Thursday, April 21, 1994

12:00 PM. Bedroom

Ana: (Se asoma por la puerta) Me pregunto qué escribes que te veo tan concentrada. – Me dice e interrumpe. – Todos los años por tu cumpleaños te sorprendo con ese cuaderno, como si en un par de hojas resumieras toda tu vida.

Jess: Escribo mis cosas. – Le respondo y me evito los detalles. – Son cosas personales. – Le indico.

Ana: Si necesitas que hablemos, ya sabes que basta con que me lo digas. – Me indica. – Aunque ya sé que eres una chica un tanto solitaria y a quien no le gusta que las demás se metan en sus asuntos. – Constata. – De lo contrario, conversarías más con tus compañeras, participarías de sus juegos.

Jess: No me apetece. – Le respondo. – Además, tampoco me lo han pedido. – Me defiendo.

Ana: Normal, porque aún tienen la idea de que, en cuanto Monica o yo te quitemos la vista de encima, te escaparás por la ventana en busca de los chicos del barrio, de manera que no sirve de mucho que cuenten contigo. – Argumenta.

Jess: Ya hace tiempo que no me escapo. – Me defiendo y constato. – Ya tengo trece años y cada curso necesito más tiempo para estudiar.

Ana: Si estudiases y no te saltaras las clases de Spanish, no tendría que buscarte las cosquillas para que estudies aquí a desgana. – Me advierte. – Pero ya todos tenemos asumido que cuando te pones cabezota no hay quien consiga que razones.

Jess: Tan solo es una asignatura y aprovecho esa hora para las demás. – Me justifico. – En clase de Spanish no me entero de lo que dicen y, como lo considero una pérdida de tiempo, prefiero dedicarlo a otra cosa.

Ana: Lo que te salva de tu estupidez es que sabes que siempre tienes la puerta por si cambias de idea. – Me advierte. – Tienes suerte de que el profesor sea comprensivo y el resto de los profesores acepten esa excepción contigo.

Jess: ¡Pero es verdad que no me entero de nada! – Reitero. – Me aburro mejor en la biblioteca. – Alego con complicidad.

Ana: No te busques excusas porque sabes que no me las creo. – Me responde. – Lo justo sería que te penalizase cada vez que te saltes las clases, así tomarías consciencia de lo importante que son las clases y lo mucho que pierdes cuando faltas a alguna. – Me advierte. – Así aprenderías lo importante que es el estudio y te lo tomarías un poco más en serio. – Me indica. – Como a partir de ahora empezarás a gestionar tu propio dinero, sería una buena manera de que aprendieras que el dinero no crece en los árboles.

Jess: Me da igual. – Le contesto convencida. – No pienso ir a clase de Spanish de ninguna de las maneras. – Afirmo.

Ana: De algún modo tienes que aprobar esa asignatura. – Me indica preocupada. – Eso de que ya lo estudiarás cuando tu Daddy venga a por ti me suena a excusa tonta. – Me dice. – ¿No será mejor que lo aprendas ahora? – Me pregunta y sugiere. – Tienes base y conocimientos suficientes como para que sea la asignatura más fácil de todas. – Asegura.

Jess: ¿Para qué me servirá, si al final Daddy no viene? – Le devuelvo la pregunta. – ¡Nunca, nunca, nunca viajaré a España, si Daddy no me quiere! – Afirmo con rotundidad.

Ana: Sabes que es parte del programa de estudios. – Me recuerda. – De todas maneras, tienes que hacer los exámenes oficiales, aunque sea con trampas.

Es la discusión que mantenemos en los últimos años, pero sobre esto sabe que no me convencerá, no es como con el vestido de Primera Comunión. Esta vez se trata de algo que me afecta de manera más directa, que tiene una mayor transcendencia sobre mi vida y mis ilusiones. Lo del vestido de un modo u otro era fácil que asumiera que era inevitable, que nada justificaba que acudiera a la iglesia vestida de manera distinta a mis compañeras, porque desde siempre tengo asumido lo que soy. Me guste o no, ya se impone el uniforme en el colegio y, en cierto modo, lo del vestido era algo parecido, aunque se tratase de una gran celebración donde yo estaría entre las que destacasen. Lo del idioma lo entiendo más como lo referente a mi alejamiento del St. Clare’s, aunque Ana espera que lo entienda en el sentido contrario, un mayor acercamiento a Daddy y no un alejamiento del St. Clare’s, la posibilidad de que me sea más fácil que me comunique con él, que le escriba, porque me entenderá mejor. Es más, incluso me ha dicho que dado que, Daddy es solamente siete años mayor que yo, incluso es posible que éste estudié inglés con la esperanza de que cuando nos encontremos me demuestre lo mucho que me quiere, pero yo no le corresponderé de igual modo, si no conozco su idioma.

