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Lista de lo visitado hasta ahora: (ver lista en página aparte)

Introducción

Ya que va a ser complicado que nos reciba el presidente de la Junta de Comunidades, (Un digno palacio) porque, como esos edificio que en algún momento le hemos sugerido como alternativa, estará ocupado, aprovecharemos, que estamos en la plaza del Conde, para ir a hacerle una visita al señor de Orgaz, a ver si nos lo agradece o interrumpimos su descanso. Porque, según tengo entendido, son habituales y bien acogidas las visitas de turistas y toledanos a su entierro.

Plaza del conde. Puerta del palacio de Fuensalida

Aunque vayas deprisa, párate un poco, y oye en breves palabras una antigua historia de nuestra ciudad

Epitafio de la tumba

Es uno de lo privilegios y lujos de estar tan cerca de la iglesia de Santo Tomé, que a dos pasos te encuentras con uno de esos tesoros de la ciudad que todo visitante acude a conocer como visita obligada. Ya estuvimos aquí en nuestra visita novelada, porque este cuadro Lo pintó El Greco, pero siempre apetece volver a descubrir ese detalle que se nos pasó por alto en la visita anterior o queremos volver a contemplar con mas atención.

En los pies de la nave correspondiente al lado de la epístola, en la llamada capilla de la Concepción, de la iglesia de Santo Tomé, se encuentra expuesto el famoso cuadro del Greco denominado «El Entierro del Conde de Orgaz»,

Iglesia de Santo Tomé. Acceso a la capilla de la concepción

Don Gonzalo Ruiz de Toledo quiso dejar testimonio de su fe de muy diversas maneras. Entre éstas se hallaban ciertas disposiciones testamentarias a favor de esta parroquia de Santo Tomás Apóstol, lugar escogido para su eterno descanso.

Las mandas que debían cumplir los vecinos de la villa de Orgaz consistían en la donación a los administradores del templo de 2 carneros, 16 gallinas, 2 pellejos de vinos, 2 cargas de leña y 800 maravedíes.

De este modo el Señor de Orgaz tenía el honor de ser depositado en su tumba por aquellos dos santos como premio a la ejemplaridad de su vida de fe. El milagro fue oficialmente reconocido en 1583, y el párroco D. Andrés quiso dejar testimonio imperecedero encargando un lienzo que presidiera la recién remodelada capilla del señor de Orgaz. Para esto se sirvió del mejor pintor que por aquel entonces había en la ciudad: Doménikos Theotokópoulos, más conocido por sus conciudadanos con el sobrenombre de El Greco.

Entierro del Señor de Orgaz en su ubicación original
sobre el epitafio de Alvar Gómez de Castro

Con la reforma de esta capilla de la Concepción en 1975, para adaptarla a las visitas turísticas, el cuadro se cambia de sitio de manera que la inscripción original se queda en la pared de la derecha y bajo la nueva ubicación del cuadro el Ministerio de Cultura coloca una placa de las mismas características con el mismo texto de Alvar Gómez pero esta vez traducido al castellano.

Capilla con el cuadro en su ubicación actual

También hay que tener en cuenta que en esos años se reformó la capilla y se subió el suelo, por lo que el sepulcro quedó oculto siendo más necesaria que nunca la colocación de este epitafio.

Alvar Gómez se basó para la redacción del texto en la primera narración impresa que existía del milagro en “La Historia de Toledo” de Pedro de Alcocer, publicada en 1554 al inicio de todos los litigios entre la parroquia y la villa de Orgaz.

El lugar del emplazamiento

El lugar que ocupa el cuadro del Greco es su emplazamiento original. Para este lugar fue concebido y en él perdura transcurridos cuatro siglos. Antes del emplazamiento de la sepultura del señor de Orgaz era la capilla de Nuestra señora de la Concepción, advocación e imagen que habría presidido la nueva estructura de la capilla, típica del siglo XVI, proyectada probablemente por el maestro de la catedral Nicolás Vergara el Mozo, como desnudo y clásico espacio cuadrado rematado por una sepulcral cúpula.

