto, pensarme dos veces cómo me comporto, no vaya a ser que se lo piense poco antes de castigarme. Quizás eso de pasar un rato encerrada en el sótano me ayude a aclararme las ideas. Sin embargo, es preferible que sus amigos no lleven una impresión equivocada de mí ni del trabajo de Ana en ningún sentido.

Los chalés de la urbanización rodean una zona central común y privada para sus residentes, donde, además de que una zona de juego, se encuentra la piscina que funciona durante los meses de verano. De manera que se supone que durante el tiempo que estemos aquí tendré tiempo para todo, menos para el aburrimiento, aunque en el fondo todo depende de la ventana por la que me asome, y que mi dormitorio da a la calle y la panorámica no es tan alentadora.
 
La cuestión es que ahora, si miro a través de la ventana de esta habitación, lo que hay al otro lado en poco o nada se parece a lo que ha sido el paisaje que se ve desde las ventanas del St. Clare’s. No sé lo que habrá más allá de lo que alcanza la vista, entiendo que civilización, porque como haya más campo me deprimiré. Al menos me queda el consuelo de pensar que por muy lejos que se encuentre, el aeropuerto no lo estará tanto, si no hemos tardado un día entero en llegar hasta aquí, como mucho una hora y media. Lo que no tengo claro es en qué dirección se encuentra porque tengo la sensación de que durante el viaje en coche hemos dado muchas vueltas. Como he ido con los ojos cerrados mi desorientación es total. Al menos espero que el sol que ilumina el cielo sea el mismo que el de Medford, que sea verdad eso de que la Tierra es redonda y gira alrededor del sol y de sí misma, porque hemos venido hasta aquí en avión y no en una nave espacial que nos haya llevado a otro planeta. Aquí la gente también tiene cabeza, brazos, piernas y orejas como en Medford, tan solo hablan en un idioma extraño, que Ana conoce y que yo me resisto a aprender y comprender.

¿Qué voy a hacer aquí hasta que nos marchemos? Ana espera que durante el día en el agua pase las horas en el agua, en la piscina, y por las noches estaré tan cansada que no me costará mucho esfuerzo irme a dormir para despertar con las fuerzas renovadas. Sin embargo, con este tiempo, como no deje de llover, me temo que la piscina la tendré que ver desde lejos. Lo cierto es que en ese sentido no sé dónde es peor el clima, porque aquí también llueve. Si hubiéramos sido un poco más listas, si me hubiera avisado con tiempo de sus intenciones, habría metido algún libro en la maleta y ahora tendría un poco de lectura con lo que entretenerme. Sin embargo, supongo que Ana esperará que como lectura me busque los libros que haya por la casa, si es que soy capaz de traducir y entender el idioma en que están escritos. Espero que al menos tengan fotos porque será de lo único que me entere. Sospecho que aquí hablan en español, por lo cual no espero que los libros estén escritos en inglés, aunque sea el británico, con vocablos y expresiones que tan solo los ingleses entienden.

Debería vaciar la maleta, demostrar un poco de responsabilidad y con ello, dar a entender que, por lo menos, me portaré bien y no planeo un plan de fuga y regreso al St. Clare’s en cuanto Ana se descuide. Nos quedaremos aquí, como mucho, dos semanas y Ana siempre recomienda que no tengamos la ropa arrugada y guardada de cualquier manera, dado que, en tal caso, de poco sirve la plancha y causamos mala impresión, aunque a nosotras nos importe poco el concepto que se tenga o seamos demasiado positivas con la condescendencia de los demás. Que vivamos en el St. Clare’s ni implica que los demás nos hayan de ver como si viviéramos en una pocilga. Hemos de demostrar un mínimo de educación y ayudar a mantener la buena imagen del St. Clare’s, sobre todo para que aquellas de nosotras, todas, menos yo, que tienen familia de acogida tengan un motivo más para sentirse orgullosos de nosotras. En mi caso, esa primera buena impresión me la he de plantear como si Daddy de verdad fuese a venir a por mí, aparte de para demostrar que he superado algunos de los problemas de la infancia.

Cuando Ana me sacó del St. Clare’s vestía de manera informal y en estas últimas horas no he tenido ocasión de cambiarme, aunque, en vista del planteamiento desde que hemos llegado, la disyuntiva ésta entre ponerme el pijama o ropa para estar en casa, dado que por una parte no negaré el hecho de que me siento cansada y que la cama me parece el mejor escondite para que me dejen tranquila, pero, por otro lado, tampoco quiero que me vean demasiado relajada ni se desentiendan de mí, por lo cual me siento desvelada y por mucho que quisiera no me dormiría. No quiero que piense que me siento muy relajada, porque no lo estaré mientras no regresemos. Me da la impresión de que entre la ropa que hay en la maleta no hay nada que exprese mi verdadero estado de ánimo.

12:30 PM. Bedroom

Ana: (Asomada por la puerta) Deja de escribir e intenta descansar un poco. – Me recomienda. – Las dos hemos dormido poco en las últimas horas y conviene que descanses. – Alega.

Jess: ¿Qué hora es? – Le pregunto porque esta vez quiero asegurarme de que el reloj funciona bien.

Ana: [Mira la hora en su reloj ⌚] Son algo más de las doce y media. Comeremos en un rato porque supongo que tendrás hambre. – Me responde. – Como estaremos aquí dos semanas, deshaz la maleta, si quieres. Así sabrás lo que tienes y si necesitas algo. – Me propone. – Si fuera necesario, el lunes iremos de compras. – Me sugiere.

Jess: ¿De compras? ¿A dónde? – Pregunto contrariada ante lo evidente.

Ana: Tú, por eso, no te preocupes. Yo sí sé dónde estamos y tenemos lo que necesitamos mucho más cerca de lo que parece. – Me responde para no dar más detalles. – Intenta descansar y te despertaré cuando la comida esté en la mesa, dentro de un rato.

Jess: ¡Me pasaré el día en la cama! – Replico.

Ana: A partir de mañana nos atendremos al horario de aquí. – Me aclara. – Quizá nos sintamos un poco descolocadas al principio, pero confío en que nos adaptemos pronto.

Jess: Tan solo nos quedaremos dos semanas ¿Verdad? – Le pregunto para que me lo confirme.

Ana: Ahora te parecerá mucho tiempo, pero cuando te quieras dar cuenta estarás haciendo la maleta para que regresemos al Medford. – Me asegura. – Dedica la tarde a descansar y no te preocupes por nada. Si quieres, esta noche llamamos para avisar que hemos llegado bien y preguntaremos por si hay noticias de Daddy. – Me propone.

Jess: ¡OK! No te preocupes. – Le respondo.

Ana: Me voy a ayudar a Sonia en la cocina y así tendré ocasión de hablar con ella. – Me indica. – Si necesitas algo, o me avisas o se lo pides a Sonia. – Me avisa. – Es simpática y habla en inglés de manera que no tendréis ningún problema para entenderos.

