Aborígenes de un nuevo mundo

Continúo publicando parte de la novela “Esperando a mi Daddy”, 24 de junio 1995

24 de junio Terminal

Donde le gustaría estar a Jessica, Aeropuerto Internacional de Toledo. Fotomontaje

En la entrada anterior “Volando sin rumbo“, hacia referencia a final del viaje y aterrizaje de Jessica en un aeropuerto, de un país desconocido para ésta que no es el Aeropuerto Internacional de Toledo y terminaba con las palabras de Ana, su tutora, con idea de que tendrían que ir pasar por el cuarto de baño. Se entiende o sobreentiende que, después de bajar del avión, han tenido que pasar por la aduana, pero es un trámite sobre el que no me he querido entretener demasiado en la novela. Se deduce que Jessica anda un tanto despistada, y que, en cierto modo, le da igual lo que ocurra. Ana se conforma con no perderla de vista, porque se teme que ésta intente mostrar algún signo de rebeldía y no es momento de montar un escándalo.

En su paseo por la terminal le da tiempo a fijarse en los carteles y a confirmar que no hay ningún vuelo procedente de Toledo

Pero no hay tiempo para entretenerse porque las prisas aprietan, han de ir al servicio antes de que pasen a recogerlas porque Ana tiene amigos en todas partes, incluso en este país que Jessica ignora cómo se llama, y sus amigos saben llegar a este aeropuerto con conexiones con el resto del mundo, porque no sabemos si todos los aviones pasan por aquí, por eso de que todos los caminos llevan a Roma, pero lo que está claro es que no hay ninguno procedente de Toledo, al menos en los carteles no lo anuncian. Quizás sea porque ellas han llegado a una hora muy temprana y los aviones de Toledo tienen otro horario. Tal vez, los hayan cancelado o lleguen con retraso. ¡Vete tú a saber! Si lo quieres averiguar, como Jessica, habrás de hacerlo por tu cuenta y riesgo porque ella está castigada, por haber sido traída a este viaje por las malas.

Ella debería haber hecho las maletas para que la trasladasen con sus compañeras del internado al otro internado, pero se le está dando un trato especial, diferente ¿Acaso el nuevo internado se encuentra por allí? ¿Acaso ella no va a seguir los pasos de sus amigas? ¿Acaso es una chica tan problemática que Ana no se fía de dejarla en vacaciones? ¡Con lo simpática que es ella! Hay obras en el internado, pero a ella no le importa quedarse sola, mientras no la molesten, así les hace compañía a los albañiles. Al menos nadie dirá que no va a tener quien esté pendiente de ella. Pero Ana la ha cogido por las orejas, -casi de manera literal – y la ha montado en el avión sin querer que diga una palabra, salvo que se refiere a lo mucho que disfruta del viaje, de esas dos semanas de vacaciones.

Photo by Tim Mossholder on Pexels.com

Ana: [Desde el otro lado de la puerta] Terminas ¿o haces un túnel para escapar? – Me pregunta con cierta impaciencia y mucha complicidad. – Nos esperan y será mejor que no nos pasemos las dos semanas en la terminal. – Me advierte.

24 de junio 1995. Terminal
Escrito en la pared de uno de los reservados del aseo de chicas

¿Qué hace la gente cuando está en un aeropuerto y quiere dejar un buen recuerdo? Escribir mensajes en las paredes y hay una tal “Yuly, de Boston”, que ha pasado por allí antes que Jessica y ha querido dejar un aviso, por si alguien la busca.