Nos encontramos al pie del templo, aunque convenientemente separado del actual espacio reservado a los actos litúrgicos, el terreno pertenece al templo. Hasta principios del pasado siglo XX, esta zona estuvo separada mediante una verja y una cortina. En la actualidad, una separación más consistente permite la visita de aquellos que contemplan esta obra de arte sin que su presencia disturbe y moleste a los fieles que participan en los actos que la parroquia celebra a pocos metros.

Gonzalo Ruiz de Toledo fue enterrado en este mismo lugar, elegido por él mismo como la zona más apartada y humilde de la iglesia, así como los materiales de su sepultura: junto a la pared última y más apartada del coro y de simple piedra tosca. Aquí se hizo una sencilla capilla hasta que 200 años más tarde, el párroco don Andrés Núñez de Madrid, mandó renovarla haciéndola más grande y hermosa, quedando el sepulcro en medio y, queriendo que el milagro fuese conocido de todos.

Hay quienes dicen escuchar cantos gregorianos, luz celestial, aroma a incienso —que no existen— estando en este lugar.

Un cuadro anterior y otro epitafio

En la misma capilla de la Concepción de Santo Tomé existió una pintura anterior a la del Greco, con la misma temática del milagroso entierro del Señor de Orgaz, pero que al parecer despareció. Así se deduce del testamento de D. Esteban de Guzmán, XI Señor de Orgaz, hecho en Toledo el 20 de enero de 1513  (75 años antes de que el cretense pintara el actual)  en el que este descendiente de D. Gonzalo Ruiz pedía que se volviera a pintar:

«La pintura que estava en la dicha iglesia de Santo Tomé, de un milagro que allí acaeçió, tornese a pintar como se supiere que estaba, sy no se oviere fecho quando yo muriere, y sea adonde solía estar la dicha pintura en la capilla do esta enterrado un antecesor mio y esto cumplan mis albaçeas

Concuerda esta información, y se complementa, con otra que aparece en pliego de condiciones que el Arzobispado puso al párroco en octubre de 1584 para hacer la pintura en la capilla, en donde se hace referencia a un letrero o epitafio antiguo:

«… se exigía que el milagro se pintara con la debida decencia, y sin que excediera de lo que sobre él se decía en un letrero antiguo en vez del más reciente epitafio latino de Gómez de Castro.” 

Quiere esto decir que antes colocar el epitafio actual, junto a la tumba de D. Gonzalo existió otro, y podemos imaginar que estuviera ubicado bajo el anterior cuadro que había desaparecido.

Según nos dice D. Francisco de Borja San Román, El Greco firmó el encargo del cuadro el día 18 de marzo de 1586, con el  compromiso de terminarlo en nueve meses, plazo que no se cumplió ya que  el cuadro se entregó en la primavera de 1588.

En el contrato del encargo se especificaba de forma muy detallada la composición que debía tener la parte inferior del cuadro:

«… una procesión de cómo el cura y los demás clérigos estaban haciendo los oficios para enterrar a don Gonzalo … y bajaron San Agustín y san Esteban a enterrar el cuerpo de este caballero, el uno teniéndole de la cabeza y el otro de los pies, echándolo en la sepultura, y fingiendo alrededor mucha gente que estaba mirando, y encima de todo esto se ha de hacer un cielo lleno de gloria. «

También se indicaban en el contrato las dimensiones  de la pintura y se indicaba que la pintura debía ir

«… desde arriba del arco hasta abajo y todo se ha de pintar en lienzo hasta el epitafio que está en la dicha pared …» (2)

La obra se tasó en 1600 ducados en principio, pero resultándole caro al párroco se procedió a una segunda tasación que resultó en 1200 ducados, lo cual dio lugar a un pleito entablado ante el Consejo de Gobierno del Arzobispado entre el cura y el mayordomo de la fábrica parroquial de Santo Tomé de Toledo y el pintor. El Consejo de Gobierno del Arzobispado emitió sentencia el 30 de mayo de 1588, a favor del párroco de Santo Tomé, estableciendo que el pintor cobrara por su trabajo los 1200 ducados en que se tasó en segundas. El Greco, si bien inicialmente apeló el auto del Arzobispado, rápidamente cambió de opinión y el 20 de junio del mismo 1588 celebró un concierto con el párroco aceptando los 1200 ducados fijados en la sentencia.(3)