Se marcha, me vuelve a dejar sola, pero no me siento con ganas de acostarme, más que cansada del viaje, estoy intranquila, me siento incapaz de conciliar el sueño. Estoy nerviosa y hasta que no me aclare es posible que sea difícil que me relaje. Prefiero escribir, mantener la mente entretenida en algo antes que tumbarme en una cama extraña y perder las horas, pendiente de todo cuanto suceda tanto dentro como fuera del dormitorio o de la casa, ya que será imposible que haya un silencio absoluto. Además, si es cierta la hora que marcan los relojes, es posible que no tarde mucho en anochecer y tal vez para entonces me sienta mucho más tranquila, sea capaz de tomar conciencia de dónde me encuentro y asimilar los cambios que se han producido en las últimas veinticuatro horas, según mis cálculos, a pesar de que según el reloj ha pasado un día y medio, que no sé si he vivido como el comienzo de una aventura o de una pesadilla, porque aún he de aclarar las razones por las que Ana me ha traído y que sospecho no han sido tan solo por evitar que me quedase sola en el St. Clare’s.

Aquí, en cualquier sitio
Day: June 24, 1995
Time: 12:35 PM

Aparte de no saber dónde estoy, porque todo es demasiado confuso y no me aclaro con nada, tampoco sé muy bien en qué hora vivo. Casi todos los relojes de la casa marcan la misma hora, casi algo más de las doce y media de la tarde, lo que coincide con la hora de mi reloj después de que Ana me obligase a adelantarlo, ante lo cual no sé si se ha puesto de acuerdo con sus amigos para que no encuentre pistas de dónde me encuentro o de verdad nos hemos alejado tanto de Boston que el cambio de hora está justificado, por lo cual ahora mismo no sé si es que hemos viajado hasta el este o hacia el oeste. Lo del cambio horario hasta ahora no lo he tenido muy claro, pero mi idea es que entre la costa este y la costa oeste tan solo hay tres horas de diferencia, ante lo cual la deducción más lógica es que no estamos en los Estados Unidos, lo que por lógica me lleva a pensar que o nos encontramos en mitad del Océano Pacifico, aunque desde el avión esto no me ha parecido una isla, ni creo que las haya tan grandes, salvo Australia, o nos encontramos en Centro Europa, tal vez Italia. Sin embargo, los amigos de Ana hablan en español.

No me ha quedado claro cómo ha conocido Ana a esta gente, aunque ya supongo que tiene su vida fuera del St. Clare’s Home y que antes de empezar a trabajar allí supongo que viajaría. Sin embargo, me ha explicado algo sobre unos encuentros de jóvenes de todo el mundo con el Papa, semejante a los encuentros parroquiales que en ocasiones hay en Medford y a los que, salvo que sean en St. Francis, yo no acudo. Me parece muy complicado eso de que se junten en un mismo lugar cientos de miles de jóvenes procedentes de todo el mundo, aunque ya sé que la religión católica está muy extendida, pero hasta ahora había creído que para ver al Papa o es éste quien viaja o es la gente la que acude a verle a Roma, al Vaticano. Si es cierto lo que Ana me ha contado, tal vez algún día se organice uno de esos encuentros en Boston, sería una excusa para que Daddy fuera y tuviéramos la oportunidad de conocernos.

De momento, y por lo que yo sé, la razón de este viaje no es porque Ana tuviera previsto acudir a alguno de esos Encuentros y ante la evidencia de no tener con quién dejarme me ha traído con ella. Me parece que no tengo edad suficiente para acudir a ese tipo de reuniones, aunque no oculto que siento curiosidad por saber lo que se siente cuando el Papa está tan cerca, verlo en persona, en vez de por televisión. Además, Ana me ha dicho que se trata de asuntos del St. Clare’s y en la maleta no creo que lleve ropa adecuada para tener uno de esos encuentros con el Papa, aunque, si el Vaticano estuviera cerca de aquí, no me importaría que nos acercásemos.
Debería hacerle caso a Ana, al menos en lo referente a que compruebe el contenido de la maleta, me cerciore de que he traído todo lo necesario para los próximos días y hasta cierto punto, aunque no quiero animarme demasiado con el viaje, que busque alguna excusa para que vayamos de tiendas y así conoceré algo más el lugar donde estamos. Supongo que revisar la maleta también me ayudará a que confirme si vació o no del todo mi armario y, en consecuencia, si es cierto que éste tan solo es un viaje de dos semanas o, por el contrario, me ha traído con ella con idea de dejarme aquí. Desde ya puedo decir que no tengo la menor intención de quedarme. No conozco a esta gente ni me apetece darles demasiadas confianzas porque mi expectativa se sustenta en que Daddy reclamará mi custodia y quiero irme con él.

No quiero asustarme antes de tiempo, pero, si me ha traído con ella para dejarme con alguien, aunque antes me lo desmintiera o aconsejara que no le eche demasiada imaginación al asunto, me gustaría pensar que será con Daddy. Ya me supongo que no será con sus amigos ni que me ha contado esa historia del Papa para que me confíe y quede tranquila. Tal vez, descubrir el contenido de mis maletas sea la primera pista o la mejor manera para que descubra la verdad. De todos modos, si he de dejar el St. Clare’s Home para siempre, ya sé que no podré meter en la maleta todo lo que me apetezca, he de pensar en quienes se quedan y en sus necesidades, que el cambio será para tener una vida mejor y no necesito tantos recuerdos de mi pasado. He de darme la oportunidad de empezar de nuevo, de construirme un futuro mejor, aunque no me olvide de mis orígenes y mientras sea posible mantenga el contacto para que desde el St. Clare’s sepan de mí, sobre todo si no me voy con Daddy. Sin embargo, ya le he dicho a Ana que no admito que me lleven con nadie más.   

02:05 PM. Bedroom

Se supone que es la hora de la comida, según el horario y las costumbres de aquí. Por lo que Ana me ha contado, pero el marido de Sonia se ha marchado. No parece muy interesado en relacionarse con nosotras o quizás haya preferido no estar por aquí, en caso de que su presencia nos incomode. Nos hemos quedado las tres solas y se supone que ello es para que yo me relaje y empiece a superar mis recelos, aunque me sentiría mejor si me dijesen que he de subir a por la maleta porque nos marchamos de regreso al St. Clare’s, que nos han avisado que Daddy se encuentra allí y nos espera, que nos hemos cruzado en el viaje. Sin embargo, me temo tendré esa suerte, no tan siquiera en lo referente al paisaje que se ve al otro lado de la ventana, ante lo cual me conformaré con que Ana me reitere que nos marcharemos dentro de dos semanas y que ninguna de las dos se quedará más tiempo de esa fecha.

Sonia: ¡Ann, no te he preguntado por tus primos! – Le dice. – ¿Qué tal les va? – Le pregunta intrigada.

Ana: Los dos están bien. – Le responde. – Aquello que te comenté les ha servido de escarmiento. Todo ha vuelto a la normalidad, aunque han sufrido las consecuencias.

Sonia: ¡Lo suyo fue un tanto exagerado! – Le contesta.