Ahora mismo, en este momento de la novela, a nadie le importa ni sabe nada de esta chica. De hecho, sí, Jessica se ha de fijar en este mensaje porque es el único que está escrito en inglés y, además, es de alguien procedente de Boston, como ella. Es decir, que, si no han venido en el mismo avión, han debido estar cerca, día más o menos cercano en el tiempo. A mí, como escritor de la novela, me pareció un detalle oportuno y curioso, que justo en este momento se empiece a alterar un poco más la vida de Jessica y que aun estando lejos de su ambiente, se sienta un poco más cerca de casa. Aunque no sepa adónde la han traído, al menos tiene claro que no se han ido tan lejos que nadie sepa cómo llegar, dónde se encuentran, al menos hay una chica, una tal “Yuly, de Boston” que algo de idea tiene. Es más, incluso puede que sepa dónde está el internado y, si se le presiona un poco, hasta puede que sepa dónde está Toledo. Pero ¿Cuántas chicas que se hagan llamar “Yuly” viven en Boston? ¿Pensará ésta regresar? Lo único que sabemos es que ha estado en ese reservado, pero sin que haya puesto fecha ni ningún otro dato que la identifique. ¿Qué hace una chica de Boston allí? ¿A qué ha venido?

Jess: ¡Ya salgo! – Le repito antes de que insista y me ponga en evidencia ante todo el mundo.

Ana le cuenta y aclara cómo es la casa de sus amigos, cómo les conoció. ¡Vaya lío! Ahora resulta que el Papa, sí, el mismísimo Papa, el que está en Roma, se dedica a organizar viajes para los jóvenes de todo el mundo y es así como Ana ha conocido a estos amigos. Ahora resulta que Ana es una chica viajera y muy bien relacionada ¡Es amiga del Papa! Que esas actividades que de vez en cuando hay en la parroquia, a las que Jessica acude a regañadientes, se organizan también a nivel de todo el mundo.

Pero, bueno, las conversaciones sobre los asuntos del Papa, la parroquia o la vida privada de Ana se terminan en cuanto ambas salen de aseso de mujeres, porque han de ir al encuentro de los amigos de Ana, a quienes Jessica va a tener que conquistar con su encanto personal, eso del “I don’t speak Spanish” y esas cosas típicas de ella que la hacen parecer tan simpática y encantadora. Aunque ahora resulta que estos amigos no saben pronunciar el nombre de Ana, de modo que poco o nada se puede entender Jessica con ellos.

“Welcome to my country.”

Sonia: Welcome, Jessica. I am nice to meet you. He is Carlos. He is my husband. My name is Sonia Martín. Welcome to my country.

¿Pero cuál es “her country”? Le da la bienvenida en inglés de manera que Jessica se sienta bien acogida, que sepa allí la van a entender hable en el idioma que hable, aunque con Ana lo hagan en español. De hecho, para ellos no es ninguna sorpresa el hecho de que Ana haya querido hacerles esta primera visita acompañada por la chica más simpática y sociable del todo el internado, el área de influencia de Boston y, si se tercia, del todo el continente americano y parte del extranjero, porque, además, dan a entender que Ana ha venido con un objetivo del que sus amigos son conocedores. ¡Ósea, que a los amigos sí se lo puede contar pero a Jessica no! ¿Y a nosotros?

La gente de este país habla en español, pero ¿En qué países de mundo se habla en español? Porque, si Jessica está castigada averiguarlo por su cuenta y lo único que tiene claro es que ha sido un largo viaje en avión desde Philadelphia, lo que es casi seguro es que no han regresado a casa ¿Cómo averiguar dónde están? ¿Por esos carteles, que son las prisas no le dan tiempo a leer con suficiente atención? ¿Por la matrícula de los coches? ¿Qué se le ha perdido a Ana tan lejos?

Lo peor de todo es que el país les ha recibido con lluvia, parece que con tristeza y melancolía, como se siente Jessica en esos momentos, ya que cuando salieron de Boston lucía el sol, la gente hablaba en inglés, pero ha bastado con que tomasen dos aviones para encontrarse en lugar completamente diferente. De remate, resulta que para llegar hasta la casa de sus amigos han de ir en coche, por lo menos una hora y media de trayecto, que, si Jessica se descuida, le hacen una visita turística para que recabe información, ya que, de lo contrario, eso de estar castigada no tiene mucho sentido.

No sé si en este país serán caníbales, pero me creeré eso de que peligra mi integridad como haga alguna tontería.

24 de junio 1995. Terminal

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