| 7th Grade | D+ 68 percent Middle: 8:00 AM-2:20 PM | Sept-1993 June-1994 | 12-13 | 1 – 2 ½ horas |
07:00 AM. Bedroom
Monica: [Irrumpe en la habitación] ¡Señoritas, es hora de levantarse! – Nos indica a las tres. – Como estáis de vacaciones, porque no hay clase hasta el lunes, seguro que aprovecharéis el tiempo para estudiar. – Justifica. – Será mejor que os abriguéis porque la mañana se ha levantado un poco fresca, aunque no se espera que llueva.
Jodie: Cinco minutos más. – Le ruega porque esta mañana tal concesión estaría justificada.
Monica: La que no se espabile, no desayuna. Ya veremos si aún sigue en la cama cuando llegue la hora del almuerzo. – Nos amenaza. – Ya sabéis que las demás os agradecen el sacrificio. – Nos indica con ironía.
Jodie: ¡Ya nos levantamos! – Dice en nombre de las tres.
A estas horas de la mañana siempre es Jodie quien habla en nombre de las tres, quien se cohíbe menos cuando hay que replicarle a Monica por sus exigencias. Brittany es muy callada y yo no quiero problemas porque temo que cualquier protesta por mi parte tenga consecuencias que no resultan nada tentadoras y nos afectarán a las tres. Si fuera Ana quien nos despertase, quizá me tomaría esa libertad porque es mucho más benévola, pero Monica se toma bastante mal mis comentarios y apreciaciones matinales, ya que considera que se me conceden demasiados privilegios y lo que necesitaría es un poco más de autoridad. Sin embargo, en vista de los precedentes y del resultado de las tácticas que Ana utiliza conmigo, está claro que Monica ha perdido, toda esa supuesta autoridad que se tenía conmigo de pequeña no me aportaba nada bueno; provocaba que me escapase del St. Clare’s a la menor oportunidad. Desde que Ana está aquí quizá me haya escapado en alguna ocasión, pero es más por rebeldía que por que huya de esas imposiciones. Lo hago con un mayor sentimiento de culpa y no tanto de liberación, ante lo cual lo más habitual es que me reprima porque sé que pierdo más de lo que gano y los juegos con los chicos del parque ya no me resultan tan divertidos como antes.
Jodie: Jessica, ves tú la primera al baño. – Me propone. – En cuanto termines, iremos nosotras. – Me indica y así nos organiza a las tres.
Jess: Vale. Ahora os llamo. – Le respondo con total conformidad. – Dadme cinco minutos.
O soy la primera o soy la última. En cualquier caso, Jodie es quien decide, si Monica no impone un criterio, porque se considera que ya somos lo bastante mayores como para que nos organicemos como mejor nos convenga y nos pongamos de acuerdo en estas pequeñas cuestiones diarias, más cuando estamos de vacaciones y no hay ninguna prisa.
Prefiero que esto se haya establecido así porque, de este modo, tengo la oportunidad de buscar a Ana y darle los buenos días, aunque a estas horas de la mañana la encuentro un poco más ocupada, ya que es la responsable de despertar a las niñas pequeñas con ayuda de las voluntarias y mi presencia supone una interrupción. Sin embargo, conozco la situación y procuro molestar lo menos posible. Los días que hay clase, lo primero es que me vista, aseé y desayune para que no llegue tarde. Aparte de que Ana siempre me hace alguna observación para que me vista mejor y, en cierto modo, es una sutil excusa para que no la moleste cuando está más atareada, aunque me dedique un par de minutos. A Monica le preocupa más mi puntualidad, que no me busque falsos argumentos para llegar tarde a todas partes, me considera una chica mayor y responsable para mis cosas.
El calendario no da lugar a engaño. Mi cumpleaños suele caer en vacaciones para los estudiantes no universitarios. Es una semana larga que muchas aprovechan para irse con sus familias de acogida y celebrar con ellos el Patriot’s Day, pero otras nos quedamos en el St. Clare’s como si fuera una semana normal, porque son vacaciones escolares y no de todo el país. Son días en que las que nos quedamos estamos un poco más alteradas, porque se rompe con la rutina del curso y muchas quisieran irse, pero este año se da la circunstancia de que algunas se han de quedar. A mí me da lo mismo porque tampoco hago planes ni para esta semana ni para ninguna otra fecha del año. Yo no me muevo del St. Clare’s Home mientras Daddy no venga a por mí. De momento seguimos sin noticias, aunque Ana me ha dicho que ya ha empezado la búsqueda, sin que por mi parte haya encontrado mucha colaboración porque no quiero entusiasmarme antes de tiempo. Es más, de hecho, como haga cualquier cosa en ese sentido, se me habrán terminado las excusas para faltar a clase de Spanish. Me son indiferentes las amenazas. Todo el mundo sabe que en ese asunto no cedo ni un ápice. Aprenderé y estudiaré ese idioma cuando venga Daddy. No pretendo que sea una presión para que le busquen ni para que desistan de la posibilidad de que le encuentren. Tan solo digo que no me quiero hacer muchas ilusiones y prefiero no conocer un idioma que quizá no hable nunca, por mucho que se considere que es el segundo idioma más importante del continente y que ello me abrirá muchas puertas el día de mañana. No tengo intención de irme a ninguna parte mientras Daddy no venga a por mí o tenga seguro que no vendrá por mucho que le espere.