A mí Ana nunca me ha hablado de su familia, a lo sumo, en ocasiones menciona a sus padres para justificar sus ausencias del St. Clare’s o el hecho de que no nos dedique las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, las cincuenta y dos semanas del año. También tiene derecho a sus periodos de descanso y a su vida privada, porque no se dedica a nosotras en exclusiva, en el sentido de para ella es un trabajo por el que percibe una nómina, cuya cuantía no me ha dicho, pero entiendo que debido a las limitaciones presupuestarias del St. Clare’s Home, es fácil pensar que no compensa toda su dedicación a nosotras, pero es una cuantía suficiente como para que tenga sus necesidades cubiertas y no necesite de un segundo trabajo ni de otra fuente de ingresos. En cierto modo, entiendo que se mantiene en esa situación porque de este modo se la puede despedir sin que ello ponga a nadie en un compromiso. En caso contrario, quizá, si no siguiera en el St. Clare’s, la mandarían a otro, al igual que a mí me amenazan con mandarme a Matignon High. Ella se tendría que trabajar el puesto de trabajo por su cuenta. Por suerte para ella, y por lo que sé al respecto, su continuidad en el St. Clare’s está asegurada mientras no empeoren las circunstancias.

Aunque nos hayamos quedado solas, ellas hablan en español. Sin embargo, si quieren que me sienta un poco más integrada, que me entere de algo, deberían hacerlo en inglés. De lo contrario, empezaré a pensar que la elección del idioma es con toda intención, para que no sepa de lo que hablan, más que por el hecho de que Ana pretenda que me esfuerce en traducir y comprender, porque se piense que soy capaz de ello, a pesar de que durante los últimos años ya he dejado patente mi ignorancia, que, como mucho, he mejorado en la lectura, pero en lo referente a las conversaciones soy una completa nulidad, en particular cuando escucho que hablan con esa soltura y rapidez, apenas soy capaz de comprender palabras sueltas y a partir de ahí, del contexto, me hago una ligera idea, pero de igual modo puedo estar equivocada y están hablando de un asunto diferente. Me falta soltura y vocabulario, aparte de ganas de aprenderlo.

Ana: Aprendieron la lección y no espero que se atrevan a ser tan osados una segunda vez. – Le dice. – La intención era buena, pero no eran muy conscientes de lo que ello conllevaba.

Sonia: Cuando los veas o hables con ellos, dales recuerdos de mi parte. – Le pide con una sonrisa de complicidad.

Ana: Se los daré. – Le responde muy segura. – Te alegrará de saber que al final todo aquello sirvió para algo bueno. – Añade. – Te confieso que yo también me alegro de que hayan aprendido la lección porque empezaban a preocuparme.

Jess: ¿De quién habláis? – Pregunto intrigada.

Ana: Asuntos de mayores. – Me responde. – Confidencias entre amigas.

Jess: ¡No me dices dónde estamos ni me entero de nada! – Me quejo con algo de frustración. – ¡Me pasaré unas vacaciones de lo más divertidas! – Añado con ironía.

Ana: Nadie te prohíbe ni impide que averigües por ti misma todo lo que quieras saber. – Me corrige para que no descargue sobre ella la culpa de mi ignorancia.

Jess: ¡OK! Ya me callo. – Le contesto con impotencia.

Ya no sé si me lo ha dicho porque aún considera que estoy castigada o porque de verdad pretende que no reprima mi curiosidad y lo averigüe por mí misma. Lo que tengo claro es que, desde aquí, en mitad en ninguna parte, será difícil que descubra algo, salvo el hecho de que no sé dónde estoy y que los amigos de Ana hablan en español y ésta tiene una vida aparte a la que yo le he conocido hasta ahora, ante lo cual no sé si es que me da un voto de confianza o no le ha quedado otro remedio que traerme con ella durante sus vacaciones, porque de otro modo ella tampoco hubiera salido del St. Clare’s ni de Medford. En cualquier caso, confío en que entre sus planes para estas fechas no éste que yo me quede con sus amigos, que esto no sea más que una adopción encubierta. Si Ana me conoce tanto como supongo, ya sabrá que no me resignaré, que mi único objetivo es que me lleve con Daddy, además me lo prometió, me aseguró que cumpliría con la palabra dada y hasta ahora lo ha hecho, por lo que no le perdonaría que sobre esto me hubiera engañado o mentido.

Ana: No quiero que te calles, tan solo que entiendas que no te has de entrometer en las conversaciones de los adultos. – Me aclara.

Está claro que es mejor que no haga preguntas porque no me responderá. Me pasaré las próximas dos semanas como una muda porque no me quedan muchas más alternativas. Pensaba que lo del castigo era casi como una broma, pero ahora tengo la sensación de que me lo decía muy en serio. Si quiero saber dónde estoy, lo mejor es que lo averigüe por mi cuenta, aunque no será por el paisaje que se ve por la ventana. Si quiero curiosear en la vida de Ana, supongo que tendré que escuchar las conversaciones que mantiene con su amiga y sacar mis propias conclusiones al respecto. Al menos sé que tiene primos y que éstos son un poco gamberros, a los que tuvieron que dar un buen escarmiento, que para mí es como no saber mucho, casi nada, aunque ello explicaría que la atención de Ana esté centrada en ayudar a chicas con problemas. Sin embargo, me parece que no me equipararé con sus primos, ni me gustaría que la gente se acordarse de mí por todo lo malo que haya hecho, a pesar de que quizá ya sea un poco tarde para enmendarlo. Todo el mundo tiene presente mis escapadas del St. Clare’s y mis trapicheos con la ropa para vestir como un niño y que jugaba con los chicos del parque, lo cual tampoco me parece que sea tan grave, salvo porque era la única chica y éstos al final no me trataron como si fuera uno de ellos.

Sonia: ¿Cuándo iréis a misa? – Le pregunta y cambia de conversación. – ¿Esta tarde o mañana? – Propone.

Ana: Cuando vosotros digáis. – Le responde. – Por eso no os preocupéis. Hemos descansado en el avión y, en todo caso, esta noche será fácil que caigamos en la cama.

Sonia: Entonces, mañana por la mañana. Ahora se nos ve cansadas. – Le propone. – Si tenéis costumbre de ir a misa todos los días, no me cuesta nada llevaros. – Le indica. – La iglesia está cerca. Si no, os llevaré a la ciudad

Ana: Por eso no te preocupes. – Le responde. – Cuando no se puede, no hay nada que hacer.

Creo haber entendido de lo que hablan, pero tampoco lo aseguro porque mantengo una lucha tácita con ese idioma. Sin embargo, creo haber deducido algo sobre asistencia a misa, pero que sepa hoy es sábado y no tengo muy claro si Ana tiene por costumbre ir todos los días, en tal caso lo hará mientras nosotras estamos en clase. A mí no hace falta que me pregunte porque ya conoce de sobra la respuesta, de momento es algo que me atraiga en exceso, aunque no falto a las misas dominicales ni de precepto. La cuestión es que estamos aquí en medio de ninguna parte y dudo bastante que hayan construido una iglesia cerca, salvo que hayamos venido a una de esas misiones del tercer mundo, lo que me da la sensación de que no es el caso. Por lo que sé de la historia de la expansión del cristianismo por el mundo, se extendió por Europa, por el imperio romano, durante el siglo I; tras el Descubrimiento de América, los españoles lo extendieron por el nuevo continente y durante los siguientes siglos por el resto del mundo como consecuencia de la colonización. Además, Ana me ha dicho que conoció a estos amigos en uno de esos encuentros mundiales con el Papa y estoy casi segura de que no son misioneros en el Tercer Mundo. Sea donde sea que estamos, éste es un país moderno, donde las poblaciones parecen estar muy distantes una de otras, porque a lo lejos tan solo se ve campo.