El cuatro del entierro del Señor de Orgaz

El entierro del señor de Orgaz, popularmente llamado El entierro del conde de Orgaz, es un óleo sobre lienzo de 4,80 x 3,60 metros, pintado en estilo manierista por El Greco entre los años 1586 y 1588. Fue realizado para la parroquia de Santo Tomé de Toledo, España, y se encuentra conservado en este mismo templo. Está considerada una de las mejores y más admiradas obras del autor.​

El cuadro representa el milagro en el que, según la tradición, san Esteban y san Agustín bajaron del Cielo para enterrar personalmente a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, en la iglesia de Santo Tomé, como premio por una vida ejemplar de devoción a los santos, su humildad y las obras de caridad que llevó a cabo.​

Representación del milagro

San Agustín, uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia, aparece como un anciano barbado con mitra y capa episcopal ( recordemos que fue obispo de Hispona ) ricamente bordada, en la que están representados San Pablo con la espada, Santiago con el libro y Santa Catalina de Alejandría, esta última con la espada de la decapitación , la palma del martirio y pisando la cabeza del emperador Maximiano,su perseguidor.

San Esteban, diácono y primer protagonista, lleva grabada, en la parte inferior de su dalmática, la escena de su martirio. Si nos fijamos en ella podremos contemplar todo un cuadro dentro del cuadro.

El Greco aceptó el encargo de realizar la obra en 1586, algo más de dos siglos y medio después de los hechos que en ella representó. Recibió detalladas directrices sobre cómo debía aparecer el milagro de la zona inferior del lienzo, pero una vaga descripción de la zona de la Gloria. El pintor cretense incorporó en la zona superior la representación del Juicio y la aceptación en el Cielo del alma del señor de Orgaz. También cargó a la escena del entierro de un aire de actualidad, retratando a varones de su tiempo con ropajes del siglo XVI y situando los hechos en un oficio de difuntos con las características de la época.

Representación del Juicio
Explicación del cuadro

¿Quién era D.Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz? 

Don Gonzalo fué una persona muy reconocida en la ciudad de Toledo en los siglos XIII – XIV. El señorío de Orgaz lo heredó de su bisabuelo, Fernando Juanes de Alfariella. Don Gonzalo desempeñó importantes cargos en esta ciudad, ya sea de notario mayor del reino de Castilla durante el reinado de Fernando IV, así como también alcalde de Toledo. Pero más importantes que todos estos cargos fue su vida piadosa y su numerosas obras caritativas. Realizó muchas donaciones a instituciones eclesiásticas de la ciudad. Tuvo mucha colaboración con la reforma de la parroquia de Santo Tomé en el año 1300. Era tanta su vinculación con ella que a su muerte, en 1323, mandó a ser enterrado en su iglesia, pero especificó que lo colocaran en un lugar mucho más apartado del altar. Fue colocado en la Capilla de la Concepción, por lo cual podemos observar claramente su humildad. 

Su muerte fue recibida por todos los toledanos con profunda tristeza, y muchos acudieron a la Iglesia de Santo Tomé a dar su último adiós a una de las personas que más había hecho en beneficio de la religión y de la ciudad de Toledo.

El cortejo que llevaba su cuerpo de Don Gonzalo por las calles de la ciudad, cubierto por su mejor armadura, cincelada por artesanos toledanos, fue acompañado por numerosos nobles, amigos y clero regular y secular.

En el interior de la Iglesia de Santo Tomé, su lugar de entierro, los rezos ya habían terminado y se disponían a entregar el cuerpo a su sepultura cuando repentinamente todo se iluminó con una luz muy intensa que provenía de lo alto, y los allí presentes pudieron ver cómo las figuras de San Agustín y San Esteban descendieron, tomaron en sus manos el cadáver del señor de Orgaz, uno por los hombros y otro por los pies, encargándose ellos mismos de llevarlo hasta el sepulcro.Tras esta acción, con voz grave los dos santos dijeron:

“Tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve”.