En cuanto se hayan vestido y desayunado, Jodie y Brittany pedirán permiso y se marcharán. Me podría ir con ellas, pero, como siempre, me quedaré en el St. Clare’s a la espera de que lleguen noticias de Daddy. Como estos días no hay clase, estoy más pendiente de cuándo llega el cartero y de todo el que llame a la puerta. Aunque Ana asegura que no hay mucha diferencia entre un día normal de clase y un día de vacaciones como esta semana. El mundo no se detiene por nosotras y muchas nos podemos sentir afortunadas porque ello no impide que las familias de acogida nos tengan en sus casas estos días, porque se procura que sean gente comprometida, que se lo tomen en serio. De todos modos, algunas de nosotras estamos aquí porque en nuestras casas o familias hay problemas, de manera que algunas chicas tienen la suerte de que en estas fechas regresan a casa y en algún caso incluso ya no han regresado. A mí me gustaría que Daddy viniera a por mí y me llevara con él, por eso, si viniera y no estoy, se pensará que no quiero. En cualquier caso, estoy segura de que encontraré algo con lo que entretenerme. Tal vez Ana tenga alguna tarea que encomendarme para que no me marche sin permiso.
10:00 AM. Bedroom
| Sunday 03/27/1994 Palm Sunday Thursday 03/31/1994 Mandy Thursday Friday 04/01/1994 Good Friday. No class Saturday 04/02/1994 Holy Saturday Sunday 04/03/1994 Easter Sunday Sunday 04/03/1994 Daylight Saving Time starts. Monday 04/04/1994 Easter Monday Monday 04/18/1994 Patriot’s Day. No classes Tuesday 04/19/1994 Spring Vacation. Wednesday 04/20/1994 Spring Vacation. Thursday 04/21/1994 Spring Vacation. My Birthday Friday 04/22/1994 Spring Vacation |
| Religion English/Spelling Literature/Vocabulary Writing skills/Preparation of a portfolio Mathematics Social Studies: Geography / History Physical Education Art / Music Foreign Languages: Spanish. (Home-schooled) |
Thursday, April 21, 1994
El regalo que me han hecho en el St. Clare’s por mi trece cumpleaños no ha sido ropa, muñecas ni cosas de chicas, como en años anteriores. Ana considera que ya soy una chica mayor y responsable. Ha recalcado lo de chica para que me quede claro que este regalo es solamente porque ya soy mayor, una alumna de 7th Grade que está a punto de terminar el curso con unas calificaciones que aún estoy a tiempo de mejorar, si me empeño un poco más en los estudios. Confía en que este regalo será un aliciente, sobre todo, para que no vaya por ahí con mi trapicheo para conseguir ropa que me guste y no dan en el St. Clare’s, aunque le he asegurado que hasta ahora no he robado nada ni lo he pretendido. Ha sido un intercambio por el que tal vez me he merecido que después me reprendiesen, pero con la seguridad de que nadie se aprovecha de mí. Por supuesto me planteo estos intercambios sin que haya cometido ninguna tontería de la que arrepienta después. La última sudadera la conseguí después de que ayudara a un chico con sus ejercicios de matemáticas, aunque sé que la ayuda debería desinteresarse, dado que cuando he necesitado ayuda tampoco he ofrecido nada a cambio. Tan solo aproveché la ocasión y el chico estuvo de acuerdo, me entregó la sudadera al día siguiente, porque ese día no tenía nada que ponerse y se hubiera quedado medio desnudo, lo que no está permitido en el St. Francis School.
