Samaritana

Fuiste a la fuente a beber, samaritana,
fuiste como siempre, muy de mañana,
aún el sol se escondía tras la colina
sus rayos no habían llegado a la cima.

¡Tengo sed, samaritana, ve más deprisa,
echa el cubo en el pozo, llénalo la vida,
no malgastes con los extraños tus sonrisas,
no compartas con nadie más tus risas!

Saciaste tu sed en la fuente, samaritana,
pero te dejaste el cántaro por el camino,
y no volverás a por él por la mañana.

Saciaste tu sed en la fuente, samaritana,
y así pasó una tarde, pasó una mañana,
el cubo se quedó en el pozo, samaritana.