05:00 PM. Bedroom
05:00 PM Thursday, April 21, 1994
Esta tarde no son los chicos quienes fijan sus ojos en esa zona de mi cuerpo tan característica de las chicas. Esta vez soy yo porque ahora que he cumplido trece años y eso ya no es algo que se disimule con tanta facilidad bajo la ropa, aunque, según Ana y en vista de los precedentes, diría que tampoco es algo que me haya importado demasiado porque me he lucido delante de los chicos todo lo que éstos han querido e incluso más. Seguro que se atribuye el mérito de que en los últimos tres o cuatro años no haya ido tanto por el parque y, sobre todo, me haya resistido un poco más a la hora de despojarme de la camiseta para optar por uno u otro equipo en igualdad de condiciones. Antes no era algo que me preocupase, salvo que hiciera frío, ya que con tanta carrera hacia un lado y otro de la pista de deportes terminaba sudada y asada de calor. Sin embargo, en estos últimos tres o cuatro años mi cuerpo ya no respeta tanto eso de que no sea tan diferente al de los chicos, aunque siempre lo haya sido, pero era más una cuestión de pantalones que de camiseta, hasta el punto de que creo que en alguna ocasión me pusieron en el equipo de los que jugaban con menos ropa de manera premeditada. A mí sobre todo me preocupaba la actitud que mantenían los chicos de las otras pandillas cuando se peleaban con mis amigos.
A 1″/2,5 cm
B 2″/5 cm
C 3″/7,5 cm
D 4″/10 cm
Tal vez lo peor de todo esto es que hay compañeras de clase que no se sienten tan cohibidas con este asunto, quizás porque les resulta algo más difícil de esconder que a mí porque casi se ha convertido en una competición para que se determine quién es la que se desarrolla antes o más que el resto, mientras que los chicos son meros espectadores, porque a ellos no les pasa nada tan evidente, si es que se produce algún cambio en su cuerpo. Jodie y Brittany prefieren fijarse en los chicos de 8th Grade e incluso en los que ya cursan estudios en el High School, porque los de nuestra edad son un tanto infantiles todavía. Yo no le prestó atención a ninguno en particular y casi prefiero que se olviden que existo porque me incomodan sus miradas, esa sensación de que me observan como si me desnudasen o esperasen el momento en que me despoje de la camiseta o lo que lleve puesto como hacía de pequeña, pero ya no lo hago porque sé que eso no es algo que hagan las chicas educadas. Además, me produce vergüenza.
De las tres chicas de 7th Grade que estamos en el St. Clare’s, quizá yo sea quien de momento está un poco menos desarrollada en este aspecto, pero Ana me ha aconsejado que no le dé demasiada importancia porque tampoco la tiene, en todo caso que le vea el lado positivo, hay prendas que no compartimos. De todos modos, cada una es como es y tampoco coincidimos en la misma talla con todo, de manera que cada una sabe cuál es su ropa y cuál de las demás, aparte que, como parece que desde hace algún tiempo cada una busca sus propios gustos, una personalidad que nos diferencie, se hace más complicado que se nos proporcione ropa que sea del agrado de las tres. Ya somos un poco más recelosas en todo lo que se refiere a la ropa que nos llega donada por la parroquia. Ana dice que nos hemos vuelto un tanto exquisitas y algo derrochadoras porque ya no tenemos en cuenta la limitación del presupuesto, que si nuestros armarios no desbordan es porque ya se ocupan Monica y ella de que reprimamos ese afán consumista. Somos alumnas de 7th Grade y, aunque nos parezca imposible, el presupuesto que se nos ha asignado a cada una no difiere tanto del fijado a las demás.
Si le tuviera que poner un precio al desarrollo de mi cuerpo, al coste que conlleva que me haga mayor, en mi caso sería $1,75. Para Jodie el coste sería $3,10 y para Brittany $2,90. Hace un año supongo que mi desarrollo estaba en torno $0.50. En cualquier caso, entiendo que esta valoración es más simbólica porque lo cierto es que Ana no habla de esas cuestiones conmigo, no especifica demasiado, porque, si lo hiciera, el coste real de mi manutención me asustaría y no valoraría cómo es debido la generosidad de las aportaciones que hace la gente. Quizá me quedase con la idea de que no hay nadie en el barrio a quien le sobre el dinero o le falte generosidad. El asunto de los ingresos que obtiene el St. Clare’s y cómo se gestiona no es algo que me competa. Mi obligación es que sea agradecida con todo el mundo y no desaproveche la oportunidad que ello me da cada día; que no rechace con tanta libertad aquello que me dan porque desconozco el valor que tiene, aunque a mí me parezca insignificante, que me deje la comida a medias porque no me guste es tan grave como que acumule calcetines en el cajón. El plato ha de quedar vacío cuando termine de comer y es preferible que no acumule más ropa de la que necesito.