Mientras ellas hablan, prefiero ignorarlas porque está claro que no me harán caso y Ana prefiere que no las escuche. Mejor que coma y piense en mis cosas, en cómo me organizaré para pasar aquí las próximas dos semanas, sin que el aliciente de que averigüe donde estoy me motive demasiado, porque el paisaje exterior resulta desmotivador en todos los sentidos. Lo que tengo seguro es que no hemos regresado al St. Clare’s y que nos encontramos lo bastante lejos como para hayamos necesitado dos aviones y adelantar la hora en el reloj para llegar hasta aquí, lo cual espero que no signifique que hemos viajado en el tiempo, porque me parece que este chalé es bastante moderno. Si esto es el futuro, por eso de que hemos adelantado el reloj, casi me quedo con el presente que vivíamos en Medford, donde aparte de que todo el mundo habla en inglés, al otro lado de la calle hay más edificios. Si hubiéramos viajado al pasado, pensaría que detrás de la colina quizá haya un campamento indio y esto es algo así como un fuerte de la época de la colonización, aunque no he visto soldados por ninguna parte y este chalé tiene su propia salida a la calle.

La comida es casera, por su aspecto y sabor no es del estilo del St. Clare’s. Nos encontramos en otro país, pero por suerte no es una comida a base de insectos ni nada raro. Como diría Ana, esto es “comida” y no, no se le pone kétchup ni ninguna salsa que le dé sabor o se lo camufle. Hubiera sido todo un detalle que hubieran preparado un menú un poco más al estilo americano, pero me resignaré porque tampoco tiene mal sabor ni aspecto, tan solo es distinto a lo que estoy acostumbrada. Es de esas comidas que Ana en ocasiones me ha preparado de manera especial para mí, sobre todo en esas ocasiones en que soy la única que me he quedado en el St. Clare’s y se puede permitir ese tipo de iniciativas. No es lo mismo que sea yo quien no coma porque no me guste a que lo hagamos todas y sea un gasto inútil de comida, dinero y esfuerzo. Dada la situación en que no encontramos en el St. Clare’s deberíamos estar agradecidas de que cada día, cada vez que nos sentamos a la mesa, haya algo en el plato, algo que llevarse a la boca, porque hay mucha gente menos afortunada que nosotras que ni tan siquiera tiene esa posibilidad. Incluso yo debería estar agradecida por las ocasiones en que han pretendido encontrarme una familia de acogida y me he escondido para que no me encontrasen.

Ana: ¿Te apetece que esta tarde nos demos un paseo y así conoces el lugar? – Me pregunta y propone animada.

Jess: Bueno. – Le respondo sin mucho entusiasmo.

Sonia: A partir de las ocho hará menos calor. – Nos dice. – Hasta entonces, mejor que no salgáis. Además, con el tiempo que hace, casi os aconsejaría que esperaseis a mañana por si mejora.

Ana: Si no llueve, nos daremos ese paseo. – Le responde. – ¿Nos acompañarás? – Le propone. – No me conozco la zona y lo más probable es que nos perdamos o no vayamos más allá del primer cruce de calles.

Sonia: Pensaba que iríamos a la ciudad, pero con este tiempo lo mejor es que nos quedemos por aquí, de manera que sí, si después hace bueno, nos damos ese paseo y os enseño todo esto. – Nos dice animada.

Tras la decepción por las primeras impresiones entiendo que las dos esperan que encuentre motivos y razones para que me anime. He venido en el coche con los ojos cerrados y no ha sido muy alentador abrirlos y encontrarme con que no hay nada al otro lado de la calle, más que campo abierto. Supongo que tendrán que decirme dónde está y cómo se llega a la piscina, si es que pretenden que me acerque por allí alguna vez, para que no me pase el día encerrada en la casa. Ana me ha insinuado que tal vez haya chicas de mi edad en la zona, aunque no tengo demasiado interés en relacionarme con éstas ni con los chicos. Regresamos a Medford dentro de dos semanas o antes, de manera que es poco probable que haya tiempo para hacer grandes amistades, tanto como el hecho de que regrese por aquí alguna vez, salvo que Daddy viva por aquí. Lo más seguro es que Ana haya escogido la hospitalidad y la casa de estos amigos con idea de que no averigüe dónde estamos, e incluso que ante este panorama tan desolador reprima cualquier impulso de irme por mi cuenta, dado que no llegaré a ninguna parte, ya que no hay a dónde ir, salvo que esté confundida y tal vez debiera haber sido menos recelosa durante el trayecto en coche, pero estaba agotada.

04:00 PM. Bedroom

04:00 PM
Aquí se come más tarde que en Medford, pero hoy debido a que no estoy muy centrada y tampoco he asimilado demasiado bien lo del cambio horario, casi me es indiferente. Reconozco que he comido más por hambre que por ganas, que sí me he sentado a la mesa ha sido por la curiosidad de saber lo que hablaban Ana y su amiga que por lo que hubiera en el plato, que no ha sido nada llamativo, como Ana diría, era “comida” y se supone que su amiga no intenta envenenarnos, dado que ha comido lo mismo y con el mismo apetito que nosotras. En su caso incluso tengo la sensación de que lo ha disfrutado más con idea de que no hubiera recelo por nuestra parte. Ana también ha comido, pero supongo que ha estado más centrada en la conversación, porque su amiga y ella se habían de poner al día de la vida de una y otra desde la última vez que se vieron hasta ahora. Me ha dado la impresión de que las dos tenían mucho que contarse, pero que, a pesar de las distancias, hay una buena comunicación entre ellas, que la elección de esta casa como alojamiento para nuestras vacaciones no ha sido casual.

De lo que he entendido, porque entre ellas hablaban en español y, se supone que trataban cuestiones de mayores, se ha aludido a la familia de Ana, a que ésta tiene dos primos a quienes no conozco, pero, por lo que he escuchado, son bastante rebeldes, de esos a los que en el St. Clare’s no consientes que se acerquen a menos de doscientos metros ante el riesgo de que planeen algo contra nosotras, que no tienen en cuenta que en el St. Clare’s tan solo hay niñas pequeñas. Yo me alegro de que al menos Ana sea la prima con sentido común y no sea como sus primos en ese sentido. Hasta cierto punto entiendo que no quiera hablarme de ellos porque no son un buen ejemplo y, en todo caso, se trata de esa faceta de la vida de Ana que no quiere compartir ni que conozcamos.