Luego, sin más, desaparecieron, dejando la iglesia perfumada de aromas celestiales.

Todos los que observaron este hecho quedaron allí petrificados, murmurando oraciones en acción de gracias por el milagro que habían presenciado. En el interior de la tumba, aún por cubrir, ya descansaba el cuerpo de Gonzalo Ruiz de Toledo, llevado hasta él por dos santos.La humildad le llevó a elegir para lugar de descanso eterno la zona más apartada y pobre de la Iglesia, así como los materiales de su sepultura: junto a la pared última y más apartada del coro y de simple piedra tosca.

Leyendas de Toledo. Entierro del Señor de Orgaz

En 1564 el Párroco D. Andrés Núñez Madrid emprendió un pleito ante la Chancillería de Valladolid al negarse los habitantes de la localidad toledana a seguir entregando los bienes estipulados en las últimas voluntades de su antiguo señor. Después de que los tribunales dieran la razón al sacerdote en 1569, decidió encargar un epitafio conmemorativo en latín que realizó Alvar Gómez de Castro. En esta inscripción se recogía también, el relato del milagro acaecido durante las exequias de D. Gonzalo, en las que bajaron del cielo San Agustín y San Esteban para enterrarlo, mientras se oía una voz que decía: “tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve”

Entre los textos de carácter histórico que escribió el humanista eulaliense Alvar Gómez de Castro (Santa Olalla, 1515 – Toledo, 1580) llama la atención el que realiza para la parroquia de Santo Tomé de Toledo. Un texto, a modo de largo epitafio, elaborado para que se labrara en piedra y se colocara en la capilla de la Concepción donde desde 1323 está enterrado don Gonzalo Ruiz de Toledo, el señor de Orgaz, que falleció con fama de santo y fue enterrado de manera milagrosa por San Agustín y San Esteban, según la leyenda

Epitafio bajo el cuadro

«Al Dios de los vivos y de los difuntos.

Aunque vayas deprisa, párate un poco, y oye en breves palabras una antigua historia de nuestra ciudad. Don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, notario mayor de Castilla, entre otros testimonios de su piedad, cuido de que la iglesia que ves, del apóstol Tomas, donde, por testamento, mando enterrarse, en otro tiempo angosta y mal conservada, se restaurase con mayor amplitud, a sus expensas; añadiendo muchas ofrendas, así de plata como de oro. Cuando los sacerdotes se preparaban a enterrarle ¡Cosa admirable e insólita!, San Esteban y San Agustín, bajados del cielo, lo sepultaron aquí con sus propias manos. Como es largo de contar el motivo que impulsara a estos santos, pregúntalo a los hermanos agustinos, si tienes tiempo. El camino es corto. Murió en el año de Cristo de 1312. Oíste el ánimo agradecido de los celestes. Oye ahora la inconstancia de los mortales. El mismo Gonzalo legó en testamento al párroco y ministros de esta iglesia, como también a los padres de la parroquia, 2 carneros, 16 gallinas, 2 pellejos de vino, 2 cargas de leña, y 800 monedas que nosotros llamamos maravedíes, que habían de recibir anualmente de los de Orgaz. Rehusando estos durante dos años pagar el piadoso tributo, en la esperanza de que con el transcurso del tiempo se oscureciera el asunto, han sido obligados a ello, por sentencia de la cancillería de Valladolid, el año de Cristo de 1570, habiéndolo defendido enérgicamente, Andrés Nuñez de Madrid, cura de este templo, y Pedro Ruiz Durón, su mayordomo».

Epitafio sobre la leyenda

¿Qué hace tan famosa esta pintura?

Desde 1588 cuando el cuadro fue terminado, mucha gente de todo España lo visitó para estudiarlo. Su fama se debió en parte a las representaciones contemporáneas de hombres nobles de Toledo dentro de la propia pintura, así como su mérito artístico.