En el comedor hay un cesto de mimbre donde cada una deja un papel en el que anote los sacrificios que hace por las demás. La ocurrencia fue de Ana para que aprendamos el sentido de la caridad y valoremos las donaciones que nos hace la gente. Como en nuestro caso no tenemos dinero, no lo manejamos con la libertad que nos gustaría, esos papeles son el mejor sustituto, cada una apunta lo que quiere e incluso se nos da la opción de que le pongamos un precio que refleje el esfuerzo que supone para nosotras, aunque, en tal caso, conviene que seamos sinceras y no exageremos. No vale veinte dólares que hayamos estado cinco minutos menos en la ducha ni que nos hayamos privado del postre en la cena. Es preferible que ese precio no supere los dos dólares como mucho y casi es más aconsejable que no se ponga ninguno porque, si los sacrificios se hacen con la mejor intención, su precio es incalculable.
Para que el tema de los sacrificios sea anónimo y de manera altruista, que participemos todas, Ana ha creado una especie de ticket en los que de algún modo quedan un poco más y mejor definidos los esfuerzos y sacrificios que se esperan de cada una de nosotras, aunque se deje la opción de que cada cual haga los que considere oportunos, pero como éstos hay que escribirlos a mano y en un papel distinto, da un poco más de apuro, ya que la cesta está a disposición de todo el mundo e igual que hay libertad para que se dejen, hay libertad para que se cojan. Por suerte no hay un cesto igual para las malas acciones, quizá porque, si lo hubiera, se desbordaría o estaría vacío, mientras que el de los sacrificios hay ocasiones en que pasan varios días antes de que se llene. No somos tan buenas como se pretende y esas malas acciones ya se limpian en la confesión. En cualquier caso, todas procuramos que en el cesto siempre haya varios de esos tiques, ya que incluso Ana de vez en cuando pone alguno, mientras que Monica se muestra un poco menos participativa, pero Ana dice que se debe a que necesitaría quince cestos cada día, uno por cada una de nosotras. A mí me parece que sería Ana quien necesitaría de esos quince cestos, pero tan solo aporta uno o dos sacrificios al día, hay días que yo ninguno.
Estudio o estudio, no me deja muchas alternativas. Sin embargo, Ana sabe que para mí es mejor que me conceda una cierta libertad, porque como ella se siente conmigo, es casi seguro que la asignatura de Spanish no estará excluida, la excepción que se hace conmigo en el St. Francis School en el St. Clare’s no tiene la misma validez. Prefiero mil veces cualquier otra asignatura antes que cinco segundos de estudio de Spanish. El aprendizaje de cualquier otro idioma antes que ese, por mucho que Ana insinúe que tanto recelo evidencia justo lo contrario, mi impotencia y desesperación porque necesito hablar ese idioma de manera natural, pero me atasco con las primeras palabras. Ante eso mi única respuesta es que lo estudiaré y hablaré cuando Daddy venga a por mí o reciba alguna noticia suya. Hasta entonces no quiero saber nada. De hecho, si buscase entre mis cosas, se daría cuenta que no tengo nada alusivo a España ni a mis orígenes, mientras que hay otras chicas del St. Clare’s que se entusiasman con ello. Soy una chica de ninguna parte ni tan siquiera del St. Clare’s, aunque no quiero que me manden a ningún sitio porque éste es mi único hogar.
Ana: ¿Te has pensado lo que te he dicho sobre el cambio de dormitorio? – Me pregunta.
Jess: No hay un dormitorio para cada una. – Le respondo contrariada. – ¿Acaso se va a ir más gente del St. Clare’s?
Ana: Se queda un dormitorio libre y alguna de vosotras ha de ocuparlo. – Me explica. – Si no quieres trasladarte, se lo ofreceré a Jodie o Brittany. – Me indica. – Sois las mayores y esperamos que más lo agradezcáis.
Jess: Si tan solo es un cambio de dormitorio, no me importa. – Le contesto.
Ana: Sí, es un cambio de dormitorio. – Me confirma. – La economía no está tan mal como para que haya que cerrar el St. Clare’s. De hecho, sería de agradecer que cada año hubiera menos niñas que necesitarán del St. Clare’s porque evidenciaría que hay menos familias con problemas o desatendidas. – Justifica.
Un cambio de dormitorio supone más amplitud, que las expectativas en cuanto al próximo curso cambian en comparación a éste y salgo beneficiada, aunque ello implicará que en alguno de los dormitorios haya chicas que deban dormir un poco más apretadas porque no es muy habitual que haya un dormitorio por cabeza, eso se reserva las ocasiones en que algún está enferma y hay riesgo de contagio, lo que supongo no es el caso. No me gusta la idea de que me aíslen porque a mí no me ocurre nada raro, como tampoco espero que sea porque se quiera hacer más evidente mi presencia porque se acaban las oportunidades de encontrar una familia de acogida o adopción. La idea de que se quiera negociar con mi libertad no es algo que me agrade. No me considero un juguete del que se puedan desprender sin más, aparte que Ana me ha prometido que me quedaré en el St. Clare’s hasta que Daddy venga a por mí o me vaya a la universidad. Por el momento tengo edad para quedarme. Si al conseguirme una habitación individual es como si me escondiera de los administradores, supongo que me puedo negar.