De lo que también han hablado, y sobre lo que he preferido hacerme la despistada, por si comentaban algo que me afectara, ha sido sobre el motivo del viaje de Ana, ese sobre el que conmigo habla sin demasiada precisión, pero, por lo que he entendido, con su amiga no tiene reparo en compartir confidencias. Supongo que espera que ésta le ayude en esa búsqueda o lo que sea que gestione. Lo que está claro es, que sea lo que sea, está en la ciudad y no tienen las pistas demasiado claras. Por lo que me ha parecido escuchar, es como buscar una aguja en un pajar, haberse metido en un laberinto, porque hasta ahora sus gestiones no le han dado resultado y se ha encontrado en un callejón sin salida. En el hipotético supuesto de que se refiera a Daddy, lo cierto es que no hace que me sienta muy optimista. Sin embargo, ya me advirtió que descartara la idea o posibilidad de suponer que ese viaje tiene alguna relación con él o conmigo.
Si Ana no es capaz de encontrar una pista fiable sobre Daddy o sobre lo que sea que le haya traído hasta este lugar perdido del planeta, cuando desde siempre me ha dado la sensación de que para ella no había imposibles, empiezo a temer que cualquier día me confesará que se ve incapaz de cumplir la tercera de sus promesas, porque las pistas e información que tenemos no sirven de ayuda, lo que confirmaría la incoherencia y el sin sentido de los datos, lo que haría que se determinara que yo soy una chica abandonada y sin padres.

Me ha parecido entender que han conseguido el certificado de nacimiento de alguien, que ese documento le ha llevado hasta una dirección, pero en esa casa ya no vive esa persona y sus actuales ocupantes tampoco saben nada. Han dicho algo referente a que se trataba de una vivienda en alquiler o algo así, que han transcurrido demasiados años y, por lo tanto, ello inválida la única pista fiable que tenían y casi habrán de empezar de nuevo, como si cada dato confirmado fuera la puerta a infinidad de posibilidades. Sin embargo, si tuviera que iniciar la búsqueda de Daddy con los datos de que dispongo y me encontrase con un bloqueo así, no sabría cómo seguir y lo más seguro es que desistiera, ya que, si Daddy no quiere nada conmigo, tampoco tiene demasiado sentido que pierda el tiempo con esa búsqueda. En tal caso, creo que ello justificaría de algún modo que hasta ahora no haya sabido nada de él, lo más seguro es que tenga dificultades para localizarme, no se haya encontrado con ninguna pista o indicio que le indique que vivo en el St. Clare’s. Haber sido abandonada o hallada en el Lawrence Memorial, tan solo implica que aquel embarazo terminó bien.

Ana: (Se asoma por la puerta) Si le escribes cartas a Daddy, me parece bien que utilices la libreta, ya me compraré otra en cuanto tenga ocasión. Pero, si no son más que tonterías, convendría que intentases dormir. – Me dice.

Jess: Son mis reflexiones. – Le respondo y me justifico.

Ana: Procura descansar hasta que salgamos de paseo. – Me recomienda. – Aunque tampoco conviene que esta noche te sientas desvelada.

Jess: Tan solo son reflexiones. – Reitero.

Ana: Déjalo para otro momento. – Me insiste. – Sonia ya me ha insinuado que eres una chica un poco retraída y te escondes de todo el mundo, pero le he asegurado que eres una chica alegre y sociable, de manera que no me dejes en mal lugar. – Me indica con complicidad. – Ahora será mejor que descanses la mente y el cuerpo. – Me recomienda.

Jess: ¡OK! Lo intentaré, pero me siento desvelada. – Le respondo.

Ahora mismo no me siento capaz de dormir, pero lo que me ha dicho Ana entiendo que no es una sugerencia y en realidad tengo la impresión de que estoy más dormida que despierta desde que salimos del St. Clare’s porque esta pesadilla aún no ha terminado y no tengo muy claro lo que me espera ni cómo acabará todo esto. Lo cierto es que tengo un poco de miedo a cerrar los ojos y al despertar encontrarme con alguna otra sorpresa. Dormí algo en el avión y supongo que también durante el viaje en coche, aunque mi intención fuera más la de no ver el paisaje ni saber dónde me traían. Haber descubierto que estamos en medio de ningún parte no ha hecho que me sienta más relajada ni confiada. Hasta ahora no he tenido mucha constancia del tipo de vida social o de gente con la que Ana se relaciona, pero me siento un poco contrariada por lo que he descubierto hoy. Tanto por el hecho de que acude a esos encuentros por el Papa, como que tiene un par de primos un tanto irresponsables o que conoce a gente de todo el mundo, que esta pareja vive una casa de campo casi tan grande como el St. Clare’s, pero para ellos dos solos. La cuestión es que para dormir necesito estar tranquila y ahora mismo me siento bastante nerviosa, tengo mucho en que pensar. 

Me encuentro en una casa extraña y no sé qué tal se dormirá en esta cama, este dormitorio ni estas condiciones, pero supongo que, si no lo intento, tampoco me aclararé. Mejor que sea ahora, que aún es de día y quizá haya opción a que me cambien de dormitorio o se busque algún remedio. Lo cierto es que me siento desvelada, nerviosa e incapaz de relajarme, de manera que será complicado que me acostumbre a estar aquí. Quizá la solución sería que Ana y yo compartiéramos dormitorio, pero supongo que ésta teme que no le dejaré descansar o que seré demasiado curiosa con ciertas cuestiones que prefiere mantener alejadas de mí. De algún modo ésta es la manera más evidente de dejar constancia de mi castigo, que en realidad no contaba conmigo para este viaje, pero las circunstancias le han obligado a traerme porque nadie se ha querido hacer cargo de mí estas dos semanas. En cualquier caso, mientras hago el esfuerzo e intento de dormir no molestaré a nadie y Ana podrá estar tranquila y ocupada en sus asuntos.

08:00 PM. Bedroom

Ana: (Asomada por la puerta) ¿Te animas a que demos un paseo o prefieres quedarte aquí encerrada? – Me pregunta con intención. – Entiendo que estés cansada tras el viaje y algo alterada por el cambio horario, pero hemos de intentar adaptarnos.

Me encuentro echada sobre la cama. He intentado dormir un poco, pero sin mucho éxito. Al menos he descansado algo y no he pensado tanto en mis agobios. No he querido que Ana me llamara a atención por escribir demasiado, aparte que no sé si me proporcionará otro cuaderno, en caso de que agote éste, por lo que conviene que sea prudente y me contenga, que tan solo escriba cuando de verdad suceda algo que quiera recordar, como que se adelanta nuestro regreso a Medford y cuestiones similares, sobre todo si recibimos noticias de Daddy. Lo que no quiero es que Ana fuerce mi vida social con la privación de la escritura, porque no he venido con idea de hacer nuevas amigas. Nos marchamos dentro de dos semanas y con ello apenas da tiempo para llegar a conocer a alguien. No sé cómo será en esos viajes que Ana ha hecho por el mundo ni si el hecho de acudir a los encuentros con el Papa favorece ese acercamiento, pero aquí el ambiente y la mentalidad de la gente es diferente, no creo que vaya a ser capaz de encontrar afinidad con nadie.