El vestuario que se exige en el colegio, en el caso de las chicas, es un uniforme de falda, ya sea plana o plegadas estilo frontal, suéter y chaleco de color azul claro o blanco, blusa de manga corta o larga, calcetines o mallas azul marino hasta la rodilla. Los chicos también tienen sus propias normas de vestuario, de manera que Ana se sorprende porque no le encuentra mucho sentido a este trapicheo de ropa ni a mi empeño por esas mezclas raras que a veces organizo en mi vestuario, porque lo único que consigo es que los chicos también se delaten en cuanto a que no cumplen las normas de vestuario o se aprovechan de una chica tan ingenua como yo, ya que no tiene una buena interpretación eso de que los chicos se interesen por la ropa de las chicas. Lo mío es una manía, un acto de rebeldía aceptable hasta cierto punto. En lo referente a los chicos tal vez haya una cuestión mucho más seria. En cualquier caso, no he visto a ningún chico vestido con ropa de chica, por lo cual desconozco lo que hacen con la ropa que se intercambian conmigo.
Mi regalo de este año ha consistido en una cuenta en el Brookline Bank con un ingreso inicial de $100.00, lo que me parece que es mucho dinero, pero, como Ana me ha dicho, no es para que me lo gaste de golpe, sino para que aprenda a administrarme. De hecho, tampoco es un regalo muy original porque, como me ha aclarado, a todas las chicas que cumplimos los trece años en el St. Clare’s Home, y no tenemos familia, se nos hace el mismo. Lo único que cambia de un año para otro es la cuantía, por eso de que sube el coste de la vida, aunque la intención es la misma en todos los casos. Tampoco es que hasta ahora no hayamos tenido ningún ingreso o nos obliguen a la mendicidad para que consigamos dinero para nuestros caprichos. Cada domingo nos han dado un dólar por cada año cumplido y con eso aguantamos toda la semana, la que es capaz de administrarse. La que no se aguanta porque no recibirá más hasta el domingo siguiente. La cuestión es que, desde el domingo siguiente a la fecha de nuestro cumpleaños, hasta que dejemos el St. Clare’s esa asignación es mensual y en la cuenta del banco. Ana me ha dicho que mi asignación será de $40, no de $37. Queda a mi capacidad y responsabilidad que a final de mes la cuenta no esté a $0 ni en negativo. Le he prometido que seré ahorrativa.
Lo del dinero en el banco es de verdad. Sin embargo, se espera que ninguna de nosotras acuda a la oficina ni al cajero automático para sacar $5 de nuestra cuenta. Si queremos dinero, se lo pedimos a Ana o a Monica que son quienes llevan las anotaciones, como si fuese un banco de verdad. De todas maneras, Ana me ha asegurado que lo del regalo es en serio, que la cuenta de ahorro del banco es auténtica, pero aún me considera demasiado joven e ingenua como para que se me conceda tanta libertad. Antes he de demostrarles que me administro y no me gasto más de lo que tengo ni de lo que debo por un capricho tonto. La cuenta del banco está a mi nombre y como Ana sabe lo importante que es para mí, aparte de que Monica y ella estén como titulares, porque serán quienes me controlen, se ha incluido a Daddy. A las chicas que no tienen padres éstos no están como titulares. Aunque se me considera que fui un bebé abandonado de padres desconocidos, nadie discute que Daddy es mi padre, a pesar de que no haya demostrado hasta ahora ningún interés por mí, pero no se pierde la esperanza de que venga algún día, porque, si es cierto lo de su edad, es posible que aún no esté en condiciones de ser mi padre, pero ya pronto tendrá edad de trabajar, se emancipará y seguro que me pide que vaya con él. Hoy ya tengo $100 para el viaje.
De momento, lo único que sé sobre la disponibilidad de ese dinero es que está en lo que Ana ha denominado “Home Teen Checking (HTC)” que se utilizará para que aprenda el valor del dinero y pague mis multas, en caso de que mi actitud así lo requiera. Por supuesto, también cabe la posibilidad de que haya gratificación económica, pero ello dependerá de los méritos que haga en ese sentido, ya que en las normas en el Home de St. Clare’s son más para los castigos, para todo eso que se supone no debemos hacer y, sin embargo, hacemos con conocimiento. La suerte es que los descuentos por ese mal comportamiento se borran después de cada confesión, pero no se pagan los intereses que hubieran generado esos días. Es decir, conviene que no estemos mucho tiempo sin confesión, salvo que seamos las mejores chicas del mundo, lo que no se cree nadie. Pero ¿a ver quién es la valiente que reconoce sus travesuras? La cuestión es que primero acudamos al confesionario y después le digamos a Ana o Monica que hemos ido. Tampoco es necesario que a ellas se lo contemos todo, nos ampara el secreto de confesión, pero hay travesuras que son conocidas por todo el mundo y no se esconden por mucho que nos empeñemos.