Más o menos creo que ya sé con cuál de los dormitorios me quedaré, en caso de que sea en serio lo de la mudanza y no se me adelanten Jodie o Brittany, aunque por lo que sé prefieren seguir juntas. Aunque nos llevamos bien, entre ellas dos se entienden mejor que conmigo. Acuden a clase con normalidad y están encantadas con la expectativa de que, si no les encuentran una familia de acogida antes una vez que aprueben 8th Grade, se trasladarán a Matignon High, donde se les dará una mayor libertad, sobre todo porque tratarán con chicos y chicas mayores, mientras que aquí ya se sienten un poco cohibidas porque se nos imponen muchas limitaciones y normas. Yo conseguiré esa libertad con el cambio de dormitorio y así las tres estaremos mucho más tranquilas. Ellas se podrán quedar de charla por las noches, hasta que Monica o Ana les ordenen que se callen mientras que yo podré disfrutar un poco más de mis ilusiones y fantasías sin que nadie me moleste. Como dice Ana, soy una chica con muchos sueños a la que habría que despertar en vez de pedir que deje dormir a las demás. Ana me entiende y por eso sabe que estaré mejor, si tengo un dormitorio para mí sola.
Se me asignará uno de los que dan a la parte de atrás, será con vistas al jardín y a Fulton St., lejos de la entrada principal, porque supone que así será más difícil que me marche sin que me vean, o al menos que me lo piense dos veces antes de volver a intentarlo, aunque ya hace tiempo que abandoné esa costumbre, a pesar de que aún me escondo cuando sospecho que las visitas se interesan demasiado por mí. Si no comparto dormitorio, no tendré que echar a nadie fuera ni me encontraré con la puerta cerrada. En todo caso, espero que ello signifique que cabe la posibilidad de que no me manden a Matignon High. Sé que Ana siempre me aconseja que no me haga demasiadas ilusiones al respecto y que no es algo tan sencillo como a mí me parece porque el St. Clare’s tiene sus normas, pero yo prefiero esperarme a que Daddy venga a por mí. No quiero que me pierda la pista, porque no estoy muy segura de que éste sepa dónde vivo ni cómo localizarle. Si empiezo a ir de acá para allá será imposible que me encuentre. Además, aún confío en que Ana será capaz de localizar a Daddy, de buscarle y encontrarle. Me ha prometido que lo hará y que en caso de que no pueda, me lo dirá, pero de momento no me ha dado noticias en uno ni otro sentido.
Ana: ¿Entonces? – Me pregunta contrariada.
Jess: ¿Podré escoger dormitorio? – Le pregunto, aunque sin muchas esperanzas.
Ana: ¿Ya estás con caprichos? – Me recrimina. – Tendrás que aceptar el dormitorio que se te asigne. El próximo curso serás de las mayores y por eso te lo ofrezco, pero, si no quieres, estoy segura de que habrá tortas por quedarse con el dormitorio.
Jess: Entonces, si me cambio de habitación ¿Me quedaré hasta que venga Daddy? – Le pregunto porque es algo que me preocupa y no le oculto.
Ana: No adelantemos acontecimientos. – Me recomienda. – De tu Daddy aún no sabemos nada y esto es tan solo una mejor organización del Home, porque alguna se ha quejado de que no puede estudiar.
Jess: Yo aprovecho las horas de la asignatura de Spanish para estudiar en la biblioteca del colegio. – Me comento y alego en mi favor.
Ana: ¡A ti habría que pegarte el culo a la silla para que no te movieras del aula cuando no debes! – Replica con complicidad. – En tu caso no se trata tanto del tiempo que pasas delante de los libros, como del tiempo que aprovechas, porque al final los resultados son mejorables.
Jess: Hago lo que puedo. – Me defiendo.
Ana: Ya sé que cuando venga Daddy estudiarás más que nadie y tus calificaciones serán las mejores. – Me contesta con intención. – Pero hasta que venga, tampoco sería mala idea que te esforzases un poco más. – Me recomienda.
Jess: Entonces ¿Me cambio de dormitorio? – Le pregunto antes de que se muestre muy reticente a esa posibilidad.
Ana: Tú, aprovecha el tiempo y estudia. – Me contesta. – Cuando llegue el momento será cuestión de trasladar tus pertenecías de un dormitorio a otro y no nos llevará más de cinco minutos.