Ana: Bueno, no te he interrumpido por el tema del Spanish ni porque quiera que me enseñes qué escribes. – Me dice para que me relaje. – Se trata de una cuestión un poco más práctica para lo que espero no pongas reparo.

Jess: Sea lo que sea, yo no he sido. – Le digo por si me fuera a culpar de algo.

Ana: No te regaño por nada ni se trata de eso. – Me aclara. – Tan solo que el St. Clare’s se ha quedado un poco más vacío desde que no acogemos a niñas menores de tres años y quizás hagamos una mejor distribución de las habitaciones, porque eso de que las ocupéis por cursos ya no resulta muy oportuno ni provechoso.

Jess: Estoy en la que me corresponde este año. – Le indico. – Ya sé que tras el verano me tocará cambio de habitación.

Ana: No me refiero a eso. – Me contesta. – Como te intento explicar, debido a los cambios que se han producido en el St. Clare’s en estos últimos años, por cuestiones que no espero que entiendas ni hace falta que te explique, se ha pensado en una nueva distribución de las habitaciones, más práctica, y queremos saber qué pensáis las mayores.

Jess: A mí me da lo mismo. – Le respondo. – Basta con que no me echéis a la calle. – Le digo con complicidad.

Ana: Te conozco y me temo que te quedarías por el barrio, que dormirías en el porche con tal de esperar a que sea Daddy quien venga a por ti. – Me contesta. – Además, ya sabes que aquí no echamos a nadie. Las que se marchan es porque acuden a otras casas de acogida o han encontrado un hogar estable.

Los cambios en el St. Clare’s Home comenzaron más o menos en la fecha en que llegó Ana, hace cinco años. Tal y como me ha dicho y justifica siempre, desconozco las razones de dichos cambios, pero sin duda alguna su incorporación está relacionada con ello. Por suerte para nosotras, ese cambio ha sido paulatino y no nos ha afectado de manera muy directa. Cada vez ha habido menos niñas pequeñas, porque, las que había, han crecido y las nuevas han sido de más edad, de tal manera que en estos años no ha habido ninguna niña del St. Clare’s que no estuviera matriculada en el colegio. Los comentarios y suposiciones entre las mayores es que ha habido una reducción en el presupuesto y esa ha sido la medida que se ha tomado, una reducción de personal, porque se supone que las que quedamos ya no precisamos de tantas atenciones. Con que haya dos personas fijas y la ayuda de las voluntarias en momentos puntuales es más que suficiente. Somos las que llevamos aquí más tiempo quienes nos hemos dado cuenta del desarrollo de este proceso, las que de algún modo nos sentimos más perdidas porque de un curso al siguiente siempre hay algo distinto y se supone que nos beneficia. Al menos las que se marchan ya no lo sufren. Esta vez parece que esos cambios nos afectarán de manera directa e ineludible, porque de las mayores no hay ninguna que tenga probabilidad de que la adopten en los próximos meses.

Lo cierto es que en la habitación de las chicas de 7th Grade estamos tres. Otros años ha habido cuatro o cinco; otras veces ninguna y el dormitorio lo han ocupado chicas de otros cursos. Ello ha dependido de las que en ese momento hubiera en el St. Clare’s. La habitación no es muy grande, pero nos apañamos porque ya estamos acostumbradas y sabemos que no disponemos de más espacio. Hacemos lo posible porque la convivencia sea buena, aunque reconozco que no tengo el mismo grado de complicidad que el que hay entre ellas, que tienen más intereses en común y se pasan casi todo el día juntas, mientras que yo voy más a mi aire. Como Ana me recrimina, antes no demostraba demasiado interés por ellas y ahora es más difícil que me acepten como parte del grupo. De todas maneras, no mantengo una mala relación con ninguna de las dos y supongo que, en caso de que faltara alguna de ellas, la otra mostraría menos reparos a esa complicidad conmigo, aunque lo cierto es que ellas esperan su momento para dejar el St. Clare’s, mientras que yo mantengo esa indecisión. A mí no me atrae la idea de que me manden a otro internado, mi anhelo es que Daddy vendrá a por mí y se terminará esta pesadilla para siempre, pero si me mandan a otro internado no lo soportaré, porque nunca me he alejado de aquí ni quiero.