Jess: Prefiero quedarme. – Le confieso con total sinceridad.

Ana: Parece que ha dejado de llover. – Me comenta. – Si no te apetece venir y me puedo fiar en que no pasará nada porque te quedes sola, creo que saldré a dar ese paseo con Sonia. – Me indica. – Me ha asegurado que la urbanización es pequeña y en no más de una hora estaremos de regreso.

Jess: Prefiero quedarme. – Le reitero. – Con lo poco que he visto tengo bastante, porque no hay más que campo, nada.

Ana: Supongo que Sonia querrá que veamos la piscina y después demos una vuelta por los alrededores. – Me comenta. – Quizás haya algo que se te ha pasado por algo.

Jess: Me conformo con lo que he visto. – Le respondo con poco entusiasmo.

Ana: Mañana, cuando vayamos a misa, espero que abras los ojos. – Me avisa con intención.

Jess: ¡OK! Mañana no reprimiré mi curiosidad. – Me comprometo. – De todos modos, estoy segura de que no hay nada que ver. – Argumento.

Ana: Por lo que me ha dicho Sonia, la parroquia se encuentra en una urbanización próxima, pero ya buscaremos alguna otra excusa para que te acerques por la ciudad. – Me comenta para que me mentalice y haga mis planes.

Jess: Cuando regresemos al aeropuerto. – Replico.

Ana: No seas tonta y anímate. – Me insiste. – Después no me dirá que no te doy ocasión de averiguar dónde estamos. El castigo es que lo averigües por ti misma, pero, si no pones un poco más de interés, parecerá que te he castigado a no salir del dormitorio.

Jess: Pero ¿Vamos a ir muy lejos? – Le pregunto contrariada.

Ana: Como esta mañana has venido con los ojos cerrados, supongo que no eres muy consciente de dónde estamos. – Me responde en tono afable y recriminador. – Te repito que la urbanización no es grande y antes que de que te des cuenta habremos vuelto.

Jess: Pero es que tenemos que llamar por teléfono para avisar de nuestra llegada y preguntar si hay noticias de Daddy. – Le recuerdo.

Ana: Cuando regresemos del paseo. – Me promete. – Hemos de tener en cuenta la diferencia horaria.

Jess: ¿Allí es más tarde o más temprano? – Le pregunto con cierta confusión porque aún no lo tengo claro.

Ana: Allí son seis horas menos. – Me responde. – Bueno, si te vienes de paseo, espabila porque salimos ya y hemos de aprovechar que ahora no llueve.

Jess: De acuerdo. – Le respondo resignada. – Ahora voy.

Ganas de dar ese paseo sigo sin tener, pero está claro que Ana no dejará que me niegue, aunque me haya ofrecido esa posibilidad, lo que de algún modo entiendo que forma parte de mi castigo o de las consecuencias por haber venido a este viaje por las malas, a pesar de mi buen comportamiento o resignación ante la constatación de que toda resistencia resultaba inútil. Mi rebeldía se pone de manifiesto a través de la apatía, pero contra ello Ana también le ha encontrado el remedio, por mucho que se fie que no se me ocurriría irme por mi cuenta, entre otras razones porque no sé dónde estoy ni a dónde ir. Soy lo bastante sensata como para no cometer estupideces de ese tipo en estas circunstancias. Ante lo cual, ante la posibilidad de explorar la zona debería demostrar un poco más de entusiasmo. Tal vez, si me entra el impulso de irme por mi cuenta, no me sentiré tan bloqueada ni acobardaba una vez que llegue a la verja, es posible que vaya más allá del primer cruce. De todos modos, si me estoy quieta y no hago tonterías de ese tipo, Ana será quien más lo agradezca, de ahí que me haya invitado a este paseo, para que mis futuras exploraciones, si me decidiera a salir, sean con un poco de sentido común.

Si nos hemos de quedar aquí durante las dos próximas semanas y dado que el panorama que se observa desde la venta no es muy alentador, quizás el paseo consiga que esa primera impresión mejore un poco, aunque no espero encontrarme con grandes sorpresas durante el paseo, aparte que la climatología no acompaña demasiado y si nos encontrásemos en Medford resultaría poco alentador para acercarse hasta Carson Beach. Lo que Ana espera de mí es que me relacione con la gente, no tanto que disfrute de los placeres del verano, porque además me temo que no hay ninguna playa cerca y la única alternativa en ese aspecto será la piscina, que ya deduzco que no será cubierta, por lo cual de momento es algo que descarto. En definitiva, un comienzo de vacaciones un tanto raro y bastante desafortunado, ya que altera los planes que me había hecho para estas fechas, aperas de que éstos no se salieran de mi rutina, salvo por el pequeño detalle de que ya no hay clase y me hubiera sentido más libre para hacer lo que me apeteciera. Aquí me siento condicionada y limitada incluso para eso porque me encuentro en una casa extraña y con personas a la que no conozco de nada.

Ana: Mejor que no te lo piensen mucho porque tal vez se ponga a llover de un momento a otro. – Me avisa. – Me temo que nos hemos traído el mal tiempo con nosotras y se quedará durante algunos días. – Añade con complicidad.

Jess: Lo que tarde en pasar por el aseo. – Le contesto y me justifico.

Ana: No hace falta que te cambies de ropa. – Me indica. – Así vas bien y tan solo daremos un paseo. – Alega. – Para mañana, cuando vayamos a misa, ya te vestirás mejor.

Ni tan siquiera he tocado la maleta, al menos como para que ahora me haya de entretener en escoger un vestuario más adecuado para salir de paseo, cuando la primera impresión es que llevaré la misma ropa durante las dos semanas que estemos aquí. Sin embargo, para dormir me habré de poner el pijama. Si alguna vez me animase y acercara a la piscina, tendría que coger el bikini, ante lo cual entiendo que Ana no espera que me tome esto como una excusa para que vacíe la maleta, más bien, ha venido a comprobar si hay alguna evidencia de mi cambio de mentalidad, pero ya ha visto que no, que sigo igual de reticente que cuando hemos llegado, a pesar de que tras la comida me siento un poco más relajada en ese sentido. Sonia me ha caído simpática, pero sigo intrigada por la conversación mantenida entre ellas dos, que Ana se muestre un poco más abierta con su amiga a la hora de hablar de ciertas cuestiones, asunto de mayores, por lo cual es normal que aún me sienta fuera de lugar, con la sensación de que no debería haber venido, pero Ana se ha quedado sin alternativas y se ha visto en la tesitura.