Era muy común para los hombres nobles el atender el entierro de otro hombre noble. Muchos son los aspectos que se pueden destacar en este cuadro, pero hay que resaltar que este era el primer retrato de conjunto del arte español en el que se podrían reconocer algunas personalidades relevantes del Toledo del momento. El Greco logró captar en un solo plano, cómo era la sociedad toledana, y por extensión española, del siglo XVI, logrando mostrar sus manifestaciones sociales y culturales como en sus posicionamientos teológicos y religiosos.

El Greco también se incluyó en las figuras, así como la de su hijo Jorge Manuel. Que el Greco se retratara no es extraño, ya que es una costumbre que toma de los pintores italianos.

Su hijo está portando un hachón encendido ( uno de los seis cirios de la misa de difuntos, que nos mira fijamente y nos señala el milagroso acontecimiento.

De su bolsillo sobresale un pañuelo donde se encuentra la firma del artista.

Firma de El Greco,
1578- fecha del nacimiento del hijo

El sacerdote con la túnica blanca se dice que es Andrés Nuñez, el párroco de Santo Tomé que comisionó esta pintura.

Curiosidad

Si tiene mérito que El Greco pintase un cuadro como éste, lo mínimo es reconocer el trabajo de aquellas mujeres que como afición han tenido el coraje de replicar el cuadro con punto de cruz, con la infinidad de detalles que tiene el cuadro y la variedad de colores.

Cuadro hecho a punto de cruz

Restauraciones y traslados

Parece ser que la única restauración a la que el cuadro ha sido sometido la llevó a cabo el pintor D. Matias Moreno y su profesor Madrazo, a finales del siglo XIX. La restauración se hacía del todo punto necesaria por el paso del tiempo y por el poco cuidado que el cuadro había recibido en determinados momentos. D. Matias Moreno, profesor de Dibujo en el Instituto de Enseñanza Media de Toledo y Director de la Escuela de Artes, dedicó a esta tarea restauradora 35 años de su vida, desde 1870 hasta su muerte en 1906.

En agosto de 1936, nada más comenzar la Guerra Civil, el Gobierno de la República mandó descolgar el cuadro, y tendido en el suelo de la misma iglesia de Santo Tomé lo protegieron con tablones y sacos de arena. La operación fue dirigida por el propio Josef Renau, a la sazón Director General de Bellas Artes. Un mes mas tarde, cuando Toledo fue tomado por las tropas del General Franco, el cuadro fue restituido a su lugar. Pero poco después fue desmontado de nuevo y colocado bajo el coro de la iglesia, hasta que en abril de 1939, al terminar la guerra civil fué devuelto de nuevo a su lugar.

Durante la Guerra Civ

En el año 1975 el Ministerio de Educación y Ciencia , llevó a cabo una operación de limpieza superficial del lienzo, para retirar la suciedad acumulada por efecto de los años, y dio una nueva ubicación al cuadro. Se llevó a cabo una reforma de la capilla de la Concepción, donde siempre estuvo el cuadro, independizándola de la iglesia y facilitando el acceso directo de los visitantes desde la calle, y se procedió a trasladar el cuadro al muro contiguo, quedando así en la ubicación idónea para su visualización.

Actualmente el visitante, al entrar en la capilla, encuentra de frente el cuadro de El Greco, quedando al lado derecho la lápida con el epitafio latino de Gómez de Castro que antes estuvo debajo del cuadro, y debajo del cuadro se colocó otra lápida con la traducción castellana del epitafio latino.

Y delante del cuadro, en el suelo se encuentra el recientemente recuperado sepulcro de Don Gonzalo Ruiz de Toledo, Señor de Orgaz.

