

Presentador: Ave, amigos de Imperium Romanum TV News.
Ya han pasado ocho días desde el nacimiento del hijo de María y José. Según nos informa nuestro reportero esta mañana temprano se han encaminado hacia Jerusalén para cumplir con la costumbre de presentar al Niño en el templo.
Es decir, sea o no el Mesías anunciado, parece ser que los padres van a ser fieles a sus creencias, que de momento este Niño no ha venido para cambiar el mundo ni a generar revuelo entre los judíos como quizás a alguno le gustaría. Es un Niño que vive sometido a la ley de su dios como cualquier otro.
Si vive bajo la ley de su dios, entendemos que también lo ha de hacer bajo la ley de Roma, que José y María mantienen su compromiso de cumplir por el censo del emperador Augusto César, aunque haya quien piense que es someterse a la ley de los hombres.
Ave, reportero, ¿Dónde te encuentras esta mañana?
Conexión
Reportero: Ave. Estoy aquí, en el templo de Jerusalén.
Cuando se han cumplido los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, José y María han traido a a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Moisés: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones.»
Le han puesto por nombre «Jesús», el que le dio el ángel a María antes de ser concebido en el seno.
Hemos sido testigos de un momento extraordinario: la Presentación de Jesús en el Templo. El niño, que según las profecías es el Mesías esperado por Israel, ha sido consagrado al Señor. Sin embargo, la ceremonia ha sido como la de cualquier otro niño. No ha habido apariciones de ángeles ni se ha abierto el cielo, como sucedió la noche de su nacimiento.
Lo único destacable es que nos encontramos de nuevo con Simón, el venerable anciano a quien entrevistamos hace unos días, quien, al ver a José y María con su hijo, no duda en acercarse a éstos. Encuentro que es captado por nuestras cámaras y que pasa un tanto desapercibido entre la multitud que esta mañana se concentra en el templo.

Les recordamos que Simeón, es un hombre, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo está sobre él. Que éste le había sido revelado no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, ha venido al templo.
Simeón ha tomado al Niño en sus brazos y bendecido a Dios con unas palabras conmovedoras («Nunc dimittis«): «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel«
También ha profetizado sobre el destino de Jesús y el sufrimiento de María, diciendo: «Éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones«.

También está aquí Ana, la profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues ha vivido con su marido siete años desde su virginidad, y es viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se aparta del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Ésta da gracias a Dios, y habla del niño a todos los que esperan la redención en Jerusalén.
Entrevista
En el Templo de Jerusalén hay comerciantes que venden bueyes, ovejas y palomas, y quienes cambian el dinero de los peregrinos por monedas tirrias, que son las únicas aceptadas para los sacrificios.

Ahora tenemos la oportunidad de hablar con quien ha tenido un contacto directo con los padres de Jesús, María y José. Se trata del vendedor que les ha proporcionado las tórtolas para el sacrificio que la ley de Moisés ordena ofrecer por el primogénito varón.
Reportero: Buenas tardes, señor, ¿podría decirnos su nombre y cómo ha sido su encuentro con esta familia tan especial?

Elías: Buenas tardes, reportero. Me llamo Elías y soy uno de los comerciantes que venden animales para los sacrificios en el Templo. He visto a María y a José cuando se acercaban a mi puesto con el niño en brazos. Se veía que eran pobres, porque no podían permitirse comprar un cordero, que es lo que se suele ofrecer por el primogénito. Por eso les he vendido dos tórtolas, que es lo que la ley permite a los que no tienen recursos.
Reportero: ¿Y qué impresión le han causado María y José? ¿Han dicho algo sobre el niño o sobre su origen?
Elías: Pues la verdad es que me han parecido una pareja muy humilde y piadosa, que cumplen con la ley de Dios y que aman a su hijo. No han hablado mucho, tan solo me han pedido las tórtolas y me han pagado lo justo. Pero he notado algo especial en sus miradas, como si supieran que el niño que llevaban es diferente a los demás. Y cuando he visto al niño, me ha parecido que tenía una luz en los ojos, una luz que no he visto en ningún otro.
Reportero: ¿Y ha presenciado usted el momento en que Simeón y Ana han reconocido al niño como el Mesías y han profetizado sobre él?
Elías: Sí, he estado cerca y he oído lo que han dicho. Me ha sorprendido mucho, porque yo conozco a Simeón y a Ana desde hace años y sé que son personas muy santas y que esperan la salvación de Dios. Cuando he escuchado sus palabras, he sentido una emoción muy grande y he pensado que quizás el niño que yo les he vendido las tórtolas sea de verdad el Salvador que todos estamos esperando.
Reportero: ¿Y qué piensa hacer ahora, después de haber vivido esta experiencia tan singular?
Elías: Pues no lo sé, reportero. Creo que voy a seguir con mi trabajo, pero con una nueva esperanza en el corazón. Tal vez vuelva a ver al niño algún día, cuando sea mayor, y pueda decirle que yo fui el que le vendió las tórtolas para su presentación. Y tal vez él me diga algo que me cambie la vida. ¡Quién sabe, reportero, quién sabe!
Reportero: Muchas gracias, señor Elías, por compartir con nosotros su testimonio. Ha sido un placer hablar con usted.
Ave. Les devolvemos la conexión con el estudio.
Devuelve la conexión

Presentador: Ave, reportero. Buen Trabajo
Este Niño y este matrimonio no deja de sorprendernos. Por Él que es considerado como el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios, deberían ofrecer grandes sacrificios y ofrendas, pero no ofrece más que un par de tórtolas.
¿Qué ha sido de esas ofrendas que se supone han recibido durante estos días por parte de todos aquellos que han ido a la gruta de Belén a adorar al Niño?
Quien se supone será el rey de Israel y, según muchos, se espera que cree un gran ejército que se levante contra el poder de Roma, empezando por Herodes el Grande, no tiene más para comprar y ofrecer que un par de tórtolas. ¿Es así cómo el Mesías demuestra su poder y grandeza? ¿Quién le ha de temer?
Si José y María ya han llevado al Niño al templo confiamos que próximamente acudan a empadronarse y hacer oficiales sus posesiones para el pago de los tributos.
Despedida
Recuerden que el censo es una oportunidad para demostrar su lealtad al emperador y su gratitud por todo lo que ha hecho por nosotros. ¡Viva el emperador Augusto César! ¡Viva el Imperio romano!
Y a ustedes, queridos espectadores, les invitamos a seguir atentos a nuestra cobertura especial de este acontecimiento histórico.
Hasta una próxima conexión
Ave, amigos de Imperium Romanum TV News.

Debe estar conectado para enviar un comentario.