Sigue sin apetecerme lo del paseo, pero necesito que me dé el aire y, en vista de que eso de escaparme no es una opción, porque hay riesgo de que me pierda o tenga un mal encuentro, la alternativa es que aproveche las ocasiones en que Ana y sus amigos salgan de paseo, así seguro que no tendremos problemas en volver. Además, me creo eso de que no iremos muy lejos, porque tampoco hay donde ir, en vista del panorama. Lo que me sorprendería es que viéramos algo de civilización si damos dos pasos más allá de la urbanización, a pesar de que me ha parecido entender que hay una ciudad grande cerca, pero si me limito a lo que he visto hasta ahora, entiendo que lo de tener coche es una exigencia del lugar. Entiendo que no estemos en Medford y que no haya por los alrededores ningún lugar lo bastante elevado como para ver el skyline de Boston, lo que según tengo entendido, desde Pines Hill hay una panorámica muy interesante de dicha ciudad. Por aquí, de verse algo estoy segura de que serán más campos de olivos. Sea como fuere con este paseo espero confirmar o desmentir las primeras impresiones, que mejore en algo mi pesimismo inicial.

Para no ir descalza ni en sandalias, ya que no tengo muy claro dónde vamos ni lo que nos encontraremos durante el paseo, prefiero ponerme las deportivas con calcetines ya que después de todo mi maleta no se ha preparado de manera tan improvisada, aunque debería argumentar, más bien, que, debido a lo limitado de mis pertenencias, a que casi hemos vaciado el armario, lo raro es que no encuentre lo que necesito. Sin embargo, la lista de mis necesidades sería muy larga, pero el presupuesto del St. Clare’s no da más de sí y he de pensar en que las demás, aparte de una lista de caprichos casi tan larga como la mía, tienen que comer e ir a clase en las mejores condiciones. De manera que me puedo sentir afortunada por disponer de unas deportivas e incluso de varios pares de calcetines. En realidad, creo que quien se alegra de que no tenga nada que no me pertenezca es Ana porque esa es la evidencia de que he dejado en el olvido mi mala costumbre de trapichear con la ropa de los chicos y me conformo con vestir con la ropa que se me proporciona y sin pretender disfrazarme de lo que no soy para cambiar mi realidad. Porque no, no soy un chico, aparte de que éstos me parecen tontos. La verdad es que con el paseo espero que se desmienta eso de que estamos en medio de ninguna parte, sino, más bien, que esto es un barrio a las afueras de la ciudad, pero que no es tan fácil de ver desde la ventana, dado que Ana ya me ha reiterado eso de que hay una ciudad cerca, que hay más que ver lo que alcanza mi vista, aunque esto en poco o en nada se asemeje a Medford, salvo por el hecho de que sean viviendas unifamiliares y con aspecto de ser muy parecidas unas a otras. Tal vez cuando regrese del paseo pueda tener un poco más claro dónde me encuentro y como me insinuó Ana, esto sea parte de mi castigo para que lo descubra por mí misma, porque hasta ahora apenas tengo información, más allá del hecho de que hablan en español y que el aeropuerto se encuentra lejos que de aquí. El de Boston está mucho más cerca del internado. Quizás hasta pueda descubrir si estamos en España o se trata de algún país sudamericano, incluso si estamos en una isla o en el continente.

Ana: Espabila que nos están esperando. – Me dice para que me dé prisa en calzarme las deportivas. – ¡Si llego a saber que eres más lenta que una tortuga coja, te aviso dos horas antes! – Se lamenta.

Jess: Ya voy.

08:20 PM. Zona interior de urbanización

En vez de salir por donde hemos entrado, lo hacemos por la puerta de atrás, la del jardín que da acceso a lo que entiendo debe ser la zona común de la urbanización. Es Sonia quien nos hace de guía y entiendo que pretende mostrarnos algo que considera importante, supongo que la piscina, porque ya han aludido a ésta en varias ocasiones y porque Ana espera que me anime a acercarme por allí y haga un poco de vida social con los jóvenes de la zona, que, si no tengo mucho interés en hacer nuevas amistades, al menos sea por saciar mi curiosidad, matar el aburrimiento y hacer algo de provecho durante las dos semanas que vayamos a estar aquí. Sin embargo, si como le sucede a Sonia, todo el mundo habla en español, voy a tener complicado eso de entenderme con ellos, salvo que me hablen en inglés, aunque no estoy muy segura de que vayan a querer nada conmigo, porque la verdad es que yo tampoco puedo argumentar que tenga muchas ganas de quedarme y por lo tanto de acercarme a la piscina o tratar con alguien.

Sonia: [Habla en español] Esta puerta solemos tenerla cerrada con candado, pero ahora que vais a estar vosotras aquí, con que esté echado el cerrojo será suficiente, por si os queréis acercar a la piscina.

Ana: [Habla en español] Sí. Gracias. – Le responde. – ¡A ver si este cerebro con patas se anima alguna vez! – Añade con complicidad

Sonia: [Habla en español] En cuanto empiece a apretar el calor, estoy segura de que se lanzará al agua sin pensarlo dos veces. – Le contesta con optimismo.

Entiendo que hablan de mí, pero como lo hacen en español, es como si no fuera conmigo porque me supone demasiado esfuerzo intentar entenderlo, pero supongo que tendrá que ver con el hecho de que hayamos salido por aquí en vez de por la puerta principal, dado que se supone que Ana y yo vamos de exploración a reconocer el terreno, entre otros motivos para que me olvide de la testarudez que me caracteriza y me atreva a salir del chalé y relacionarme con la gente. Estoy castigada a ser más sociable, si tengo curiosidad por saber dónde estoy, aunque Ana me conoce lo suficiente como para estar segura de que no me lo tomaré con demasiado entusiasmo, a pesar de que ella me anime a ser un poco más atrevida en ese sentido y ponga casi el mismo empeño que ella en resolver ese asunto que nos ha traído hasta aquí. En realidad, lo único que me motivaría es la posibilidad de encontrarme con Daddy, pero para ello primero debería estar segura de donde de encuentro y tener alguna posibilidad de éxito. Sin embargo, para empezar a buscar tendría que tratar con la gente y eso me resulta un tanto complicado y comprometido.

¿A quién está buscando Ana? ¿Qué es lo que le ha motivado a venir tan lejos y recurrir a sus amigos? Eso es lo que de verdad me intriga, más que el hecho de que esta urbanización cuente con una piscina comunitaria o la posibilidad de encontrarme allí con gente de mi edad. Hasta ahora he creído que el único vínculo de Ana con España era la búsqueda de Daddy, por lo que me contraría un poco descubrir que tiene amigos de aquí, en el supuesto de que esto sea España, lo cual casi doy por seguro, aunque tampoco quiero equivocarme ni precipitarme en mis conclusiones basadas en el idioma que habla su amiga, lo cual no sé si es para evitar que yo me entere de sus conversaciones o para que no me quede ninguna duda al respecto. En cualquier caso, este lugar en poco o nada se parece a la idea que yo me había hecho, aunque Ana me dirá que tendría que haber acudido a clase de Spanish y tomado el estudio de esa asignatura con un poco más de interés, en vez de pasar las páginas para disimular, cuando no poner el libro el último de todos para que me desmotivase a la hora de cogerlo. Lo único seguro es que nos encontramos lejos de Medford y ha habido de adelantar el reloj seis horas.

