La palabra escrita

¿Qué palabra hace falta para ponerse a escribir?

Si abres un diccionario al azar, de los que tengo por casa, “Enciclopedia Universal, Circulo de Lectores”, Barcelona 1954, página 1123, la primera palabra es “hidrobiología”, que el corrector ortográfico del editor de texto no reconoce, pero que se define como el estudio de los seres que viven en aguas continentales. ¿Vosotros creéis que eso da para escribir una novela, mil poemas? Si te interesan los seres que viven en aguas continentales, supongo que da para escribir una serie de libros científicos por fascículos, pero, por suerte o por desgracia, a mí no es algo que me motive ni inspire de manera particular, aunque me guste contemplar el mar.

Amanece ya 
Amanece el día sobre el mar,
el sol se asoma a saludar,
los barcos salen del puerto,
el pescador tuvo que madrugar,
y un vagabundo en la playa,
que no sabe si pasa el tiempo,
se asombra con el firmamento
al descubrir que amanece ya.
Los peces se acercan a la orilla
en busca de algo de alimento,
El sol les ha traído nueva vida,
si es que alguno no cae muerto
en las redes de algún pescador,
que no salió a felicitarles el día,
que no vio amanecer el amor.

Manuel Pellicer Sotomayor 03/02/92

E incluso he utilizado la imagen de los ríos para mis metáforas más personales, como esa

Oda a Toledo 

Oda al Tajo, al agua que cayó,

a aquel río que nace en la sierra,

y hasta llegar al mar no murió.

Oda a todos los riscos y barrancos,

a la pendiente que es inclinación,

a los caminos que recorre el agua,

y que el río en la tierra se escarbó,

Oda a cuanta ciudad haya nacido,

al abrigo de un abrazo de amor,

viendo como llegaba el agua,

y como el agua del río se marchó,

Oda a Toledo, mi ciudad herida,

atravesada por cauces de dolor,

una ciudad ubicada entre colinas,

que tan solo el río Tajo dividió.

Manuel Pellicer Sotomayor 13/02/96

Pero, como os digo, esa es la palabra escrita, “la hidrobiología de mi vida”, convertida en poema. Nada de eso tendría sentido, si no existiera, además, un motivo de inspiración; esa palabra no escrita que es lo que en el fondo intento buscar, una palabra que, por supuesto, es imposible encontrar en un diccionario, porque así resulta muy fría y sin sentido. Tú le dices a alguien “Eres la hidrobiología de mi vida” y se te queda como la hidrobiología misma, en la página 1123 de la Enciclopedia Universal. Círculo de Lectores, Barcelona 1954 “¡Pues vale!”. La siguiente palabra es “Hidrocarburos”, que se define como “compuestos químicos orgánicos integrados exclusivamente por carbono e hidrógeno….”- Lo que no tiene nada que ver, pero que el corrector ortográfico reconoce, pero que, os he de confesar, a mí me deja en blanco.

La palabra escrita también está en mis novelas “Silencio en tus labios” y “Esperando a mi Daddy”, de manera un tanto indirecta también se hace alusión a esa búsqueda de la palabra no escrita y que han sido la fuente de la que han emanado ambas novelas, aunque sean algo que guardo más en el cajón y comparto por medio de post en el blog que libros que haya publicado y se puedan leer, aunque he de admitir que ha habido afortunados que sí han llegado a hojear los primeros capítulos y tienen la suerte de saber con más claridad a qué me refiero cuando hago mención a ello.

En “Silencio en tus labios” la palabra no escrita, por definirlo de algún modo, se reflejaría en el hecho de que es una novela que en sí misma tiene dos narradores, empieza siendo una novela doble que después fluye como una única trenza argumental, como un río que se expande y confluye en una misma historia. La palabra no escrita estaría en el hecho de los dos personajes principales “Manuel y Ana” parece que tienen una fluida comunicación entre ambos, en esa primera parte en la que cada cual tiene su propia identidad como narrador, lo que le sucede a uno tiene su respuesta por parte del otro. Si lees la versión de Ana conoces esa personalidad de Manuel que éste parece esconder, sus defectos, pero también sus virtudes, porque, como se llega a decir en la novela, ¡no hay que estar ciego para verlo, hay que estar loca! Sin embargo, si lees la versión de Manuel, conoces a una chica maravillosa, con personalidad y todo lo que ello implica, con carácter, con las ideas claras….. que sabe lo que quiere y no se va a dejar impresionar por los encantos del primer tonto que pase por delante de su puerta.

En “Esperando a mi Daddy” la palabra no escrita debería decir que no existe, porque por mucho que esperes, ya sea sentado o de pie, mientras tú no te muevas, nadie va a venir a buscarte. Es la historia, la vida de Jessica Marie Bond, de quien nadie sabe sus orígenes, más allá de unos pocos datos de su padre, los cuáles puede ser tan falsos como auténticos. Si te los crees, tal vez alguno de ellos esté mal, para despistar, porque no tienen demasiado sentido. Si no te los crees, entonces Jessica ha aparecido así, de pronto, y no hay que darle más vueltas. Ella opta por no creérselo del todo. Le importa un bledo que llueva en Toledo (I don’t give a damn if it is raining in Toledo), pero vive con la expectativa de que tengan algo de verdad. Mientras que aquellos que sí le dan validez, como suele decirse, no dejan piedra sobre piedra para desvelar el misterio y tras de sí, o delante de sus narices. Le van dejando a Jessica diferentes pistas para que dé el paso de iniciar esa búsqueda. Y mientras tanto el mundo a su alrededor sigue avanzando, cambiando, parece poner obstáculos insalvables para que no se produzca ese anhelado encuentro. Aunque llueva o no llueva en Toledo, porque, si no hace falta tener la brújula del Capitán Jack Sparrow, ni es un pueblo perdido en medio de la sierra, o vete tú a saber dónde, por allí parece que ha pasado todo el mundo, te encuentras alusiones a dicha ciudad hasta en la sopa, todo ello con su debido rigor histórico y mucha creatividad. Do you speak Spanish? No, I don’t.

En conclusión, que puede parecer que no necesito de la palabra no escrita, que, como dice uno de mis poemas más personales, que

 "tras el último verso no hay nada,
 pero tras el último verso me tienes a mí" 
Manuel Pellicer Sotomayor 25/10/95
¿Sabes tú qué hago ahí?

03. octubre 2020

Un comentario en “La palabra escrita

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