Tal vez lo mejor de todo es que Ana me ha dicho que existe la opción del préstamo, en caso de que quiera algo y no tenga dinero suficiente en mi cuenta; por supuesto tendré que justificarlo y es posible que reciba una negativa o porque no consideren que sea prudente un gasto en esa cantidad o porque no les haya demostrado que me sé administrar. Es decir, que, si necesito unos pantalones, pero he sido una chica derrochadora o me voy a clase en chándal, lo que no es una prenda que se permita para uso diario, o voy con el culo al aire, ya que, si en mi cuenta no hay dinero para la compra de los pantalones, nadie me prestará el dinero. Si, por el contrario, demostrase que soy una chica ahorrativa o que controlo mis gastos y no tuviera dinero para la compra de esos pantalones, conseguiría un préstamo que cubriera incluso el refresco que me comprará durante el paseo de ida o vuelta hasta la tienda. Aunque tampoco conviene que abuse de esos préstamos porque se devuelve hasta el último centavo y con un tanto por ciento de interés. La deuda no se perdona con la confesión, aunque tampoco se hace el descuento de la deuda en la asignación mensual. El pago se hace a plazos, cuanto más tarde se salde la deuda mayor es la cuantía e interés que se cobra.
Además, cada primero de mes recibiré un interés por del capital que haya en mi cuenta o, lo que es lo mismo, un centavo por cada diez dólares, de manera que así se premiará mi ahorro, lo cual es algo que ya me comentaron las chicas mayores, de manera que conviene que la visita al confesionario sea a final de mes, antes de que se hagan esos cálculos para que en la cuenta no falte dinero por causa de las multas. De todas maneras, el cálculo de esa cuantía no depende de la confesión, tan solo del dinero que haya en la cuenta en esas fechas. Lo que no se admite es que a finales de mes ingresemos dinero y lo saquemos después del pago de intereses. ¡Ana y Monica no son tan estúpidas y ya saben que nosotras nos creemos demasiado listas! De hecho, se ha fijado un límite de $1 por año cumplido como máximo para que saquemos de la cuenta cada semana, lo que supere esa cuantía y no esté justificado tiene una penalización de 5 centavos por dólar, que no se recupera de ningún modo.
El gasto de $13 a la semana en mi caso me parece bastante limitado. Es la misma queja que tienen todas las chicas, sobre todo si el ingreso es de $40 mensuales. Si tuviera un poco más de libertad en la gestión de mi dinero, sacaría un poco más, pero Ana ya me ha advertido que en ese aspecto no habrá excepciones. El presupuesto del St. Clare’s no se estira más y nosotras también nos ajustamos a ello, de manera que los excesos injustificados se penalizan. Tenemos garantizado que no nos faltará de nada, pero que los caprichos salen caros para todo el mundo. Lo que no se espera es que a cuenta de esas penalizaciones el St. Clare’s tenga dinero para otros gastos. Según me ha explicado Ana, todo lo que se recaude, se donará a la parroquia, lo que a mí me parece un poco contradictorio, porque es la parroquia quien costea los gastos del St. Clare’s, aparte de que tenga otras actividades y organizaciones de ayuda a los más necesitados. Esto es, si le sumamos el donativo de misa a lo que se recauda por las multas, da la sensación de que echamos el dinero en una rueda porque de un modo u otro vuelve a nosotras. Sin embargo, Ana prefiere que no me lo plantee de un modo tan subjetivo o egoísta. El dinero que se entrega a la parroquia es para la parroquia, no para nosotras.
Lo cierto es que el asunto del dinero es casi un chantaje emocional, al menos en mi caso, dado que, según Ana, no me lo merezco, porque no estoy en las mismas condiciones que mis compañeras, dado que ellas asisten a todas las clases y se examinan de todas las asignaturas, mientras que yo me mantengo en mis treces con la asignatura de Spanish y ya es un poco tarde para que me ponga a la altura de mis compañeras. Éste es el tercer año que se imparte y que a mí se me considera exenta por culpa de mi actitud. Aparte que este curso además los profesores se han rendido conmigo y durante esas clases me dejan libertad para que haga y éste donde quiera sin ningún castigo ni tarea extra por parte de nadie, aunque siempre tengo la opción a unirme a mis compañeros y a la clase. Se premiará mi esfuerzo, aunque el resultado no sea evaluable. Sin embargo, aún no me han convencido de que sea tan beneficioso. Yo no creo que esto me perjudique, porque en cuanto Daddy venga a por mí, aprenderé el idioma, aunque me cueste, mientras que para mis compañeros es una asignatura más. A mí de momento me crea demasiada tensión y ninguna sensación agradable.