Según nos acercamos a lo que entiendo es la zona de la piscina, empiezo a tener la certeza de que no me va a gustar demasiado eso de que gente extraña me vea en traje de baño, menos aún en bikini, aunque a mis excusas estoy segura de que Ana me contestará que la situación será similar que cuando voy a Carson Beach, donde soy la primera en reconocer que disfruto del agua y me olvido de la timidez, sin embargo, aquí tengo la sensación de que ven a sobrar motivos para que la gente me observe, porque voy a ser la chica extranjera, reciñen llegada y un tanto retraída, la misma que dentro de no más de dos semanas espera desaparecer de aquí tal y como he llegado, sin que nadie me vaya a echar de menos, por lo cual si me acerco a la piscina alguna vez será para darme un chapuzón rápido y regresar al chalé antes de que se den cuenta de que me he ausentado, aunque no sé del tipo de vida que llevan los amigos de Ana, por lo cual no estoy muy segura de que me vayan a dejar sola ni que esté entrando y saliendo a mi antojo, porque ya sé que Ana se tiene que ocupar de ese asunto, pero no me dejará que la acompañe ni tampoco que me quede sola, a pesar de que no se me pasa por la cabeza idear un plan de fuga para regresar por mi cuenta a Medford, dado que soy consciente no sabría hacía donde ir ni tengo medios para ello.

Si no mejora el tiempo, me temo que eso de acercarme a la piscina queda descartado. De hecho, lo más seguro es que me espere hasta que Ana me pueda acompañar, porque así no tendré que enfrentarme sola al hecho de encontrarme con la gente y sobre todo tendré con quien hablar, ya que como alguien intente darme conversación en español, no voy a saber cómo responderle, aparte que no me apetece demasiado contarle a nadie de mi vida personal, aunque sea justo lo que Ana espere para que averigüe dónde estamos. Incluso me atrevería a pensar que Ana pretende que no desaproveche la ocasión de preguntar por Daddy. Sin embargo, siempre se nos ha recomendado que seamos discretas a la hora de hablar de nosotras mismas, porque hay cuestiones que es mejor que nos guardemos, por eso de que hemos de ser prudentes a la hora de tratar con desconocidos. En cualquier caso, si no menciono Daddy, podría centrar mi curiosidad en conocer la zona, tratar de averiguar si saben dónde está Toledo, dado que, si estamos en España y no se encuentra muy lejos de aquí, quizá podríamos acercarnos algún día. Pero ir a Toledo para nada, me parece una pérdida de tiempo. El día que vaya prefiero tener la certeza de que me reuniré con Daddy.

Sonia: La piscina es la de urbanización, por lo que, si accede por aquí, no creo que le pongan problemas. – Le comenta a Ana. – A veces viene gente del otro lado. – Añade.

Ana: No la veo con mucho ánimo de acercarse, pero ya la mandaré algún día, aunque haya de darle una patada en el trasero. – Le responde con complicidad

Sonia: Estamos a comienzo de verano y aún no hay demasiado ambiente, pero ya hay gente. – Le comenta.

Ana: Tan solo van a ser dos semanas, de manera que tampoco me preocupa. – Le responde. – Es posible que se anime, si ve que no hay mucha gente.

Sonia: Pero ¿ella está bien? – Le pregunta con inquietud.

Ana: Tan solo es un poco cabezota. – Le responde en tomo afable. – Es uno de esos casos difíciles que en ocasiones se presentan en el internado, pero nada que no se resuelva con un poco de empeño por su parte. 

Sonia: A mí me parece un encanto. – Le contesta en tono afable. – Tan solo un poco tímida y reservada.

Ana: Es un poco particular. – Le responde. – Pero no te preocupes, no causa problemas. – Le dice para que se tranquilice. – Desde que está conmigo he conseguido enderezarla y ahora lo único que tiene es adolescencia por los cuatro costados

Sonia: ¡Y de lo otro también! – Añade con sutileza y complicidad.

Ana: Sí, bueno, a esas edades de todo se hace un mundo. – Le contesta con complicidad. – Pero a ver si termino de arreglarla antes de mandarle a la universidad.

Sonia: ¡Se la ve lista y capaz de enfrentarse a cualquier reto! – Le dice para reforzar el optimismo de Ana.

Deduzco que hablan de mí, porque puede decirse que estoy acostumbrada a estas conversaciones, aunque en este caso sea en español y se suponga que no me entero de nada. Tan solo espero que Ana no esté queriendo convencer a su amiga para que se quede conmigo hablándole de todas mis virtudes, que se supone tengo tantas que ni yo misma soy consciente de ello, porque como en alguna ocasión me ha llegado a decir Ana, no me lo creería, porque me he creado el concepto de que soy como el patito feo del cuento. En cualquier caso, no estoy en venta, en la lista de posibles adoptables ni tengo intención de quedarme aquí por mucho que Ana me intente convencer de que este lugar es maravilloso, aunque en los próximos días me descubra que más allá de las colinas se encuentra una ciudad casi tan grande como Boston y una playa mil veces mejor que Carson Beach. Si no me lleva con Daddy, prefiero que mi vida siga estando en Medford, además, para el próximo curso ya me he matriculado en el Medford High y no creo que sea tan fácil eso de que me cambien a otro sitio, aunque aún no haya comenzado el curso.

Es posible que toda la conversación gire en torno a las veces que me acercaré a la piscina, que Sonia se tema que será al primer sitio al que venga en cuanto me despierte, pero Ana le haya aclarado que va a hacer falta algo más que el hecho de que haga calor para que me lo piense dos veces. No sé cómo harán los demás, pero en mi caso no me considero una entusiasta por eso de conocer gente nueva o mezclarme con chicas de mi edad, dadas las experiencias que he vivido hasta ahora, aunque Ana siempre me aconseje que no viva tan condicionada por el pasado, que de eso lo único que he de tener presente es que los chicos en ocasiones se vuelven un poco tontos y es preferible que sea  un tanto comedida con la confianza que les doy, aunque como desde  hace algún tiempo soy el objetivo de sus burlas por mi parte no pienso concederles ninguna. Dentro de unos años, cuando sea mayor y empiecen a gustarme un poquito más quizá sea menos recelosa. Ahora mismo prefiero que me dejen tranquila.

Como ya hemos visto la piscina, en vez de regresar al chalé, seguimos con el paseo, por lo que supongo esta zona de la urbanización debe contar con su propia puerta de acceso. De hecho, desde aquí tengo la sensación de que todos los chalés son iguales, de modo que no estoy demasiado segura de ser capaz de regresar sola al de los amigos de Ana. Lo más probable es que me confunda de puerta y por lo tanto es motivo para que me piense bien eso de acercarme a la piscina por mi cuenta. Va a ser un susto eso de colarme en un chalé distinto, aparte que en algunas parcelas hay perros y podría llevarme un buen mordisco, si no me ando con cuidado. Los amigos de Ana me parece que no tienen. En todo caso, supongo que aquí también debe ser habitual que se tengan mascotas, aunque como Ana dice, en el internado ya tienen bastante con tenernos a nosotras, ya les damos suficiente trabajo, aparte que yo soy la única que me quedo durante las vacaciones, pero la idea es que no se quede ninguna y a mí no me concederán más caprichos.