Todas hemos soñado en algún momento con tener nuestra propia habitación, lo cual resulta un tanto egoísta y avaricioso porque el St. Clare’s Home no es tan grande como para que se nos conceda ese capricho, todas nos merecemos estar aquí y no sería justo que, por un capricho tonto, algunas se tuvieran que marchar o no se diera alojamiento a nuevas chicas que necesiten están aquí tanto o más que nosotras. Sin embargo, como Ana me ha dicho y he comprobado en los últimos años, ya no se recogen niñas pequeñas y hay una mayor dependencia con el colegio, como si éste fuera un requisito indispensable, lo que en cierto modo contradice el lema del St. Clare’s. También se me ha dicho que el principal objetivo del St. Clare’s es que todas encontremos una familia de acogida o adopción, sin que nuestra educación y formación sea algo secundario. De todas las chicas que he conocido desde que tengo uso de razón y me entero de lo que sucede, soy la única que tiene el empeño de quedarse, las demás sueñan con el día en que se las lleven de aquí. Yo también, pero ha de ser con Daddy. La cuestión es que, si disfrutase del privilegio de tener mi propia habitación, significaría que tal vez se planteen que me quede aquí más tiempo del que me correspondería, pero que lo disimulen para que no me haga demasiadas ilusiones. De ese modo, no sé si será más fácil pasar inadvertida cuando venga alguna pareja interesada en las chicas mayores, pero bastaría con que cerrase la puerta antes que irme de paseo por el barrio hasta que pasará el peligro.

A mí ya me comentó hace algún tiempo la posibilidad de que me trasladase al trastero, aunque hasta ahora no se me ha considerado lo bastante responsable o de confianza como para que fuera algo que se tomara en serio. De hecho, supongo que se ha estado a la expectativa de los acontecimientos porque el cambio ocasionará algunos trastornos que es preferible evitar, sobre todo porque no quieren que me confíe en que me quedaré, pero ya ha quedado bastante evidente lo testaruda que puedo llegar a ser cuando me empeño y que aquí es el único sitio donde no causaré problemas, al menos no más de los que he causado hasta la fecha, aunque también es cierto que intento ser merecedora de esa confianza y moderar mi rebeldía, de manera que parece que tanto Monica como Ana se han convencido de que esa es la mejor solución para todos, que no se pierde nada por probar durante el próximo curso, aparte que como tal yo no soy una chica problemática, tan solo un poco maniática con algunas cuestiones y algo reacia a que me saquen de aquí. No soy una chica que busque tener conflictos con nadie, aunque tampoco sea capaz de evitar que estos me persigan, dado que parece que no me entiendo con nadie. En realidad, que me manden al trastero debería ser considerado como un castigo, a donde mandan a todas aquellas que se portan mal y ello quizá provoque que las demás me traten con un poco de recelo, pero allí no me molestaría nadie y supongo que no habría tanto inconveniente en que me quedase unos cuantos años.

Al trastero se accede por medio de un estrecho pasillo lo que de pequeñas nos asusta bastante, pero es algo que se provoca con la intención de que nos portemos bien, de ahí que sea la habitación de castigo y una zona de la casa utilizada para guardar lo que no se utiliza, aunque en alguna ocasión también se ha aprovechado como dormitorio para aquellas que están enfermas y necesitan tranquilidad, pero para mí sería ocuparlo de una manera más estable, tendría mi propio espacio dentro de la casa, aunque no el más confortable. En todo caso, el problema sería sacar todo lo que ahí allí que me molestase para que hubiera más espacio por el que moverme, dado que ahora mismo no creo que resulte muy acogedor. Lo más seguro es que Ana me diga que vuelvo a tener otra de mis ocurrencias y que he sacado de contexto un comentario que ella me hizo, porque no le agrada que me cree expectativas que no me ayuden en nada, a pesar de que en todo lo referente a Daddy se muestre bastante condescendiente siempre y cuando no me obsesione con ello hasta el punto de no perder el sentido de la realidad.