El secreto del Conde de Orgaz

Articulo de Crónica. El Mundo

Domingo, 6 de mayo de 2001 – Número 290

CÓMO DON DEMETRIO, párroco de la iglesia de Santo Tomé, ha logrado descubrir el lugar donde estaba enterrado el noble toledano del siglo XIV mirando el lienzo que pintó El Greco

Los ojos de don Demetrio se quedaron prendados de aquella secuencia atrapada por la pincelada larga del Greco. Era un 22 de septiembre de 1996, su primer día como párroco de la iglesia toledana, cuando el cura soñador de Puente del Arzobispo se quedó a solas con El Entierro. Quiso apurar la última luz de la tarde para acariciar con la vista la obra inabarcable a la que la imaginación quiso partir en dos. Ahora tenía ante sí el lienzo de casi cinco metros de alto por cuatro de ancho, compuesto por tres tiras cosidas de arriba abajo, conformando el ilustre soporte llamado «mantelillo veneciano» o «rosetta de Barga» en el que el pintor de Candía inventó la obra imposible que conjugaba con descomunal maestría el cielo y la tierra; el milagro de los santos y el del óleo insomne entregado a la inmortalidad.

«Tenemos que encontrar el sepulcro, José María», le dijo don Demetrio sin retirar la vista. «Ese hombre tiene que estar enterrado aquí».

Sus interminables noches de insomnio le permitieron escurrir su mirada entre textos que hablaban del niño que nació en torno a 1263 en las casas de un Mayorazgo (donde hoy se levanta la iglesia de los Jesuitas) descendiente del linaje de don Esteban Illán. Se encontró al caballero piadoso, al joven que desperezó sus sentidos en tiempo de Alfonso X el Sabio y al lúcido estudioso que con Sancho IV el Bravo llegaría a ser notario mayor de Castilla y alcaide de Toledo en 1296. Pero lo que más le sorprendió fue la silenciada labor que ejerció desde la sombra en la espinosa etapa de regencia de María de Molina, viuda del rey Sancho. Su voz, la que educó y condujo a la infanta Beatriz, edulcoró los oídos de la regente amenazada permitiendo así la traslación natural del décimo al undécimo de los Alfonsos.

«¿Quién eres en realidad?», le preguntó a don Gonzalo una madrugada sin Dios. «¿Dónde estás?

Tanto le empujó su curiosidad que una mañana de primavera le llevó a conocer al que era en 2001 el Conde de Orgaz. Gonzalo Crespí de Valldaura le esperó en Ávila, en la casa de doña Güimar de Ulloa, antepasada suya y gran amiga de Santa Teresa de Jesús. El anfitrión le habló con fascinación del Gonzalo de otro tiempo, un noble de refinadas maneras que casi sobrepasaba los 160 centímetros.La expresión solemne que el Conde dejó ver en su relato se rompió para animarle a encontrar los restos del caballero cuyo nombre había conservado casi 700 años después.

OJOS TRISTES
Anochecía cuando el párroco regresó a Toledo. No se olvidó de la visita diaria. Al entrar en la capilla entregó su mirada al Entierro con la voz aún reciente de don Gonzalo Crespí. El recuerdo de sus palabras le llevó de nuevo a la mirada distante del Greco.Viendo que seguía sin sacar nada del cretense, vino a centrar su ojeada en los ojos tristes del pequeño Jorge Manuel, junto a su padre el único habitante del óleo que se permitía escrutar al visitante. Don Demetrio le miró sin parpadear, sin tomar aliento, consciente de que ahí descansaba la respuesta. Dejó arrastrar su vista por el trazo negro que daba vida al brazo del infante, continuó por la pincelada sutil que descubría su dedo inerte señalando al mismo corazón del Señor de Orgaz, fijó sus pupilas en la diagonal perfecta que desembocaba sin estruendo en el cuerpo de don Gonzalo, sintió su peso, la gravedad de la tierra que reclamaba lo que era suyo. Y así permitió que sus ojos cayeran junto al cadáver del caballero, hundiéndose con él en las baldosas firmes que siguen albergando sus restos.

https://www.elmundo.es/cronica/2001/CR290/CR290-12.html

Web de referencia

Wikipedia

El ENTIERRO DEL CONDE DE ORGAZ ( 1586 ) — ¿Qué significa este cuadro o escultura? (marisolroman.com)

asociacion armonia burguillos

villadeorgaz.es/orgaz-conde-cuadro

eulaliense: Epitafio sobre la leyenda del Señor de Orgaz, epitafio de Alvar Gómez de Castro en la iglesia de Santo Tomé de Toledo